Si Bari había sido la puerta de entrada al viaje, esta fue la primera jornada en la que empezamos a descubrir la imagen que todos tenemos en la cabeza cuando pensamos en Apulia.
La mañana comenzó en Polignano a Mare, probablemente el lugar más fotografiado de toda la región. Y basta con llegar para entender el motivo. La población se asienta literalmente sobre unos acantilados que caen al Adriático, creando una de las estampas más espectaculares del sur de Italia.

Vista de Polignano a Mare sobre los acantilados del Adriático.
Recorrimos tranquilamente el casco antiguo, asomándonos una y otra vez a los miradores que aparecen entre las casas blancas. El contraste entre la roca, el azul intenso del mar y las calles estrechas resulta realmente espectacular.
Uno de los lugares más conocidos es la cala de Lama Monachile, encajada entre dos paredes de roca y presidida por el puente que une ambas partes del pueblo. Vista desde arriba es una imagen difícil de olvidar.

La cala de Lama Monachile, encajada entre las paredes de roca de Polignano a Mare.
A finales de diciembre todavía quedaban luces y decoración navideña, lo que aportaba un ambiente especialmente agradable mientras paseábamos sin rumbo fijo por las calles del centro histórico.
Nuestra siguiente parada fue Monopoli.
Quizá no tenga la fama de Polignano o Alberobello, pero para nosotros fue una de las sorpresas del viaje. Es una ciudad mucho más tranquila, con un casco histórico muy agradable y un pequeño puerto pesquero que conserva todo el sabor de siempre.

Plaza y calles del centro histórico de Monopoli, con el ambiente tranquilo de finales de año.
El puerto antiguo fue, probablemente, el rincón que más nos gustó. Las pequeñas barcas de pesca descansaban sobre un agua completamente tranquila mientras, alrededor, la ciudad seguía con su ritmo cotidiano, muy alejado de la sensación de otros destinos excesivamente turísticos.

Puerto antiguo de Monopoli, con las barcas de pesca tradicionales frente al casco histórico.
La jornada terminaba en Alberobello, posiblemente el lugar más emblemático de Apulia.
Habíamos visto fotografías infinidad de veces, pero recorrer sus calles produce una sensación muy distinta. Los trulli forman un paisaje único, con sus características cubiertas cónicas de piedra repitiéndose una tras otra hasta cubrir las laderas del pueblo.

Primer contacto con los trulli de Alberobello, las construcciones de piedra más características de Apulia.
Pasear entre ellos resulta casi irreal. Las casas blancas, las calles estrechas y las decoraciones navideñas que aún permanecían en muchos rincones daban al conjunto un encanto especial.

Calles de Alberobello entre trulli encalados y tejados cónicos de piedra.
Cada rincón parecía diferente, aunque todos compartían esa arquitectura tan singular que ha convertido Alberobello en uno de los símbolos de la región.

Los trulli de Alberobello, con sus tejados cónicos de piedra.
Antes de marcharnos subimos hasta uno de los miradores desde donde se obtiene la imagen más conocida del pueblo: cientos de tejados cónicos extendiéndose por las colinas como si formaran un pequeño bosque de piedra.

Vista panorámica de Alberobello, con los trulli extendiéndose por las colinas.
Habíamos visitado tres lugares completamente diferentes entre sí: los acantilados de Polignano a Mare, el puerto pesquero de Monopoli y el paisaje único de Alberobello. Tres maneras distintas de entender Apulia y tres lugares que, desde el primer momento, justificaron por sí solos el viaje.
Foro de Roma