Como vengo haciendo a lo largo de todo este diario pongo aquí el itinerario programado:
“Por la mañana iremos a ver el ambiente del colorido mercado de flores que se encuentra en las afueras de Madurai, donde cada dia, centenares de vendedores y vendedoras hilan collares de caléndulas, rosas y jazmín y se venden flores a granel que se utilizaran para las ofrendas a los templos y distintos rituales. Regresaremos a la ciudad donde os proponemos dar un paseo en ciclorickshaw mientras la ciudad nos presenta su cara más vibrante entre sus coloridos mercados de plátanos, frutas, verduras, ajos y cebollas (actividad opcional). Por la tarde visitaremos el monumento más importante de la ciudad, el templo Sri Meenakshi, dedicado al Dios hindu Shiva y a su mujer Parvati. Este templo de grandes dimensiones tiene varias salas con columnas y doce fantásticos gopurams que miden hasta 60 metros de altura y están llenos de figuras que representan Dioses y animales místicos. Al anochecer asistiremos a la pooja (ceremonia religiosa) que se celebra en el mismo templo. Noche en el hotel Heritage.”
Hoy amanecimos en este maravilloso hotel después de haber dormido como niños: cama cómoda, almohada mullida, buena temperatura y antimosquitos, detalle del hotel, que encontramos en las mesillas de noche. Y, lo mejor de todo, arrullados por los pájaros que utilizan los dos árboles de nuestro patio como altavoz para sus trinos.

El cuarto de baño es enorme con la zona de ducha y sanitario separada del resto, pero, por muy atractivo que sea el baño, lo que realmente me interesa es nuestra piscina en la que me zambullo para despertarme. El agua está templadita a pesar de haber estado toda la noche al raso (hace un calor tremendo) y es un gustazo empezar el día con unas cuantas brazadas. Y la piscina tiene poco cloro, pero aun así, no pierdo la oportunidad de estrenar esa ducha preciosa que tiene la habitación y probar todos los “mejunjes”, cortesía de la casa, que hay en el baño.
Vamos a desayunar todos juntos, un desayuno de los más completos que hemos tenido y, después, vamos a recepción donde nos espera nuestro guía.
Y aquí os cuento que el guía nos llamó anoche para ver si se podía cambiar el horario de la visita guiada, pasando a visitar el templo a primera hora de la mañana y dejando al resto de actividades para después y nos pareció que daba igual cambiar el orden de las visitas.
Hoy es uno de esos días en que nada sale según lo previsto. El guía llegó puntual a su hora y fuimos directos al templo de Meenaski y, según íbamos llegando, ya nos fuimos dando cuenta de que no todo iba a ser un camino de rosas: los enormes gopuram que anuncian el templo estaban cubiertos de andamios y era imposible apreciar nada, excepto su altura. Al preguntar, nos contestó el guía que el templo estaba en obras de acondicionamiento, que se hacen periódicamente para poder mantenerlo debidamente y que, para nuestra desgracia, nos había tocado. Nos explicó que íbamos a encontrar andamios y obras en muchos otros lados, aparte de en los gopuram, sin que, por ello, el número de visitantes disminuyera.
De todas formas, nos acercamos hasta el templo por si acaso, pero el guía tenía razón. Sin embargo, aquí he visto algo que me ha dejado un tanto perpleja y es la constatación del sincretismo religioso de este inmenso país. Junto al templo, como en todos, había una enorme sucesión de tiendas y puestos de objetos para el culto: velas, inciensos, flores; y, también para el culto personal en el hogar. Y aquí os enseño la causa de mi perplejidad: un cuadro (no se me ocurre otro nombre mejor) en que están representados, todos juntitos, como buenos amigos, Ganesha, Jesucristo y un minarete, la media luna, el símbolo Ohm y la cruz.

Nos ofreció un programa alternativo: visitar el palacio Thirumalai Nayakkar Mahal, de la época Nayaka. Tengo que reconocer que yo ya estaba ahíta de templos y la posibilidad de visitar un palacio, (hasta ahora no habíamos visto ninguno), me atraía bastante, así que aceptamos el cambio y cambiamos de destino.
Por el camino el guía nos cuenta que este es un palacio del siglo XVII, mandado construir por el monarca Tirumala Nayaka, de quien toma el nombre.
Y, aquí estamos, delante de la puerta de entrada, listos para comprar los tickets y visitar este lugar del que desconozco todo. ¿Qué nos deparará el destino? ¿Merecerá la pena?

Pues parece que sí. Al entrar, la vista te deja sin palabras: Un enorme corredor abierto a un patio y con unas columnas impresionantes, de 20 metros de altura y 4 de diámetro, y todas blancas como si fueran de mármol (aunque no lo son).

Y unos techos maravillosos, unos cuajados de estucos, otros con bellas pinturas. Y se te pasa el tiempo embobada mirando a todos lados y, como el techo es absolutamente admirable, pues, ni corta ni perezosa, me siento en un escalón y miro hacia arriba y no encuentro el momento de levantarme. Y cuando me levanto me tengo a agarrar a mi marido porque el vértigo acecha y la postura no ayuda a mantener el equilibrio.
Y nos cuenta el guía que del palacio solo se conserva un 20% de lo que fue pues gran parte del mismo fue destruido al ser abandonado, y luego, como en todos los sitios, los lugareños aprovecharon los edificios que quedaron en pie para construir sus propias casas, más tarde a su deterioro contribuyeron los británicos que utilizaron los restos como almacenes y hasta polvorines y, así, se pueden encontrar restos de este palacio en varios kilómetros a su alrededor, como estas inmensas columnas que se pueden ver en una de las calles que rodean al palacio y, ¿sabéis para que eran estas inmensas columnas? Pues para atar a los elefantes.
Por cierto que aprovecho para contaros que ese 20% que se conserva es gracias a un inglés, Lord Napier, gobernador de Madrás, que restauró parte del palacio en el último cuarto del siglo XIX.

Y una vez visitado el palacio, nos despedimos del guía y proseguimos nuestra visita con nuestro conductor. Nos llevó directamente al mercado de flores en donde tuve la oportunidad de constatar el error de no haber ido a primera hora. El mercado estaba abierto, había puestos con flores y con guirnaldas pero no pudimos ver a los floristas tejiéndolas y las flores que quedaban eran los restos, las mejores y más bonitas ya se habían vendido.

Y aquí vuelvo a hablar de la basura que hay en todas partes en Tamil Nadu. Es impresionante, la hay por todos lados y en ciudades, pueblos, caminos, autopistas, templos, en todas partes. Y aquí tapizaba el suelo como una enorme alfombra y, lamento decirlo pero es lo que sentí, era realmente asqueroso.
A la vista de lo visto y, como el calor era insoportable, decidimos no visitar el resto de mercados del programa. Afortunadamente, ya habíamos anulado el paseo en ricksaw, pues el calor agobiante nos habría impedido disfrutar del paseo y hubiera sido un riesgo para la salud del pobre conductor.
Así dimos por concluidas las actividades del día y nos fuimos al hotel, a disfrutar de sus cómodas y atractivas instalaciones, comiendo en su restaurante y disfrutando de una merecida siesta, leyendo en nuestras cómodas butacas y refrescándonos en nuestra alberca privada.
Y, naturalmente, relajándonos con otro de los numerosos masajes que ofrece este hotel.
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