Amanecemos en Sarajevo con el cielo encapotado dejando claro que hoy va a estar pasado por agua. Nos hemos arreglado y hemos ido a dar un último paseo por las calles de Sarajevo. El ambiente por la mañana es mucho más relajado, apenas hay gente y solo se ven furgonetas reponiendo y bares preparándose.
Nos despedimos de Sarajevo tras estar un rato largo hablando con el dueño del apartamento. La mujer se ha enamorado de Cosita, aunque Cosita se ha empeñado en arrancarle la mano en cuanto ha intentado tocarla.
Hoy vamos de Sarajevo a Jajce. La salida de Sarajevo se hace por la famosa Avenida de los Francotiradores, pasando por el hotel donde se alojaban los reporteros de guerra, es dificil hacerse a la idea de lo que pudo ser aquello aun viendo las marcas en las fachadas. Tuvo que ser una burrada. Da incluso respeto circular con el coche.
Todo el camino hasta Travnik es por carretera nacional montañosa, siguiendo el río. Travnik es un pueblo musulman que está a medio camino. Con varias mezquitas de colores y una fortaleza desde la que se obtienen vistas muy bonitas. Hemos subido a la fortaleza ya con lluvia y bajando hemos aprovechado para comer. Travnik es famoso por sus ćevapi. Nos hemos sentado en una ćevabdžinica y me he cascado uno de casi medio kilo que me ha dejado alimentado para dos días. Los hacen a la brasa y con el queso típico y cebolla están tremendos.
De Travnik, en poco más de una hora, hemos llegado a Jajce. Aquí ya hemos pillado algo de autopista, pero tampoco mucha. Jajce es un pueblo enclavado en la montaña. El pueblo tiene una historia con la guerra bastante impactante, que se sigue viendo a día de hoy, como en todos los pueblos por los que pasamos básicamente. Además de las cicatrices en las fachadas, lo que más se palpa en Jajce es la división entre croatas y bosnios. Aquí lucharon entre ellos, y al final la cosa se resolvió de mala manera, quedando el pueblo dividido como en Mostar. Esto lo ves con claridad en la misma calle central: a un lado, un cementerio musulmán con una mezquita y la bandera verde del ejército bosnio, y enfrente, un cementerio católico con el escudo croata. Aquí, por lo que he podido leer, croatas y bosnios no se juntan ni en los colegios, existiendo separación de clases: unos van por la mañana y otros por la tarde.
El pueblo es una preciosidad. Está situado sobre el río justo donde cae una cascada tremendamente fotogénica. Viendo que llovía bastante y que la previsión empeoraba, hemos dejado las cosas y con el coche nos hemos acercado al algo Plivsko. El lago está al lado del pueblo y es bastante parecido a la zona de Roški slap en el parque de Krka. Bajo la lluvia hemos visitado los tres puntos bonitos.
Primero, la zona de los molinos de Mlinčići, unos molinos de madera tradicionales usados antiguamente para moler grano aprovechando la fuerza del agua. Todo lleno de ánades y evidentemente ni un alma con la que caía. De los molinos, nos hemos acercado a unas pasarelas sobre pequeñas cascadas escalonadas, y finalmente a la cascada principal, donde hay una taberna en la que nos hemos tomado una señora cerveza bajo la lluvia.
De vuelta al pueblo, y con algo menos de lluvia, hemos recorrido lo que queda: la fortaleza, la cascada, las callejuelas... Hemos pillado unos burek de queso para cenar, aquí en Bosnia están mucho más buenos que los de Croacia. Los de Croacia son más grasientos y estos están perfectos.
A la noche, poco más. Mañana finalmente descartamos el trekking que ibamos hacer cerca de Banja Lukla porque siguen dando lluvia y tiramos para Croacia de nuevo. Toca madrugón del siglo para cruzar a Croacia. Por lo que he visto, la frontera es una pesadilla que llega a acumular hasta seis horas de cola. De momento la semana en Eslovenia pinta con buen pronóstico de tiempo. A ver si hubiera suerte, que en Eslovenia es donde más falta hace el buen tiempo.