Personalmente, casi me gustó más Tiflis de noche que de día, quizás porque la oscuridad esconde algunos de sus puntos flacos y resalta una acertada iluminación. Además, el ambiente nocturno es muy agradable. Lástima que algunas de mis fotos no quedasen demasiado lucidas.



La cuarta noche, al regreso de Sighnaghi, mi amiga y yo decidimos pasar de la cena e ir por nuestra cuenta. Pasamos por la plaza Orbeliani, con su mercado de flores, y repetimos parte del itinerario del día anterior, pero en esta ocasión ya de noche, así que tuvimos una perspectiva distinta de los lugares ya vistos.




También nos fijamos en Tamadá (frente al que siempre hay guías con turistas), una famosa escultura en bronce situada en pleno centro, que rinde homenaje al tamadá, tradicional maestro de brindis georgiano que dirige la fiesta o el banquete conocido como Supra. La figura se inspira en una pequeña pieza arqueológica del siglo VII a.C. hallada en Vani, al oeste del país. Tampoco nos resistimos a acercarnos al Puente de la Libertad para verlo de cerca iluminado.



Caminamos mucho, hicimos fotos y fuimos a cenar a Radio Café, en la calle Atoneli, un bar-restaurante con terraza y pianista en directo. Tomamos dos cervezas locales de barril y el khachapuri que nos faltaba, el de Adjaria, también relleno de queso pero con el pan moldeado en forma de barca y al que se añade un huevo y un trozo de mantequilla en el centro al sacarlo del horno. Se come rompiendo el pan y mojándolo en la yema del huevo. Estaba rico; y sobre todo, nos libramos por una noche de las “panzadas” de los restaurantes.


