Sasso Caveoso.
En primer lugar, me dirigí a este barrio, el más antiguo y real de los dos que conservan las casas excavadas en la roca, pues mantiene su aspecto primitivo en medio de un laberinto de callejones y escalinatas que se asoman al barranco Gravina. Merece la pena entretenerse un buen rato, recreándose en las perspectivas.


Iglesia Rupestre de Santa María de Idris.
Localicé la primera iglesia rupestre que figuraba en mi bono en lo alto de un gran espolón rocoso, llamado Monterrone, donde se hallan dos iglesias completamente excavadas en la roca: la de Santa María de Idris y la cripta de San Giovani in Monterrone. Una aclaración: he leído en algunas webs que está prohibido hacer fotos en el interior de las iglesias para proteger los frescos. No es cierto. Salvo en algún punto muy concreto donde así está indicado, sobre todo por respeto en osarios o enterramientos, pude tomar fotos libremente; sin flash, naturalmente. Y no fue a hurtadillas: aparte de que lo hacía todo el mundo, lo pregunté primero.


Tuve que dar varias vueltas hasta que localicé la entrada, lo que no fue ningún trastorno por las fantásticas vistas que vi durante el periplo de escaleras para arriba y para abajo alrededor del peñasco; incluso detrás de la iglesia, hay miradores espléndidos que me permitieron divisar con toda nitidez el puente tibetano sobre el río Gravina, dando inicio a una ruta de senderismo que me hubiera gustado realizar si hubiese tenido tiempo. Y tampoco era cuestión de asomarse al puente sin más, pues al cruzarlo cobran 15 euros y exigen llevar botas de senderismo; imagino que una forma de evitar multitudes y accidentes. No sé en qué condiciones está el sendero y su dificultad.



El origen de la Iglesia de Santa María de Idris se remonta al siglo XIV y en su interior hay frescos de los siglos XVII y XVIII que representan a la Virgen de Idris, al Padre Eterno, los profetas, la conversión de San Eustaquio, la Natividad, San Antonio de Padua, la Crucifixión, San Miguel Arcángel…

Un pequeño túnel, abierto en el siglo XIX, permite pasar a la Cripta de San Giovanni in Monterrone, excavada en el siglo XI pero que fue remodelada tiempo después. Contiene unos extraordinarios frescos antiguos: un Pantocrator de los siglos XI y XII, un monje vestido con su hábito, del siglo XIII.


También un San Andrés del siglo XII sobre el que fue pintada una Virgen con el Niño en el siglo XIII… Y otros frescos del siglo XIV. En todos se aprecian características de influencia bizantina. Muy bonito todo. Me gustó mucho esta visita. Imprescindible para los amantes de los frescos antiguos. Además, la ubicación es sensacional.

Iglesia rupestre de Santa Lucía alle Malve.
No tuve que caminar mucho para llegar a mi segunda iglesia rupestre. Se halla en el barrio de Casalnuovo, adyacente al Sasso Caveoso, y su nombre se debe a la malva, hierba medicinal aromática que crecía abundantemente en sus alrededores. Excavada en torno al siglo IX, la utilizaron monjas benedictinas hasta el siglo XIII, cuando se mudaron a la Civita, después de lo cual una parte de la antigua iglesia se usó como vivienda privada hasta mediados del siglo XX. Tiene planta basilical con tres naves, de las cuales la derecha está destinada al culto, donde aún se celebra una Misa cada 13 de diciembre en honor de Santa Lucía. En la parte superior, sobre el tejado de la iglesia, se halla una antigua necrópolis lombarda.



La iglesia presenta elementos latinos y orientales. Contiene algunos de los frescos bizantinos mejor conservados de la región de Basilicata, que se pintaron entre los siglos XI y XIV. Destacan los de la Virgen de la Leche (1270), el del Arcángel San Miguel, el de San Juan Bautista, los de San Benito y Santa Escolástica… Una maravilla.




La Iglesia de San Pietro Caveoso, cuyo origen se remonta al siglo XIII, de fachada barroca pero integrada en la toba y con interior espacioso y techos cubiertos de frescos, estaba cubierta de andamios por restauración, así que las fotos no salían muy favorecidas enfocando hacia allí. Otro lugar que suele recomendarse es la Casa Cueva de Vico Solitario, una antigua vivienda con muebles y herramientas originales actualmente convertida en Museo. He visitado varias casas cuevas, así que preferí ahorrar ese tiempo para otros sitios.
La Civita.
Se trata del núcleo más antiguo y fortificado de la ciudad, situada en la cima de un espolón rocoso, coronado por la Catedral. Aunque me resultó un poco fatigoso por el calor, las cuestas y los escalones, me compensó recorrerlo con tranquilidad entre las casas y perdiéndome por las callejuelas que conducen a la Piazza del Duomo y su belvedere, un balcón natural que ofrece una perspectiva distinta respecto a los miradores anteriores, de cara al Sasso Barisano, pero tanto o más espectacular. No paraba de mirar, sorprenderme y hacer fotos. ¡Qué sitio tan especial es Matera)


En las calles empedradas que rodean la Catedral, aparecen antiguos palacios que reflejan el pasado nobiliario del barrio. Y tampoco faltan restos de fortificaciones de origen lombardo, en forma de torres que custodiaban el núcleo primitivo de la ciudad.

Catedral de Matera.
Su nombre oficial es Cattedrale di Santa Maria della Bruna e di Sant’Eustachio y fue construida entre 1230 y 1270, en tiempos del reinado de Federico II de Suabia. El exterior es de estilo románico apuliano y destaca en la fachada un rosetón de dieciséis radios con la rueda de la fortuna. El campanario alcanza los 52 metros de altura. Las esculturas del pórtico son del siglo XVI.

Con mi bono, pasé a ver el interior. El templo tiene planta de cruz latina con tres naves. En primer lugar, se pasa por una zona de excavaciones arqueológicas, desde cuyo suelo de cristal se pueden distinguir estructuras primitivas, capillas subterráneas y algunos frescos antiguos. También destaca un precioso pesebre de piedra policromada tallado en 1534.





Ya en el interior de la Catedral propiamente dicha, me topé con una fastuosa decoración de estilo barroco, si bien lo que más me llamó la atención fue un fresco medieval del Juicio Final. Y, por supuesto, una de sus principales joyas, un fresco bizantino de la Madonna della Bruna con el Niño que data de 1270.





Sasso Barisano.
Muy despacio descendí por una amplia escalinata empedrada sobre la que casi había que hacer equilibrios para no salir rodando, pero las vistas… no sé cómo describirlas: realmente me parecía haber retrocedido en el tiempo.

Este barrio histórico de Matera combina las casas rupestres tradicionales con otras restauradas o con fachadas más elaboradas que se han convertido en hoteles, restaurantes y tiendas para turistas.


Hay varios lugares para visitar, como la Iglesia de San Antonio Abad, un sassi en miniatura (estaba incluido en mi bono, pero no lo visité), el Convento de Sant’Agostino, el Museo de la Civilización Campesina, algunas casas-cuevas y también antiguos hipogeos. Aparte de recorrerlo paseando, visité la Iglesia de San Pedro Barisano, la iglesia rupestre más grande de Matera y que también figuraba incluida en mi bono.


Me pareció muy interesante, con frescos históricos, canales subterráneos y una cripta hipogea que se utilizaba para el drenaje de los cadáveres de los monjes. En la cripta, no se permite hacer fotos.


Luego fui hasta la Piazza del Convento de Sant’Agostino, desde donde se contemplan otras panorámicas de Matera para enmarcar, con los sassi, la Cívica y el barranco de la Murgia Materana.

Vi otras cosas, pero no las recuerdo todas y tampoco creo que sea necesario hacer este relato inacabable. A última hora de la tarde, me reuní con mi marido y fuimos a tomar unos bocadillos artesanos que preparaban al momento en un local tradicional. Estaban de vicio, aunque en la foto no lo parezca.

Matera de noche.
Ya por la noche, cumplimos con otro imprescindible en Matera: recorrer la ciudad iluminada y contemplarla desde los distintos miradores es una experiencia fantástica. Como ya me he referido a los sitios, simplemente pondré unas fotos.





En resumen, Matera es uno de esos lugares que marcan la diferencia en un viaje. No creo que haya nadie que opine que no merece la pena llegar hasta allí y, si es posible, pernoctar para verla también de noche.



