Hoy nuevamente nos toca madrugar para ser los primeros en salir del estrecho aparcamiento. Esta vez teníamos estacionado un vehículo delante del nuestro que nos impedía la salida. Se lo comentamos a los chicos del b&b y sin problemas, abrieron la verja del aparcamiento, cogieron las llaves del vehículo que supongo que sería de su propiedad, y lo sacaron. De esa manera pudimos salir y despedirnos de Potenza.
Hasta el momento habíamos recorrido la Puglia y parte de la Basilicata, y a partir de hoy nos adentramos en la provincia de la Campania. Visitaremos el parque arqueológico de Paestum, la Costa Amalfitana, Nápoles y las antiguas ciudades romanas de Ercolano y Pompeya. Estábamos disfrutando del viaje, y aquellos días pasados en Bari, Lecce, Otranto y Matera, nos parecían muy lejanos. La sensación temporal cuando viajas es tremenda, parece que lo de ayer fue la semana pasada y lo de anteayer, un tiempo pretérito.
Paestum está a unos 100 kilómetros de Potenza, aproximadamente a 1 hora y 25 minutos. Al principio se va rápido hasta llegar a Éboli, luego en el desvío para Paestum la cosa se ralentiza. De cualquier forma, llegamos sobre las 10 de la mañana, y ya empezaba a verse gente por las inmediaciones del parque arqueológico. Sacamos los tickets. La tarifa general es de 15 €, y luego se reduce en función de la edad del visitante y las fechas (de diciembre a febrero 10€).
Los colonos griegos se asentaron en este lugar en el siglo VII a.C. fundando la ciudad de Posidonia. A finales del siglo V a.C., la ciudad fue conquista por los lucanios.
Su incorporación a la República de Roma se produjo en el siglo III a.C. En época imperial, Paestum fue perdiendo notoriedad a causa de no encontrarse en el ámbito de las principales calzadas romanas. Esta situación produjo su paulatino declive hasta su definitivo abandono a principios de la Edad Media.
Los monumentos más destacados de Paestum son los tres grandes templos dedicados a Hera, Ceres y Poseidón (también dedicado a Hera). A ellos se suman la muralla de casi 5 km, los restos del foro romano sobre el ágora griega, edificios públicos como la curia, el macellum, y parte del anfiteatro.



La visita al museo, que ya va incluida en la entrada, incluye la sala dedicada a la Tumba del Buceador, el principal atractivo del mismo y también se exponen los objetos hallados en las excavaciones arqueológicas de Paestum. Esta tumba de mediados del Siglo V a.C. es el único ejemplo de arte griego en el que se recrean escenas figurativas. En una de las paredes de la tumba (en el interior de la tapa) aparece el famoso hombre que da nombre a esta tumba, realizando un impecable salto de trampolín. En otras, aparece lo que parece representar un banquete. También se exponen en el museo una serie de tumbas decoradas con pinturas murales, la mayor parte de ellas pertenecientes al periodo lucanio.

La visita al parque arqueológico y su museo puede llevar toda la mañana. Lo recomendable es estar allí a la hora de la apertura y antes de que empiecen a llegar los autobuses escolares y turistas que llenarán el recinto e imposibilitaran, a buen seguro, una bonita foto de los monumentos. También hay poca sombra, por lo que se recomienda sombrilla y botella de agua.
Este sitio es una maravilla, es de los lugares más espectaculares a nivel de templos junto con el Valle de los Templos en Agrigento (Sicilia). No os lo podéis perder por nada del mundo.

Con mucha pena por dejar aquel lugar con tanta historia, volvemos por la SS18 en dirección a Salerno, para comer algo por allí, y después seguir por la E45 en dirección a Ercolano donde estaremos cinco noches con sus días. Sobre las 14 horas llegamos a Salerno, ciudad que no teníamos contemplado visitar (porque no se puede visitar todo) y decidimos comer en algún pueblecito de la costa. Paramos en Vietri sul mare, el primer pueblo de la costa amalfitana que hay si vas de Salerno a Sorrento, o el último, claro está, si haces el recorrido a la inversa. Pues bien, una vez que aparcamos a un lado de la carretera, aun nos dio tiempo de dar un paseo por la calle principal del pueblo mientras que buscábamos un restaurante para comer. Todo muy turístico, no sabíamos en cual entrar. Al final nos decidimos por uno con una terracita muy mona y entramos a la aventura a ver qué tal. Pedimos pulpo, y raviole fruti di mare y raviole al limone. Que os puedo contar, ya sólo con el pulpo habíamos comido. Estaba exquisito, no me podía imaginar que por aquí lo cocinaran tan bueno, cocido y un poco condimentado. Luego tardaron en traernos la pasta, pero qué pasta, si la frutti di mare que comí en Tricase estaba buena, la de “al lemone” ni qué deciros, rellena de queso provolone, casera y hecha al momento. Una delicia. Terminamos satisfechos y contentos porque no nos podíamos imaginar que en un lugar tan turístico como es la Costa Amalfitana se pudiera comer tan bien, de buena calidad y a buen precio. Lo malo es que no recuerdo el nombre del restaurante ni tengo la factura, una pena, cosas que pasan, pero seguro que en cualquier restaurante de Vietri se comerá bien.

Bien comidos fuimos a dar una vuelta por este pueblecito costero para hacerle unas cuantas fotos e inmortalizar la estancia. Era media tarde y hora de marchar a Ercolano donde tenía reservado un hotel para las próximas cinco noches. Así que tomamos nuevamente la autovía A3/E45 en dirección a Nápoles y en 40 minutos hicimos los 42 kilómetros que separan Vietri sul Mare de Ercolano, por el interior, pasando por Pompeya a la que dedicaríamos otro día, y cómo no, por el omnipresente Vesubio que nos acompañaría con su presencia allá por donde fuéramos durante estos días.
La llegada a Miglio d’Oro Park Hotel fue algo accidentada. Estacionamos junto a la entrada, junto a la carretera o calle principal de Ercolano. Salí un momento para sacar las maletas y buscar aparcamiento cuando vi que un Smart venía directo a embestirnos por detrás cuando tenía toda la calle para él. En el último momento reaccionó y con el espejo retrovisor golpeó al espejo retrovisor de nuestro Corsa. Menos mal que tan sólo fue un rasguño, podría haber sido peor. Tomamos nota del incidente con la chica del Smart que era de Estados Unidos y que no hablaba español ni nosotros inglés, y todo quedó en un susto.
Llevábamos una semana conduciendo por el sur de Italia y hasta ese momento no observamos nada fuera de lo común por la manera de conducir de los italianos, pero la Campania es otra cosa, aquí no hay reglas, aquí se aplica la ley del más atrevido. No conocen los Stop ni los colores de los semáforos. Ahora, dentro del caos existe un orden. En un cruce pasa el que primero saca el morro y nadie le pita, aunque se salte un stop, y así poco a poco van pasando todos de forma ordenada, aunque no se tenga la preferencia. De otro modo los vehículos parados en un stop no pasarían nunca. En España te saltas un Stop o una preferencia en un cruce y no veas la que se montan. Bueno, todo esto es la impresión que medió, ya que estuve metido en más de un cruce.
Pues bien, después de todo este rollo que os he soltado sobre el tráfico, dejamos las maletas en la habitación y salimos a dar un paseo y tomar algo, pues la hora el día no daba para más. El hotel está a un paseíto del centro de Ercolano (Herculano) pero en línea recta. Allí se encuentra la entrada al parque arqueológico o ruinas y el museo.
Bueno, no asustéis, pero Ercolano no sé cómo describirlo, es algo parecido a una ciudad estancada en los años cincuenta, descuidada, poco atractiva para el turista y caótica, multitud de gente en las aceras conversando, como antes; pero para mí eso es lo que la hace atractiva. La población vive sólo y exclusivamente del turismo y nadie se mete con nadie, así que, salvo mala suerte, no deberíais tener ningún contratiempo. Tomamos unos vermuts, y luego cenamos algo, poca cosa, en un bar de enfrente. Ya era de noche cuando regresamos al Hotel. La vuelta andando fue rapidita ya que la oscuridad lo envolvía todo. Una vez en el hotel nos tomamos algo en la terraza porque hacia un buen estar. Mañana toca ver las ruinas de Ercolano y Pompeya.
Del hotel y de sus fotos ya lo comentaré en el apartado de conclusiones. De momento es hora de irse a la cama.