Día 6. Parte 3: CAM TERAS - VALLE DE IHLARA – CATEDRAL DE SELIME.
Acabada la visita al Valle de los Monasterios, en pocos minutos estoy aparcando en Cam Teras.

El Mirador de Cam-Teras, tiene una altura de unos 150 metros sobre el valle.
Es una plataforma (teras = terraza) de observación hecha en cristal que permite ver el valle desde el punto más alto, con vistas panorámicas del paisaje natural del valle que impresionan, incluye servicios como cafetería, senderos peatonales, puestos de fotografía, áreas de descanso, zona de mirador, baños, etc.
Fue inaugurado en 2024, y la entrada cuesta 100 liras – 2.06€.
Corta visita desde donde se divisa el Valle de Ihlara, fotos pertinentes y sin demora a buscar el plato fuerte de final del día, Ihlara Valley.
Desde el mirador se desciende por una estrecha carretera que una vez superado el puente sobre el río Melendiz, nos deja en el mismo pueblo, aquí hay algunos restaurantes y se pueden comprar souvenirs, también hay un gran aparcamiento.
Solo una foto y sigo, ahora atravesando el pueblo encuentro donde aparcar muy cerca del punto de entrada.
Aquí se encuentra un pequeño restaurante regenteado por una mujer cuyos dos hijos murieron en servicio al ejército, (aquí se los consideran héroes).
Esperaba encontrarlo abierto, pero estaba cerrado, desde aquí hasta la taquilla, entrada: 663.9 liras – 15€.
A partir de éste punto comienza una escalera en zigzag, hasta llegar a la orilla misma del río Melendiz Suyu que horadó durante miles de años la zona en la que hoy se ubica el valle.

Éste valle de 14 km de longitud, entre las poblaciones de Ihlara y Selime, con una profundidad de hasta 100 metros en algunos tramos, hoy deshabitado, estuvo desde el siglo VII d C, poblado por monjes bizantinos, que fueron los encargados de picar en la roca todas las iglesias existentes en el valle.
Es un verde y frondoso cañón con paredes verticales y en cuyas orillas y a diferentes alturas se aprecian diversidad de iglesias rupestres con pinturas en su mayoría, pero no están tan conservadas como las de las iglesias de Göreme, el lugar, por su belleza, se merece la visita, hay que caminar por el valle, al menos una hora para ver lo principal, después de bajar los 365 escalones hasta el fondo del mismo.
El recorrido más o menos de 14 km, me lleva desde Ihlara hasta la Catedral de Selime, un espectacular recorrido, hermoso, fresco y solitario muy recomendable para el senderismo.


El recorrido más común, y al que llevan las excursiones, es desde Ihlara hasta Belisirma, o vice versa, lleva unas 3 horas. (promocionado como ruta verde).
La mayoría de viajeros en lugar de continuar por el desfiladero, hasta la Catedral de Selime, suben en Belisirma, una infinidad de escalones para acercarse a la carretera, y visitar la Direkli Kilisesi, que es la mayor de todas estas iglesias del valle.
En este punto es donde tenemos la mayoría de restaurantes sobre el río.
Sitio muy pintoresco, con sus mesas de restaurante sobre el agua, mucho más hace algunos años, ya que el gobierno los está cerrando, por eso ahora ya no se parece a fotografías de otro tiempo, en (febrero 2025) la justicia y las autoridades provinciales aprobaron la yıkım kararı (una decisión de demolición) para los “işletmeler” (negocios) que operaban sin licencia en Belisırma, y a lo visto eran muchos, o casi en su totalidad.

En mi caminata puedo visitar casi todas las iglesias del valle, hasta llegar a La Catedral de Belisirma, nombrarlas todas sería demasiado, pero con tiempo es uno de los más bonitos de mis senderos por Capadocia.
Selime era una comunidad monástica al completo, más que una iglesia.
Subiendo por las escaleras talladas a mano me encuentro con las habitaciones, estas pequeñas y humildes celdas eran el hogar de monjes que dedicaban sus vidas
a la oración y al aislamiento, un marcado contraste con la grandeza de la catedral que se alzaba a sus pies.
Cada detalle tenía un propósito, los animales se guardaban en establos tallados y todo el complejo estaba diseñado para la defensa, los estrechos pasajes y túneles podían sellarse contra los invasores, convirtiendo a Selime en un santuario y una fortaleza a la vez.

Uno de los espacios interesantes de Selime es su cocina, al mirar hacia arriba, el techo permanece ennegrecido por el humo de fuegos centenarios.
Aquí estaba el corazón comunitario del monasterio, sus ingenieros del siglo VIII excavaron también sofisticados conductos de ventilación a través de la montaña para dejar salir el humo, una obra maestra.
La Catedral de Selime es más que una parada en mí andar, es un capítulo de la historia de la humanidad escrito en piedra.
En el siglo VIII el Imperio Bizantino era el faro del cristianismo, pero también una frontera vulnerable a las invasiones, por eso no construyeron hacia arriba, excavaron hacia adentro de la misma tierra, creando ciudades y monasterios ocultos para su protección y culto.
Atención: la entrada al valle es de miércoles a lunes de 8 a 19 h entre abril y octubre.