Desde Shipka tardamos alrededor de una hora y media en llegar a Shipka. Nos alojamos en el hotel Evmoplia, en pleno casco antiguo. El hotel, muy pequeñito, está en una de las casas del Renacimiento búlgaro, con muebles antiguos y muy cerca de monumentos importantes. No tiene ascensor (ya he comentado el problema que tiene Bulgaria con los ascensores en los edificios bajos). Una curiosidad de este hotel es que por las tardes obsequian a los clientes con una botellita de vino y queso. Nunca supimos si había alguien para darlo o no, pese a ver las mesas preparadas con las copas. Directamente nos llevábamos las botellitas (que están en casa) y el queso (que nos lo comíamos) a la habitación.
Plovdiv es una de las ciudades habitadas de forma continua más antiguas del mundo, con más de ocho mil años de historia. Sus orígenes se remontan a un asentamiento tracio del siglo VI a. C. llamado Eumolpias, situado sobre tres colinas que dominaban el valle del río Maritsa. Los tracios construyeron allí una fortaleza y un centro comercial que prosperó gracias a su posición estratégica en las tierras bajas de Tracia.
En el 342 a. C., Filipo II de Macedonia conquistó la ciudad y la renombró Filipópolis, integrándola en el reino macedonio. Más tarde, bajo dominio romano, Plovdiv —entonces llamada Trimontium, “la ciudad de las tres colinas”— se convirtió en la capital de la provincia de Tracia y en un importante nudo de comunicaciones gracias a la Vía Militaris y la Vía Egnatia, rutas que conectaban el Danubio, el mar Negro y el mar Egeo. Los romanos construyeron monumentos que aún se conservan, como el Teatro Romano, el Estadio y el Foro, consolidando la ciudad como un centro cosmopolita de mármol, comercio y cultura.
Tras la caída del Imperio romano, Plovdiv pasó por manos bizantinas y búlgaras, y en 1364 fue conquistada por el Imperio otomano, que la llamó Filibe. Durante cinco siglos, la ciudad adoptó elementos arquitectónicos y culturales otomanos, como mezquitas y baños orientales, que aún forman parte de su paisaje histórico.
En los siglos XVIII y XIX, durante el Renacimiento Nacional Búlgaro, Plovdiv se convirtió en un próspero centro comercial. Los comerciantes construyeron las casas coloridas y simétricas del casco antiguo, conocidas como “barroco de Plovdiv”, que hoy son uno de los símbolos de la ciudad. Tras la liberación del dominio otomano en 1878, Plovdiv fue la capital de Rumelia Oriental y desempeñó un papel clave en la Unificación de Bulgaria en 1885, un acontecimiento decisivo en la historia moderna del país.
En el siglo XX, Plovdiv se transformó en un centro industrial y cultural, y en 2019 fue designada Capital Europea de la Cultura, reconocimiento que subraya su mezcla única de ruinas romanas, arquitectura renacentista búlgara, herencia otomana y arte contemporáneo. Hoy es la segunda ciudad más grande de Bulgaria y mantiene su lema tradicional: “Antigua y eterna”.
Una cosa debo decir del casco antiguo. Es infernal. En primer lugar, Plovdiv es una de las ciudades más calurosas de Bulgaria, con temperaturas que superan los 30 grados en agosto. Además, hay muchas cuestas y los adoquines de las calles son enormes pedruscos que se te clavan en los pies.
Y lo tendrás que recorrer sí o sí ya que en el casco antiguo las casas del Renacimiento Búlgaro forman un conjunto único. No son simples viviendas: son mansiones de comerciantes ricos que querían mostrar prestigio, educación y apertura cultural en una época en que Bulgaria aún estaba bajo dominio otomano.
Su arquitectura es inmediatamente reconocible: fachadas simétricas, colores muy intensos —azules, ocres, terracotas—, ventanas enmarcadas con líneas blancas y volúmenes que sobresalen sobre la calle en forma de “alas” curvas. Este diseño permitía ampliar el espacio interior sin ocupar más terreno.
El interior es aún más impresionante. Las salas principales tienen techos de madera tallada con motivos geométricos o florales, paredes decoradas con frescos que representan ciudades europeas, paisajes o símbolos culturales, y suelos de madera pulida. Muchas casas incluyen un “salón de honor”, donde el comerciante recibía a invitados importantes, y que se decoraba con la máxima riqueza posible. La distribución refleja la vida burguesa de la época: habitaciones privadas en la planta superior, espacios de trabajo y recepción en la planta baja, y patios interiores con jardines y fuentes.
Parece ser que este estilo arquitectónico surgió en algunos pueblos de montaña de los Balcanes como Koprivshtitsa (que será objeto de una entrada más adelante)., No tardó en llegar a Plovdiv, una de las ciudades donde el Renacimiento Nacional cobraría mayor relevancia. En una primera época, allá a finales del siglo XVIII, las casas eran muy parecidas a las de esos pueblos, más pequeñas y de estructura irregular, adaptada al terreno normalmente inclinado.. Se conoce como “tipo asimétrico”. Más tarde, sin embargo ,las casas empezaron a ser más estructuradas, más grandes, con salones más amplios y luminosos y decoración más rica por influencia del barroco europeo. Era el denominado el “estilo simétrico”.
Entre las casas más destacadas están la Casa Balabanov; la Casa Hindliyan, famosa por sus frescos con vistas de Venecia, Estambul y otras ciudades; y la Casa Kuyumdjiev, que hoy forma parte del Museo Etnográfico y muestra cómo vivía una familia acomodada del siglo XIX. Todas estas casas fueron construidas por artesanos locales que combinaban técnicas tradicionales con influencias europeas.
La calle Saborna (Saborna Street) es una de las vías más importantes y pintorescas del casco antiguo de Plovdiv. Recorre el corazón de la Ciudad Vieja y concentra algunos de sus principales monumentos, iglesias, casas históricas y museos.
El nombre Saborna puede traducirse aproximadamente como «catedralicia» o «de la catedral», ya que la calle conduce a la iglesia catedral ortodoxa de la Dormición de la Virgen (Uspenie Bogorodichno), uno de los templos más importantes de la ciudad.
Paseando por ella o en los alrededores se encuentran numerosos edificios emblemáticos de la arquitectura del Renacimiento Nacional Búlgaro, entre ellos el Teatro Romano de Plovdiv, la iglesia de los Santos Constantino y Elena, el Museo Etnográfico Regional, la Casa Balabanov, la Casa Hindliyan y diversas galerías de arte y residencias históricas.
La Casa Balabanov es una de las mansiones más representativas del Renacimiento Nacional Búlgaro y una de las joyas del casco antiguo de Plovdiv. Es un ejemplo perfecto del estilo urbano burgués que floreció en la ciudad durante el periodo otomano tardío. Su fachada es amplia, simétrica y elegante, con los característicos volúmenes que sobresalen sobre la calle en forma de “alas” curvas, un recurso arquitectónico que permitía ampliar el interior sin ocupar más terreno, como ya conté. Es una de las casas museo que debes visitar.
La casa se levanta sobre un terreno irregular, adaptándose a la pendiente de la colina y es reconocible por su color terracota. La Casa Balabanov fue construida en el siglo XIX por el rico comerciante y usurero, miembro del gremio de sastres, Hadji Panayot Lampsha y acabó en manos del comerciante de madera Luka Balabanov, cuyo nombre lleva ahora la casa. Fue demolida más tarde pero fue reconstruida fielmente en 1935. La casa cuenta con exquisitas techos de madera y finos muebles de estilo otomano típicos de la época.
El interior es impresionante. La Casa Balabanov tiene amplios salones con techos de madera tallada, suelos pulidos y paredes decoradas con motivos florales y geométricos. No te debes dejar engañar por la planta inferior, donde se exponen obras de arte y donde las salas son pequeñas y están casi vacías (solo había unos mapas).
El salón principal, conocido como “la sala de honor”, era como dije el espacio donde el propietario recibía a invitados importantes y donde se celebraban reuniones culturales y comerciales. Este salón está diseñado para mostrar prestigio: grandes ventanales, luz natural, muebles de madera oscura y una sensación de amplitud que refleja la prosperidad de la familia. En esa planta superior todas las estancias se abren alrededor de ese salón principal. Por cierto, una de las puertas conduce a un WC moderno que se puede usar gratis y está muy limpio.
Prestad atención a los magníficos techos de madera.
La Casa Hindliyan es la mansión más lujosa del Renacimiento Nacional Búlgaro en Plovdiv y una de las casas históricas mejor conservadas de todo el país. Fue construida a mediados del siglo XIX para la familia Hindliyan, comerciantes extremadamente ricos que mantenían relaciones comerciales con Estambul, Venecia y otras ciudades mediterráneas. Esa riqueza se refleja en cada rincón de la casa: es el ejemplo más refinado del estilo burgués de Plovdiv, con una arquitectura que combina tradición local y aspiraciones cosmopolitas. La Casa Hindliyan, construida en 1834, es una de las pocas mansiones del casco antiguo de Plovdiv que conserva su diseño simétrico original, algo excepcional dentro del Renacimiento Nacional Búlgaro. Su dueño fue Stepan Hindoglu, miembro de una de las cuatro familias armenias más ricas de la ciudad. Era un comerciante de enorme prestigio, con negocios que lo llevaban con frecuencia hasta la India a principios del siglo XIX. De esos viajes proviene su apodo: Hindliyan, “el hombre de la India”.
La fachada es simétrica, amplia y de colores intensos, con los característicos volúmenes que sobresalen sobre la calle en forma de alas curvas. Esta estructura crea una sensación de movimiento y elegancia, y permite ampliar el interior sin ocupar más terreno, algo típico de las mansiones del casco antiguo.
El patio de la Casa Hindliyan funciona como un pequeño núcleo que articula varias dependencias secundarias: antiguos edificios de servicio, el baño y el sótano. Es un espacio que no solo organiza la circulación, sino que muestra la fachada más característica del conjunto. Esa fachada destaca por un pórtico central que, en lugar de sobresalir hacia el exterior como era habitual en las casas del Renacimiento Nacional, se recoge hacia dentro, creando una sensación de profundidad y de entrada ceremonial.
En la planta baja, toda la distribución gira alrededor de una sala rectangular que actúa como pieza central. Desde ella se abren tres habitaciones amplias, una pequeña ventana en forma de bahía orientada hacia la calle, la entrada al baño y los vestuarios, además de la escalera que conduce al piso superior. Es una planta pensada para la vida cotidiana, pero con una organización elegante y muy funcional.
El baño es una joya arquitectónica. Se construyó siguiendo el modelo oriental: cúpulas y bóvedas que regulan la temperatura, nichos para dejar objetos, suelo de mármol, un pequeño lavabo y un sistema de calefacción por aire caliente bajo el pavimento. Es un espacio íntimo, sofisticado y sorprendentemente avanzado para su época.
El interior es lo que convierte la Casa Hindliyan en una obra maestra. Sus salones están decorados con frescos únicos que representan ciudades reales: Venecia, Estambul, Viena, Alepo, Esmirna... Estos frescos no son decorativos sin más: son un testimonio directo de la vida comercial y cultural de la familia, que viajaba y comerciaba con medio mundo. Los techos de madera tallada muestran motivos geométricos y florales, y las paredes están cubiertas con colores intensos y detalles minuciosos.
El salón principal, el más impresionante, tiene una fuente interior —un lujo excepcional para la época— que servía para refrescar el ambiente y demostrar estatus. La casa también conserva muebles originales, alfombras, utensilios y elementos decorativos que permiten imaginar la vida cotidiana de una familia acomodada del siglo XIX. Es otra de las casas-museo que se debe visitar. Por cierto, desde el patio de la anterior casa y se accede a ésta. También hay un emwc gratis en la planta de arriba.
El Museo Etnográfico de Plovdiv, instalado en la Casa Kuyumdjiev, conserva una de las colecciones más completas sobre la vida búlgara entre los siglos XVIII y XIX. No es un museo de objetos aislados sino una reconstrucción total de cómo vivían, trabajaban y celebraban las familias de Plovdiv y de la región de los Balcanes en la época del Renacimiento Nacional. La colección incluye más de cuarenta mil piezas, organizadas en torno a la vida doméstica, la artesanía, el comercio, la música, la indumentaria y las tradiciones rituales. En las salas se conservan muebles originales de la familia Kuyumdjiev: camas talladas, armarios de madera oscura, mesas de trabajo, utensilios de cocina y objetos cotidianos que muestran la vida burguesa de la época. También hay una colección excepcional de trajes tradicionales de las distintas regiones de Bulgaria, con bordados minuciosos, colores simbólicos y tejidos hechos a mano que revelan la identidad cultural de cada comunidad.
La sección dedicada a la artesanía es una de las más ricas. Incluye herramientas de herreros, orfebres, carpinteros, curtidores y tejedores, que muestran cómo funcionaban los oficios que sustentaban la economía urbana. Hay instrumentos musicales tradicionales —gaida, kaval, tambura— que permiten entender la importancia de la música en las celebraciones familiares y comunitarias.
La gaida es la gaita tradicional de Bulgaria y uno de los instrumentos más representativos de la música folclórica búlgara. Está formada por una bolsa de piel de cabra u oveja que almacena el aire; un tubo por el que el músico insufla aire; un tubo melódico donde se tocan las notes y un bordón que produce una nota grave y continua de acompañamiento.
Su sonido es potente, cálido y muy característico. Se utiliza en fiestas populares, bodas, celebraciones religiosas y danzas tradicionales búlgaras.
Existen dos tipos principales:
• Gaida de Tracia (Trakiyska gaida): de sonido más suave y tono más agudo.
• Gaida de los montes Ródope (Kaba gaida): más grande y de sonido grave y profundo, considerada una de las señas de identidad musicales de esta región.
El kaval es una flauta tradicional de madera asociada originalmente a los pastores de los Balcanes. La tambura es un instrumento tradicional de cuerda de los Balcanes, similar a un pequeño laúd o una mandolina.
En otra parte del museo se exponen objetos rituales: iconos religiosos, bordados para ceremonias, utensilios para festividades y elementos relacionados con bodas, nacimientos y costumbres domésticas. Todo está dispuesto de manera que el visitante pueda recorrer una casa burguesa del siglo XIX como si estuviera habitada: las habitaciones privadas, los salones de recepción, la cocina, el patio interior y los espacios de trabajo.
No la visitamos por dentro pero vimos su preciosa fachada desde el patio.
La Casa‑museo Klianti, levantada a mediados del siglo XVIII, es una de las viviendas más antiguas que han llegado hasta hoy en el casco antiguo de Plovdiv. Lo que la hace especial no es solo su antigüedad, sino su estructura asimétrica, algo muy poco común en la arquitectura doméstica de la época, que solía buscar equilibrio y simetría en las fachadas.
La Casa de Nedkovich, construida en 1863, es una de las pocas casas del casco antiguo de Plovdiv que se conservan exactamente como eran cuando se habitaban, sin reconstrucciones que alteren su carácter original. Para llegar a ella se atraviesa un patio precioso, lleno de árboles y vegetación, que funciona como transición entre la calle y la intimidad doméstica. Ese patio ya anuncia el tipo de vida burguesa tranquila que representaba la familia Nedkovich.
La casa pertenece al periodo tardío del Renacimiento Nacional Búlgaro, cuando las familias acomodadas empezaban a incorporar influencias europeas sin abandonar la estructura tradicional. Por eso su interior es tan valioso: conserva muebles, colores, distribución y detalles cotidianos que muestran cómo vivía realmente una familia culta y próspera de mediados del siglo XIX.