Hoy nos despedíamos de Lecce y de la cafetería Crem con todo el dolor de nuestro corazón. Lecce no llega a 100.000 habitantes, pero que hay que visitar, porque te encuentras con cosas sorprendentes; tienen tanta historia o más que otras que a priori guardan más renombre. Ciudades como Lecce mantienen en la mayoría de los casos las costumbres locales y se respira una vida más relajada y desenfadada. En fin, a lo que íbamos, después de desayunar pusimos la directa a Matera, ya en la provincia de la Basilicata. Cuenta con unos 60.000 habitantes que viven en su mayoría en la ciudad nueva.

La belleza de Matera (al pueblo antiguo me refiero) es esa, la del típico pueblo italiano con infinidad de años de historia. Es la reina de las poblaciones italianas de este tipo: casas apiñadas sin ningún orden ni concierto, desvencijadas, callejones, placitas, subidas, bajadas. Todo ello se puede contemplar perfectamente si paseas por la parte baja de la población donde hay una o dos calles horizontales, con la sensación de pasear por un valle de piedra, con casas a un lado y al otro, como si caminaras por la orilla de un rio que discurre por una garganta.

Si habéis leído algún otro diario u os habéis informado para realizar vuestro viaje vía internet, y si no os lo cuento ahora, Matera ha sido escenario de numerosas películas, pero entre todas destaca una, La Pasión de Cristo de Mel Gibson donde se recrea la antigua ciudad bíblica de Jerusalén y en la que a Jesucristo le dieron más que una estera (creo que se pasó un poco Mel
).

También decir que en Matera se encuentran los llamados Sassi, o viviendas de origen troglodita excavadas en la roca que estuvieron habitadas hasta el siglo XX. Hay unas 3.000, algunas de ellas visitables y en las que hasta esa fecha y durante generaciones ha vivido la gente más pobre. El modo de vida y las condiciones de salubridad salieron a la luz y fue considerada Matera una vergüenza nacional en Italia, por lo que el gobierno de turno ordenó el traslado de los habitantes de estas cuevas o sassi a unas viviendas de tipo social en la parte nueva de la población, lo que conllevó no pocas protestas y problemas de orden público. Aun así, para la población italiana en general Matera no existía, hasta que el robo de unos cuadros de gran valor en una de sus iglesias se hizo eco a nivel nacional, surgiendo un movimiento solidario y de apoyo a la población. A partir de este momento Matera se dio a conocer al público italiano, y a nivel internacional después.
Después de visitar la parte antigua pasamos a la moderna para buscar un restaurante para comer. Se nos había echado encima la hora. En la vía Don Giovanni Minzoni, en el número 34 se encuentra el restaurante Miseria e Nobiltà. Echadle un vistazo a la carta en Google o su página web para ver las cosas buenas que tiene. Pedimos unas verduras a la plancha, una ensalada con fiambres (jamón, quesos, fuet) y pasta tipo boloñesa, bebidas y café. Estaba todo bueno, con una decoración donde aparecen fotogramas que recuerdan las antiguas películas italianas con actores famosos de la época comiendo pasta.


Nos tenemos que marchar a nuestro nuevo destino, Potenza. Matera nos ha encantado, la pena no poder estar de noche para ver la iluminación nocturna. Pero así son las cosas, reservamos dos noches en un b&b en Potenza y a lo hecho pecho.
Un poco antes de llegar a Potenza nos desviamos a un pueblecito de montaña llamado Brindisi Montagna, puesto que había leído en alguna parte que el sitio era para no perdérselo. Pues ahí que vamos por una carretera que enfila cuesta arriba y llena de curvas. No sé los kilómetros que habría desde el desvío, pero me pareció una eternidad cuando llegamos a lo alto de la montaña donde estaba la población. Pues bien, una vez en Brindisi damos un paseo por el pueblo. De los 765 habitantes que tiene no había ninguno por la calle. Eso sí, hacia bastante frio. Está situado a 800 metros de altitud sobre el nivel del mar y tiene unas vistas preciosas de toda la Basilicata con los pueblos vecinos situados también arriba de las montañas. Por lo demás vimos algunas iglesias y capillas, como tienen todos los pueblos. Vigilante en lo alto se erige su castillo en ruinas que seguro que vivió mejores tiempos pasados.
Un poco antes de llegar a Potenza nos desviamos a un pueblecito de montaña llamado Brindisi Montagna, puesto que había leído en alguna parte que el sitio era para no perdérselo. Pues ahí que vamos por una carretera que enfila cuesta arriba y llena de curvas. No sé los kilómetros que habría desde el desvío, pero me pareció una eternidad cuando llegamos a lo alto de la montaña donde estaba la población. Pues bien, una vez en Brindisi damos un paseo por el pueblo. De los 765 habitantes que tiene no había ninguno por la calle. Eso sí, hacia bastante frio. Está situado a 800 metros de altitud sobre el nivel del mar y tiene unas vistas preciosas de toda la Basilicata con los pueblos vecinos situados también arriba de las montañas. Por lo demás vimos algunas iglesias y capillas, como tienen todos los pueblos. Vigilante en lo alto se erige su castillo en ruinas que seguro que vivió mejores tiempos pasados.

Sobre las 18 horas llegamos a Potenza, la capital de la Basilicata y la ciudad capital de provincia a mayor altura de Italia; está a 819 metros sobre el nivel del mar. ¿Qué ver?, pues nada. Aparcar es imposible. Gracias que el apartamento que habíamos contratado tenía una especie de aparcamiento al aire libre gratuito; como fuimos los últimos en aparcar ese día, debíamos ser los primeros en salir al siguiente, porque el resto de vehículos estacionados tenían que salir para ir a sus ocupaciones a primera de hora de la mañana. Era algo parecido al juego del Tetris.
Dejamos la maleta y salimos a patear Potenza y buscar algún sitio donde cenar alguna cosa. Es en este paseo cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado, que Potenza no era el lugar para pasar dos noches, ni por esas. Por no haber no había nada abierto para cenar, era martes, creo recordar, y nos volvimos al apartamento con el estómago vacío. Acabamos comiendo unas galletas que teníamos por el bolso. Potenza es un laberinto de calles que suben y bajan, que se cruzan, y siempre te alejan del destino al que quieres ir. Para colmo fue la ciudad elegida en detrimento de Matera que fue nuestra primera opción. En fin, estas cosas que pasan en los viajes, que no lo puedes controlar todo.
Pues dicho todo esto, en el apartamento sacamos la Tablet para ver lo que había por los alrededores por aquello de ocupar el tiempo en algo la mañana siguiente. De todo lo que leímos lo que más gracia nos hizo fueron los Laghi Monticchio, a 52 kms. de distancia (1 hora), así que para allá que fuimos.