11 de junio de 2025

Era 11 de junio de 2025 cuando el despertador sonó a las 7:00. Abrí los ojos y antes siquiera de poner un pie en el suelo, agradecí al universo que no tocara caminar ese día. Mis pies, castigados por las jornadas anteriores, estaban al límite… igual que mi trasero, aún resentido por la temeridad gastronómica cometida en el Heart Attack Grill.

El desayuno fue sencillo, con todo lo comprado el día anterior en Walmart: cereales, fruta y algo de charla en la habitación mientras el calor allá fuera seguía demostrando que en Las Vegas el verano es una amenaza real. El sol parecía decidido a freír huevos sobre el asfalto, y no hubiese sido raro ver un reportero de Andalucía Directo haciendo la prueba.

Decidimos exprimir al máximo la mañana en la piscina del hotel, la única oportunidad de disfrutarla durante el viaje. Conquistamos un par de hamacas a la sombra y nos dimos un baño reparador. Una piscina secundaria, con jacuzzi incluido, estaba en reformas, y una tercera con toboganes aún no había abierto. Pero no importaba: el lugar estaba tranquilo, casi desierto. Paz absoluta hasta las 12:30.



Ahí comenzó la transformación. Ana y Álvaro subieron a la habitación, pero bajaron convertidos en Marilyn y Elvis. Las risas no se hicieron esperar.




La limusina, majestuosa por fuera y veterana por dentro, nos llevó a la capilla “A Special Memory Wedding Chapel”.


Nos recibió una mujer que hablaba español y nos explicó todo con detalle: la ceremonia no se podía grabar, pero el oficiante, aunque no hispanohablante, había memorizado cada palabra en nuestro idioma. También nos presentó al fotógrafo, quien fue una sorpresa añadida.


La ceremonia fue breve, emotiva, surrealista. Al salir, nos entregaron tres sobres para las propinas: 40$ al chófer, 60$ a la oficiante y, aunque no lo sabíamos, 20$ recomendados al fotógrafo… nosotros solo teníamos 11$, así que eso fue lo que le tocó.



El chófer hizo algunas fotos (aunque varias incluían su dedo) y nos llevó de regreso al hotel, donde almorzamos una ensalada y descansamos unos minutos.
La segunda parte del día fue un secreto para Ana: nos dirigimos al Área 15, y en particular al enigmático Omega Mart. A primera vista parecía un supermercado convencional… hasta que te topabas con guisantes cúbicos, pollos tatuados y estanterías llenas de objetos imposibles. Pero el verdadero juego comenzaba al explorar sus rincones ocultos, aunque es mejor que sea sorpresa.






De vuelta al hotel, nos preparamos para el gran broche del día: el espectáculo “O” del Cirque du Soleil en el Bellagio. Aunque nos encantó, el cansancio y el frío del teatro nos pusieron a prueba. Fue una hora y media sin descanso, y mantener los ojos abiertos se convirtió en un reto titánico.








A la salida, vimos el famoso show de las fuentes y caminamos de regreso al hotel.

Cerramos el día con una media pizza y 15.122 pasos en el contador. Nada mal para un "día de descanso".




