Segundo día en Moscú ya más descansados que ayer. Hemos desayunado en el hotel y a las 8:30 nos hemos puesto en marcha. El hotel lo tenemos cerca de la Plaza Roja. A primera hora de la mañana, con el cielo encapotado, da una imagen aún más solemne. Hemos pasado por el mausoleo de Lenin, custodiado por 4 policías, para descubrir que nos quedamos sin verlo por dentro porque los lunes está cerrado. Hemos podido ver la tumba de Stalin que hay atrás, pero el mausoleo difícil. Se ve que solo abren 4 días a la semana y durante tres horas, haciéndose unas colas tremendas que básicamente te obligan a echar una mañana entera para verlo durante segundos. Siempre hay que dejarse algo para ver.
Del mausoleo hemos ido bordeando los muros del Kremlin. Hemos coincidido con el cambio de guardia de la llama eterna y, siguiendo a los guardias, hemos llegado a la zona de los tickets y entrada para ver el Kremlin. A las 9:30 hemos pasado dentro atravesando una de las principales torres. El conjunto del Kremlin es bien bonito. Está el Gran Palacio del Kremlin, el Senado y un conjunto de iglesias junto con un cañón y una campana gigante. Todo rodeado de jardines y bastante seguridad a lo james bond. Señores vestidos de traje con pistola paseando. Merece la pena la visita a primera hora porque no hay mucha gente y se puede dar un paseo tranquilo, echas tu hora larga.
Saliendo del Kremlin hemos seguido el paseo terminando de dar la vuelta entera y volviendo a San Basilio. Nos hemos metido en una galería comercial histórica, tipo la de Milán, que se llama GUM. Tiendas de lujo, música clásica y una cristalera por techo enorme, lo mejor es que tienen aseos impolutos y opcion de aseo historico por 2,5 euros. Pasando por San Basilio de nuevo hemos ido al parque Zaryadye. El parque tiene su punto por la panorámica del Kremlin y San Basilio. Por todas partes hay estudiantes de pintura con sus respectivos lienzos dibujando partes del paisaje. El parque tiene un mirador bien bonito que se levanta sobre el río Moscova, con una vista frontal de uno de los rascacielos estalinistas llamados las Siete Hermanas a un lado, y al otro el Kremlin. Aquí hemos aprovechado para comer en un restaurante que se veía pijete por 30 € los dos, ni tan mal. Un borsch, pelmeni y una especie de pizza de Georgia con huevo crudo muy buena.
Del parque hemos ido andando por el río hasta la catedral de Moscú. Típica catedral ortodoxa, blanca con cúpulas doradas. Aquí ya íbamos rotos y hemos intentado acercarnos en taxi a un mirador. El problema que hay es que no funciona el GPS y pedir el taxi tiene su historia porque la aplicación no te ubica. Total, que hemos conseguido que nos recoja un taxi pero nos ha dejado como a dos kilómetros de donde queríamos ir, con el follón de la ubicación me he liado bastante... total que nos hemos bajado y nos hemos dado al menos un paseo por el otro lado del Moscova, que da a una cara más industrial. Hemos visto el metro a los 20 minutos de andar y nos hemos vuelto al centro. La idea era un mirador que se llama Colina de los Gorriones, pero entre el cansancio y que hemos aparecido a dos kilómetros cuesta arriba sería sufrir. De vuelta al centro nos hemos bajado en el teatro Bolshói. Un parque muy bonito con estatuas de bailarinas y el Bolshói enfrente con sus caballos épicos arriba. Hemos ido paseando hasta sentarnos a tomarnos unas cerves frente a una señora tocando una balalaika, un grupo de chavales bailando y tres hombres ganándose el dinero colocando palomas encima de la gente. Para ser un lunes tiene un montón de ambiente en las calles que rodean la Plaza Roja.
Hemos terminado la vuelta por una zona con una especie de tiovivo, mercadillo de antigüedades y zona de juego. El único sitio donde he podido comprar monedas soviéticas a un precio normal y no el timo de las tiendas de souvenir. Tras despedirnos de la Plaza Roja hemos vuelto al alojamiento y con nuestras mochilas hemos ido a la estación de tren Kazansky. Tenemos el tren nocturno a Kazán a las 20:40. Hemos llegado con antelación por si acaso.
La estación de tren es enorme y con un ir y venir de gente constante. Llama la atención sobre todo la cantidad de militares que van y vienen. Van todos con sus macutos y son prácticamente chavales. En la estación hay incluso una tienda militar donde poder comprar material como chalecos, trajes, cuchillos, etc. Hasta camisetas del Grupo Wagner venden y parches de las diferentes unidades. Imagino que muchos vendrán a hacer su descanso y cada uno coge su tren a su pueblo. Lo curioso es que en la estación se pasa control de equipaje y de metales al salir de los trenes, no al entrar, entiendo que con la cantidad de militares que van y vienen tratarán de que no se pueda liar con lo que traen o dejen de traer los militares.
A las 20:00 nos hemos montado en nuestro tren hacia Kazan de 12 horas. Los compartimentos tienen dos literas, las camas de abajo hacen de asiento y para dormir se cambian a cama. Vamos con dos rusos bien grandes. Belén y yo en una litera y los compañeros en la otra. De primeras es un poco agobiante, pero ya acomodados, con las mochilas guardadas y el tren en marcha ya hemos puesto modo tren ruso y nos hemos ido al restaurante a pedir una cerveza y una botellita de vodka para acompañar la noche toledana que se espera. Los precios, para ser restaurante del tren, algo caros pero no prohibitivos. A nuestro lado un ruso se ha empinado una botella de coñac de 330 ml el solito a chupitos, con cerveza y pegando bocados a rodajas de limon. A las 12 cada uno en su camita con los dos compas roncando y el cielo medio en penumbra.