Como cada día, en cuanto despuntaba el sol yo me despertaba. Como los días anteriores a la que encendía el móvil me encontraba con la peque con los ojos abiertos como platos y con ganas de jugar, decidí vestirme lo más silenciosamente que pude y salir a correr por el resort. El hotel es tan sumamente grande que tiene circuitos de running, así que me calcé las zapatillas y fui siguiendo uno al azar.
Lo disfruté muchísimo. Ya no solo era la sensación de libertad, sino también que me encontré con un montón de sitios y cosas curiosas mientras corría, como una señal de tráfico que limitaba la velocidad a 20km/h por peligro de iguanas o la entrada a un cenote propio del resort.

Y así fue cómo atravesé todo el recinto hasta llegar al TRS y de ahí a la playa, donde vi amanecer. TRS es uno de los hoteles que forman parte del resort, y el único only adults. Se supone que con la pulsera del resto de hoteles no puedes acceder (solo si eres Family Selection y nosotros todavía no lo éramos), pero a esas horas no había nadie y pude ir por donde quería. Sin embargo, la zona tampoco me pareció tan espectacular como para justificar el incremento de precio de Kantenah o Colonial a TRS. Las villas parecen muy bonitas, pero las de los otros hoteles no tienen nada que envidiar.

Durante el resto del día nos dedicamos a vaguear en el hotel, aprovechando sus instalaciones y a preparar las maletas de cara a nuestro cambio a Family Selection.