Con la idea de cruzar a Bosnia evitando atascos en la frontera, hemos salido bastante temprano de Dubrovnik. Hemos llegado a la frontera a las siete y media y ha sido casi como si fuera espacio Schengen. Sin bajar del coche, en la parte croata te piden el pasaporte, lo apuntan en el ordenador, avanzas cien metros y, sin bajar del coche nuevamente, un agente bosnio te coge los pasaportes, los escanea y listo. Ni papeles del coche ni revisar nada. Además, cero espera.
Hoy llegamos hasta Mostar, pero en medio hay varias cosas para ver de camino. No sabía si daría tiempo, pero con lo fluido que ha ido la frontera vamos sobraos.
La primera parada ha sido las cascadas de Kravica. Lo primero que se nota en Bosnia son las carreteras, bastante peor que en Croacia. El combustible bastante más barato, el GLP a 0.6. Llama la atención los carteles en cirílico, que en mucho casos están tachados por la enemistad con los serbios.
Kravica es un punto bastante turístico y se llega por una carretera nacional que tienen que darle una vuelta de los huevos que tiene. Se nota eso sí que están acondicionándolo todo porque todo el aparcamiento está en obras. Nada más llegar hay que pagar diez euros y pasas a un parque que es un mini Skradinski buk de Croacia. Es un parque pequeño donde un camino te lleva a un lago con unas cascadas que hacen de anfiteatro. Se pagan los diez euros porque aquí se permite el baño y en época alta esto se pone hasta arriba de gente que viene a echar el día. Las cascadas son bonitas, con su arcoíris incluido. De las cascadas principales hemos seguido una rutilla que lleva a otro lago con unas pequeñas. Esta rutilla ha sido un poco invento porque con las lluvias el camino está inundado. A cabezón no me ganan y hasta me he descalzado para llegar a las cascadas mientras Belén me esperaba con Cosita. Me han comido los mosquitos y me he llenado de barro para llegar a un lago con una cascadita pequeña. Por un momento parecía que estuviera en Nicaragua de los mosquitos que me han desayunado. Me lo podía haber ahorrado y cuando he vuelto por el agua con cara de sufrimiento, Belén sonreía sabiendo que ella llevaba razón.
De las cascadas hemos ido a uno de los puntos más curiosos del viaje, Međugorje. Este pueblo es famoso porque en 1981 unos chavales dijeron que se les apareció la Virgen en un monte al lado del pueblo. Desde entonces la gente empezó a subir y resulta que la Virgen se aparecía prácticamente a diario, mandando mensajes de paz. Esto empezó a hacerse popular y se ha terminado convirtiendo en un lugar de peregrinación tipo Lourdes o Fátima. El Vaticano ni confirma ni desmiente, pero permite hacer peregrinajes organizados, por lo que está prácticamente oficializado por ellos. El resultado es un pueblo tipo Lourdes, con una iglesia y la subida al monte de las apariciones.
Hemos llegado justo donde comienza la subida. Nada más bajar del coche ya ves a abuelitos y grupos camino al monte. Pasas por callecitas tipo Lourdes llenas de artículos religiosos y empiezas la subida. Me ha recordado muchísimo al Cerro Quemado en Guatemala. La gente sube rezando el rosario, descalzos algunos, llorando otros, con las banderas de su país, con altavoces donde suenan plegarias. Todos en modo conexión. No es el mismo fervor que en Guatemala, donde se llegaban a ver trances, pero sí se genera un ambiente que te pone los pelos de punta. Cada ciertos metros hay estaciones del Vía Crucis donde los grupos se paran a rezar y cantar con un cura. Nosotros vamos observando con Cosita a la espalda. Se llega a ver a sacerdotes y monjas subiendo descalzos mientras rezan el rosario. Una estampa total.
Al final se llega a la cima del monte Podbrdo y aquí ya es el éxtasis religioso. Una multitud se arremolina alrededor de una estatua de la Virgen en el punto exacto donde se apareció a los muchachos en el 81. La gente se arrodilla alrededor, rezan, se consuelan entre sí llorando. Según pasa el tiempo va llegando más gente, muchos en grupos organizados. Alemanes, españoles, mexicanos, holandeses... Hay curas que van dando bendiciones y la gente hace cola. Nosotros no hemos hecho cola pero ya que estábamos allí, con Cosita, una plegaria le hemos mandado a la Virgen para ver si la tiene en cuenta ahora que la tenemos en tiempo de descuento.
No es que me vaya a poner espiritual, pero tras estar un rato observando el ambiente y pidiendo por Cosita, miro al suelo y bajo una piedra, al lado mía y a literalmente cinco metros de la Virgen, veo una especie de mariposa. Me agacho y me encuentro una polilla gigante que casualmente conozco, ya que entre mis pasiones están las mariposas. Un Saturnia pyri, gran pavón nocturno, la polilla más grande de Europa. Esto tiene que contar como aparición sí o sí, o al menos como un “visto” a las plegarias. Chulísima la polilla. Parece una hembra. Es un insecto nocturno, por lo que viendo el desgaste de las alas y encontrármela de día, lo más probable es que haya ido a morir junto a la Virgen. La he cogido para apartarla de la multitud que terminaría pisándola. Con el camuflaje que tiene es un milagro que la haya visto. La he dejado bajo unos matorrales alejada, mientras algún feligrés me miraba con cara de complicidad sabiendo que se me ha aparecido la Virgen en forma de polilla.
Tras un rato más y con el calor apretando y Cosita quejándose, hemos empezado a bajar. Si antes subíamos con gente, ahora es un río de personas el que sube. A mí estas cosas me encanta verlas, me parece una expresión cultural brutal. Ya bajados del monte, nos hemos acercado a la iglesia a verla. Ahora por la mañana el ambiente es tranquilo. Se puede ver una misa llena de gente, pero fuera no hay mucho jaleo. Se ve que lo gordo es por la noche, al igual que en Lourdes. Todo está proyectado para hacer misas multitudinarias, con graderíos y pantalla gigante. Hay hasta un recinto de confesionarios con salas donde se indica el idioma. Fácil veinte salas con lucecita verde o roja según esté el cura ocupado. Me ha gustado Međugorje. Muy bonito.
De allí hemos ido a un pueblito que se llama Počitelj. El GPS me la ha liado un poco, pero en cambio nos ha llevado por una carretera local preciosa. Un camino de mala muerte que baja hasta el río Neretva para unirse a las antiguas vías del tren. Un paisaje muy bonito que contrasta mucho con lo que llevamos visto. El Neretva, mucho más grande de lo que me imaginaba. Es inevitable recordar el paso de los españoles por aquí y las escenas de la guerra. Por un puentecillo estrecho hemos cruzado al otro lado y hemos llegado a Počitelj. Es un pueblo pequeño construido en piedra gris en la ladera de la montaña a orillas del Neretva. Lo más curioso es que es un pueblo musulmán. Se nota en la gente que se ve. Muchos parecen turcos, pero lo increíble es que se ven mujeres eslavas con hiyab. Piel clara y ojos claros. Nada que ver con los árabes. Pero al haber sido parte del Imperio Otomano, Bosnia se quedó como una isla musulmana donde muchos eslavos adoptaron esta religión. El pueblo tiene su fortaleza y dos mezquitas. Hemos subido hasta arriba justo cuando ha comenzado la llamada a la oración. Belén nunca la había escuchado y por un momento se ha pegado buen susto cuando ha empezado a sonar por todo el pueblo. Momentazo.
En Počitelj hemos comido algo en una panadería que nos ha timado por no llevar marcos y hemos seguido camino a Mostar, parando antes en un pueblo que se llama Blagaj. Este pueblo tiene el atractivo de que se encuentra el nacimiento del río Buna. El río nace de una cueva de donde sale con bastante fuerza. Lo más chulo es que sobre esa cueva hay construido un monasterio sufí, una rama espiritual del islam. El monasterio está sobre el río dando una postal muy bonita. Todo lleno de ánades y, a la hora que hemos llegado, también de chinos. Debemos haber coincidido con un autobús turístico o dos. Es una parada bonita que merece la pena. Aquí las nubes que durante el día se veían de lejos se han echado encima y ha empezado a llover. Hemos aprovechado para tomarnos algo en una cafetería mientras pillábamos wifi y descubríamos que Bosnia es muy barata. Un tercio y un cafe 3 euros. Y en un sitio turístico, de lujo.
Hemos llegado a Mostar casi a las cuatro. La llegada a Mostar es impactante. Se pasa por edificios donde las marcas de la guerra son clarísimas. Fachadas llenas de impactos de metralla, pintadas con contenido político y finalmente cruzas el río con el puente al fondo sobre el Neretva. Muy épico.
El alojamiento lo tenemos cerca de la calle principal. Nos hemos situado, Cosita ha comido un poquito y hemos salido a ver Mostar y cambiar dinero para que no nos vuelvan a timar como en la panadería de Počitelj.
Mostar es uno de los puntos más famosos por la guerra de Bosnia. Se divide en dos partes. La oeste, que es croata, y la este, que es musulmana. Nosotros estamos en la parte musulmana y se ve claramente un ambiente muy distinto. Hay mucho más choque cultural del que me esperaba. No parece para nada que estemos en Europa. Mezquitas, mujeres con velo (alguna incluso con niqab), tiendas de dulces turcos, música en la calle. La calle principal está llena de puestos de comida, alguna tienda occidental y mezquitas. Hemos cambiado dinero y andando hemos dado con un restaurante con unas vistas preciosas. Nos hemos echado unas cervezas y comido un postre típico por cuatro perras.
Siguiendo el camino se llega al bazar. No he estado en Turquía, pero debe ser muy parecido. Muchos jóvenes llevan el gorrito rojo con borla, que se llama fez. Yo lo tenía asociado a los turcos, pero también lo llevan los bosnios. El bazar te lleva al puente, destruido en la guerra y reconstruido despues, donde se tiene una vista preciosa con las mezquitas al este y al oeste una iglesia católica intentando no quedar de menos. Barecillos, río y puentes. Muy bonito Mostar.
Volviendo sobre nuestros pasos hemos cruzado por otro puente a la parte croata. Aquí ya no se ven prácticamente musulmanes. La división étnica sigue siendo muy marcada. Se nota tanto por el ambiente como por las pintadas en las calles. En la parte musulmana predominan los grafitis del Velež Mostar, un club asociado a la identidad yugoslavista y antifascista, con referencias a la 'Armija' (el ejército bosnio durante la guerra), el lema 'Red Army' y el año 1981, en referencia a la fundación del grupo ultra.
En cambio, en la parte croata aparecen banderas croatas y pintadas del HŠK Zrinjski Mostar, un equipo con raíces en el nacionalismo croata. Fundado en 1905, fue prohibido durante la Yugoslavia socialista por vínculos con el movimiento fascista ustaša. Durante la guerra de los 90, el estadio del Velež quedó en territorio controlado por los croatas, y más tarde se convirtió en la sede del Zrinjski, lo que los hinchas del Velež consideran un robo histórico. Vamos, un jaleo increíble que hace que cuando hay derbi jueguen incluso sin público por la tensión que hay.
En la parte croata hemos ido hasta la Plaza de España para ver el homenaje a los cascos azules españoles. Un homenaje sencillo pero bonito. Junto a un edificio abandonado con la fachada llena de metralla, que llaman el edificio de los francotiradores por su papel en la guerra. Un punto bastante simbólico.
Ya de noche hemos vuelto a cenar a nuestro restaurante sobre el Neretva. Un especie de magra con tomate típica con queso de aquí. Hemos comido como reyes por treinta euros los dos. Esto en Croacia no bajaría de sesenta.
Último paseo por el bazar y a dormir. Día intenso el de hoy. Mañana toca día de descanso porque solo vamos a Sarajevo. Dan lluvia, así que habrá que tomárselo con calma