Nuestro viaje comenzó a mediados de agosto con la llegada a Helsinki, capital de Finlandia y punto de partida ideal para explorar posteriormente las Repúblicas Bálticas. Tras aterrizar a media tarde, fuimos a la estación del tren en el aeropuerto para sacar los billetes. Si sólo se quiere el billete sencillo, se pueden sacar en el propio tren, pagando un pequeño recargo. Nosotros decidimos comprar billetes de 24h, que nos salían más rentables. Adulto 12.80€, menores de 7-17 años 6.40€. Desde el aeropuerto hay que seleccionar las zonas ABC en las máquinas que hay en el andén.
www.hsl.fi/en/tickets-and-fares
En media hora estabamos en la estación central de trenes de Helsinki, un icono arquitectónico finlandés, considerada una de las obras maestras de la arquitectura finlandesa. Allí tomamos uno de los tranvías (líneas 9, 2 y 7) que nos llevaban hasta nuestro hotel, Scandic Hotel Simonkenttä. Con buena ubicación con varias líneas de tranvía en la puerta para ir a todos los sitios. Un centro comercial detrás y una zona de copas. Con buenas camas, incluído el sofá cama. Eso sí, es bastante caro (188€) para lo que ofrece.

Una vez dejadas las maletas en la habitación, cogimos el tranvía hasta la plaza del Senado. Plaza presidida por la majestuosa Catedral de Helsinki, rodeada de edificios neoclásicos y con unas terracitas para tomarse algo al sol de verano.

A continuación fuimos a Kauppatori (Plaza del Mercado), situado junto al puerto, donde se estaban desmontando los puestos de frutas y recuerdos. El Viejo Mercado había cerrado sus puertas a las 18h, así que lo dejamos para el día siguiente. Una vez pasado el Palacio Presidencial, llegamos a la base de la Catedral ortodoxa Uspenski. Que está sobre una zona en alto, que al atardecer hacía que sus cúpulas bulbosas doradas brillaran por el sol.

Nos asomamos a las piscinas al aire libre de la sauna Allas Pool, donde vimos como salía sudando la gente de las saunas y se bañaban en las piscinas. Al pasar por el muelle donde salen los ferris a Kauppatori, vimos que había hasta las 2 de la madrugada. Como era pronto para cenar, tomamos el ferry a Suomenlinna. Donde dimos un agradable paseo hasta el submarino Vesikko.

De vuelta al mercado Kauppatori, en los puestos de comida al aire libre habían colocado carteles donde anunciaban que todos los platos eran a 15€. Eran las 20:30h y alguno estaba recogiendo, así que pedimos en uno de ellos. Un plato de salmón, con patatas, verduras y arroz. Más dos perritos con una botella de cerveza y 2 refrescos por 55€.

Tras cenar, cogimos el tranvía de la línea 2 que nos llevaba desde la parada Kauppatori a la puerta de nuestro hotel. Paseamos por los alrededores, donde está la capilla de Kamppi, con su diseño de madera, que es un espacio diseñado para la reflexión en pleno corazón de la capital. Al lado de la plaza Lasipalatsi, con arquitectura funcionalista y uno de los centros neurálgicos de la ciudad. A esas horas, estaban bailando salsa un grupo de personas al aire libre. Por la tarde cuando llegamos, desde la habitación, vimos gente tomando el sol.
