La Avenida Vitosha es el principal paseo peatonal de Sofía y uno de los lugares más concurridos de la ciudad. Comienza cerca del Palacio de Justicia y se extiende hacia el sur en dirección a la montaña Vitosha, que se ve al fondo de la calle y le da un carácter muy reconocible. A lo largo de la avenida se encuentran cafeterías, terrazas, restaurantes, tiendas de moda, librerías y pastelerías tradicionales, lo que la convierte en un punto de encuentro tanto para locales como para visitantes. La calle fue una vía comercial importante ya en el periodo de entreguerras, pero adquirió su aspecto actual tras varias remodelaciones en el siglo XX y XXI, que la transformaron en un paseo completamente peatonal con pavimento uniforme, bancos, iluminación moderna y espacios amplios para caminar.
La arquitectura que la rodea es una mezcla de edificios de principios del siglo XX, construcciones del periodo socialista y locales contemporáneos, lo que refleja la historia diversa de Sofía. En los días claros, la vista de la montaña al fondo es uno de los iconos visuales de la ciudad.
La avenida conecta con zonas importantes como la plaza Sveta Nedelya, el Palacio de Justicia, el bulevar Patriarca Evtimiy y el barrio moderno de Lozenets. Es habitual encontrar músicos callejeros, pequeños mercados temporales y un ambiente muy animado, especialmente por la tarde y durante el fin de semana.
Aunque hay una buena oferta gastronómica, no comimos nada allí. Sí entré en una tienda de golosinas que me pareció muy bonita. Se llama Hansel y Gretel. Es muy bonita y destaca especialmente el interior, donde puedes sentarte en la casa de la bruja (la casita de chocolate), con caramelos gigantes por todos lados. Me comí un helado de Lotus riquísimo.
T'he red flat (el piso rojo) es un piso real ambientado como el hogar de una familia búlgara corriente de los años 80, durante el comunismo. La gracia es que puedes tocar prácticamente todo: abrir armarios y cajones, mirar fotografías, libros y revistas, utilizar el teléfono, escuchar la radio, poner discos e incluso salir al balcón.
Tiene cuatro espacios principales —salón, cocina, habitación infantil y otras dependencias— llenos de objetos auténticos o de época. La audioguía va explicando no solo qué es cada objeto, sino cómo era la vida cotidiana: colegio, trabajo, vacaciones, compras, ocio, propaganda, relaciones con Occidente, etc. Está disponible en español.
Se ubica en 24 Ivan Denkoglu Street, en el centro de Sofía, muy cerca de la Avenida Vitosha. La entrada se compra en la tienda GIFTED, en la misma dirección. La visita dura aproximadamente 1 hora y media. No pudimos visitarlo porque no había entradas disponibles en ese momento.
El Palacio de Justicia es uno de los edificios más monumentales de Sofía y uno de los mejores ejemplos de arquitectura institucional de Bulgaria en el siglo XX. Situado en el extremo norte de la avenida Vitosha, fue construido entre 1929 y 1940 para albergar los principales órganos judiciales del país.
El edificio responde a un estilo neoclásico monumental influido por la arquitectura oficial europea de entreguerras. La fachada principal está presidida por doce grandes columnas de orden dórico que sostienen un amplio entablamento, creando una imagen de solidez, equilibrio y autoridad. La composición es perfectamente simétrica y utiliza piedra clara para reforzar la sensación de permanencia y estabilidad institucional.
Ante la escalinata principal se encuentran dos imponentes esculturas de leones de bronce, símbolos tradicionales de Bulgaria y de los valores asociados a la justicia, la vigilancia y la fuerza de la ley. Estas esculturas se han convertido en uno de los elementos más fotografiados de la ciudad.
El interior alberga amplios vestíbulos, escaleras monumentales y salas de audiencia distribuidas en varios niveles.
El Palacio Nacional de la Cultura de Sofía, conocido por todos como NDK (Natsionalen Dvorets na Kulturata), es probablemente el edificio más representativo de la Sofía moderna. Se encuentra en el otro extremo de la Avenida Vitosha. Fue inaugurado el 31 de marzo de 1981 para celebrar el 1300 aniversario de la fundación del Estado búlgaro. La idea surgió durante el régimen comunista de Todor Zhivkov y fue impulsada especialmente por su hija, Lyudmila Zhivkova, muy vinculada a la política cultural del país.
Las cifras son impresionantes. Tiene aproximadamente 123.000 m² de superficie funcional, con ocho plantas sobre el nivel de calle, tres niveles subterráneos y más de una docena de salas de distintos tamaños. La Sala 1, la principal, tiene capacidad para más de 3.000 espectadores.
Lo más destacable de la fachada (no muy bonita, por cierto) es un enorme emblema circular parecido a un sol. Ese símbolo fue diseñado por el escultor Georgi Chapkanov y representa una interpretación moderna de motivos decorativos tradicionales búlgaros.
Cuando fuimos había mucha gente en el exterior porque había un concierto. La banda alemana de heavy metal Accept, dentro de su gira “Half a Century of Metal”, celebraba sus 50 años de trayectoria musical.
Junto al NDK se levantó el monumento dedicado a los 1300 años de Bulgaria, una enorme estructura de hormigón y metal de la época comunista. Tras la caída del régimen el monumento se deterioró mucho y generó una fuerte polémica. Algunos querían restaurarlo; otros, en cambio, querían derribarlo por su asociación con la etapa comunista. Finalmente gran parte de la estructura fue desmontada.
La plaza que hay delante del NDK se llama oficialmente Plaza Bulgaria (Ploshtad Bulgaria). Es el gran espacio urbano que conecta el Palacio Nacional de la Cultura con el final del bulevar Vitosha, y fue diseñado al mismo tiempo que el complejo del NDK. Hay una fuente de chorritos, flores y una estatua de un león con un escudo. El león es un elemento recuperado de un memorial mucho más grande construido en 1934 para honrar a los soldados de los regimientos primero y sexto de infantería de Sofía muertos en las guerras balcánicas y en la Primera Guerra Mundial. Cuando se construyó el NDK en 1981, durante el régimen comunista, el antiguo memorial fue desmontado para dar paso al monumento de los "1300 años de Bulgaria". El león desapareció del lugar durante décadas. Volvió a colocarse en 2017.
El monumento no está tampoco exento de polémica. El escudo representa la llamada"Gran Bulgaria", es decir, el territorio que los nacionalistas búlgaros consideran que debía haber formado parte del Estado búlgaro tras el Tratado de San Stefano de 1878. Ese mapa incluye regiones que hoy pertenecen a Macedonia del Norte, Grecia, Serbia y Turquía. Por ese motivo el monumento ha sido objeto de controversia, porque algunos interpretan ese escudo como un símbolo histórico e identitario, mientras que otros consideran que transmite reivindicaciones territoriales del pasado.
Se puede llegar en metro, paradas NDK (Национален дворец на културата) en la línea M2, NDK II, que conecta con la línea M3. La distancia entre la catedral de Alejandro Nevski y el Palacio Nacional de la Cultura (NDK) es aproximadamente de 2,2 a 2,5 km. Nosotros volvimos caminando, pero por una ruta alternativa.
De regreso hicimos un alto en el Jardín del Príncipe (Knyazheska Gradina) es uno de los parques históricos más importantes de Sofía. Está junto a la Universidad de Sofía, cerca de la catedral de Alejandro Nevski y del Puente de las Águilas (Orlov Most). Recibe su nombre de los primeros príncipes de la Bulgaria moderna tras la liberación del dominio otomano. El parque comenzó a desarrollarse en 1882 por iniciativa del príncipe Alejandro de Battenberg.
Antes de convertirse en parque era una zona pantanosa atravesada por cursos de agua. En invierno incluso se organizaban actividades de patinaje sobre hielo. El príncipe Fernando I impulsó especialmente su desarrollo, introduciendo plantas exóticas y ampliando las instalaciones botánicas. Allí estuvo el primer zoo de la ciudad.
En 1936, bajo el reinado de Boris III, se creó una espectacular zona infantil con laberinto, piscina, teatro infantil, jardines temáticos y espacios educativos.
Durante la época comunista el parque quedó asociado al enorme Monumento al Ejército Soviético, inaugurado en 1954. Durante décadas muchos habitantes de Sofía llamaron simplemente al lugar "Parque del Ejército Soviético". Ese monumento fue uno de los símbolos más polémicos de la ciudad. Tras la caída del comunismo se convirtió en objeto de continuos debates políticos. En junio de 2011 un grupo de artistas anónimos pintó las figuras de soldados soviéticos como personajes de la cultura popular occidental: Superman, Batman, Robin, Capitán América, Joker, Santa Claus y Ronald McDonald. Debajo aparecía una inscripción en búlgaro que se traducía aproximadamente como"Avanzando con los tiempos".
Hoy en día la impresión que da, con el monumento medio demontado y otras estructuras llenas de grafittis, es que el parque, pese a ser muy concurrido, está un poco abandonado.
Para poder ir desde el jardín a la universidad (como pasa en casi todo el centro de la ciudad), tienes que bajar por el paso subterráneo del metro. No hay tantos semáforos como cabría esperar. Toca subir y bajar muchas escaleras. Y eso me recordó a Tbilisi (en Georgia).