Sobre las 08:30 ya estábamos en marcha hacia el restaurante Gourmet “El Colonial” para desayunar. A esa hora ya se notaba un viento bastante fuerte y, en ocasiones, aparecían nubes oscuras que amenazaban con tormenta.

El desayuno fue muy similar al de los días anteriores: el personal, como siempre, atento, amable y sonriente, y la mesa central de entrantes presentaba prácticamente el mismo surtido diario, pero bien cuidado y apetecible. Como ya era costumbre, pedimos nuestras tortillas al gusto, con distintos ingredientes y el acompañamiento habitual. Al terminar, se nos ocurrió preguntar si, por casualidad, tenían algo de pan duro del día anterior, ya que queríamos usarlo para atraer a los peces durante la actividad de snorkel que teníamos prevista. Sin pensárselo dos veces, el personal nos respondió con una sonrisa y apareció rápidamente con un buen montón de pan, lo cual agradecimos muchísimo por el detalle y la disposición. Un gesto sencillo que volvía a reflejar la calidad humana del equipo del restaurante.
Nos dirigimos entonces al lobby, donde esperábamos el transporte interno que nos llevaría al Watersports. Allí, al ver cómo soplaba el viento, el personal de recepción ya nos advirtió que probablemente no se podrían realizar las actividades acuáticas programadas para ese día. Aun así, decidimos ir a comprobarlo por nuestra cuenta.
Sobre las 09:40 nos subimos al transporte interno y salimos rumbo al área náutica. Durante el trayecto, el conductor también nos comentó que con ese viento difícilmente saldrían embarcaciones. Nada más llegar al sendero que conduce al “Watersports”, vimos que probablemente tenían razón: no había ni una sola embarcación montada, los cables de seguridad seguían en su sitio, y el mar, a lo lejos, se veía bastante movido.
Apenas llegamos a la cabaña, apareció el responsable con el que habíamos quedado el día anterior, y nos recibió con gran amabilidad. Confirmó lo que ya temíamos: por seguridad, la actividad de snorkel no se realizaría ese día debido a las condiciones del mar, no solo en la orilla sino especialmente en la zona designada para el snorkel, donde el oleaje era más intenso. Nos propuso posponerlo para el miércoles, ya que el martes él no iba a estar por ser festivo en su pueblo, algo que aceptamos comprensivamente, aunque mi mujer y mi hija se sintieron algo decepcionadas, ya que tenían muchas ganas de vivir esa experiencia. Pero bueno, aún nos quedaban varios días para intentarlo de nuevo, así que no había por qué desanimarse.
Regresamos directamente hacia la carretera principal para esperar el transporte de vuelta al Coral. Todo fue tan rápido, que el mismo conductor que nos llevó, fue quien nos recogió. Al vernos de vuelta tan pronto, se le escapó una sonrisa con un simpático: “¿Ya se los dije?”. Aquí que pasa, ¿es que todos son marineros? ¡Jajajaja!
Una vez de vuelta en el Coral, pasamos por la villa para dejar los bártulos del snorkel y coger las toallas y la bolsa de playa. Nos dirigimos directamente a la playa, donde, como en días anteriores, había muy poca gente, aunque también vimos algunas caras nuevas. Nos ubicamos junto a la pareja argentina, con quienes ya habíamos hecho amistad, y que siempre creímos que estaban de luna de miel.
Pasamos toda la mañana en la playa, bañándonos, descansando, tomando algo en el bar del rancho “Pelícano” y disfrutando del ambiente. A pesar del viento, la temperatura era muy agradable. De hecho, ese airecito refrescante se agradecía bastante. A diferencia de los días anteriores, cuando el mar parecía una piscina, hoy había pequeñas olas en la orilla y el mar estaba algo más agitado, aunque seguía siendo completamente cristalino y con las tonalidades turquesa que tanto nos gustaban.

Como anécdota divertida, conversando con los argentinos, comentamos que creíamos que estaban de luna de miel, pero se echaron a reír y nos contaron que en realidad estaban celebrando su 25º aniversario de casados. Nos quedamos boquiabiertos. Les preguntamos con qué edad se casaron y nos dijeron que, con 29 años, por lo que ahora tenían 54. Además, nos contaron que tenían dos hijos, de 21 y 24 años. No nos lo podíamos creer. ¡Parecían muchísimo más jóvenes! Les dijimos en broma que si vivían junto a la fuente de la juventud. Fue un momento divertido y entrañable que nos hizo apreciarlos aún más.
Sobre las 13:40 subimos al rancho “Pelícano” para almorzar, aunque estaba completamente lleno. Tuvimos que esperar unos 15 minutos a que se liberara una mesa. Mientras tanto, sonaba música cubana en vivo, lo cual amenizó la espera y nos metió en el ambiente festivo.

A las 13:55 ya estábamos sentados, justo al lado de la pareja que cantaba, lo cual encantó a mi mujer y a mi hija.

El trato del personal, como siempre, fue excepcional. Después de pedir las bebidas, encargamos la comida: mi mujer y yo pedimos de entrante una ensalada de vegetales de temporada cada uno, y como plato principal, yo opté por la hamburguesa Star, mientras que mi mujer y mi hija eligieron hamburguesas simples. Estaban tan buenas como el día anterior. De postre, compartimos un plato de fruta entre los tres.


Después de comer, nos dirigimos a la piscina, donde pasamos la tarde refrescándonos y tomando algunas copas, nuevamente acompañados por nuestros nuevos amigos argentinos, y Angeles. Sobre las 16:00 vimos llegar un grupo de franceses, de unas ocho personas, con sus maletas, que para las 16:30 ya estaban instalados en la piscina, animados y pegados como nosotros a la barra del bar. Se llevaron una sorpresa cuando a las 17:00 en punto, el barman recogió todo y cerró el bar de la piscina. Las caras que pusieron fueron todo un poema.
Nosotros nos quedamos allí hasta aproximadamente las 18:30, terminando nuestras copas tranquilamente. Luego volvimos a la villa, nos duchamos, descansamos un rato y, como casi todos los días, encontramos una nueva y preciosa decoración en la cama, realizada por el personal de limpieza. Siempre un detalle que nos sacaba una sonrisa.

A las 20:50 ya estábamos sentados nuevamente en el restaurante Gourmet “El Colonial” para cenar.

Aunque era algo tarde (nos quedamos transpuestos después de ducharnos), el trato y la atención del personal fueron, como siempre, impecables. Pedí una pieza de res, mientras que mi mujer y mi hija eligieron pechugas de pollo a la plancha, todas acompañadas con arroz. De postre, nos decantamos por un helado de almendras y una porción de tarta de chocolate.

Aunque era la noche de San Juan, y como tradición familiar solemos ir a la playa a saltar las primeras olas a partir de las 00:00, esta vez no pudo ser. Ya eran las 22:20 cuando salimos del restaurante, y el cansancio acumulado del día se dejaba notar. Así que decidimos irnos directamente a la cama, con la esperanza de que el clima del día siguiente nos permitiera, por fin, realizar la tan esperada actividad de snorkel.