Burgas no fue una gran ciudad antigua. En la zona existieron asentamientos tracios y pequeños puestos romanos, pero nada comparable a Mesembria o Apolonia.
El lugar aparece mencionado en la Edad Media con el nombre de Pyrgos (“torre”), probablemente por una torre defensiva o de vigilancia situada en la costa. Durante la época otomana (siglos XV–XVIII), Burgas siguió siendo un asentamiento menor, pero su bahía protegida empezó a ganar importancia para el comercio regional. El gran salto llega en los siglos XIX y XX: primero con el auge del comercio marítimo en el mar Negro, luego con la construcción del ferrocarril, y finalmente con la creación del puerto moderno de Burgas a principios del siglo XX, que se convirtió en el más importante de Bulgaria.
La ciudad creció con rapidez, atrayendo población de toda la región y desarrollando barrios nuevos, industrias, almacenes y una vida cultural activa. Durante el siglo XX, Burgas se consolidó como centro industrial, portuario y cultural.
El recorrido original incluía dormir allí y muchos circuitos la ponen. Incluso se está diciendo estos días que será la sede de Eurovisión el año que viene. ¿Qué opino de Burgas?. Que es una ciudad fea, muy fea. Solo la atravesamos para ir a Sozopol (y al día siguiente en el regreso).
Aunque solo sea por los que vayan al festival eurovisivo, daré algunas pinceladas de lo que tiene.
El Sea Garden es un parque lineal que bordea la costa durante varios kilómetros, elevado sobre el mar y lleno de avenidas arboladas, esculturas, jardines, cafés y miradores. Fue diseñado a finales del siglo XIX y ampliado en el XX, siguiendo la idea de un gran paseo marítimo ajardinado que conectara la ciudad con el mar. Su estructura combina zonas formales —parterres, fuentes, rotondas, monumentos— con áreas más naturales de pinos y vegetación costera. Desde muchos puntos se abren vistas amplias sobre la bahía de Burgas, el muelle y la isla de Santa Anastasia. El parque también alberga el Casino Cultural, el Teatro al Aire Libre, el Museo de Historia Natural y varios jardines temáticos.
El edificio original del Casino se construyó a principios del siglo XX como parte del proyecto de convertir el Sea Garden en un gran paseo marítimo europeo. Su arquitectura mezcla líneas neoclásicas con detalles modernistas, grandes ventanales y una terraza abierta hacia la bahía. Durante décadas fue un punto de encuentro social: bailes, conciertos, tertulias, eventos culturales. Tras un periodo de abandono en el siglo XX, fue completamente restaurado y reabierto como centro cultural. Hoy alberga exposiciones temporales, conferencias, actividades artísticas y un café con una de las mejores vistas de Burgas.
El museo de Historia natural ocupa un edificio de principios del siglo XX dentro del Sea Garden. Su colección está dedicada a la fauna, flora y geología de la zona. La primera parte presenta la biodiversidad del mar Negro, con peces, crustáceos, moluscos y explicaciones sobre un ecosistema único: un mar casi cerrado, con poca salinidad y capas profundas sin oxígeno. También muestra especies emblemáticas de la costa búlgara, como delfines, aves marinas y plantas halófilas.
Otra sección está dedicada a la ornitología, muy importante en Burgas por la presencia de los lagos Atanasovsko, Burgas y Mandrensko, que forman una de las rutas migratorias más relevantes de Europa. Aquí se exponen aves disecadas, mapas de migración y paneles sobre flamencos, pelícanos y rapaces. La parte geológica incluye minerales, fósiles y explicaciones sobre la formación de la bahía.
La iglesia armenia se llama Surp Khach (“Santa Cruz”) y es el centro espiritual de la comunidad armenia de Burgas, formada en gran parte por descendientes de familias que llegaron a Bulgaria a finales del siglo XIX y principios del XX. El edificio actual es moderno, de mediados del siglo XX, porque la comunidad no pudo construir templos más antiguos durante el periodo otomano. Su arquitectura sigue el estilo tradicional armenio: planta compacta, muros gruesos, tejado piramidal y un interior sobrio, con iconos y cruces de piedra (khachkar) que son el símbolo más característico del arte armenio. El ambiente es muy distinto al de las iglesias ortodoxas búlgaras: más silencioso, más íntimo y con un sentido fuerte de comunidad. En el interior destacan los iconos de estilo armenio, la cruz central y la pequeña cúpula que deja entrar una luz suave.
La comunidad armenia de Burgas se formó principalmente entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, cuando familias armenias comenzaron a llegar a la ciudad huyendo de la inestabilidad del Imperio Otomano y, más tarde, del genocidio armenio de 1915. Burgas, como puerto abierto al mar Negro y ciudad en crecimiento, ofrecía trabajo, seguridad y la posibilidad de reconstruir una vida lejos de la persecución. Estas familias se asentaron en barrios cercanos al centro y crearon una red comunitaria muy cohesionada basada en la lengua, la fe y las tradiciones. Durante el periodo de entreguerras, la comunidad se consolidó: abrieron escuelas dominicales, asociaciones culturales, coros, grupos juveniles y pequeñas empresas familiares, especialmente en comercio, artesanía y panadería. La iglesia Surp Khach se convirtió en el corazón espiritual y social del grupo, no solo como templo, sino como lugar de reunión, celebración y preservación de la identidad armenia.
La isla de Santa Anastasia está situada en medio de la bahía de Burgas y se llega en barco desde el puerto en unos 20–25 minutos. Es una isla diminuta, de apenas unas hectáreas, pero con una identidad muy marcada. Durante siglos albergó un monasterio medieval, que fue ampliado y modificado en época otomana. Más tarde, en el siglo XX, el complejo se convirtió en prisión política, lo que añade una capa histórica muy fuerte al lugar. Hoy todo el conjunto está restaurado y funciona como un pequeño museo que explica la vida monástica, las leyendas locales y la historia de los presos.
La isla tiene un paisaje rocoso precioso, con acantilados bajos, vegetación mediterránea y vistas abiertas al mar Negro.
Las salinas forman parte del Lago Atanasovsko, una laguna costera separada del mar por una franja estrecha de tierra. Es una zona protegida por su enorme riqueza de aves, pero también es famosa por sus piscinas rosadas, que adquieren ese color por la presencia de un microorganismo halófilo (Dunaliella salina) y por la alta concentración de sal. En verano, el rosa se intensifica y crea un paisaje casi irreal, con pasarelas de madera, montículos de sal blanca y el horizonte del mar Negro al fondo.
La zona más visitada es el “Burgas Saltworks”, donde puedes caminar entre las piscinas, ver cómo se forma la sal y, sobre todo, bañarte en las piscinas de barro. El barro es denso, oscuro y muy mineralizado; la gente se lo aplica por todo el cuerpo y luego se deja secar al sol antes de entrar en el agua salina, que tiene tanta densidad que flotas sin esfuerzo.
Las salinas están a unos 4 km del centro de Burgas. Es un trayecto corto: 10–15 minutos en coche o taxi, 20–25 minutos en bus, 45–50 minutos caminando. La visita a las salinas es gratuita. Solo pagas si compras algo en el pequeño centro de información o si alquilas taquillas (opcional). El baño de barro y las piscinas rosadas también son gratis.
Atanasovsko es una de las zonas más importantes de Europa para aves migratorias. Flamencos, avocetas, charranes, rapaces..
También hay montículos de sal y pasarelas.
El lago Burgas, también llamado Vaya, es el lago más grande de Bulgaria y uno de los espacios naturales más tranquilos y auténticos de la región. A diferencia del lago Atanasovsko, que es más turístico por las salinas rosadas, Vaya es un entorno silencioso, amplio y muy natural, donde el paisaje está dominado por el agua, los carrizales y las aves. Es un lago de agua dulce, alimentado por varios ríos, y forma parte de una gran zona húmeda protegida. Su tamaño es impresionante: ocupa más de 27 km² y se extiende hacia el oeste de la ciudad, creando un contraste muy fuerte entre la vida urbana y la calma absoluta del humedal. Lo más característico del lago es su biodiversidad. Es un punto clave para aves migratorias y residentes: pelícanos, garzas, cormoranes, patos y rapaces sobrevuelan la zona, especialmente al amanecer y al atardecer. Hay varios miradores y plataformas de madera desde donde se puede observar la fauna sin molestarla, y senderos fáciles que bordean partes del lago. Está a 3 o 4 km del centro.
Sozopol es una de las ciudades más antiguas de la costa búlgara del mar Negro. Se encuentra en el sureste de Bulgaria, aproximadamente a 35 km al sur de Burgas, sobre una pequeña península rocosa que se adentra en el mar.
La ciudad fue fundada por colonos griegos procedentes de Mileto hacia el siglo VII a. C. con el nombre de Apolonia Póntica, en honor al dios Apolo. Gracias a su excelente puerto natural, se convirtió rápidamente en uno de los principales centros comerciales de la costa occidental del mar Negro.
Durante la época griega, Apolonia alcanzó gran prosperidad económica y cultural. Su símbolo más famoso fue una gigantesca estatua de Apolo de unos 13 metros de altura realizada por el escultor Calamis. Cuando los romanos conquistaron la ciudad en el año 72 a. C., el general Marco Luculo trasladó la estatua a Roma como trofeo.
Posteriormente la ciudad pasó a formar parte del Imperio Romano y después del Imperio Bizantino. Durante la Edad Media estuvo disputada entre bizantinos y búlgaros, adoptando finalmente el nombre de Sozopolis, que significa aproximadamente «ciudad de la salvación», origen del actual nombre Sozopol.
Bajo el dominio otomano conservó su carácter de puerto pesquero y comercial. Muchas de las casas de madera que hoy se contemplan en el casco antiguo pertenecen a los siglos XVIII y XIX, época del Renacimiento Nacional Búlgaro.
El casco antiguo de Sozopol ocupa una pequeña península rocosa que se adentra en el mar Negro y constituye el corazón histórico de la ciudad. Las calles son estrechas, empedradas y sinuosas, adaptadas al relieve natural de la península. A diferencia de otras ciudades históricas más monumentales, Sozopol conserva una atmósfera tranquila y auténtica. No hay grandes avenidas ni edificios imponentes (aunque en la ciudad nueva los edificios ya son mucho mayores).
El elemento arquitectónico más característico son las casas tradicionales del Renacimiento Nacional Búlgaro, construidas principalmente entre los siglos XVIII y XIX. Estas viviendas presentan una sólida planta baja de piedra, diseñada para soportar la humedad y almacenar mercancías, mientras que los pisos superiores están realizados en madera oscura y suelen sobresalir ligeramente sobre la calle mediante voladizos. Las fachadas muestran amplios ventanales orientados al mar, una solución que permitía aprovechar la luz y vigilar la actividad portuaria. Se pueden ver bastantes de esas casas en las calles empedradas del casco antiguo.
La prosperidad de Sozopol durante aquella época estaba vinculada a la pesca, el comercio marítimo y las relaciones con Constantinopla, Odessa y otros puertos del mar Negro. Muchas de las casas pertenecieron a capitanes, comerciantes y armadores que amasaron fortunas gracias a estas actividades. Algunas conservan todavía sus patios interiores, escaleras originales y detalles decorativos de madera tallada.
Uno de los mayores atractivos del casco antiguo es la relación constante entre la arquitectura y el mar. Desde numerosas calles aparecen miradores naturales sobre los acantilados, donde las olas golpean las rocas bajo las casas centenarias. En muchos puntos se puede contemplar simultáneamente el entramado urbano histórico, el puerto pesquero y el horizonte del mar Negro.
Al recorrer el barrio antiguo también aparecen restos de las antiguas murallas que protegían la ciudad medieval. Estas fortificaciones recuerdan que Sozopol fue durante siglos un enclave estratégico disputado por griegos, romanos, bizantinos, búlgaros y otomanos. Especialmente recomendable es el paseo por la Muralla del Sur, desde donde se obtienen algunas de las mejores panorámicas de toda la costa. Hay un pequeño tramo que puede visitarse, subiendo a una torre y viendo también un museo. No lo visitamos.
El casco antiguo alberga además pequeñas iglesias, galerías de arte, museos y cafés instalados en edificios históricos.
La Muralla del Sur es uno de los monumentos más emblemáticos de Sozopol y el mejor lugar para comprender la larga historia de la ciudad como puerto fortificado del mar Negro. Sus restos se levantan sobre los acantilados de la península del casco antiguo y ofrecen algunas de las vistas más espectaculares de toda la costa búlgara.
Las defensas de la ciudad tienen un origen muy antiguo. La antigua Apolonia Póntica, fundada por colonos griegos en el siglo VII a. C., necesitaba proteger uno de los puertos más importantes de la costa occidental del mar Negro. A lo largo de los siglos, las fortificaciones fueron ampliadas por griegos, romanos, bizantinos y búlgaros, creando un complejo sistema defensivo que rodeaba la península y controlaba el acceso al puerto.
La parte mejor conservada es precisamente la que mira hacia el sur. Aquí pueden verse largos tramos de muralla construidos con grandes bloques de piedra perfectamente encajados. En algunos sectores todavía se aprecia la combinación de técnicas constructivas utilizada por los bizantinos, alternando piedra y ladrillo para reforzar la resistencia de los muros.
La ubicación fue elegida con gran inteligencia militar. Los constructores aprovecharon los acantilados naturales de la península para dificultar cualquier ataque desde el mar. Las murallas se elevaban sobre las rocas y permitían vigilar las rutas marítimas, detectar embarcaciones enemigas y proteger la entrada al puerto. Durante siglos fueron una defensa fundamental frente a piratas, invasiones y conflictos entre búlgaros y bizantinos.
Hoy el recorrido de la Muralla del Sur se ha convertido en uno de los paseos más agradables de Sozopol. Un sendero acondicionado permite caminar junto a las antiguas fortificaciones mientras se contempla el mar Negro rompiendo contra las rocas. Desde allí se obtiene una magnífica panorámica del puerto viejo, de las casas históricas del casco antiguo y de las islas cercanas, especialmente la isla de San Iván. Es el típico sitio para pasear. Hay algunos locales para comer y tomar algo y bancos para sentarse.
La iglesia de San Cirilo y San Metodio es el principal templo de Sozopol y uno de los lugares más visitados de toda la costa búlgara del mar Negro. Su importancia no se debe tanto a su arquitectura como al hecho de custodiar unas reliquias atribuidas a San Juan Bautista, consideradas uno de los hallazgos arqueológicos y religiosos más relevantes de Bulgaria en las últimas décadas.
La iglesia está situada en la parte norte del actual Jardín del Mar y funciona como catedral de verano de Sozopol. Fue construida en 1889 por el famoso primer maestro constructor Gencho Kanev de Tryavna, con donaciones de la recién formada comunidad eclesiástica búlgara. Durante la última restauración de la iglesia, se encontró una lista de donantes en una cápsula colocada bajo la base de la mesa del altar. Arquitectónicamente, es una iglesia de tres naves, un ábside, cúpula cruzada, con cuatro soportes independientes y un campanario saliente, que conecta con un nártex desde el nivel principal. Fue construida con inspiración del neoclasicismo, característico del maestro, con pilastras en las esquinas, frontones triangulares y una cúpula con aberturas arqueadas sobre las que descansan columnas integradas. El campanario tiene cuatro paredes, con una estructura ligera que termina en una cúpula hemisférica, y existió en esta forma hasta 1930.
Los iconos de la orden real del iconostasio son obra de Iván Dimitrov, uno de los artistas más famosos de principios del siglo XX, quien sentó las bases del estilo académico en la iconografía búlgara. El resto de los iconos fueron realizados por el pintor de iconos de Sozopol, Sócrates Georgiev. En los años 50 del siglo XX, el templo fue descuidado y en 1965, por decisión del Patriarcado búlgaro, se puso a disposición para servir de exposición museística. Posteriormente, la iglesia se utilizó para la exposición del Centro de Historia Marítima y Arqueología Submarina y para una sala de conciertos durante el Festival de las Artes de Apollonia. En 2011, tras una importante restauración y reconstrucción, la iglesia volvió a funcionar como iglesia ortodoxa.
Los iconos representan a Cristo Pantocrátor, la Virgen con el Niño, San Juan Bautista y numerosos santos ortodoxos especialmente venerados en Bulgaria. No la vi muy especial pero sí bastante colorida. Llegamos justo a las 16 horas, cuando abrían después del descanso para comer.
Sin embargo, la fama internacional del templo comenzó en 2010. Ese año, durante unas excavaciones arqueológicas realizadas en la cercana isla de San Iván, situada frente a Sozopol, los arqueólogos descubrieron un pequeño relicario de piedra escondido bajo el altar de una antigua iglesia medieval. En el interior aparecieron diversos fragmentos óseos acompañados por una inscripción que mencionaba expresamente a San Juan Bautista y a un tal Tomás, que en teoría llevó los restos allí. El hallazgo causó una enorme repercusión en Bulgaria y atrajo la atención de investigadores y medios de comunicación de numerosos países.
Los restos fueron trasladados posteriormente a la iglesia de San Cirilo y San Metodio para su custodia y veneración. Desde entonces se conservan en un relicario especialmente preparado para ello. Miles de peregrinos ortodoxos y visitantes acuden cada año para contemplarlos y mostrar respeto al que es considerado el profeta que anunció la llegada de Cristo y lo bautizó en el río Jordán. En teoría las reliquias son partes de un brazo, un diente y fragmentos del cráneo. Yo solo vi unos diminutos huesecillos que pueden ser del santo o de una rata.
La isla de San Iván guarda una estrecha relación con estas reliquias. Durante siglos existió allí un importante monasterio dedicado precisamente a San Juan Bautista. En la Edad Media fue uno de los centros religiosos más influyentes de la costa del mar Negro y recibía peregrinos procedentes de todo el mundo ortodoxo. El descubrimiento del relicario confirmó la importancia espiritual que tuvo este monasterio y reforzó la tradición local que afirmaba que allí se conservaban restos del santo.
El Puerto Viejo de Sozopol es mucho más que un pequeño embarcadero pesquero. Constituye el alma histórica de la ciudad y el lugar donde mejor se percibe la conexión entre Sozopol y el mar Negro, una relación que se ha mantenido de forma ininterrumpida durante más de veintiséis siglos. Desde la época en que la ciudad era la colonia griega de Apolonia Póntica, los habitantes han vivido mirando al mar: comerciando, pescando y navegando.
El puerto se sitúa al pie del casco antiguo, protegido por la propia configuración natural de la bahía. Las aguas suelen ser tranquilas y están ocupadas por pequeñas embarcaciones pesqueras, veleros y barcos turísticos. A diferencia de los grandes puertos comerciales modernos, aquí predomina una atmósfera íntima y tradicional. Las redes secándose al sol, los pescadores preparando sus aparejos y las modestas embarcaciones de madera recuerdan que la pesca sigue siendo una parte importante de la identidad local.
Desde el muelle se obtienen algunas de las mejores vistas del casco antiguo. Las casas del Renacimiento Nacional Búlgaro parecen elevarse directamente sobre los acantilados, con sus fachadas de madera oscura y sus ventanales orientados hacia el mar. La sucesión de terrazas, tejados y callejuelas crea una de las imágenes más características y fotogénicas de toda la costa búlgara.
Históricamente, este puerto fue la puerta de entrada de comerciantes procedentes de todo el mar Negro y del Mediterráneo oriental. Por aquí llegaron mercancías griegas, romanas y bizantinas; también partieron barcos cargados de vino, pescado, cereales y artesanía local. Durante siglos, la prosperidad de Sozopol dependió directamente de la actividad que se desarrollaba en este pequeño refugio marítimo.
Uno de los aspectos más atractivos es la vista hacia la isla de San Iván, situada frente a la ciudad. Desde el puerto puede contemplarse perfectamente la isla donde se encontraba el importante monasterio medieval dedicado a San Juan Bautista y donde fueron halladas las famosas reliquias atribuidas al santo. Esta visión ayuda a comprender la estrecha relación histórica entre Sozopol, el mar y la espiritualidad ortodoxa de la región.
La puesta de sol desde el Puerto Viejo está considerada una de las más bellas de Bulgaria.
Nos alojamos en una casa de huéspedes, uno de los alojamientos más bonitos y nuevos del viaje. Se llama Fotini 2 y está en el número 27 de la calle Ribarska. A Vesselin le costó bastante encontrarla (y con el coche en una calle tan estrecha, acabaron saliendo los vecinos a indicar). Nuestra habitación está en la primera planta. Está completamente reformada, con muebles muy bonitos y decoración de barcos en el cuarto de baño. Tiene una luz espectacular y vistas al puerto (y a la famosa puesta de sol). Aunque no nos incluye desayuno, nos dejan cafetera y calentador de agua con café e infusiones. También hay algunos platos y cubiertos que usamos para cenar algo en el balcón con esas bonitas vistas.
Desde allí se ve levemente la isla.