16 de junio de 2025

Aquella mañana despertamos fieles a nuestro ya clásico ritual de las 07:00. Empezamos el día con nuestros nuevos aliados: unos cereales que, para sorpresa de ambos, estábamos empezando a disfrutar. La intención era clara: visitar el lugar donde nació el primer McDonald 's. Pero, como suele pasar en los buenos viajes, las cosas no salieron exactamente como las habíamos planeado.

El primer desliz fue mío. Salimos con la seguridad del explorador curtido, pero había olvidado revisar bien la dirección en el Waze. El navegador nos llevó directamente a los Estudios de la Warner, donde teníamos reservado un tour… pero a las 14:00. Al parecer, la noche anterior estuve tanteando mapas en el móvil y no me molesté en cambiar la ruta.

Intentamos corregir el rumbo, pero volvimos a equivocarnos y acabamos en el McDonald 's más antiguo que aún sigue abierto al público. Nada mal para ser un error: su estética retro, con logos antiguos y aire de los años dorados de la cadena, nos pareció fascinante.


Finalmente dimos con el auténtico McDonald 's original, hoy reconvertido en un museo. Allí, entre vitrinas, encontramos de todo: juguetes del Happy Meal, uniformes de otras épocas y montones de recuerdos de una empresa que, nos guste o no, forma parte del imaginario colectivo. La entrada era gratuita, aunque nos pidieron un pequeño donativo simbólico.




Ya que estábamos por la zona, decidimos acercarnos al Wigwam Motel, famoso por haber inspirado uno de los escenarios de Cars.


Continuamos hacia Carroll Avenue, un rincón repleto de casas victorianas, y luego fuimos a Pink’s a comer unos perritos calientes.
Dejamos el coche junto a un parquímetro (2$ con tarjeta) y, de camino, nos cruzamos con un robot de reparto que parecía sacado de una película de ciencia ficción.





Con el estómago satisfecho, hicimos una parada estratégica en Voodoo Donuts, donde probamos uno relleno de frambuesa que fue el broche perfecto a nuestra comida.

La tarde nos llevó de vuelta a la Warner. Esta vez sí, en hora y por el camino correcto. Pagamos los 15$ del parking y comenzamos el tour en español con Raúl, un guía mexicano con mucha chispa. Nos llevó por escenarios de cine y televisión, aunque a veces se le escapaban tantos detalles que algún spoiler nos llevamos. Lo perdonamos todo cuando llegamos a Central Perk, al apartamento de Sheldon y Leonard, y a la fuente de Friends. Para mí, que me sé diálogos enteros, fue un momento muy especial. Ana se reía diciendo que todo el viaje y la boda era solo una excusa para conseguir esas fotos. Puede que tenga razón.






Todavía nos quedaban fuerzas para pasear por Rodeo Drive (aunque solo para mirar, no tocar), el Wilshire Hotel (Pretty Woman vibes), y la famosa Spadena House, más conocida como la casa de la bruja. Allí nos topamos con el dueño, algo huraño, que estaba recogiendo moras. No era el más simpático, pero quién podría culparlo con tanto turista frente a su casa cada día.





Antes de retirarnos, hicimos una visita exprés a la casa de Harry Bosch (yo soy de los que no se saltan una serie) y terminamos la jornada viendo el atardecer desde un mirador de Mulholland Drive.


Cogimos algo de cena rápido desde el coche y nos lo llevamos al motel para comer tranquilos en la habitación.

Cerramos el día con 10.140 pasos marcados en el reloj.
