La iglesia de San Esteban (también llamada Nueva Mitrópolis) fue la primera iglesia que visitamos y una de las mejores (la que debes escoger si solo quieres ver una). Por fuera es discreta, de ladrillo y piedra, con una estructura típica del estilo búlgaro medieval. Pero el interior es lo que la convierte en un monumento único: está completamente cubierto por frescos del siglo XVI, más de 250 escenas que narran la vida de Cristo, la Virgen, los santos, los profetas y episodios del Antiguo y Nuevo Testamento. Es uno de los ciclos iconográficos más completos de los Balcanes.
Los colores —ocres, rojos, verdes profundos— se conservan sorprendentemente bien, y la composición es densa, casi sin espacios vacíos.
Conocida como El Nuevo Obispado, fue construida entre los siglos XI y XIII. En el siglo XVI la iglesia fue alargada y en el siglo XVIII se añadió un nartex. La iglesia es una basílica de tres naves. La nave central se eleva por encima del lateral y tiene frontones ovalados en el este y el oeste. Fue construida en piedra y ladrillo. Para la construcción de la iglesia se utilizaron en segundo plano muchos elementos arquitectónicos —cornisas, capiteles, relieves de edificios anteriores destruidos.
Al principio, la iglesia estaba dedicada a la Virgen. Por eso las pinturas murales representan escenas de su vida.
La fecha de la pintura de la iglesia aparece marcada en una inscripción de un donante, situada sobre la puerta sur del naos – 1599.
Hay 258 pinturas murales y más de 1000 figuras.
El estilo muestra que tres pintores trabajaron en ella —dos de ellos en la parte oriental del naos y el tercero— en la parte occidental. Más tarde, en el siglo XVIII, las escenas del día del Juicio Final se pintaron en la parte oriental del nartex en el estilo iconográfico tradicional de la época. En la iglesia se conservan un iconostasio pintado original, datado del siglo XVI, y un trono tallado en madera y un púlpito del siglo XVIII.
Debido a su estilo arquitectónico, iconostasio y, ante todo, a sus remarcables pinturas murales, la iglesia San Esteban es uno de los monumentos más importantes del patrimonio cultural búlgaro.
El iconostasio tallado en madera es un tesoro: una obra muy fina, con motivos vegetales y figuras sagradas, que muestra la maestría de los artesanos del Renacimiento Búlgaro. La iglesia funcionó como catedral en época medieval y como templo parroquial durante la dominación otomana, lo que explica su mezcla de estilos y ampliaciones. Hoy es un museo. Nosotros hicimos fotos y nadie nos dijo nada.
Un poco más allá encontramos la Iglesia de San Juan Aliturgetos, que fue construida en el siglo XIV, en pleno esplendor del Segundo Imperio Búlgaro, y representa uno de los puntos más altos del arte medieval de Nesebar. Su nombre, Aliturghetos, significa “no consagrada”, y se debe a una tradición local según la cual un obrero murió durante la construcción, lo que impedía litúrgicamente su consagración. Por eso nunca llegó a funcionar como iglesia activa, aunque su arquitectura es de una calidad excepcional.
Está situada en un punto elevado, con vistas directas al mar Negro, lo que la convierte en uno de los lugares más bellos de la península.
El edificio combina ladrillo rojo, piedra blanca y cerámica vidriada, siguiendo el estilo decorativo típico de Nesebar, pero con una complejidad especial: arcos ciegos, bandas horizontales, motivos geométricos y una composición que recuerda a un tejido.
Su planta es irregular, con un ábside oriental y una estructura que mezcla elementos basilicales y cruciformes. Aunque parte del edificio quedó dañada por un terremoto en 1913, la restauración ha permitido conservar su silueta y buena parte de su decoración original. La luz del mar se refleja en los ladrillos y cerámicas, creando un efecto cromático que cambia a lo largo del día. No se puede entrar; solo de ve la estructura desde fuera (y la parte de los muros interiores, sin decoración, si te asomas).
La iglesia de San Juan Bautista fue construida entre los siglos X y XI, en un momento en que Nesebar formaba parte del Primer Imperio Búlgaro. Su arquitectura es muy temprana y refleja un estilo prerrománico y bizantino primitivo, con muros gruesos, pocas ventanas y una estructura compacta pensada para resistir el clima costero. Su planta es casi circular, con un tambor cilíndrico que sostiene una cúpula baja, lo que la hace única dentro del conjunto de Nesebar.
Está construida con piedra y ladrillo dispuestos en franjas irregulares, sin la decoración cerámica típica de las iglesias posteriores. El interior es pequeño, íntimo, con restos de frescos medievales muy antiguos, algunos del siglo XII, que muestran figuras de santos y fragmentos de escenas litúrgicas. La luz entra por pequeñas aberturas, creando una atmósfera recogida y silenciosa.
Su estado de conservación es excelente, porque nunca sufrió grandes derrumbes ni terremotos, y su aspecto actual es muy parecido al que tenía hace mil años.
La iglesia de san Paraskeva fue construida en el siglo XIII, durante el Segundo Imperio Búlgaro, y representa el estilo típico de Nesebar en su fase más madura. Es un templo pequeño, de una sola nave, con un ábside semicircular y muros que combinan piedra y ladrillo en franjas horizontales. Su rasgo más distintivo es la decoración exterior, especialmente en la fachada occidental, donde aparecen arcos ciegos, bandas de ladrillo rojo y cerámica vidriada en tonos verdes y marrones.
Aunque es más sobria que Pantocrátor o San Juan Aliturghetos, mantiene la misma lógica estética: un juego rítmico de materiales que convierte la fachada en un tapiz arquitectónico. El interior es sencillo, sin frescos importantes conservados, porque la riqueza se concentraba en el exterior. Su estado de conservación es muy bueno.
Actualmente, tras el proyecto de restauración "Fe en Nessebar", la iglesia funciona como museo. La exposición organizada en la iglesia lleva por título "Murales supervivientes de iglesias perdidas de Nessebar". Por primera vez, se exhiben al público murales de la iglesia perdida de San Jorge "el Viejo", destruida en 1958. La iglesia fue construida en 1704 en la parte sureste de Old Nessebar. La mayoría de las pinturas murales recuperadas fueron llevadas al Instituto Arqueológico Nacional de Sofía, y solo una pequeña parte permaneció en Nessebar. Estos murales que se conservan, que datan de principios del siglo XVIII, junto con algunas pinturas murales de la iglesia de San Clemente, son el tema de la exposición.
En las excavaciones arqueológicas de la antigua Mesembria se descubrieron varias inscripciones grecorromanas, entre ellas una dedicada al dios romano Neptuno, divinidad del mar. La presencia de esta inscripción no es sorprendente, ya que Mesembria era una importante ciudad portuaria del mar Negro cuya economía dependía del comercio marítimo y la navegación. La reutilización de piedras inscritas de edificios paganos en iglesias medievales era una práctica frecuente en Nesebar. Es por ello que en esta iglesia hay una inscripción que hace alusión al dios romano. Cuesta un poco de ver pero un cartel indica dónde está la piedra en cuestión (vais a ver la piedra, no lo que pone).
La pequeña iglesia del Salvador fue construida en el siglo XVII, durante la época otomana, cuando las comunidades cristianas tenían restricciones arquitectónicas: los templos debían ser pequeños, discretos y sin elementos exteriores que destacaran. Por eso el exterior del Salvador es muy sencillo, con muros bajos de piedra y ladrillo, sin cúpulas ni decoración cerámica. Pero al entrar, el contraste es total.
El interior conserva frescos del siglo XVII de una calidad extraordinaria, con escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, figuras de santos y motivos ornamentales propios del Renacimiento Búlgaro. Los colores —ocres, verdes suaves, rojos apagados— crean una atmósfera cálida y recogida. El iconostasio de madera tallada es otro de sus tesoros: fino, elegante, con motivos vegetales y geométricos que muestran la habilidad de los artesanos locales.