Locorotondo fue la última localidad de Puglia que visitamos, pues nuestra siguiente parada era Matera, una de las visitas que esperábamos con más ganas en el viaje y que ya pertenece a la región de Basilicata. Por supuesto, pasamos allí la noche, tal como aconseja todo el mundo. Y, a toro pasado, realmente lo merece, porque Matera es tan bella y sorprendente de noche como de día.


Fue uno de los lugares que más quebraderos de cabeza me dio para encontrar alojamiento. Necesitábamos un hotel céntrico que nos permitiera movernos a pie y con aparcamiento para el coche, pues hay zonas con limitación en el paso de vehículos y es muy difícil estacionar; además, había obras y el tráfico era bastante caótico. Como tampoco era cuestión de arruinarnos, me decidí por el Hotel San Domenico al Piano, muy bien situado (Vía Roma, 15), al lado del Palombaro Lungo, la antigua cisterna, y con garaje, aunque luego utilizamos uno alternativo que nos ofrecieron, pues el suyo estaba lleno. Era un parking subterráneo vigilado, que nos costó 20 euros por 24 horas completas. Tuvimos que dejarles las llaves del coche. Nos dieron un recibo y no nos hicieron abonarlo por anticipado, lo que sí nos ocurrió luego en Nápoles. La habitación era interior pero confortable, con aire acondicionado y nevera. El precio total, con tasas y desayuno bufet, fue de 124,10 euros.

Enseguida salimos a buscar un sitio para comer, pues se estaba haciendo tarde. Fuimos caminando por la Vía del Corso hacia la Plaza de San Francisco, en el barrio de Il Piano, la zona barroca de la ciudad. Había mucha gente, así que nos sentamos en una mesa que se quedó vacía en el comedor de un restaurante pequeñito, de estilo tradicional; justo lo que queríamos, pues las terrazas estaban llenas y hacía demasiado calor. Tomamos aperol spritz, agua, dos menús del día (un plato y postre), tiramisú y café. El precio rondó los 40 euros. Nada especial, pero nos sirvió para salir del paso. A continuación, llegó el momento de empezar a descubrir Matera.

Matera.
La región estuvo habitada desde el Paleolítico, si bien la ciudad fue fundada por los romanos en el siglo II a.C. con el nombre de Metheola. Posteriormente fue dominada por lombardos, varias instituciones monásticas (benedictinos y ortodoxos griegos), sarracenos, bizantinos, emperadores alemanes y normandos hasta que en el siglo XV cayó en poder del Reino de Aragón. Actualmente cuenta con una población cercana a los 60.000 habitantes y su economía se basa en la agricultura, la tapicería y el turismo, que ha crecido mucho por la fama alcanzada por los “sassi”, viviendas rupestres (simples cuevas o cavernas en algunos casos) excavadas directamente en la roca caliza, cuyo origen se remonta a la prehistoria, constituyendo algunos de los primeros asentamientos humanos en Italia. La ciudad antigua se extendió en altura a lo largo de una ladera del barranco de “la Gravina”, formando calles en las que las casas se erigían sobre los tejados de las que tenían debajo. En los años cincuenta del pasado siglo, este lugar se consideraba una vergüenza nacional debido a las pésimas condiciones de vida y salubridad que padecían sus moradores, por lo que el gobierno italiano decidió trasladar a la población a lo que hoy en día constituyen los barrios modernos de la ciudad, si bien hubo gente que se negó a abandonarlas. Los “sassi” y las iglesias rupestres de Matera fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.



Para visitar Matera, se suelen distinguir tres zonas: Sasso Barisano, Sasso Caveoso y El Piano (Barrio Alto). Todas se pueden recorrer a pie, más bien hay que recorrerlas a pie, así que es necesario llevar calzado cómodo y armarse de paciencia para subir y bajar cuestas y escalones. Pero merece la pena, pues la recompensa consiste en contemplar un panorama realmente único y espectacular.


Tal como suelo hacer, no seguí un itinerario predeterminado, pues me gusta perderme por las calles y encontrarme con sorpresas aquí y allá, utilizando los planos turísticos de que dispongo y lo que me señala Google Maps para mis imprescindibles. Sin embargo, sería un tanto caótico relatarlo así, de modo que intentaré ordenarlo un poco por barrios para que resulte algo más comprensible y útil.


Lo primero que hice fue conseguir un plano en la Oficina de Turismo. Luego pasé por la Iglesia del Purgatorio, donde compré un bono para visitar la Catedral y tres iglesias rupestres. Hay otras opciones.

Barrio Alto. Il Piano.
Se extiende por la zona alta del centro histórico de Matera, donde residían las clases acomodadas, la nobleza y el clero, por encima de los barrancos que albergaban las casas rupestres de la población más humilde. A su vez, consta de dos zonas: la Civita, parte fortificada y más antigua, situada en un espolón rocoso coronado por la Catedral, a la que me referiré después; y El Piano, donde hoy en día se desarrolla la mayor parte de la actividad comercial y de restauración de la ciudad. Su punto central es la Piazza Vittorio Veneto, rodeada de edificios históricos de estilos barroco y rococó. Con muchísima gente a todas horas y decorada con arcos de luces durante nuestra visita, no logré hacer fotos decentes.
La Civita



El Piano



En un lateral se halla el Palombaro Lungo, uno de los sitios que se recomienda visitar en Matera aparte de los sassi. Antiguamente, la ciudad recibía su agua potable de fuentes y cisternas públicas, denominadas palombari, que recogían agua de manantiales. La más grande de todas ellas era el Palombaro Lungo, que se construyó en diversas fases a partir del siglo XVI. Se encuentra bajo la plaza, a una profundidad de 16 metros y con una longitud de 50 metros. Su capacidad es de 5 millones de litros de agua. Sus reservas solo se utilizaban en verano a través de un pozo de la plaza, mediante baldes de aluminio. En 1927, el Estado construyó un acueducto moderno, la cisterna fue abandonada y el pozo demolido.

En 1991, se empezó a explorar la cisterna, todavía llena de agua, y posteriormente se acondicionó el acceso para que la gente pudiese visitarla mediante pasarelas suspendidas sobre el agua. La entrada me costó 5 euros. El lugar es llamativo y merece la pena verlo, pero a mí me impresionó menos porque el año pasado visité la Cisterna de la Basílica en Estambul y, claro, aunque no me gusta comparar, en este caso la comparación resultó más que odiosa.

En la plaza, también se halla el Belvedere Luidi Guerricchio, con bonitas vistas sobre el Sasso Barisano. Me asomé a última hora, cuando ya había visto gran parte de la ciudad rupestre; así que no me impactó como lo hubiera hecho de verlo al principio.

El barrio de Il Piano se desarrolló a partir de los siglos XVII y XVIII con la construcción de hermosas plazas, palacetes e imponentes iglesias barrocas, entre las que destacan la Iglesia de San Francisco de Asís, la Iglesia de Santo Domingo, la Iglesia de San Juan Bautista, la Iglesia del Purgatorio y la Iglesia de Santa Clara. Pude visitar el interior de las dos últimas.

La Iglesia del Purgatorio fue construida entre 1725 y 1747 con una inusual fachada convexa de piedra caliza decorada con una macabra colección de calaveras, esqueletos, huesos y figuras penitentes envueltas en llamas, que se refieren a la levedad de la vida terrenal, la muerte y la redención. Los mismos motivos se repiten en la puerta de madera. El interior es de planta de cruz griega con cúpula octogonal. Las columnas de piedra imitan el mármol y cuenta con un importante órgano de tubos de mediados del siglo XVIII.

La Iglesia de Santa Clara se construyó entre 1688 y 1672. El interior cuenta con una sola nave con bóveda de cañón, un púlpito de madera tallada y policromada del siglo XVIII y varios altares con notables lienzos y retablos. El edificio anexo alberga el Museo Arqueológico Nadional Domenico Ridola, cerrado temporalmente.

Avanzando por la Via Domenico Ridola, llegué frente al Palacio Lanfranchi, el monumento barroco más importante de la ciudad. Construido entre 1668 y 1672 para seminario diocesano, actualmente es la sede del Museo Nacional de Arte Medieval y Moderno de Basilicata.

Girando un poco a la izquierda, salí a la Piazetta y Belvedere Pascoli, uno de los lugares imprescindibles en Matera, ya que constituye un mirador maravilloso sobre los sassi y la Civita (zona alta con el Duomo). Realmente te asombra cuando lo descubres por primera vez, pues pese a que lo hayas visto cien veces en fotos no es nada comparable con lo que ves en vivo y en directo: espectacular con todas las letras, especialmente a primera hora de la tarde, con el sol iluminando los sassi y la Civica, con el Duomo en todo lo alto. Espectacular es la única palabra que se me ocurre para definirlo. Uno de esos sitios que no te dejan indiferente por muchos otros que hayas visto ya.



A partir de aquí, me metí de lleno en el paseo por los sassi y la cámara de fotos empezó a echar humo y no solo por el sol y el calor: el panorama lucía impresionante mirarse adonde mirase y los miradores oficiales perdieron sentido porque todo lo que había a la vista constituía un impresionante mirador sobre la Civita y los sassi, con sus dos barrios, Caveoso y Barisano.



Y por si fuese poco, la propia ubicación de Matera, asentada al borde de un profundo cañón calcáreo, excavado por el río Gravina, lo hace si cabe más espectacular y escénico, pues no en vano ha sido utilizado para rodar numerosas películas: La Pasión según San Mateo (dirigida por Pasolini), La pasión de Cristo (dirigida por Mel Gibson), Sin Tiempo para Morir (James Bond), Wonder Woman, Ben Hur…
