Hoy vamos hasta Sarajevo, por lo que el plan es sencillo, llegar parando en puntos que encontremos bonitos por el camino. De Mostar a Sarajevo son dos horas, dependiendo del tráfico.
Hemos desayunado en la habitación y nos hemos pegado un paseo hasta el puente para despedirnos de Mostar a primera hora de la mañana y sin gente. He aprovechado que es bastante barato para pillar una de las cosas típicas de Mostar: aviones hechos con balas. Las cosas típicas aquí son las filigranas de cobre y las artesanías con balas... triste pero real.
Hemos salido para Sarajevo sobre las diez. La primera parte del camino es chulísima. Se va bordeando el Neretva por carretera nacional con unas vistas espectaculares. Se pasa por poblaciones míticas como Jablanica, y de parada en parada hemos llegado a un pueblo que queda en medio que se llama Konjic. Un pueblito con una postal formada por un puente sobre el río, una mezquita detrás y al fondo las montañas que aún se ven nevadas. Una parada rápida pero bonita. El tramo de Mostar a Konjic es sin duda de los tramos más bonitos de carretera que hemos hecho, junto a la costa dálmata. Un punto impactante es la frecuencia con la que uno se encuentra cementerios. Principalmente musulmanes, pero también los hay cristianos. Cuando uno se para, siempre son las mismas fechas de muerte: 93, 94, 95... Hay decenas de cementerios de camino a Sarajevo.
Hemos llegado a Sarajevo a las 13:00. Sorprende lo grande que es, sobre todo lo alargada que resulta. Lo más impactante es ver los restos de la guerra en las fachadas. Los observas desde que entras a la ciudad constantemente. Es una barbaridad lo presente que está. El tráfico es bastante espeso, pero al final hemos conseguido llegar al alojamiento, pegado al centro y con parking.
Dejadas las cosas, hemos ido a una lavandería para reiniciar las mochilas. Buscando en internet hemos visto que a cinco minutos teníamos una. Hemos llegado a la lavandería más surrealista que he visto nunca: Tito's Iron Fist. Una lavandería enmarcada dentro de un proyecto socialista que sirve de altavoz y homenaje a Tito y la antigua Yugoslavia. Es una especie de museo de la época con proclamas comunistas. El negocio lo lleva un hombre muy amable, con la característica de ser manco de las dos manos, pero manejándose con los muñones mejor que yo. Después de asimilar la situación y echarnos unas fotos en la lavandería, nos hemos ido a comer algo.
Lo primero que me ha llamado la atención es el problemón que tenemos con Cosa por Sarajevo. Hay una mayoría musulmana enorme. El ochenta por ciento de la gente que se ve es musulmana. Gran afluencia en las mezquitas, mujeres veladas y con niqab. La cuestión es que para los musulmanes los perros son impuros. Yo puedo llegar a entender que no les gusten, pero es que llegan hacer gestos directos de asco. No se cortan un pelo en poner mala cara, apartarse y murmurar cosas. Al punto de que se hace inviable pasear por la calle central con Cosa y la hemos tenido que meter al transportín, no hay otra.
Aceptado lo de Cosa, nos hemos sentado en uno de los cientos de bares de la calle principal de Sarajevo, dedicado exclusivamente a la comida más típica, el ćevapi. Nos hemos comido uno cada uno y ya alimentados hemos ido a recorrer las calles con Cosa a la espalda.
Sarajevo es más impactante de lo que me esperaba. No solo ya por la mayoría musulmana, que se ve con las múltiples mezquitas repartidas por todas las calles, sino por el entorno. En las calles se ven los impactos de la metralla, tanto en las fachadas como en el suelo. En los puntos donde caían morteros, el mortero dejaba una huella característica que, a posteriori y en homenaje, rellenaron de resina roja formando lo que llaman rosas de Sarajevo, que se encuentran por todo el casco antiguo, muchas veces con placas conmemorativas por los muertos que produjo el morterazo. Muchos edificios se ven restaurados. Otros han tapado las marcas con cemento, pero una mayoría siguen mostrándose tal y como están.
Entre mezquitas se anda por mercados, tiendas de dulces, ćevapdžinicas, artesanías, la catedral... Hasta un parque donde se juntan los mayores a jugar al ajedrez con piezas gigantes mientras beben cerveza y discuten las jugadas. Un ambiente muy chulo, si no fuera por el problema del perro lo habría disfrutado aún más.
Para las cinco hemos ido a nuestra lavandería yugoslava a recoger la ropa y, tras dejarla en el apartamento, hemos pillado el teleférico de Sarajevo Trebević. Fue reconstruido en 2018 y originalmente se construyó para los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984. La subida en el teleférico te da una imagen clara de lo que pudo ser el asedio. Una ciudad enorme enclavada en un valle, rodeada por montañas, desde las que les estuvieron reventando. 4 años de asedio, siendo el más largo de la historia moderna. Desde arriba se llegan a ver incluso tejados antiguos con agujeros de impactos. La subida al teleférico bien merece la pena. Te deja en un parque desde el que se pueden hacer rutas. Nosotros hemos mareado hasta un mirador y para abajo.
Ya atardeciendo nos hemos pasado por otro punto bastante emblemático, el Cementerio de Kovači. Un cementerio lleno de centenares de tumbas musulmanas de muertos durante el asedio. Lo más llamativo es que muchas de las tumbas están en blanco, sin nombre siquiera. Por el cementerio se llega a una especie de fortificación con vistas a toda la ciudad. De fondo se ve una tormenta importante y comienza a caer un chirimiri. Hemos bajado hacia el casco antiguo y buscado un bar como Dios manda para tomarnos unas cervezas mientras anochecía y veíamos la lluvia que iba a caer, no es fácil encontrar un bar que te venda cerveza cuidado.
Aquí hemos cambiado un poco el plan. Pasado mañana teníamos pensado dormir en Banja Luka, con la idea de hacer una rutilla de senderismo cerca. Viendo que la predicción de tiempo es mala y que la frontera con Croacia es bastante problemática, vamos a cambiar Banja Luka, le quitamos un día a Bosnia, por Zagreb. Con mal tiempo es tonteria encabezonarnos en hacer senderismo. Así que mañana visitamos la zona de Jajce, aún en Bosnia, y pasado tiramos para Croacia de nuevo y cruzamos temprando la frontera saliendo desde Jajce.
Para cenar nos hemos pillado unas hamburguesas y aquí ya ha roto a llover, así que nos hemos vuelto tan tranquilos al alojamiento justo antes de empezar a diluviar.