Passo Falzarego. Funivia (teleférico) Lagazuoi.
Retrocedimos un par de kilómetros y nos acercamos al Passo Falzarego (2.117 metros), desde donde parte el teleférico de Lagouzuoi, uno de los que nos habían recomendado como imprescindible en los Dolomitas por sus incomparables vistas. Ya por la tarde, había menos gente y pudimos aparcar sin problemas y gratis el coche frente a la estación. Eso sí, no podíamos descuidarnos porque eran las tres y media y la última bajada sería a las cinco. El teleférico parte cada 15 minutos. Su precio, 22,50 euros ida y vuelta. Mediante un código QR, se puede acceder a la guía interactiva, con explicaciones sobre el Museo al aire libre de la I Guerra Mundial, que también tiene parte aquí.



Lo cierto es que impone la estampa de la minúscula cabina roja encarando la mole rocosa inmensa que aparece al frente. Una vez dentro, el panorama que queda bajo los pies resulta vertiginoso, si bien las fotos no salen del todo claras por lo rallados que están los cristales. En esta ocasión, voy a poner algunas imágenes tomadas con el teléfono, que abren algo más la perspectiva. Desde luego, daba cosa ver a los que hacían el sendero a pie.



El monte Lagazuoi se encuentra a 2.733 metros de altitud y las vistas son sensacionales. No las puedo describir. Según se sale de la cabina, caminando hacia la derecha hay un primer mirador al que resulta obligado asomarse.




Caminando hacia la izquierda, se asciende en muy pocos minutos hasta el Refugio, que cuenta con un extraordinario mirador dotado con paneles informativos mediante los cuales es posible identificar los emblemáticos grupos de picos que se suceden uno tras otro en el horizonte. A la izquierda, Spalla, Pelmo, Nuvolau, Schiara, Civetta, Picola Civetta, Gasperi…




Llama la atención el tono gris claro de las rocas, los Montes Pálidos a que hacía referencia su primitiva denominación, matizado muchos metros por debajo por el verde intenso de los bosques que van muriendo con la altura.


Mirando para el otro lado, Comelle, Vezzana, Cimon de la Paia, Piz Serauta, Punta Rocca, Punta Penia, Piccolo Vernel, Gran Vernel, Punta Cornates…



Y, más hacia la derecha, Passo Pordoi, Sass Pordoi, Piz Boé, Punta Grohmann, Sassolungo, Passo Gardena, los Odle… Era increíble. Pese al reflejo del sol… ¡se veía todo! Bueno, en las fotos no sale tan nítido como mirándolo allí.

Pese a la altura, pegaba fuerte el sol y no hacía nada de frío; tampoco, viento. Era un momento ideal para contemplar el panorama. Muy cerca se halla el túnel que socaba la montaña hasta la cumbre, excavado por los italianos durante la I Guerra Mundial para hacer saltar la base austriaca, asentada arriba. Es posible acceder al túnel, incluso descender por él, pero no lo teníamos en mente.

Aunque algo pillados de tiempo, hicimos el pequeño y sencillo paseo, de unos quince minutos, por una pista, accesible en buena parte, que conduce hasta la Cruz de la Cima (2.778 metros), un monumento que rinde homenaje a todas las víctimas de la Gran Guerra.


Desde la base de la Cruz, pudimos contemplar desde un punto más elevado todo el surtido de Grupos, Picos y Passos que habíamos contemplado ya desde los miradores inferiores. De todas formas, quien no pueda o no quiera subir hasta aquí tampoco debe preocuparse, pues desde el propio refugio se aprecian perfectamente casi las mismas vistas. Costaba trabajo irse de allí. Pero había que hacerlo.




Dolomitas en familia, un pequeño bocado en 15 días