La muralla de Philippopolis fue uno de los elementos más importantes de la ciudad romana que ocupaba el territorio de la actual Plovdiv. Philippopolis, asentada sobre las colinas de Nebet Tepe, Dzhambaz Tepe y Taksim Tepe, era una ciudad estratégica en Tracia, y por ello desarrolló un sistema defensivo complejo que combinaba murallas, torres, puertas monumentales y estructuras de vigilancia. La muralla rodeaba el núcleo urbano romano y protegía los edificios administrativos, el foro, el odeón, los espacios comerciales y las zonas residenciales. Su trazado no se conserva completo, pero los restos que han sobrevivido permiten reconstruir su estructura y entender cómo funcionaba la ciudad en época imperial.
Las murallas estaban construidas con piedra y ladrillo, siguiendo técnicas romanas que combinaban solidez y rapidez de ejecución. En algunos tramos se utilizó el sistema de opus mixtum, alternando capas de ladrillo y piedra para reforzar la estabilidad. El grosor de los muros variaba según la zona: en los puntos más expuestos, especialmente cerca de las puertas, alcanzaban dimensiones considerables. Las torres se distribuían a intervalos regulares y permitían vigilar el entorno y defender los accesos. El sistema defensivo incluía varias puertas, pero la mejor conservada hoy es la Puerta Oriental, situada cerca del foro romano. Esta puerta es un ejemplo magnífico de arquitectura defensiva: conserva parte de su estructura original, con los accesos, los muros laterales y los restos de las torres que flanqueaban la entrada. Era una puerta monumental, pensada tanto para controlar el tránsito como para mostrar el poder de la ciudad.
La muralla que aparece cerca del Hotel Evmolpia, en pleno corazón del casco antiguo de Plovdiv, pertenece al sistema defensivo histórico de la ciudad, un conjunto que combina restos romanos, bizantinos y otomanos superpuestos a lo largo de los siglos. Esa zona está muy próxima a Nebet Tepe, la colina donde se encuentran los tramos más antiguos de fortificación, y forma parte del perímetro que protegía la ciudad desde la Antigüedad.
Los restos que se ven allí corresponden a un tramo de muro de defensa construido con grandes bloques de piedra y reforzado en épocas posteriores con ladrillo y mortero. Este tipo de construcción es típico de las fases tardorromanas y bizantinas, cuando la ciudad reforzó sus defensas para adaptarse a los cambios políticos y militares de la región. El muro no es un fragmento aislado: forma parte de una línea defensiva que subía por la colina, rodeaba las zonas residenciales y conectaba con las fortificaciones superiores de Nebet Tepe. En esa colina se conservan bases de torres, muros ciclópeos y estructuras que muestran cómo la ciudad se defendía desde hace más de dos mil años.
La muralla cerca del Hotel Evmolpia se encuentra integrada en el tejido urbano actual. Este tramo conserva la forma característica de las murallas de la ciudad: un muro grueso, ligeramente inclinado, construido para resistir ataques y para aprovechar la topografía de la colina. En algunos puntos se aprecian reparaciones y añadidos posteriores, señal de que la muralla se mantuvo en uso durante siglos, adaptándose a nuevas necesidades defensivas.
La zona del hotel está muy cerca de uno de los accesos históricos al recinto fortificado. Aunque la puerta original no se conserva en ese punto, sí se sabe que existían pasos secundarios que comunicaban las viviendas de la colina con el interior de la ciudad.
Hisar Kapia es una de las estructuras medievales más importantes de Plovdiv. Su origen se sitúa en el siglo XI, en plena época bizantina, cuando la ciudad reforzó sus defensas sobre las antiguas fortificaciones romanas de Nebet Tepe. La puerta se levantó sobre una base romana anterior, lo que explica su aspecto híbrido: el arco medieval está construido sobre sillares mucho más antiguos, enormes bloques de piedra que pertenecen al sistema defensivo de Philippopolis. Es un ejemplo perfecto de cómo Plovdiv no destruyó sus capas históricas, sino que las reutilizó y las integró.
Durante la Edad Media, Hisar Kapia fue una de las entradas principales al barrio fortificado de la colina. Controlaba el acceso a las casas de las familias acomodadas y a los espacios administrativos. Su función era defensiva, pero también simbólica, ya que marcaba el límite entre la ciudad baja y la ciudad alta, entre la vida comercial y la vida residencial. En época otomana siguió en uso, y las casas que hoy la flanquean se construyeron literalmente apoyadas en la muralla, utilizando el arco como parte de su estructura. Por eso la puerta parece incrustada en las fachadas.
El arco medieval conserva su forma original, con piedra tallada y un perfil ligeramente apuntado. Sobre él se aprecian restos de las ampliaciones posteriores, ladrillo y mortero que corresponden a reparaciones de los siglos XVII y XVIII. La puerta no es monumental. Es estrecha y alta. Al atravesarla, se accede a la zona más antigua de Plovdiv, donde las calles se vuelven más irregulares y las casas renacentistas se mezclan con restos de muralla.
La Iglesia de los Santos Constantino y Elena (Sv. Sv. Konstantin i Elena) es uno de los monumentos religiosos más importantes de Plovdiv y una de las iglesias cristianas más antiguas de la ciudad. Se encuentra en el corazón del casco histórico, muy cerca de la puerta medieval de Hisar Kapia y de la calle Saborna, integrada en el conjunto arquitectónico de la Ciudad Vieja.
La tradición sitúa el origen del templo en el año 337 d. C., poco después de la legalización del cristianismo en el Imperio romano. Fue erigido sobre el emplazamiento de un antiguo templo pagano situado en la acrópolis de Filipópolis (la actual Plovdiv) y recibió el nombre del emperador Constantino el Grande y de su madre, santa Elena.
Según la tradición local, el lugar estaba asociado al martirio de varios cristianos, entre ellos san Severiano y san Memnos, ejecutados en el año 304 durante las persecuciones contra los cristianos. Por ello, el emplazamiento adquirió una especial relevancia religiosa desde los primeros tiempos del cristianismo en la ciudad.
A lo largo de los siglos, la iglesia fue destruida y reconstruida en numerosas ocasiones debido a invasiones, guerras y cambios políticos. Durante la dominación otomana sobrevivió como un modesto templo, hasta que en el siglo XIX fue completamente reconstruida gracias a la iniciativa y financiación de destacados ciudadanos de Plovdiv. El edificio actual se levantó principalmente entre 1830 y 1832.
La iglesia actual es un magnífico ejemplo de la arquitectura religiosa búlgara del Renacimiento Nacional. Exteriormente resulta relativamente sobria, pero en su interior alberga una de las decoraciones más ricas de Plovdiv.
Su campanario blanco coronado por una cúpula dorada constituye uno de los elementos más reconocibles del perfil de la Ciudad Vieja. Desde muchos puntos del casco histórico puede verse sobresaliendo entre las casas tradicionales y los árboles.
El templo está rodeado por un agradable patio con árboles y edificios auxiliares, lo que le confiere una atmósfera tranquila y recogida en pleno centro histórico.
Uno de sus mayores tesoros es el extraordinario iconostasio barroco, considerado una de las obras maestras del arte religioso búlgaro del siglo XIX. Fue realizado en Viena por el maestro tallista Ioan Pashkula y destaca por su profusa decoración dorada y policromada.
A diferencia de la mayoría de los iconostasios ortodoxos, éste presenta una marcada influencia barroca centroeuropea, algo poco habitual en los Balcanes. Su riqueza ornamental lo convierte en una de las piezas más admiradas del templo.
La iglesia conserva importantes obras de algunos de los más célebres artistas búlgaros del siglo XIX. Entre ellos destaca Zahari Zograf, considerado uno de los grandes pintores del Renacimiento Nacional Búlgaro. Varias de las imágenes principales del iconostasio fueron pintadas por él entre 1836 y 1840.
También alberga iconos más antiguos, algunos fechados entre los siglos XIV y XV, así como obras de maestros de la famosa Escuela Iconográfica de Debar.
Los frescos actuales fueron realizados entre 1864 y 1866 por Stefan Andonov y Atanas Gyudzhenov. Lo más notable es que se conservan prácticamente íntegros, algo excepcional entre las iglesias históricas de Plovdiv.
Las excavaciones realizadas bajo la iglesia sacaron a la luz restos de fortificaciones relacionadas con la antigua puerta oriental de la acrópolis, conocida como Hisar Kapia. También se descubrió un osario que contenía restos de generaciones de habitantes destacados de la ciudad.
Hoy sigue funcionando como iglesia ortodoxa activa
La iglesia está al lado de Hisar Kapia. Destaca por su arquitectura típica del Renacimiento Nacional: un edificio rectangular, sólido, con muros gruesos y una torre campanario que se añadió más tarde. El exterior es sobrio, pero el interior es sorprendentemente rico. El iconostasio es una obra maestra tallada en madera, con detalles minuciosos y una composición que refleja el gusto artístico de Plovdiv en el siglo XIX. Los iconos fueron pintados por maestros de la Escuela de Arte de Samokov, una de las más importantes de Bulgaria, y muestran un estilo que combina tradición ortodoxa con influencias europeas.
El templo está dedicado a Constantino el Grande y su madre Helena, figuras esenciales en la historia del cristianismo. Constantino I, llamado Constantino el Grande, emperador romano entre los años 306 y 337, es una figura decisiva en la historia de Europa porque fue el primer emperador que legalizó el cristianismo y lo protegió oficialmente. Hasta su reinado, los cristianos habían vivido periodos de persecución; con él, la fe pasó a ser una religión permitida y, poco después, favorecida. Constantino es también el fundador de Constantinopla, la ciudad que se convertiría en el centro del Imperio Romano de Oriente durante más de mil años. En la tradición cristiana se le considera un gobernante que recibió una señal divina antes de la batalla del Puente Milvio —la famosa visión de la cruz— y que interpretó esa experiencia como un mandato espiritual. Por eso se le representa como el emperador que sostiene la cruz y que abre el camino para que el cristianismo se convierta en una religión universal.
Helena fue Flavia Julia Helena, madre de Constantino. Nació en torno al año 250 y murió hacia el 330. Su figura es fundamental porque la tradición cristiana le atribuye la búsqueda y hallazgo de la Vera Cruz, el madero en el que habría sido crucificado Jesús. Helena viajó a Tierra Santa cuando ya era una mujer mayor, impulsada por una fe profunda y por el deseo de encontrar los lugares vinculados a la vida de Cristo. Se le considera una de las primeras grandes peregrinas de la historia. Su papel no es político, sino espiritual: representa la devoción, la búsqueda interior, la certeza de que la fe también se construye con gestos concretos. En la iconografía aparece como una mujer serena, sosteniendo la cruz, símbolo de la memoria cristiana.
Las pinturas de la iglesia de San Constantino y Santa Elena representan, sobre todo, tres grandes líneas iconográficas: la vida de Cristo, la vida de los santos y el papel histórico‑espiritual de Constantino y Helena.
En el iconostasio, la zona más importante, aparecen las figuras centrales de la fe ortodoxa: Cristo Pantocrátor, la Virgen con el Niño, San Juan Bautista y los santos más venerados. Estas imágenes no son narrativas, sino simbólicas: muestran a Cristo como juez y creador, a la Virgen como intercesora y a Juan como el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En los paneles laterales suelen aparecer escenas de la vida de Cristo —la Natividad, el Bautismo, la Crucifixión, la Resurrección— que resumen el mensaje de la salvación.
En las paredes y bóvedas se representan santos y mártires, cada uno con atributos que explican su papel espiritual: obispos con vestiduras litúrgicas, mártires con cruces o palmas, monjes con rollos o libros.
Y, por supuesto, están Constantino y Helena, que ocupan un lugar destacado porque son los patronos del templo. Constantino aparece como emperador, con corona y manto, sosteniendo la cruz que simboliza su visión antes de la batalla del Puente Milvio. Helena aparece con la misma cruz, pero desde la perspectiva espiritual: la mujer que viaja a Tierra Santa y encuentra la reliquia. Juntos representan la unión entre poder y fe.
Siguiendo la calle, a la derecha y a la izquierda, aparecen fachadas de madera y piedra, algunas con voladizos típicos del siglo XIX. Enseguida llegas a la Casa-Museo Nedkovich, una vivienda auténtica de 1863 que conserva su interior tal como era cuando se habitaba.
Unos pasos más abajo aparece el Museo de Iconos. Aquí se conservan iconos ortodoxos de distintas épocas, muchos procedentes de iglesias de la región de Plovdiv. Las pinturas muestran santos, escenas bíblicas y representaciones de Cristo y la Virgen con estilos que van desde el medieval tardío hasta el siglo XIX.
Si continúas bajando, la calle te lleva a la Farmacia-Museo Hipócrates. Es una farmacia auténtica del siglo XIX, conservada casi exactamente como funcionaba en su época, y es uno de los mejores ejemplos de cómo era la práctica médica y farmacéutica en la ciudad durante el periodo otomano tardío y el Renacimiento Nacional Búlgaro.
El interior está lleno de frascos de vidrio con etiquetas manuscritas, cajas de madera con preparados herbales, balanzas de precisión, morteros, instrumentos quirúrgicos y libros de recetas.
El edificio fue construido en la década de 1860 por el doctor Dzhyavalo, pero quien abrió la farmacia y la convirtió en una de las más modernas de Plovdiv fue Sotir Antoniadi, médico formado en Viena y posteriormente activo en París antes de regresar a Bulgaria.
Antoniadi instaló la farmacia en la planta baja de su casa, con un pequeño gabinete donde atendía a los pacientes y preparaba él mismo los medicamentos, siguiendo estándares europeos y combinando técnicas modernas con ingredientes naturales. Era uno de los primeros médicos plenamente titulados antes de la Liberación y llegó a ser diputado en Plovdiv y más tarde en Sofía.
En 1915, Antoniadi se marchó a Grecia y vendió la farmacia, que siguió funcionando hasta 1947, cuando fue nacionalizada.
Después de la nacionalización, el edificio se utilizó como residencia municipal, hasta que en 1981 fue restaurado y convertido en museo, conservando su interior original.
En los archivos aparece también otro nombre vinculado al material conservado: Metodi Stratiev, farmacéutico de Haskovo y aliado de Levski, cuyas balanzas auténticas se exponen en la farmacia.
Finalmente, el edificio fue adquirido y restaurado por el Instituto Regional de Historia de Plovdiv, que lo convirtió en museo respetando absolutamente su estado original.
La farmacia era, para su época, una de las más modernas de la ciudad, y combinaba métodos tradicionales con equipamiento europeo de última generación. Funcionaba como un espacio mixto de consulta médica y preparación artesanal de medicamentos. Antoniadi atendía a los pacientes en un pequeño gabinete y elaboraba él mismo los remedios, siguiendo la práctica habitual del siglo XIX. Los medicamentos se preparaban exclusivamente con ingredientes naturales: hierbas, minerales, aceites esenciales y grasas naturales.
Conserva aparatos para fabricar píldoras, supositorios y bougies, pequeñas herramientas metálicas que permitían dar forma a los medicamentos sólidos. Son piezas raras, porque pocas farmacias búlgaras del siglo XIX tenían equipamiento tan moderno. También se exponen jeringas antiguas, instrumentos quirúrgicos, espátulas, cucharillas de dosificación, embudos, pipetas y frascos calibrados, todos ellos utilizados por Antoniadi en su práctica diaria.
También hay percoladores de vidrio y metal, utilizados para obtener tinturas y extractos concentrados de plantas medicinales. Eran aparatos avanzados para la época y permitían preparar remedios con una precisión que no existía en las boticas tradicionales. Junto a ellos se encuentran destiladores de cobre y vidrio, empleados para producir agua destilada, alcohol medicinal y aceites esenciales. Estos destiladores eran esenciales para fabricar preparados puros y seguros, y muestran el nivel técnico que Antoniadi introdujo en Plovdiv.
En las vitrinas se pueden ver morteros de mármol y de bronce, usados para triturar hierbas, minerales y sustancias animales. Los morteros eran el corazón de cualquier farmacia artesanal, y los de Hipócrates están gastados por décadas de uso. También hay balanzas de precisión, algunas fabricadas en Viena y otras procedentes de Haskov.
La farmacia conserva además aparatos para fabricar píldoras, supositorios y bougies, pequeñas herramientas metálicas que permitían dar forma a los medicamentos sólidos. Son piezas raras, porque pocas farmacias búlgaras del siglo XIX tenían equipamiento tan moderno. También se exponen jeringas antiguas, instrumentos quirúrgicos, espátulas, cucharillas de dosificación, embudos, pipetas y frascos calibrados, todos ellos utilizados por Antoniadi en su práctica diaria.
En la planta baja también existía una ahtarnitza, una tienda tradicional donde se vendían hierbas medicinales, materiales de origen animal, especias, café, azúcar y otros productos coloniales. El museo conserva una reconstrucción exacta de este espacio, con balanzas manuales, morteros, un aparato para destilar agua y frascos llenos de hierbas. Este modelo de tienda era el antecedente directo de las farmacias modernas.
Las vitrinas muestran remedios como ungüentos para dolores reumáticos, tónicos digestivos, mezclas de hierbas para la fiebre, preparados con alcohol medicinal, tinturas, pomadas y fórmulas que combinan tradición local con influencias europeas. La farmacia era un punto de encuentro entre ciencia y vida cotidiana: allí acudían comerciantes, familias, viajeros y médicos locales. En las estanterías se conservan también instrumentos de medición, jeringas antiguas, botellas de cerámica y utensilios que explican cómo se fabricaban los medicamentos antes de la industrialización.
Se conserva una "vasería real”, un conjunto de recipientes auténticos utilizados para preparar ungüentos destinados a la familia real búlgara, y una caja registradora metálica fabricada en Estados Unidos a principios del siglo XX, que hoy es uno de los objetos más llamativos de la colección.
Finalmente, el patio funcionaba como jardín farmacéutico, donde se cultivaban plantas medicinales y especias utilizadas en la elaboración de remedios. Este jardín sigue existiendo hoy. Es muy pequeñito.
Es un museo que me gustó mucho.
Dimitar Kirov (1935–2008) fue un pintor, muralista y escenógrafo búlgaro, muy vinculado a Plovdiv y a su vida cultural. Su estilo mezcla expresionismo, simbolismo y motivos históricos de la ciudad. Es uno de los artistas que definieron la identidad visual de Plovdiv en la segunda mitad del siglo XX. Es posible visitar su museo. Allí se exponen pinturas originales — óleos, acuarelas y dibujos; murales y bocetos — muchos de ellos preparatorios para obras públicas; objetos personales — su caballete, herramientas, cuadernos y fotografías, y documentos y cartas — que muestran su relación con otros artistas de Plovdiv.
El museo está en la Casa de Veren Stambolyan, excelente ejemplo de las grandes casas del Renacimiento Nacional Búlgaro del siglo XIX. Veren Stambolyan fue el propietario de la casa que hoy lleva su nombre. Era un notable ciudadano y comerciante de la Plovdiv del siglo XIX, perteneciente a una familia acomodada de la época.Es un edificio simétrico de dos plantas y de grandes dimensiones. Originariamente sus fachadas estaban ricamente decoradas y pintadas.
Conserva una decoración interior muy elaborada, con techos de madera tallada, motivos geométricos y trenzados ornamentales. Tanto el exterior como el interior estaban decorados siguiendo el llamado estilo de Edirne (Adrianópolis), característico de algunas residencias acomodadas de la época otomana tardía.
La casa fue restaurada en 1962 y posteriormente albergó actividades de la Unión de Artistas Búlgaros antes de convertirse en sede de la exposición permanente dedicada a Dimitar Kirov en 2010.
Hacemos un alto en el camino para comer allí cerca, en un restaurante que está un poco metido, en medio de un parque al aire libre. Se llama Garden. La carta no es muy extensa pero ya nos sirve para comer algo. Pedimos un plato de tres entrantes para compartir. Uno era una especie de escalivada con berenjena y pimiento que creo que se llama kyopoolu. Me gustó mucho. El segundo era un tzatziki (aunque no sé si lleva ese nombre allí) y el tercero, una especie de crema de queso. También comimos la ya famosa shopska y hamburguesa servida con ensalada de yogur y patatas con hierbas. Pedimos una limonada de fresa de un litro para beber.
En el número 18 de la calle Saborna encontramos la Casa del doctor Stoyan Chomakov es una de las mansiones más importantes de la Ciudad Vieja de Plovdiv. Fue construida entre 1858 y 1860 y perteneció al doctor Stoyan Chomakov (1817-1893), médico formado en Italia y París y una de las figuras más destacadas del Renacimiento Nacional Búlgaro. Fue un firme defensor de una Iglesia búlgara independiente del Patriarcado griego.
Arquitectónicamente pertenece al estilo de las grandes casas simétricas del período final del Renacimiento búlgaro y presenta influencias neoclásicas. Tras la Liberación de Bulgaria, la familia llegó a ofrecerla como residencia de verano para el zar Fernando I. Desde 1984 alberga la exposición permanente del pintor búlgaro Zlatyu Boyadzhiev, uno de los artistas más importantes del siglo XX en Bulgaria. No la visitamos.