Martes 30 de septiembre
Hoy es un día especial.
Es el día que vamos a dedicar entero a vivir entre las Grandes Pirámides. Sin horarios ni programa. Con el único límite que nos impongan nuestras fuerzas.
Y es además un día especial porque mi marido cumple 77 años y tenemos mesa reservada en el Kufu´s para celebrarlo entre pirámides.
Así que, bajo la dulce luz de la mañana en Giza, cruzamos la calle y andamos sin prisa hasta la antigua entrada junto a la Esfinge.

Desde casa había tenido dudas sobre si aún se podía utilizar esta entrada por los cambios que se están introduciendo en la visita a las Pirámides. Pero, afortunadamente, aquí todo sigue como siempre y la entrada está abierta tal como ya habíamos visto cada día desde nuestra terraza. Creo que las protestas de la gente del barrio han tenido mucho que ver en la permanencia de este rincón tan peculiar y genuino que espero se conserve por muchos años.
Caminamos junto a los pequeños grupos que utilizan esta entrada. gente que, como nosotros viaja por libre. Gente del País. Ninguno de estos grandes grupos que andan siguiendo al guía a toda prisa.
Y llegamos junto a la dorada Esfinge que cada día contemplamos desde la ventana.


Y admiramos durante un buen rato su belleza misteriosa y evocadora. Su acogedora, magnética y a la vez inquietante presencia nos regala unos momentos que nunca olvidaremos.
Al otro lado de la verja empieza el camino que nos apetece mucho caminar.
La antigua rampa que desde siempre une la Esfinge con la magnífica Pirámide de Kefren.
El suelo de piedras lisas, pulidas por los pasos y los años. La pendiente suave que poco a poco nos va elevando por encima de las nieblas matutinas de El Cairo.


Contemplamos enfrente las faraónicas Keops y Kefren que a cada paso se van volviendo más y más enormes.
Caminamos junto a unos pocos visitantes y junto al desfile de camelleros que lucen sus acicalados y preciosos animales (aunque algún tremendista se empeñe en hablar de maltrato animal?).


Saludos, fotos y alguna oferta nada insistente de paseos de una hora por 10 euros. Nosotros preferimos seguir caminando.
Y más pronto de lo que creíamos nos encontramos junto a los montones de piedras de los viejos templos de la entrada de la Pirámide de Kefren, la de la punta de color blanco, la de en medio, nuestra preferida.
Desde aquí preciosos contrastes con la enorme Keops de fondo.


Llegamos a la base de Kefren. Tocamos las viejas piedras. Caminamos a su alrededor hasta acercarnos a la "pequeña" Micerinos.
El aire es limpio y agradable y nos sentamos un rato al sol sobre las históricas piedras del viejo Egipto.


Andando hacia el Norte, junto a la base de Kefren, nos vamos acercando a la enorme, gigantesca, faraónica Keops.
Aquí ya nos encontramos con el continuo desfile de loa nuevos y gratuitos autobuses que cruzan sin parar la gran meseta de las Pirámides de Giza.
Seguimos andando otro buen ratito. Ahora a la sombra de Keops. Hasta la esquina opuesta. Hasta la nueva y reluciente cafetería junto a la parada de buses.


Un refrescante zumo de mango, una visita a los pulcros lavabos y muchas fotos a la enorme. perdurable y perfecta geometría que tenemos delante.
Son ya bien pasadas las 12 del mediodía. Creo que desde aquí se podría andar hasta el restaurante, pero optamos por lo fácil y preguntamos en la parada del bus cómo ir al Kufu´s. Por cierto que en todas las paradas hay un personal muy amable que te ayuda con el recorrido de los autobuses.
Nos va a tocar un largo viaje por la desértica explanada. Primero bus hasta Kefren. Y otro bus hasta la nueva entrada del recinto de donde salen los pequeños buses amarillos que van solo al restaurante Kufu´s. Por suerte pasan autobuses continuamente y todo resulta muy fácil.
Aprovechamos para contemplar las panorámicas desde la ventanilla y para visitar un poco la flamante nueva entrada. Como ya suponíamos muy nueva, muy fría, impersonal y reluciente. Para mi gusto demasiado alejada del espíritu cálido y entrañable del recinto que representa. Supongo que sirve muy bien para recibir la multitud de autobuses llenos de grupos que vienen a visitar las Pirámides. Pero yo me quedo con la vieja entrada.

A la 1 en punto llegamos al Kufu´s preparados para nuestra especial comida. Todo estuvo perfecto. La comida, el personal y el ambiente.
En la luminosa terraza mirando de reojo a Keops y Kefren asomando por entre los parasoles.



Larga y relajante sobremesa y de nuevo el pequeño bus. Y el bus a Kefren con parada en el Mirador de las tres Pirámides.


La luz a esta hora es demasiado intensa y volvemos a refugiarnos junto a nuestra Pirámide.
Y vemos alargarse por momentos la sombra de Kefren mientras los camellos que también descansan en la sombra empiezan a moverse sintiendo el final de la jornada.
Es hora de desandar el camino. La conocida rampa nos espera.



Y bajamos lentamente con el contraluz de Kefren a nuestras espaldas. Bajamos unos pocos visitantes y los mismos camelleros que subían por la mañana y que no tengo muy claro que hayan conseguido muchos clientes.
Bajamos hasta encontrar la, ahora soleada, espalda de la Esfinge, mientras los vigilantes nos avisan de que llegó la hora de abandonar el recinto.


Ya estamos en casa. Pasamos por entre los puestos de artesanías que no nos parecen demasiado atractivos y llegamos a nuestra ventana de cada día desde donde repasamos el camino recorrido durante el perfecto día entre Pirámides.


En la terraza una última y ligera cena.
Y un último e inolvidable atardecer frente a las Pirámides de Giza.