Sofía es una de las capitales más antiguas de Europa, con orígenes que se remontan al Neolítico, según los asentamientos hallados en Slatina, datados en el VI milenio a. C.
En la Antigüedad, la ciudad fue habitada por los tracios y más tarde por los serdi, cuyo nombre dio origen a Serdica, la denominación que adoptó bajo el dominio romano.
Lo que sabemos los serdi es bastante limitado porque no dejaron textos propios; la información procede sobre todo de autores griegos y romanos y de la arqueología. Eran un pueblo tracio, emparentado culturalmente con otros grupos de la región como los odrisios, besios o getas.
Vivían en la zona del valle de Sofía, alrededor de las fuentes termales y de la actual llanura de Sofía, un lugar estratégico entre los Balcanes y las rutas hacia Macedonia y el Danubio. Eran principalmente agricultores y ganaderos, pero también participaban en comercio por la posición estratégica de su territorio.
Como otros tracios, tenían fama de ser buenos guerreros. Los griegos y romanos describían a los tracios como combatientes feroces, especialmente como infantería ligera y jinetes.
Durante el siglo I d. C., Roma convirtió Serdica en una colonia importante, Ulpia Serdica, dotándola de murallas, baños, templos y edificios administrativos; incluso el emperador Constantino llegó a considerarla su ciudad favorita, refiriéndose a ella como “mi Roma”.
Tras la caída del Imperio Romano, la ciudad pasó al control bizantino, que reforzó su papel como centro religioso y comercial, y construyó iglesias como la de Santa Sofía, cuyo nombre acabaría dando identidad a la ciudad moderna.
En el 809, el kan Krum, uno de los gobernantes más importantes del Primer Imperio búlgaro (rey de 803 a 814), incorporó Serdica al territorio, y desde entonces se convirtió en un núcleo político y comercial relevante en la Edad Media. Krum es recordado por haber transformado Bulgaria en una de las grandes potencias de Europa oriental. Fortaleció también la organización interna del Estado, promulgando algunas de las primeras leyes conocidas de Bulgaria. El episodio más famoso de su vida ocurrió en el 811, cuando derrotó y mató al emperador bizantino Nicéforo I en la batalla del paso de Varbitsa. Según cuentan las crónicas, hizo recubrir de plata el cráneo del emperador y lo usó de copa ceremonial.
En 1382 cayó bajo dominio otomano, periodo que duró casi cinco siglos y dejó huellas visibles como la mezquita Banya Bashi, construida en 1576 y aún en uso.
La liberación llegó en 1878, cuando las tropas rusas entraron en la ciudad tras la batalla de Sofía, y poco después fue proclamada capital del nuevo Estado búlgaro moderno. Desde entonces, Sofía ha crecido como centro político, económico y cultural del país.
La ciudad de Sofía tiene alrededor de 1,2 millones de habitantes, según las estimaciones más recientes, lo que la convierte en la mayor ciudad de Bulgaria y una de las capitales más pobladas del sureste europeo.
La red de transportes de Sofía es amplia y combina metro, tranvías, autobuses, trolebuses y conexiones directas con el aeropuerto. El metro es el eje principal del sistema: cuenta con varias líneas que conectan el centro con los barrios periféricos y con el aeropuerto, cuya estación se encuentra en la Terminal 2. El trayecto desde el aeropuerto hasta el centro dura unos 18–20 minutos y permite hacer transbordos en Serdika hacia otras líneas, enlazando también con la estación central de trenes y la estación central de autobuses. Los trenes funcionan aproximadamente entre las 5:30 y la medianoche, con buena frecuencia y conexiones hacia los principales distritos residenciales.
Además del metro, la ciudad dispone de una red extensa de autobuses urbanos, incluidos los que conectan el aeropuerto con el centro: las líneas 84 y 184 enlazan ambas terminales con la zona de la calle Gurko, con tiempos de viaje de unos 40–50 minutos según el tráfico. También existe un servicio lanzadera gratuito entre las dos terminales del aeropuerto, operativo las 24 horas, con frecuencias de 20 a 40 minutos según la franja horaria.
El taxi es una opción habitual y relativamente económica, con trayectos entre el aeropuerto y el centro que suelen durar unos 20–25 minutos.
El taxi es la opción que nosotros escogimos para ir hasta el hotel, situado en el centro. Llegamos en vuelo desde Barcelona (unas dos horas y media escasas) en Ryanair a la Terminal 2. La persona que nos organizó el itinerario nos había prometido un transfer pero cuando llegamos a la terminal no había nadie con un cartel con nuestro nombre. Le enviamos un mensaje y nos dijo que el conductor en cuestión estaba en un atasco pero que podíamos coger un taxi. Hacia un lado del aeropuerto vimos una pequeña máquina en la que sacamos un ticket. Luego nos pusimos a la cola. Un señor, que dirigía todo, daba los tickets a quien no lo tuviera. Servía como comprovante para el taxista. El trayecto no fue largo y nos costó alredededor de unos 11 euros y algo.
Sofía está cambiando mucho su aspecto. Es cierto que aún se ven los feísimos y poco conservados edificios de época comunista pero se va abriendo a occidente a pasos agigantados y ya se ven bastantes edificios de pisos u oficinas muy nuevos, con formas incluso atrevidas y mucho cristal.
El primer hotel de viaje (al que volveríamos al final) es el COOP. Se trata de un establecimiento de cuatro estrellas situado en una ubicación privilegiada, a pocos minutos a pie de algunos de los principales atractivos de la capital búlgara, como la catedral de Aleksandr Nevski, la iglesia de Santa Sofía o el Parlamento. Esta localización permite recorrer cómodamente el centro histórico sin necesidad de utilizar transporte público en la mayor parte de las visitas. El establecimiento pertenece a la red de la Unión Central Cooperativa de Bulgaria, una de las organizaciones cooperativas más importantes del país. De ahí procede la denominación "Coop", abreviatura de "cooperative", que recuerda el importante papel que el cooperativismo ha desempeñado en la vida económica y social búlgara. No solo gestionan hoteles sino bancos, tiendas, etc. El hotel es del año 2017 aunque algunas habitaciones presenten una estética más clásica. Es cómodo y tranquilo y ofrece muchos amenities pero quizás el desayuno es algo justo para lo que cabría esperar de un hotel en la capital.
La Asamblea Nacional es el parlamento unicameral de Bulgaria y el órgano que ejerce el poder legislativo del país. Fue creada en 1879, tras la liberación del dominio otomano, y está compuesta por 240 diputados elegidos cada cuatro años mediante un sistema de representación proporcional con una barrera electoral del 4 %. Su sede histórica es el Palacio de la Asamblea Nacional, un edificio neorrenacentista situado en la plaza Narodno Sabranie. El Parlamento fue construido entre 1884 y 1886, en los primeros años tras la liberación del dominio otomano. Bulgaria necesitaba una sede que representara su nueva identidad estatal, y por eso se eligió un estilo neoclásico sobrio, inspirado en la arquitectura parlamentaria centroeuropea. El arquitecto fue el serbio Konstantin Jovanović, que diseñó una fachada clara, equilibrada y elegante, con un pórtico central y una composición simétrica que transmite estabilidad institucional. ampliado posteriormente en varias fases hasta 1927. El edificio fue uno de los primeros grandes inmuebles públicos de la Sofía moderna y se convirtió en un símbolo del parlamentarismo búlgaro.
Su fachada, simétrica y sobria, está organizada en un cuerpo central ligeramente adelantado que concentra la entrada principal, coronada por un frontón clásico y un conjunto de ventanas altas que aportan verticalidad. El uso de piedra clara y la repetición rítmica de los vanos le dan un carácter institucional, reforzado por la inscripción “Съединението прави силата” (“La unión hace la fuerza”), lema nacional que preside el frontón.
El edificio combina líneas renacentistas centroeuropeas con detalles decorativos como molduras, pilastras y cornisas que articulan la fachada sin recargarla demasiado.
En el interior, dicen que la sala plenaria mantiene la estética parlamentaria del siglo XIX, con madera oscura, lámparas de estilo austrohúngaro y una disposición semicircular que favorece la acústica y la visibilidad.
El conjunto se integra en una plaza amplia dominada por la estatua del Zar Libertador y cercana a la catedral Alexander Nevski, lo que sitúa al edificio en un eje urbano donde se concentran los símbolos políticos y espirituales de la capital.
La plaza de la Asamblea Nacional es uno de los espacios más representativos de Sofía y funciona como un punto de articulación entre el poder político y los grandes símbolos históricos de la ciudad.
Es una amplia plaza de traza elíptica presidida por el Monumento al Zar Libertador, uno de los símbolos más reconocibles de Sofía. El monumento está dedicado al emperador ruso Alejandro II, conocido como el «Zar Libertador» por su papel decisivo en la Guerra Ruso-Turca de 1877-1878, que condujo a la liberación de Bulgaria tras casi cinco siglos de dominio otomano.
La obra fue diseñada por el escultor italiano Arnaldo Zocchi, que ganó un concurso internacional celebrado a finales del siglo XIX en el que participaron artistas de numerosos países. Su construcción se desarrolló entre 1901 y 1907, año en que fue inaugurada como expresión de agradecimiento del pueblo búlgaro hacia Rusia y hacia Alejandro II en particular.
La pieza central es una imponente estatua ecuestre de bronce que representa al zar con porte solemne y actitud serena, mirando hacia el horizonte y hacia las instituciones del Estado búlgaro. La escultura se alza sobre un monumental pedestal de granito y mármol decorado con relieves que narran episodios de la guerra de liberación, incluyendo escenas militares, momentos de la campaña rusa y representaciones alegóricas de la libertad y la victoria.
En la base del monumento aparecen también inscripciones y placas conmemorativas dedicadas a los soldados rusos y búlgaros que participaron en la contienda. El conjunto responde a una estética historicista propia de comienzos del siglo XX, con claras influencias del academicismo italiano y francés, adaptadas al contexto nacional búlgaro.
La Academia Búlgara de Ciencias es la institución científica más antigua y prestigiosa del país, fundada en 1869 como Sociedad Literaria Búlgara en Braila, Rumanía, y transformada en academia en 1911. Su edificio principal en Sofía, situado en el extremo norte de la plaza de la Asamblea Nacional, fue inaugurado en 1929 y diseñado por los arquitectos Ovcharov y Yordanov.
Originalmente estaba destinado al Ministerio de Asuntos Exteriores, lo que explica su escala representativa y su ubicación privilegiada en el corazón institucional de la ciudad. La fachada combina un academicismo sobrio con elementos decorativos discretos, entre los que destaca el conjunto escultórico de Shivarov en la entrada principal, que simboliza las ciencias y las artes. El edificio sufrió daños durante los bombardeos de 1944, pero fue restaurado y continúa en uso como sede de la academia. Hoy alberga departamentos administrativos y espacios vinculados a la investigación, y forma parte del conjunto monumental que rodea la Asamblea Nacional, reforzando el carácter intelectual y estatal del entorno.
La fachada, organizada en varios cuerpos simétricos, utiliza piedra clara y un ritmo regular de ventanas altas que aportan verticalidad. El acceso principal está marcado por un pórtico ligeramente adelantado, coronado por un frontón sencillo y flanqueado por esculturas alegóricas que representan las ciencias y las artes, obra del escultor Andrey Nikolov. El volumen general del edificio es compacto y equilibrado, con una cubierta inclinada y mansardas que recuerdan la arquitectura administrativa centroeuropea de la época. En su interior, los espacios mantienen la estética institucional del periodo de entreguerras: escaleras amplias, pasillos revestidos de madera y salas de reunión con techos altos y luz natural abundante.
El edificio del Ministerio de Defensa, situado muy cerca de la plaza de la Asamblea Nacional, pertenece al conjunto administrativo levantado en Sofía durante la primera mitad del siglo XX, cuando la ciudad consolidaba su identidad como capital del Estado moderno. Su arquitectura es sobria, con una fachada de líneas rectas y un volumen compacto.
El inmueble utiliza piedra clara y un ritmo regular de ventanas que ordenan la fachada sin recurrir a una ornamentación excesiva.
La entrada principal está ligeramente marcada por un cuerpo adelantado y un pórtico discreto, suficiente para señalar el acceso sin romper la austeridad general del conjunto. La composición es simétrica, con una cornisa continua que remata el edificio y una cubierta casi plana que refuerza su carácter administrativo.
En el interior predominan los espacios funcionales: vestíbulos amplios, escaleras de piedra y despachos distribuidos en torno a corredores largos y luminosos.
El edificio principal de la Universidad de Sofía, conocido como el Rectorado, es una de las construcciones más representativas de la Sofía de entreguerras. Fue levantado entre 1924 y 1934 gracias a la financiación de los hermanos Evlogi y Hristo Georgiev, cuyas esculturas flanquean la entrada principal como gesto de gratitud y memoria. Su arquitectura combina un neobarroco monumental con elementos academicistas: una fachada curva que abraza el bulevar Tsar Osvoboditel, grandes ventanales verticales y un cuerpo central coronado por una cúpula baja que actúa como hito urbano.
El edificio se organiza en un volumen central y dos alas laterales, una composición que refuerza su carácter institucional y que se completó en fases sucesivas hasta 1985, cuando se cerró definitivamente el conjunto.
La fachada también es de piedra clara, con detalles escultóricos discretos. En el interior hay escaleras amplias, salas ceremoniales y vitrales que representan figuras clave de la cultura búlgara, como los santos Cirilo y Metodio. El Rectorado funciona como centro administrativo y académico, con despachos, decanatos y espacios de representación, y constituye uno de los hitos arquitectónicos más reconocibles de la capital búlgara.
El Monumento a Vasil Levski es uno de los lugares de memoria nacional más importantes de Bulgaria. Está dedicado a Vasil Levski (1837-1873), considerado el mayor héroe de la lucha por la independencia búlgara frente al Imperio otomano y una de las figuras más veneradas de la historia del país.
El monumento fue inaugurado en 1895, apenas diecisiete años después de la liberación de Bulgaria, convirtiéndose en uno de los primeros grandes monumentos conmemorativos de la nueva capital. Se levantó en el lugar donde, según la tradición histórica, Levski fue ejecutado por las autoridades otomanas el 18 de febrero de 1873 tras haber organizado una extensa red revolucionaria clandestina en todo el país.
A diferencia de otros monumentos monumentales de Sofía, su diseño es relativamente sobrio. Consiste en un alto obelisco de granito gris rematado por relieves e inscripciones conmemorativas. Esta austeridad no es casual: el objetivo era transmitir respeto y recogimiento más que triunfalismo. El protagonismo corresponde a la figura moral de Levski y al sacrificio que realizó por la libertad de Bulgaria.
A diferencia de otros líderes nacionales, Levski nunca llegó a ver la independencia de su país. Precisamente por ello se convirtió en símbolo de integridad, sacrificio y compromiso patriótico. Su apodo, «El Apóstol de la Libertad», sigue utilizándose hoy en toda Bulgaria y numerosas calles, escuelas, instituciones y el estadio nacional llevan su nombre.
El entorno del monumento se ha transformado a lo largo del tiempo en un espacio ceremonial donde periódicamente se celebran homenajes oficiales, actos patrióticos y conmemoraciones relacionadas con la historia nacional búlgara.