Dia 11.- 23 enero.
El plan para el día de hoy es el siguiente:
“A las 09:00 de la mañana desembarcaremos del houseboat y partiremos por carretera hacia Thekkady (4,30 horas aprox.). Por la tarde os recomendamos que disfrutéis de un masaje ayurvédico, ya que Kerala es la cuna de esta medicina natural, especialmente en Kumily fabrican productos naturales como aceites para masajes. En la calle principal hay un gran mercado y es el lugar ideal para comprar especias. Noche en el hotel The Wildernest.”
Hoy nos despertamos muy pronto pues nos acostamos muy temprano y aquí las persianas no son muy tupidas. Tan pronto que todavía no había amanecido así que, mientras nos ponían el desayuno, vimos amanecer por la borda.

Y, después, mientras regresábamos al atracadero, nos pusimos a observar el río y me encantó este corto espacio de tiempo porque los habitantes de las márgenes también habían amanecido y pudimos ver a la gente realizando sus tareas diarias, como este hombre que se afanaba en fregar los platos.

Y volvimos a ver un montón de aves: cormoranes, garzas, garcetas, hasta un martín pescador posado en una rama buscando su desayuno, pero no pongo fotos porque tengo que guardar espacio para las actividades de la tarde.
Y ya nos vamos acercando a nuestro destino y me despido con mucha pena de este lugar tan especial y del que he disfrutado muchísimo. Añado aquí, me lo han pedido ellos, que los Joses también han disfrutado muchísimo de este viaje.

Y ahora toca reencontrarnos con nuestro conductor, volver a subir al coche y retomar el camino hacia nuestro próximo destino: Thekkady. Nos quedan por delante 4 horas y media de viaje, así que llegaremos al hotel justo para comer.
El paisaje ha cambiado totalmente, ahora nos adentramos en una zona de montañas, de alta montaña, y es un gozo para la vista ver la sucesión de picos, los valles entre ellos, los ríos que los surcan, …y, en un momento dado vemos una manada de monos que juguetean entre los riscos.
Y, por fin, llegamos a nuestro hotel, que no es el que estaba previsto, sino el hotel Keys Prima by Lemon Tree. Este cambio ya me lo habían notificado con anterioridad y había visto en booking como era y no le había puesto objeciones porque me pareció bastante bueno y, además, estaba junto a la entrada del Parque Nacional de Periyar. El hotel no me decepcionó, estaba bastante bien, la habitación era cómoda y agradable y las instalaciones comunes eran cómodas y suficientes. Ocupamos nuestras habitaciones y nos bajamos a dar una vuelta por el pueblo.
Al salir a la calle veo algo extraño que corretea por el aire. Al mirar más fijamente me doy cuenta de que son monos que usan los cables eléctricos como si fueran lianas y se persiguen unos a otros por el aire. Ahora me fijo un poco más y veo que hay muchos más monos en el suelo, subidos en una valla, a la entrada del parque.

Y proseguimos nuestro camino y vemos que la calle es toda ella un mercado lleno de tiendas de ropa y de especias y de restaurantes pequeñitos y coloridos carteles que anuncian un espectáculo de lucha “Khalaripayatu” y de danza “Kathakali”, a los que yo no hago mucho caso porque ya tenemos incluida una entrada para la danza en Kochi, pero mi hijo (es cinturón negro de Aikido) sí ha oído hablar de este tipo de lucha y le interesa mucho conocerla, así que compramos 3 entradas para el espectáculo de esta tarde. Ya tenemos plan para la tarde. Al final decidimos ir al hotel a comer, echarnos una siestecita, que hoy hemos madrugado mucho, y volver a esta calle tan interesante para gastarme los cuartos haciendo compras.
Y ya descansados nos vamos de tiendas. Mi hijo quiere comprar algún vestido de algodón para mi nieta y otro para su novia, yo quiero comprar especias y jabones (me ha dicho Helena que son muy buenos y baratos) y mi marido tiene más paciencia que un santo y nos acompaña mansamente, como un buey al matadero.
Voy directamente a las tiendas de especias y, lo primero que hago, es comparar el precio entre una tienda y otra y constato que apenas hay diferencia de precio entre una y otra (visito 4), apenas unas rupias y, si en una el cardamomo es más barato, en la de al lado lo es la pimienta. Vamos que se han puesto de acuerdo para ofrecer el mismo precio y no hacerse la competencia. Así que elijo una, en donde me parecieron más simpáticos y decido comprar aquí. Y aquí estoy, envuelta en un mar de dudas ¿Lo compro todo?, ¿Qué elijo y qué descarto?, ¿Cuánto compro de cada cosa?, ¿A quién voy a llevar especias y qué cantidad?
Bueno, me llevo cardamomo, pimienta en grano, clavo, anís estrellado, vainilla, canela en rama, te verde y jengibre en polvo. Lo del cardamomo es para nota, nunca había visto uno tan aromático, es impresionante y, ahora, 10 meses después, sigue oliendo toda la cocina cada vez que lo uso.

Y, siguiendo el consejo de Helena, me meto en una tiendecita para los locales y compro unos jabones de sándalo por la ridículo cantidad de 30 rupias la pieza (30 céntimos) para repartir entre los conocidos y, aunque no os lo creáis, de los 3 que me quedé para mí, me queda uno sin estrenar todavía y lo uso a diario: es un jabón cremoso, que hace mucha espuma y huele estupendamente.
Y, ahora, toca visitar tiendas de ropa. Esto es harina de otro costal, hay muchas, demasiadas y, aquí, sí que hay competencia. Cada tienda tiene artículos diferentes, las calidades difieren mucho y, los precios, también. Entramos en muchas y, en algunas, nos vamos un tanto negros porque les dices que quieres una túnica de algodón de color rojo y, como no tienen, empiezan a sacarte otras de cualquier otro color intentando convencerte
Y nos sentamos en uno de esos barecillos, casi un puesto callejero, pero con alguna mesa y sillas, y nos tomamos un Sweet Lassi para descansar y refrescarnos.
Y ya se nos ha hecho la hora de ir a ver el espectáculo de lucha. Llegamos hasta el local y me llevo la primera sorpresa de la noche: yo creía que sería un espectáculo para turistas, pero no, aquello estaba lleno de lugareños y algún que otro turista despistado, como nosotros. Estaba claro que allí había verdadera afición. Mientras esperábamos para entrar tuve mi primer encontronazo con mi agorafobia: había demasiada gente, toda apelotonada, empujándose unos a otros, a pesar de que las entradas estaban numeradas, nadie te iba a quitar el sitio ni ibas a tener uno mejor por entrar el primero. Menos mal que mis benditos Joses se pusieron a mi lado, haciendo de dique para que no me sintiera tan apretujada y, así protegida, conseguí esperar, sin perder los nervios, hasta que abrieron las puertas
.Bueno, pues aquí estamos, sentaditos en nuestros asientos, esperando que empiece el espectáculo. Nos explican, al inicio, que este arte marcial es muy antiguo pues data del siglo V antes de Cristo, que sus movimientos imitan los movimientos de los animales de la selva y que lo que nos van a mostrar son como se lucha con las diferentes armas: espadas, hachas, lanzas y cuerpo a cuerpo, finalizando con un espectáculo con fuego.
La verdad es que disfruto mucho con el espectáculo, está muy bien preparado para que los legos puedan ver como es la lucha, a mi me parece una danza y, de repente, le oigo a mi hijo decir: “Ah, si cuando mueven las armas, no empujan la mano desde el hombro, sino que lo hacen desde el codo”. Me quedo atónita. ¿Cómo puede distinguir qué parte del brazo es la que mueve la mano?

Bueno, ya se acabó lo que se daba y, ahora, toca volver al hotel por esta calle tan colorida y tan llena de vida, los monos ya están durmiendo colgaditos de las ramas, cenar en el hotel que es lo más cómodo e irse a la camita a descansar.
Buenas noches. Hasta mañana.
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