
Kanslarinn Hostel (Hella)-Seljalandsfoss 35 Km
Seljalandsfoss-Skógafoss 31 Km
Skógafoss- Glaciar Sólheimajökull 12 Km
Glaciar Sólheimajökull-Acantilados Dyrhólaey 25 Km
Acantilados Dyrhólaey-Reynisfjara 20 Km
Reynisfjara- Laufskálavarða 57 km
Laufskálavarða- Fjaðrárgljúfur 30 Km
Fjaðrárgljúfur -Stjornarfoss 11 km
Stjornarfoss -Kirkjugólf 1 km
Kirkjugólf- Foss a sidu 14 km
Foss a sidu- Dverghamrar 1 km
Dverghamrar- Fossalar 1 km
Fossalar-Hotel Hvoll Hostel 12 km
TOTAL 250 Kilómetros
Desayunamos sin prisa pero sin pausa, hoy tenemos por delante otra etapa en la que a priori hay muchas cosas por ver en cantidad y en calidad. Consultamos la página de VEDUR y las previsiones son muy buenas, soles y cielos azules, a ver si aciertan.
Cargamos el coche y nos ponemos en camino, 35 kilómetros hasta llegar a nuestro primer destino del día, una de las cascadas más famosas de Islandia, Seljalandsfoss.
Dejamos el coche, pagamos en la máquina (1000 ISK), porque este aparcamiento no se puede abonar con PARKA. A pesar de que es pronto ya hay gente, dentro de un rato seguro que hay que hacer cola para la famosa foto pasando por detrás de la cascada.


Nosotros pasamos por detrás aprovechando que los chinos se habían tomado un respiro y habían dejado de ocupar todo el sendero, tomamos un par de fotos y a seguir el camino.
No nos había impresionado, aunque reconocemos que es muy estética tiene una caída de 60 metros y la gracia que tiene es que pasas por detrás de ella (imprescindible impermeable y si tenéis pantalones de este tipo tampoco os sobrarán), pero más allá de eso, creo que hay cascadas bastante más impresionantes que ésta.
Nos pareció la típica cascada para chinos, en los que se pueden pasar todo el día en busca de la enésima foto perfecta.
500 metros más adelante por un sendero bien marcado en el que no hay problemas de pérdidas (básicamente es seguir a la gente) se encuentra la que hace algún tiempo decían que era un secreto, hoy en día es tan famosa como Seljalandsfoss. Se trata de Gljúfrabúi, la cascada que cae dentro de una gruta, en la que si entras, te mojas.

Ponemos rumbo a otra icónica cascada, tenemos 30 kilómetros por delante y vamos disfrutando de las vistas, Islandia, no da respiro, ofrece paisajes de postal cada pocos kilómetros.
Dejamos el coche en el aparcamiento, pagamos a través de PARKA (1000 ISK) y vamos caminando hacia la cascada, vemos las escaleras que te llevan a la parte superior de la cascada, desde donde puedes caminar cuanto quieras viendo diferentes cascadas y el rio Skoga encajonado en un cañón antes de precipitarse. Aquí se nota bastante gente, mucho grupo en autobús.


Skogafoss es conocida como la cascada perfecta, sus 70 metros de caída y 25 -30 de ancho, producen una caudalosa cortina de agua, que a su vez causa una bruma en los que en día soleados es posible ver un doble arcoíris. Una cascada muy fotogénica y parada imprescindible.

Nos acercamos a la base y desde allí decidimos subir los quinientos y pico escalones que te llevan a la parte superior, desde donde podemos observar el típico y ansiado doble arcoíris.

Y nos ponemos a caminar un rato caminando en paralelo al río Skoga, un día azul en contraste con el verde del paisaje, el negro de lo volcánico y el blanco del agua, un día para disfrutar.


Es innegable que tanto Skogafoss como Seljalandsfoss, son muy estéticas, por algo son dos de las cascadas más famosas y fotografiadas de Islandia (bueno por eso y porque son muy accesibles, están cerca de la capital y por tanto hay muchos autobuses y grupos guiados).
Nos gustaron, sobre todo Skogafoss, pero pierden algo de encanto cuando puedes ir viéndolas desde bastantes metros antes, como dije en la etapa anterior, nos gustan las cascadas que se oyen antes de verlas.
Cogemos el coche para ir al aparcamiento del museo de Skogar, donde volvemos a aparcar y a pagar por PARKA (750 ISK), y tomamos el sendero que en diez o quince minutos nos lleva a Kvernufoss, al igual que en Seljalandsfoss, en esta cascada también se puede pasar por detrás de ella. En esta cascada se notaba bastante menos gente. Nos gustó, tiene encanto.


Emprendemos el mismo camino de vuelta, y ya va tocando un café con algo de picar, antes de continuar camino hacia nuestra siguiente parada, el mirador sobre el Glaciar Sólheimajökull. En quince minutos nos plantamos allí, pero por el camino vemos nuestro telón de fondo particular.


Parking de pago, otra vez con PARKA (750 ISK) y cogemos el camino que llega al glaciar y al poco rato de empezar ya es un disfrute, cuanto más cerca mejores vistas, hasta que te aproximas mucho al glaciar, hay un primer mirador con muy buenas vistas y los que quieren, bajan y siguen caminando hasta la laguna y la base del glaciar.
Una impresionante lengua de hielo que baja del Glaciar Mýrdalsjökull y que a nosotros nos sorprendió, no nos lo esperábamos tan cerca y sobre todo tan grande. Nuestro primer contacto con los glaciares en Islandia y superó nuestras expectativas, era muy silencioso, muy fotogénico.



Con muy buen sabor de boca nos marchamos en busca de nuestra siguiente visita, los acantilados Dyrhólaey, a unos 25 kilómetros desde aquí.
Aparcamos el coche en lo alto del acantilado e irremediablemente es otro parking de pago, muy fácil y cómodo desde la aplicación PARKA (750 ISK), aunque no deja de ser doloroso, hay días que fácil te dejas más de treinta euros en aparcamientos.
Las vistas son chulísimas.




Paseamos un rato por los alrededores con la esperanza de que quedara algún frailecillo tardío pero no hubo suerte y continuamos camino, a 20 kilómetros tenemos la mítica playa Playa negra de Reynisfjara, parking de pago mediante PARKA (1000 ISK). Catalogada como una de las playas más peligrosas del mundo debido a las sneakerwaves, recomiendan no dar nunca la espalda al mar. Muy fotogénica también.


Después de observar como algún turista se llevaba algún susto y un buen remojón con alguna ola sorpresiva mientras intentaba conseguir su foto encima de las columnas de basalto, emprendemos la marcha, tenemos casi 90 kilómetros hasta nuestro siguiente punto, pasamos sin parar entre el campo de lava de Eldhraun, completamente tapizado de musgo hasta llegar al cañón de Fjaðrárgljúfur.
Y no hay sorpresas, este parking también es de pago y también con PARKA (1000 ISK), en esta etapa el rejonazo de los parkings es considerable.
Este cañón nos encantó, de hecho se convirtió en nuestro cañón favorito de Islandia, no sé si porque fue el primero tan espectacular o porque llevábamos muchas expectativas con los demás, pero este nos gustó mucho.
Es muy recomendable recorrer los aproximadamente dos kilómetros y medio ida y vuelta, por un camino que no tiene pérdida y que te permite apreciar las diferentes formas y recodos que forma el rio Fjaðrá y sus laderas rebosantes de musgo




Aún nos queda un buen trecho hasta llegar a nuestro hotel y teníamos alguna visita más por hacer, aunque descartamos ir a Stjornarfoss (por hoy ya teníamos suficientes cascadas) y paramos a ver Kirkjugólf.

Justo delante del parking hay una valla, pero se puede pasar sin problema y caminando unos pocos minutos llegas al suelo de la iglesia, es curioso de ver y no inviertes mucho tiempo.
Pasamos por delante de la cascada Foss a sidu, hicimos una foto desde un apeadero en la carretera y continuamos camino hasta nuestro hotel, descartamos parar en Dverghamrar y en Fossalar. Había sido un día muy intenso y con un tiempo espectacular, necesitábamos un respiro.

Esa noche, después de cenar salimos a intentar ver auroras ya que daban ciertas posibilidades, pero no tuvimos suerte.
Otra jornada muy, muy completa, de momento Islandia nos está regalando buen tiempo y estamos disfrutando mucho del agua, del hielo, de lo volcánico y de los colores. Islandia hoy ha sido blanca, verde y azul.
Nuestro ranking del día:
Seljalandsfoss: Aun reconociendo que es bonita la cascada, nos defraudó un poco, nos pareció más una atracción de feria en la que la gente lo único que busca es la foto. De hecho, nos pareció más hermosa Kvernufoss
Skógafoss: Una de las cascadas más bonitas y fotografiadas del país, nos gustó mucho, tanto desde abajo como desde arriba, por ponerle una pega, la ves desde la carretera y le quita un punto de sorpresa. Indudablemente es un “must” de Islandia.
Glaciar Sólheimajökull: Nos gustó mucho, no esperábamos unas vistas tan chulas y tan cerquita, una de las sorpresas del día. Imprescindible
Acantilados Dyrhólaey: muy buenas vistas. A un lado la playa negra de Reynisfjara y a otro el glaciar Mýrdalsjökull. Muy recomendable.
Playa de Reynisfjara:arena negra, columnas de basalto, farallones y la fuerza del Atlántico. Muy recomendable
Fjaðrárgljúfur: a nosotros nos pareció el cañón más visual y más bonitos de todos los que vimos durante el viaje. Imprescindible
