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RECORRIENDO EXTREMADURA. MIS RUTAS POR CÁCERES Y BADAJOZ. -Diarios de Viajes de España- Artemisa23
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Diario: RECORRIENDO EXTREMADURA. MIS RUTAS POR CÁCERES Y BADAJOZ.  -  Localización:  España  España
Descripción: Recopilación de las diferentes rutas que hemos hecho (y haremos) por Extremadura, muchas de las cuales estaban recogidas en mi diario DE VIAJE POR ESPAÑA. Creo que esta tierra tan bella y sorprendente se merece un diario propio. De momento, la mayor parte corresponden a Cáceres, pero espero añadir pronto más etapas de Badajoz.
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Etapas 1 a 3,  total 18
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Etapa: LAS HURDES (Cáceres). Extremadura en verde y agua.  -  Localización:  España España
Fecha creación: 31/05/2015 12:46  
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Habíamos oído hablar muchas veces de lo bonita que es la comarca extremeña de las Hurdes, así que aprovechamos que el 15 de mayo, fiesta de San Isidro Labrador (Patrón de Madrid) caía en viernes para hacer una escapadita por la zona. Además, tuvimos mucha suerte con el tiempo, ya que después de unos días de calorazo increíble para mediados de mayo, la temperatura había bajado unos cuantos grados, pero seguía luciendo un sol espléndido.

De acuerdo con un itinerario que encontré en internet, empezamos la visita en Casar de Palomero. Se encuentra a 296 kilómetros de Madrid, distancia que se hace muy cómodamente, ya que la mayor parte es por autovía: primero la A-5, hasta Navalmoral de la Mata, allí se toma la autovía autonómica EX–A1 hasta cerca de Plasencia; luego la A-66 (Autovía de la Plata) hasta la salida hacia Oliva de Plasencia por la CCV-122, ahí la CCV-113 hasta pasado Guijo de Granadilla y, por fin, la CCV-115 hasta Casar de Palomero. En total, unas tres horas de viaje.

El itinerario de nuestro primer día en Las Hurdes.

Paramos un par de minutos para contemplar las vistas desde el Pantano de Gabriel y Galán. Estábamos entrando en las Hurdes. No voy a referirme a su conocido pasado de zona atrasada y remota porque es algo que ya no tiene nada que ver con la situación actual.



Casar de Palomero.

Lo primero que nos llamó la atención al avistar Casar de Palomero desde la carretera fue su ubicación, en especial el tono verde del paisaje donde se asienta. Al principio, cuesta un poquito de trabajo situar mentalmente a Extremadura en esa dimensión.



Se trata del único pueblo de Las Hurdes con categoría de villa. Dejamos el coche en la Plaza principal, donde hay varios edificios con soportales, una torre con un reloj y una fuente. Llama la atención la casa donde se alojó el rey Alfonso XIII en su visita de 1922, efemérides marcada por una placa en la fachada.


También son muy ilustrativas las placas de las calles, que conservan el recuerdo de las tres culturas que aquí convivieron siglos atrás: cristiana, judía y musulmana, señalándose con un dibujo alegórico la que prevaleció en cada lugar.


Todavía quedan algunas muestras (muy pocas, la verdad) de la arquitectura popular con las típicas casas hurdanas de piedra y tejados de pizarra negra, aunque la mayor parte no se encuentran en buen de estado de conservación. En cuanto a arquitectura religiosa destacan la iglesia parroquial del Espíritu Santo y la Basílica de la Cruz Bendita, pero ninguna de las dos estaba abierta, con lo cual solo las vimos por fuera. En esta villa puede visitarse el centro de interpretación del aceite y la aceituna. No teníamos demasiado interés, así que lo descartamos.




Teníamos planeado comer allí, en el restaurante del hostal La Posada del Casar, del que nos habían hablado muy bien. El problema fue que llegamos a las 12:30 y el pueblo se ve mucho más rápido de lo que habíamos previsto, con lo cual se nos hizo un poco larga la espera hasta que empezó el horario de comidas, a las 13:30. Estuvimos sopesando continuar directamente hasta Pinofranqueado, pero al final decidimos esperar y almorzamos, como teníamos pensado, en la Posada del Casar, un buen menú de 10 euros, con variedad de platos para elegir, y calidad y cantidad muy aceptables dado el precio, incluso nos pusieron un aperitivo de mejillones-tigre


Ovejuela: chorrito y mirador del chorro de Los Ángeles.

Continuamos nuestro camino con el fondo de los bellos y verdes paisajes hurdanos, vislumbrando a un lado de la carretera el pueblo de Pinofranqueado, donde se encuentra el Centro de Documentación de las Hurdes.


No paramos ya que nuestro objetivo era llegar al poblado de Ovejuela, para hacer la caminata hasta el “chorrito”, como se denomina por aquellos lares a las cascadas. El núcleo de casas es pequeñito, pero resulta muy bonita la imagen que se obtiene desde el puente, con el alegre correr del agua y el antiguo molino.


Para hacer la ruta hasta el chorrito hay que subir a la iglesia, que está al final de la calle, en lo más alto. Allí sale el sendero por la derecha, dejando la iglesia a la izquierda. No tiene pérdida, está indicado y todo el itinerario al borde del río es una auténtica gozada, incluso antes de avistar la cascada. Al principio, el recorrido es muy fácil y está muy arreglado. La cosa se complica un tanto al final, ya en las proximidades de la cascada puesto que hay que caminar entre peñascos, algunos con bordes muy cortantes, salvando el cauce del río. No es especialmente peligroso, pero hay que ir atentos porque una caída en alguno de los tramos podría tener consecuencias bastante desagradables.



La cascada es muy bonita. Todavía llevaba bastante agua y resultaba muy relajante sentarse en las piedras a contemplarla. No sé si se llegará a secar en pleno verano, aunque no lo creo. Se tarda en torno a una hora en alcanzar la base de la cascada y algo menos en la vuelta. En total, una hora y tres cuartos. Realmente merece la pena.



Retrocediendo por la carretera que va de Ovejuela hacia Pinofranqueado, tomamos una pista a la derecha que lleva a las ruinas del Convento de Los Ángeles (supuestamente fundado por San Francisco de Asís, según vimos en un indicador) y al mirador del chorro, una caída de agua de 300 metros.

La polvorienta pista sube y se retuerce de manera interminable por la montaña. Son nueve kilómetros que, la verdad, nos parecieron novecientos. Se cruza con otra pista que lleva a las ruinas del Convento, dejándolo a la izquierda, y todavía sigue hasta el mirador. No digo que el mirador no presente un bello paisaje (además, suele haber rapaces sobrevolando las rocas), pero la caída de agua se ve demasiado lejana y está bastante oscura por la tarde; y tampoco el paisaje que se contempla en el recorrido me pareció de lo mejor de la zona, al menos para que compense los 45 minutos que se tarda en llegar, con el coche tragando el polvo propio y el que levantan los vehículos con los que te vas cruzando. Sería de las visitas que yo prescindiría si no sobra el tiempo, claro que la valoración de estos recorridos siempre es muy particular.



Detalles de la cascada. Se apreciaba bastante mal por la distancia y la sombra.

De vuelta a la carretera principal, seguimos hasta la población de Caminomorisco, donde nos aprestamos a hacer cola en la gasolinera no para repostar sino para el lavado de coches, que estaba concurridísimo después del trasiego por las pistas. Mientras mi marido lavaba el coche, yo fui a buscar la oficina de turismo, situada en un edificio de construcción moderna, pero siguiendo el modelo tradicional con piedra y cubiertas de pizarra negra. Eran las 19:40 y cerraban a las 19:30, así que me quedé con las ganas y a las puertas. Queríamos encontrar el mirador del chorrito del Tajo o mirador del río Alavea, que está en las proximidades de Caminomorisco. Dimos un montón de vueltas, hasta que una señora a la que preguntamos nos indicó el camino. Está a la salida del pueblo dirección Pinofranqueado; a la derecha, junto a una tienda de muebles, hay un cartel minúsculo que señala “mirador”. Pero nuestro gozo en un pozo cuando vimos otra pista polvorienta. No nos hubiera importado seguir a pie de haber sabido la distancia que hay hasta el mirador, pero nada lo indicaba y estaba anocheciendo, así que no quisimos arriesgarnos; y tampoco estábamos dispuestos a rebozar el coche otra vez, de modo que desistimos. Otra vez será.

Continuamos nuestro viaje y pasamos por Cambroncino. Desde la misma carretera se ve la esbelta silueta de la iglesia de Santa Catalina, del siglo XII, levantada con materiales propios de la zona y que está considerado uno de los templos más interesantes y bellos de la comarca. Estábamos algo cansados y no nos detuvimos.

Finalmente, llegamos a Vegas de Coria, donde hay una estupenda piscina natural sobre el río Hurdano. Nos alojamos en el Hostal Rural Los Ángeles, una buena elección teniendo en cuenta la relación calidad/precio. Nos costó 48 euros la noche en habitación doble con desayuno, con decoración de tipo rústico, aire acondicionado (que no nos hizo falta) y cuarto de baño completo. Aunque se oían algo las tuberías, las dos camas eran un poco pequeñas y el desayuno era muy justito, lo considero un alojamiento bastante correcto por el precio. Además, la chica de la recepción fue muy amable, nos dio un plano muy detallado y todo tipo de explicaciones para visitar la comarca, insistiéndonos especialmente en que visitásemos el mirador de Melero al atardecer. En fin, que no nos hizo ninguna falta ir a la oficina de turismo.

Cenamos muy bien en el restaurante del Hostal, que tiene buenos platos a precios razonables: cervezas, surtido de ibéricos, menestra de verduras, otro plato fuerte que no recuerdo y postre por 34 euros.

Itinerario del segundo día en Las Hurdes.


A la mañana siguiente nos dispusimos a hacer la ruta que nos habían aconsejado en el hostal y que coincidía con el itinerario que yo había trazado de antemano. Pongo el mapa arriba.

Junto a la gasolinera de Vegas de Coria sale la carretera que va hacia Nuñomoral, pasando por Rubiaco y Cerezal. Los paisajes son preciosos, con el río dibujando hermosos meandros. Desde Cerezal sale una pista hacia la presa de los Tejos, que conduce también al mirador del valle de los Tejos. Nos hubiera gustado hacer esa ruta, pero no nos daba tiempo. Así que pasamos por Nuñomoral, viendo desde la carretera su vistosa Plaza del Ayuntamiento y la Casa Consistorial, de piedra y pizarra negra. En Nuñomoral, tomamos por la izquierda la carretera que lleva al poblado de El Gasco, pasando antes por Martilandrán y La Fragosa, poblados que se asoman al río Malvellido, como balcones privilegiados sobre los espectaculares meandros. Hay que buscar sitio y detenerse para verlos, pero no siempre resulta fácil parar en la carretera; por ejemplo, el mirador de Martilandrán es mejor verlo a la vuelta del Gasco.



También recomiendo parar a la salida del pueblo de La Fragosa porque tiene unos panoramas preciosos y, desde luego, resulta imprescindible detenerse en el mirador que hay poco antes de alcanzar el poblado de El Gasco, con sus alucinantes vistas de los meandros, donde también se aprecia las terrazas construidas por los hurdanos para colocar sus huertas. Este mirador es muy amplio y está perfectamente acondicionado para poder detenerse cómodamente con el vehículo.










Siguiendo hasta el final de la carretera, se llega a El Gasco, un pequeño poblado que conserva algunas casas tradicionales hurdanas. Las mejores vistas de esas casas se obtienen cruzando el puente y continuando por la derecha.


Desde el Gasco se pueden hacer algunos recorridos a pie muy interesantes. El más conocido es el que lleva en poco más de media hora al chorrito de la Meancera. El sendero es bastante cómodo, salvo el tramo final, que se empina un poco y ya llegando a la base de la cascada, donde hay algunas rocas, pero más fáciles de salvar que las del chorrito de Ovejuela. Al final, nos encontramos con una preciosa caída de agua en escalera de unos 30 ó 40 metros; de nuevo, una gran recompensa para tan poco esfuerzo, considerando, además, el hermoso paisaje que ofrece el río durante todo el camino



También se puede subir desde aquí hasta el llamado Volcán del Gasco, donde impactó un meteorito hace uno o dos millones de años y que está declarado lugar de interés científico. Quisimos acceder allí, pero nos equivocamos de camino y en vez de eso, seguimos por el sendero que va hacia Maquilambrán. Cuando nos dimos cuenta del error, media hora después, estábamos en el puente que lleva a La Fragosa. Tampoco es que nos importase mucho porque entre cerezos cargados de riquísima fruta, el sendero enseña desde abajo el río y los meandros que se ven desde la carretera, en un recorrido muy bonito y solitario, ya que por allí no nos cruzamos con nadie, Sin embargo, consumimos el tiempo que teníamos para haber subido al volcán.


Volvimos a El Gasco para comer. Solamente vimos un mesón, donde nos dijeron que únicamente podían ofrecernos ensalada y carne. Como ya era tarde, teníamos hambre y pocas ganas de coger el coche para ir a la aventura de encontrar otro restaurante, nos quedamos. Dos coca-colas, tinto de verano, ensalada grande muy completa, surtido de carnes a la parrilla con patatas, helado, fruta y dos cafés cortados, 24 euros. No era lo que hubiésemos querido, pero tampoco estuvo mal.

La carretera termina en El Gasco, así que dimos la vuelta hasta Nuñomoral y allí seguimos en dirección Casares de las Hurdes, donde paramos unos minutos para ver la Plaza del Ayuntamiento, algunas casas típicas y, sobre todo, el campanario (sin iglesia) que llamaba a reunión a los habitantes del pueblo. Esta población está considerada como el Balcón de Las Hurdes y ofrecen estupendos miradores, como el de las Estrellas (mirador nocturno).


Por esta zona, nos quedamos con las ganas de hacer una ruta a pie hasta la presa de la Majá Robledo y alrededores (SL-CC 232), donde parece que hay unos paisajes lunares increíbles. Para quien le interese, la ruta tiene 9 kilómetros ida y vuelta y dura unas dos horas y media. Parece que se puede ir en coche hasta la presa por una pista. Pero no había tiempo para todo, otra vez será.


Desde Casares de las Hurdes, se continúa en una continua ascensión, que culmina en lo alto de la montaña, con el mirador de las Carrascas. Allí comenzamos el descenso hacia las Mestas, pasando por Riomalo de Arriba, el Ladrillar y Cabezo, continuando con unos paisajes realmente bonitos.


En Las Mestas teníamos nuestro segundo alojamiento, esta vez en la Hospedería, un parador patrocinado por la Junta de Extremadura, con categoría 4 estrellas, y que nos costó 60 euros una noche, sin desayuno. Ocupa el edificio de una factoría que se construyó con motivo de la visita de Alfonso XIII y que se ha restaurado convenientemente. Está muy bien, tiene buenas instalaciones y la ubicación es magnífica. Nos gustó la carta del restaurante y reservamos para cenar. Entretanto, fuimos al poblado para dar una vuelta y ver el árbol más famoso del lugar, un gran enebro de unos 300 años de antigüedad, que está en un terreno particular, muy cerca de la iglesia



Tras hacer unas compras de productos típicos, seguimos por la carretera que lleva a Riomalo de Abajo (unos cinco kilómetros), ya que eran las 19:30 y teníamos que estar viendo el meandro Melero sobre las ocho de la tarde, la hora que nos habían aconsejado.

En Riomalo de Abajo, llegando al puente, justo donde está el límite entre las provincias de Cáceres y Salamanca, sale una pista a la derecha que conduce al mirador de la Antigua. Está señalizado. Al principio tiene buen firme, pero en un kilómetro se convierte en dos pistas de tierra, la de la izquierda baja al embalse y la de la derecha lleva al mirador. Como eran un par de kilómetros, decidimos subir a pie y dejar el coche descansando. El camino es cómodo, pese a que a la ida es subida; lo peor es el polvo que levantan los coches que te adelantan por la pista. Llegando cerca del mirador, se empieza a ver el meandro y se obtienen unas vistas fantásticas: si os gusta andar, mejor a pie. Lo malo fue que se me acabó la batería de la cámara justo en el momento que divisamos el meandro. Me había dejado las de reserva en el coche, con lo cual ante el berrinche que pillé, mi marido se ofreció muy galantemente a bajar al coche a por la batería; para volver a subir, ya trajo el coche. El resultado de mi despiste fue que, al final, terminamos todos rebozados de polvo: nosotros y el coche; entretanto oscureció un poco más de lo debido para tomar las fotos del meandro. Sin embargo, el paisaje es impresionante. Y, tal como nos habían aconsejado, es mucho mejor verlo por la tarde.


Cenamos en el restaurante de la Hospedería. Nos atendieron muy bien y quedamos bastante satisfechos con la cena. Yo pedí un menú de 15 euros (sopa de tomate, bacalao ajoarriero y hojaldritos) y mi marido, a la carta (ensalada de perdiz, bacalao al pil pil y torrija caramelizada); con bebidas y una botellita de cava incluida, pagamos 45 euros, lo cual no nos pareció demasiado para estar en un establecimiento de 4 estrellas.

Al día siguiente, de regreso ya hacia Madrid, fuimos desde Las Mestas por la carretera SA-201, que lleva a La Alberca. Previamente, se pasa por el Parque Natural del Valle de las Batuecas, con un paisaje realmente precioso. Hay un par de aparcamientos donde dejar el coche, para hacer unas bonitas rutas a pie, por unas pasarelas de madera, junto al río y entre una espesa vegetación. En apenas 1.500 metros se llega al Convento de San José de las Batuecas, del que solamente se puede ver la puerta de entrada exterior ya que es de clausura y sólo es visitable previa reserva de alojamiento. La ruta continúa un kilómetro más, por un camino en ascenso y ya menos cómodo hasta una gruta con pinturas rupestres. Sin duda hubiese merecido la pena llegar hasta allí, pero no podíamos entretenernos más. En otra ocasión, incluiremos en nuestro itinerario las pinturas y grabados rupestres que dejamos de lado en esta visita a Las Hurdes por falta de tiempo.


En lo alto del Puerto del Portillo hay un espectacular mirador hacia La Alberca y la Sierra de Francia; sin embargo, no es el mejor para contemplar el Valle de las Batuecas. Es preferible detenerse antes de coronar el puerto para hacer la foto. Para ello, hay un apartadero muy interesante en una curva del P.K. 25.4 de la carretera SA-201.

Mirador hacia las Batuecas.

Mirador en el Puerto del Portillo hacia la Sierra de Francia y La Alberca.

Como resumen decir que nos gustó muchísimo la zona, especialmente en su aspecto de paisaje. Los pueblos son pequeños, pero agradables, ubicados en lugares realmente bellos y casi todos cuentan con pozas o piscinas naturales para darse un buen baño en verano; pero no se trata de poblaciones de tipo medieval ni cuentan con monumentos destacados. Hay buena gastronomía, si bien bastante limitada a los productos de la zona; y los precios son realmente ajustados tanto en los alojamientos como en los restaurantes. Recomiendo especialmente esta comarca a los amantes de la naturaleza. Y como recuerdo muy especial me queda esta preciosa foto:

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Ver Etapa: LAS HURDES (Cáceres). Extremadura en verde y agua.




Etapa: LA VERA (Cáceres). Ruta otoñal por sus pueblos y su espectacular naturaleza.  -  Localización:  España España
Fecha creación: 14/11/2015 00:40  
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Lo que en principio iba a ser solamente una visita al Monasterio de Yuste de paso hacia Cáceres capital durante el puente del 9 de noviembre (día de la Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid y, por tanto, festivo), se convirtió en una pequeña escapada de día y medio. No podíamos estar más tiempo si queríamos visitar la capital cacereña con un poco de tranquilidad, así que decidimos pasar en La Vera una de las dos noches de hotel que teníamos previsto hacer en Cáceres capital.

La Comarca de la Vera es conocida por su pimentón, uno de los mejores del mundo (a mi es el que más me gusta, por cierto) y también por sus cultivos de tabaco. Además, goza de una naturaleza privilegiada, ya que se encuentra en las estribaciones de la sierra de Gredos, lo que le proporciona abundancia de aguas, en forma de arroyos y ríos, cuyas aguas bajan formando gargantas (dicen que hay cerca de 50 en toda la comarca) y cascadas. Por eso, casi todos los pueblos tienen pozas que han convertido en piscinas naturales muy concurridas durante el verano, aunque tampoco se trata de una zona demasiado masificada. Todo esto explica que sea un buen lugar para realizar rutas de senderismo, con un paisaje espectacular sobre todo en primavera con el deshielo y, sobre todo, a mediados del mes de marzo con la floración de los cerezos. También resulta muy bonito en otoño, tras las primeras lluvias que aumentan el caudal de las gargantas, y por el colorido que aportan los árboles de hoja caduca, como robles y castaños. Si a todo esto unimos una buena gastronomía, unos precios contenidos y unos pueblos muy bonitos, tenemos la receta perfecta para una muy satisfactoria visita turística. Al menos eso pudimos deducir de lo que nos contaron y de la información que conseguimos antes de hacer el viaje, que preparamos intentando ver lo más interesante en el poco tiempo que teníamos disponible.

Salimos temprano para evitar en lo posible la salida masiva que se esperaba en las carreteras madrileñas al coincidir el puente de tres días con un tiempo estupendo en casi toda España pese a estar ya en noviembre. Para recorrer los primeros kilómetros (los más complicados), fuimos por la autopista radial de peaje R-5 (no lo solemos hacer, pero dimos por bien empleados los 2,75 euros para no perder unos minutos preciosos en atascos, sobre todo con los días tan cortos que tenemos ya). Al retomar la A-5 había bastantes vehículos, pero circulamos sin problemas hasta Oropesa, donde salimos a la carretera CM-5102, que nos llevó directamente a nuestro primer destino en La Vera. Habíamos recorrido los 188 kilómetros en poco menos de dos horas. A partir de aquí, seguiríamos la carretera EX-203, que une uno tras otro los pueblos más importantes de la comarca.

Sierra de Gredos, llegando a Madrigal.

MADRIGAL DE LA VERA. (Puente romano y gargantas de Alardos).

Es el primer pueblo de la comarca de La Vera con que nos encontramos viniendo en sentido este/oeste. Después de tomar unos cafés y un pincho de tortilla en el Hostal Victoria, fuimos caminando hasta el “Puente Romano”, una de las estampas típicas de los folletos turísticos de esta zona. También llamado “Puente Viejo”, forma parte de la calzada romana que unía (y une) Plasencia, el Puerto del Pico y Ávila, al menos eso se cree, aunque ha sufrido numerosas reconstrucciones y no hay seguridad absoluta de que realmente se trate de una construcción romana. Actualmente solo tiene un ojo, pero es posible que en otros tiempos tuviese más, ya que hay un hueco recubierto con piedras. En cualquier caso, romano o medieval, lo cierto es que da una foto perfecta sobre las aguas de la garganta de Alardos, que corrían impetuosas aquella radiante mañana otoñal. Confirmando nuestras esperanzas, las muy abundantes lluvias de la semana anterior proporcionaban un caudal extraordinario a las gargantas, lo que aseguraba un magnífico espectáculo natural.

Gargantas de Alardos.



No es muy fácil encontrar el puente si no se conoce el camino, así que mejor preguntar o hacerse con un pequeño mapa, ya que aunque está cerca de la carretera, no se ve a simple vista. Hay que llegar a la carretera que une Madrigal con Candeleda, saliendo de Madrigal, como a un kilómetro, a la izquierda. Se puede ir caminando desde el centro del pueblo (Ayuntamiento) por el Antiguo Camino del Puente Viejo, se tarda unos diez minutos. Las vistas eran magníficas y llamaba la atención la cantidad de naranjos que había en calles y huertos, lo que dice mucho del buen clima de la comarca. Nos quedamos con ganas de emprender alguna de las caminatas que se anunciaban, pero ése no era el objetivo de este viaje y tendría que esperar a otra ocasión.




Pero no hay que conformarse con tomar la foto del puente, hay que llegar a él y cruzarlo para ver el espléndido panorama que proporciona la garganta y la vista de la sierra de Gredos, con el Pico Almanzor, que lucía sus primeras nieves.




VILLANUEVA DE LA VERA. (Cascada del Diablo).

Siguiendo la carretera EX-203, apenas a 10 kilómetros, estaba nuestro siguiente punto de atención. Poco antes de llegar al pueblo, en una amplia curva, al cruzar la garganta de Gualtaminos, a la izquierda, veremos un cartel señalando el mirador de la cascada del Diablo. Se deja el coche en el pequeño aparcamiento y se va caminando por un sendero habilitado con barandillas y tablones. Existe un mirador y un pequeño circuito con escaleras, que va recorriendo la cascada. Serán unos doscientos metros y se tarda como un cuarto de hora.






La cascada estaba realmente espectacular con las lluvias caídas la semana anterior. Merece muchísimo la pena detenerse en este lugar y admirar la impetuosa caída del agua. Esta cascada fue incluida en una lista de las 10 mejores cascadas de España en época de deshielo. Si ahora estaba así, en las mejores circunstancias debe ser increíble. Lamentablemente, no tuvimos tiempo de pararnos a conocer el pueblo, en el que como en todos los de la comarca, destaca la Plaza Mayor, la arquitectura de sus casas de piedra, madera y adobe, con amplias balconadas de madera adornadas con flores; también se puede visitar las Iglesias de Nuestra Señora de la Concepción y la de los Santos Justo y Pastor, ambas del siglo XVI. En Carnaval, es típico el Pero Palo, un muñeco de paja que termina ajusticiado.

Cascada del Diablo.



Volvimos a la EX-203 y envueltos por un paisaje precioso, en un día ideal de luz y temperatura, pasamos por Valverde de la Vera, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1971. Dicen que es uno de los pueblos más bonitos de la zona y su Plaza Mayor es una muestra perfecta de la arquitectura de la zona. Pudimos ver a la izquierda, los restos de la torre de su castillo (del siglo XIV), que debe proporcionar unas magníficas vistas hacia el valle. Adosada a la fortaleza, se encuentra la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Fuentesclaras, del siglo XVI. También es conocida esta población por la figura de los “Empalaos”, una procesión que tiene lugar desde hace varios siglos en Semana Santa. Se trata de hombres que, normalmente atendiendo a una promesa, colocan un madero atravesado sobres sus hombros y se lo enroscan al cuerpo desnudo con sogas de esparto. Llevan en la nuca dos sables cruzados, la cabeza cubierta con un velo y encima una corona de espinas, y con los pies descalzos recorren el Vía Crucis.

LOSAR DE LA VERA (Garganta de Cuartos).

Este fue el siguiente pueblo por el que pasamos. Además del atractivo que le confieren su emplazamiento y su arquitectura, ha añadido un elemento peculiar, que se puede admirar a simple vista, circulando por la carretera, que constituye también su principal avenida: sus jardines, que se han convertido en una especie de museo al aire libre de esculturas vegetales con formas geométricas, de animales, cestos, coronas… Resulta muy curioso y llama la atención simplemente circulando, desde la propia carretera. Nos hubiese gustado parar unos minutos y dar un paseo tranquilamente por las aceras, contemplando las elaboradas figuras, pero de nuevo por falta de tiempo tuvimos que conformarnos con tomar unas fotos al vuelo.




Sí que paramos unos minutos para ver el puente sobre la garganta de Cuartos, que se supone se construyó a mediados del siglo XVIII. También hicimos una cortísima ruta de 100 metros por un sendero que recorre la garganta hasta otro pequeño puente. Tal como bajaba el agua, era un placer pararse a contemplar cualquiera de ellas.




A continuación, aparecimos en Jarandilla de la Vera, situada en la parte central de la comarca y con casi tres mil habitantes es el segundo municipio más poblado de La Vera. Tiene como principal atractivo el castillo del siglo XV que fue propiedad de los Condes de Oropesa, en el que se alojó el emperador Carlos V en noviembre de 1556, mientras aguardaba a que se terminasen las obras de su última residencia en el Monasterio de Yuste. Actualmente es Parador Nacional y, excepto el Patio de Armas, no se puede visitar salvo clientes alojados. Esta población también cuenta con piscinas naturales y se puede ver un puente de origen romano sobre la garganta Jaranda.

Siguiendo nuestro viaje, vimos el desvío hacia la población de Guijo de Santa Bárbara, la más alta de toda la comarca, a 900 metros de altitud. Sabemos que cuenta con unas vistas sensacionales y rutas de senderismo espectaculares, como la que conduce al charco de Trebuquete y la ermita de Nuestra Señora de las Nieves. De nuevo la misma coletilla: en otra ocasión.

En sucesión, aparecieron después Aldeanueva de la Vera, Cuacos de Yuste (adonde volveríamos más tarde) y Jaraíz de la Vera, la capital comarcal, famosa por su pimentón, los cultivos de tabaco y los higos. Tiene una importante zona de baño en la Garganta de Pedro-Cha-te, conocida como el Lago.

GARGANTA LA OLLA.

Este es uno de los pueblos más interesantes de La Vera y que hay que visitar detenidamente, si es posible. Tampoco es que lleve horas, pero merece la pena fijarse en sus casas y leer las explicaciones que ofrecen los carteles informativos. Ya en la Edad Media se conocía a esta población como “Ad Fauces”, “junto a las gargantas”. Se encuentra entre dos gargantas, la Mayor y la de San Blas. Este municipio fue incorporado al Reino de Castilla por Alfonso VIII a finales del siglo XII. En 1982 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico y es uno de los pueblos más bonitos de toda la comarca, tanto por su arquitectura como por su espectacular entorno natural.


Llegamos desde Jaraíz de la Vera, de donde dista apenas 5 kilómetros, tomando la carretera CC-17.3. Lo mejor es aparcar el coche en el parking municipal que está al lado de la carretera que, saliendo a la izquierda, conduce al Monasterio de Yuste. Aquí hay un plano turístico del pueblo, con los lugares más destacados para visitar. Viene bien echarle un vistazo. Esta es la foto del cartel.


Como apenas faltaban un par de minutos para las tres, fuimos a toda prisa hasta el restaurante Los Leones, en la calle Llana núm. 7, donde teníamos reserva, ya que no quisimos arriesgar a quedarnos sin sitio al ser fin de semana. Y fue un acierto porque estaba completo y había ya varias personas preparadas para ocupar nuestra mesa. Comimos bastante bien, el menú del día costaba 16 euros, lo malo es que ya se les había acabado algunos de los platos recomendados, pero lo que tomamos estaba muy bueno: ensalada de tomate con salsa de pimentón de la vera, revuelto de trigueros y boletus, cabrito asado y secreto ibérico. La comida nos costó 39 euros con vino, agua, postres y cafés. Por cierto que en la misma calle del restaurante hay rincones así de atractivos:


Cuando terminamos, dedicamos un buen rato a recorrer el pueblo, que como he dicho antes es muy bonito y resulta muy agradable recorrer todos sus rincones. Estos son los sitios que no hay que perderse.

La calle del Chorrillo, que termina en la Plaza Mayor. Aquí hay varios lugares muy interesantes:

Calle del Chorrillo:

- la Ermita del Cristo del Humilladero (siglos XVI y XVII),
- la Fuente del Chorrillo (sobre ella está el aparcamiento que he citado anteriormente)
- la Casa de Postas, que data de 1576, como está grabado en la columna que según pudimos leer también sirve para indicar el nivel del agua de lluvia en las calles:
- la Casa de Feliz Mesón Gómez, de cuyo escudo se borró el símbolo de la Inquisición al ser abolida.
- La Casa de las Muñecas, un antiguo prostíbulo al que acudían algunos de los miembros del séquito del emperador Carlos V, mientras residió en el Monasterio de Yuste. Una muñeca con traje de la época esculpida junto a la entrada, la balconada de madera y el llamativo color azul eran signos evidentes de su cometido.

Arriba: izquierda, Ermita del Cristo del Humilladero, derecha, Casa F.Mesón Gómez
Abajo: Casa de Postas

Casa de las Muñecas.

En la Plaza Mayor, está el Ayuntamiento, en cuyo lado derecho, casi escondida bajo el soportal, se encuentra la picota del suplicio. También destacan la Casa Parroquial del siglo XVIII y la fuente, típica de todos los pueblos de la Vera.


En la calle del Toril se encuentra el Museo de la Inquisición, siguiendo por la calle Grandas, llegamos a la Iglesia de San Lorenzo, con torre renacentista de estilo herreriano, y que mezcla varios estilos dada la época en que se construyó, finales del siglo XV hasta mediados del XVI. Para ver el interior, una señora se nos ofreció desde un balcón para enseñárnosla pues es quien tiene la llave, pero nos pareció un poco violento hacerle salir de casa en hora de siesta, así que le dijimos que en otra ocasión..

Volvimos a la calle Llana (la del restaurante) y seguimos de frente, hasta que nos encontramos con un indicador (a la izquierda) del Barrio de la Huerta, donde se puede ver la rehabilitación realizada por Bellas Artes hace unos años, recuperando algunas viviendas y construyendo otras al estilo de la tradicional arquitectura verata, con columnas de madera apoyadas sobre piedras que sujetan la estructura y la balconada.Siguiendo la calle de la izquierda, subimos unas escaleras hasta salir a la carretera que lleva al Monasterio de Yuste, desde donde se ven unas bonitas vistas del pueblo. Volviendo a la calle Llana, más adelante nos encontramos con la Casa natal de Don Pedro de Carvajal, que fue virrey de Nápoles y donde cuentan que también nació y vivió Isabel de Carvajal, la Serrana de la Vera. Más adelante, nos encontramos una fuente de tres caños; y un puente romano casi cubierto por la vegetación, ya sobre la garganta.


Un poco más adelante, a la izquierda, hay una flecha que señala la dirección hacia la Casa de la Peña, una de las más curiosas y significativas de todo el pueblo, ya que se trata de uno de los mejores ejemplos del aprovechamiento del espacio por la arquitectura de la Vera, ya que se saca una habitación apoyando la estructura sobre una viga de madera que se asienta encima de una roca en la misma calle.

Casa de la Peña.

Gargantas y cascadas.

Se puede ir perfectamente caminando desde el pueblo, pero como ya nos íbamos, y en esa dirección, continuamos camino con el coche por la carretera que va al Monasterio de Yuste. Apenas a un kilómetro, paramos junto al puente para ver las gargantas, donde hay unas piscinas naturales muy concurridas en verano. Ya el espectáculo desde ese mismo punto era imponente, con el gran caudal de agua que bajaba consecuencia de las lluvias de la semana anterior. Esta parte se llama el charco de las Piletillas de Abajo.


Sin embargo, no hay que conformarse con eso y merece muchísimo la pena seguir por el sendero (se sube por un camino empedrado y luego hay que acercarse por entre las piedras) hasta ver de cerca la Garganta Mayor, y después el Charco Calderón y Pilatillas Superiores, que forman unas cascadas preciosas, más bien impresionantes durante nuestra visita por las ya mencionadas lluvias. Son unos 600 metros de fantástico recorrido, que aúna los colores del bosque y el bramido del agua.





Como ya era tarde y no había demasiada luz, hicimos un trozo del camino, dejando el resto para el día siguiente. Para no dispersar el relato y la información, voy a poner fotos más oscuras (de última hora de la tarde) y con mucho sol (de la mañana siguiente), lo que tampoco eran las mejores condiciones para fotografiar cascadas. En cualquier caso, el espectáculo era impresionante.





Por el camino (eso ya fue al día siguiente) me encontré con la dueña de la granja de los terrenos adyacentes a donde corren las gargantas, me ofreció castañas que acababa de recoger y me enseñó el puente romano (tan cubierto de hiedra que apenas se puede reconocer), lamentándose de que no les dejen arreglarlo ni lo arregle nadie.







De nuevo en el coche, seguimos unos cientos de metros hasta el Mirador de la Serrana, que no pasa desapercibido por la escultura de la serrana, que contempla la estupenda panorámica que se tiene desde allí de Garganta la Olla y alrededores, particularmente bonita con los colores otoñales que brindaban al paisaje las hojas marrones de los muy abundantes castaños. Según el romance (que cuenta con diferentes versiones), se trataba de una joven alta y rubia, con apariencia de amazona o cazadora, de fuerza sobrenatural, que seduce a los hombres y los lleva a su cueva para matarlos, supuestamente para vengarse del que la deshonró y abandonó. Pongo fotos de la mañana siguiente, con mucha más luz.




CUACOS DE YUSTE.

Continuamos por la carretera EX-391, estrecha y virada, pero con buen firme y unas vistas espléndidas. Unos siete kilómetros después pasamos junto al Monasterio de Yuste, que acababa de cerrar, pues eran las seis de la tarde. Sin detenernos, seguimos unos pocos cientos de metros hasta ver, a la izquierda, el indicador del Cementerio Militar Alemán. Se trata de una auténtica curiosidad, que obliga a detenerse durante unos pocos minutos. Se trata de un cementerio que acoge los restos de más de centenar y medio de soldados alemanes de las dos Guerras Mundiales. Pongo la fotografía de la placa que explica las circunstancias que llevaron a estas personas a reposar aquí. Cada cruz muestra el nombre y las fechas de nacimiento y muerte, salvo la dedicada al soldado desconocido. Sobrecoge ver la poca edad de la mayor parte de los fallecidos y de algunos que murieron cuando faltaban apenas días para el fin de las contiendas. En fin, una muestra en miniatura de los cementerios militares que hay en Normandía: muchas menos tumbas pero la misma emotividad.




Para visitar Cuacos de Yuste lo mejor (y más sensato) es dejar el coche en los aparcamientos habilitados, incluso hay sitio al lado de la carretera. No aconsejo para nada meter el vehículo en el casco viejo del pueblo. A nosotros nos “engañó” el navegador y casi nos quedamos atorados entre las casas. Nos alojamos en el Hotel Abadía Rural de Yuste, un gran acierto. Nos gustó mucho el establecimiento, construido imitando la arquitectura de la Vera, con casas de tres plantas, con balconadas de madera y jardines con flores, donde no falta la típica fuente de caños, también dispone de aparcamiento y de una pequeña piscina. Nos dieron una habitación grande y muy cómoda, con techos con vigas de madera y suelos de baldosa rústica, y el cuarto de baño tenía incluso bañera de hidromasaje. La única pega (para nosotros no lo fue) es que había un tramo de escaleras sin ascensor. Y, lo mejor de todo, el precio: 66 euros, con desayuno incluido (¡y qué desayuno!).

El hotel.

Ya de noche, fuimos a dar una vuelta por el pueblo y a cenar. El hotel tiene restaurante, pero no teníamos demasiada hambre y fuimos a un bar, un poco más adelante, en la misma carretera. Tres cervezas, una tabla de ibéricos y quesos y un postre de queso con membrillo nos costó 19 euros. Dejo algunas fotos de nuestro paseo nocturno por el pueblo. También fuimos a ver la escultura dedicada a Carlos V, que está en la misma carretera que va al Monasterio de Yuste. Se ve muy bien si se va de Cuacos a Yuste, si se viene en sentido contrario, se pasa por alto con mucha facilidad. De reciente construcción, es obra del escultor mejicano Carlos Terres.





A la mañana siguiente, desayunamos en el hotel (estaba incluido en el precio). Había de todo y todo buenísimo: además de bebidas calientes, ofrecían bollos, embutidos (también jamón), huevos, mantequillas, mermeladas, tomate para el pan, tostadas de molde o de pan que nos hicieron en el momento al igual que el zumo de naranja natural, fruta, yogures… Muy completo, teniendo en cuenta el precio total. Además, nos regalaron una lata de pimentón (de la Vera, naturalmente) y el agua que habíamos tomado del minibar. Amabilísimo el chico que atendía el bar, el restaurante y la recepción, todo al tiempo, lo que resulta lógico teniendo en cuenta que era temporada baja. Un alojamiento muy recomendable, ideal para pasar una noche… o más.

Luego, hicimos la visita diurna por Cuacos, de la que se puede destacar:

- La Plaza de Juan de Austria, semicircular y porticada, que está siendo rehabilitada. Entre otras de la época, se conserva la casa en la que residió Juan de Austria, el hijo natural del emperador Carlos V, quien quiso conocerle y al que vio varias veces durante su estancia en el Monasterio de Yuste.

Casa donde vivió Juan de Austria (Jeromín).

La plaza está construida sobre unas rocas, lo que le otorga más altura con respecto al resto del pueblo. Una de las rocas se ha habilitado a modo de mirador y también sirve de base a una de las cuatro fuentes de caños con que cuenta Cuacos, ésta data de 1891.


- La Plaza Mayor o Plaza de España, la más grande de los pueblos de la comarca. Allí se encuentra el Ayuntamiento, está parcialmente porticada y en su centro hay otra fuente con pilón. Parece que alguno de sus pilares se trajeron del Monasterio de Yuste durante la desamortización de Mendizábal. Es una plaza muy bonita, pero pierde gran parte de su encanto por la manía de utilizar estos espacios como aparcamientos. En fin, quizás opinase de otra forma si yo fuera vecino del lugar y no tuviera dónde dejar el coche.


- Continuamos por la calle Teodoro Perianes, donde hay varias casas del siglo XVI, entre las que destaca la de Rafael Castaño y su típica ventana medieval con dos arcos de piedra.


- En esta y otras calles adyacentes, se pueden ver varias casas pintadas de colores, parece ser que al gusto flamenco del siglo XVI. También encontramos otra fuente de caños.



- En un extremo del pueblo se encuentra la Iglesia de la Ascensión, cuyo origen se remonta al siglo XIII, cuando solo existía la torre, una fortaleza militar y la capilla. Después se fueron añadiendo otros elementos hasta adquirir el aspecto que hoy presenta. Estaban haciendo obras de acondicionamiento en los alrededores, por lo cual no era sencillo sacar alguna fotografía con buena perspectiva. Cuando fuimos, estaba cerrada y no pudimos ver el interior.


- Y, al fin, llegamos a la “joya de la corona”, al menos en mi opinión: la Plaza de la Fuente de los Chorros, una plaza muy pequeña, pero encantadora, con la fuente en el centro, y a su alrededor varias casas de madera y piedra, adornadas con flores, un palacio y un muro cubierto de hiedra. Además, está prohibido aparcar (¡bien!); pero como no hay dicha completa, en la tercera de mis visitas a este lugar único (hubiera permanecido en aquel remando de paz minutos y minutos, oyendo el sonido del agua de la fuente), había un coche allí plantado.




- Para finalizar, nos acercamos hasta la zona de las Gargantas (las Ollas) y vimos el puente romano. Esto ya en las afueras del pueblo, por la carretera que conduce a la piscina municipal. También anduvimos un rato por la zona de Valfrío, contemplando el bonito paisaje otoñal que proporcional castaños, robles y cerezos. Pasamos también junto a la Ermita de la Soledad, desde donde hay muy buenas vistas de Cuacos, pero no nos detuvimos porque ya íbamos justos de tiempo.[/align]


EL MONASTERIO DE LOS JERÓNIMOS DE YUSTE.

Está a menos de dos kilómetros de Cuacos, por la carretera EX-391, en dirección Garganta la Olla. Si se tienen ganas y tiempo se puede llegar caminando, pero como no era el caso, fuimos con el coche hasta el pequeño aparcamiento situado junto a la cuneta y que se colapsa cuando hay gran afluencia de turistas, lo que hace que muchos aparquen en una curva, sobre la misma carretera con el consiguiente peligro de accidentes.


El Monasterio pertenece a Patrimonio Nacional y cuesta 7 euros la entrada general (parece que hasta hace poco eran 9 euros y han tenido que abaratarlo por las muchas quejas recibidas). Si se quiere audio-guía, creo que son 4 euros más. También hay visitas guiadas. Los lunes está cerrado. De martes a domingo el horario es: de octubre a marzo, de 10:00 a 18:00, y de abril a septiembre, de 10:00 a 20:00, en ambos periodos con acceso hasta una hora antes del cierre. La visita por libre (la que hicimos nosotros) dura unos 50 minutos. Hay paneles informativos en todas las salas. No se puede hacer fotos en el interior de las estancias; sí está permitido en los dos claustros y en las terrazas.




La historia del Monasterio se remonta a 1402, en que se construyó un cenobio y posteriormente el edificio que hoy se conserva para alojar en régimen de vida contemplativa a los ermitaños, acogidos después en la Orden de San Jerónimo. En 1556, el emperador Carlos V decidió abdicar y retirarse a un monasterio. Se dice que escogió el de Yuste por el buen clima de la Vera y porque el paisaje le recordaba a su Flandes natal. Sin embargo, esa nueva vida monacal y austera del emperador, no significó un retiro total del mundo, pues celebraba audiencias y llevaba consigo un séquito de más de 70 personas, que requirió una ampliación del monasterio. Carlos V aguardó en el Castillo del conde de Oropesa, situado en Jarandilla de la Vera, a que terminasen las obras de la Casa-Palacio que hizo, adosada al monasterio, adonde se trasladó el 13 de febrero de 1957. Durante su estancia en el monasterio, recibió numerosas visitas, entre ellas las de Felipe II, y conoció a su hijo natural, Juan de Austria. Falleció el 21 de septiembre de 1958 a causa del paludismo que había contraído por la picadura de un mosquito proveniente de las aguas estancadas del estanque que había mandado construir en los jardines del monasterio.


El Monasterio de Yuste fue incendiado durante la Guerra de la Independencia contra los franceses y con la Desamortización de Mendizábal, salió a pública subasta, quedan en una situación de deterioro y abandono que duró hasta mediados del siglo XX, en que se acometió su reconstrucción.
El Monasterio de Yuste consta de dos partes bien diferenciadas: por un lado el convento, formado por la iglesia y dos claustros, uno gótico y otro renacentista. La iglesia y el claustro gótico son del siglo XV, el resto de construcciones datan del siglo XVI. En la cripta hay un hueco, como un nicho, donde el emperador quería que se depositara el ataúd con sus restos. Sin embargo, no se respetó su deseo, ya que primero fue enterrado en la iglesia y después su hijo Felipe II lo trasladó al Monasterio de El Escorial.


La Casa-Palacio del Emperador es una construcción sencilla, que consta de un pasillo y varias estancias situadas en paralelo a ambos lados. Se puede ver el estudio, un mirador donde se sentaba el emperador a ver el jardín desde un sillón con un soporte articulado para mantener la pierna en alto pues padecía de gota, una sala de audiencias, su alcoba, construida junto al Coro de la Iglesia, lo que le permitía asistir a misa desde su propia cama, a través de un balcón.


Son muy bonitos los jardines, que se pueden contemplar desde la terraza que comunica el claustro renacentista con la vivienda del emperador, aunque no se puede pasear por ellos. El otoño añadía una bella nota de color a los edificios y al paisaje.


Respecto a la visita, he oído comentarios de todo tipo, incluso hay quien la considera decepcionante y que no merece la pena por el precio ya que no hay demasiados objetos originales pues muchos se perdieron en los incendios y buena parte de los cuadros son copias, ya que los originales se devolvieron a las colecciones reales a la muerte del emperador. Sin embargo, a nosotros nos gustó la visita y creemos que merece la pena ver el Monasterio de Yuste. En cuanto al precio, la verdad es que he visto auténticas ruinas a un precio más alto.

Después fuimos por la misma carretera hasta Garganta la Olla, volvimos a detenernos en el Mirador de la Serrana e hicimos, de nuevo, el sendero por las gargantas, que seguían estando tan especulares como la tarde anterior, ahora a plena luz del día. Esto ya lo he contado antes, pero no me resisto a mencionarlo de nuevo, porque si le enseñamos a alguien estas fotos, pocos acertarían que están tomadas en Extremadura:


No era nuestra idea inicial, pero nos habíamos entretenido mucho con las cascadas (no nos importó en absoluto), y se nos hizo tarde. Así que fuimos a comer a Jaraíz de la Vera, parando en el primer restaurante que vimos con sitio libre, y que resultó ser uno de los mejores de la comarca (según leímos después). Se llama La Finca, está en el Hotel Villa Xarahiz, y tiene un comedor y una terraza con unas vistas increíbles de gran parte de la comarca, que lucía más bonitas aún en un día espléndido de sol. Es un algo caro, pero nos atendieron de maravilla y nos gustó mucho la comida. Preparan platos extremeños bastante elaborados y con un toque moderno. Hay un menú degustación por 35 euros, pero requería reserva previa. Así que pedimos croquetas de corvina a la gaditana, crema de calabaza con torta del casar, consomé de ave con verduras, pulpo con una salsa de pimentón y venado con pasta fresca y salsa de cerezas. Los postres estaban exquisitos: tarta de chocolate con cerezas al ron, y perrunillas con helado, queso de cabra y moras.

La Vera desde un mirador en Jaraíz.

Ahí acabó nuestra escapada otoñal a la comarca de La Vera. Espero que pronto pueda haber otra escapada, esta vez primaveral, para visitar los pueblos que nos faltan y recorrer con más tiempo esos hermosos parajes, a ser posible con los cerezos en flor, que debe ser algo espectacular, como esta imagen de las cascadas en Garganta la Olla.

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Ver Etapa: LA VERA (Cáceres). Ruta otoñal por sus pueblos y su espectacular naturaleza.




Etapa: 2 días en CÁCERES (CIUDAD) y su centro histórico Patrimonio de la Humanidad.  -  Localización:  España España
Fecha creación: 11/12/2015 22:20  
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Cáceres, la llamada “capital de la Alta Extremadura” tiene un patrimonio monumental excepcional, con uno de los conjuntos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento más completos del mundo, lo que la llevó a ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986.

Se encuentra a 298 kilómetros de Madrid, distancia que se recorre en unas tres horas, cómodamente por autovía. Hay que ir por la A-5 (autovía de Extremadura) hasta las inmediaciones de Trujillo, donde se toma la A-58, autovía autonómica que une Trujillo con la capital provincial.

Poblada desde épocas remotas, como lo prueban las pinturas rupestres paleolíticas de la cueva de Maltravieso, guarda también vestigios de su pasado romano, ya que la actual ciudad se desarrolló a partir de la colonia Norma Caesarina, fundada hacia el año 25 a.C. por el Cónsul Lucio Cornelio Balbo. Se conservan inscripciones, esculturas y un trozo de la muralla construida entre los siglos III y IV, de la que destaca la puerta oriental, conocida como El Arco del Cristo. Después de siglos de abandono, la conquista musulmana significó un nuevo auge para Cáceres, que se convirtió en bastión muy importante en el acceso a la cuenca del río Guadiana. De la época almohade se conserva parte de la muralla con varias torres del siglo XII y el aljibe del antiguo alcázar, que hoy en día se localiza dentro del Palacio de las Veletas. Con la Reconquista cristiana y, especialmente, en los siglos XIII y XIV, algunas familias nobles de más al norte empezaron a construir en Cáceres casas y palacios de carácter austero y signo defensivo, si bien la mayor parte de los edificios destacados de la ciudad datan de los siglos XV y XVI; en especial en esta última centuria se vivió un gran auge en la construcción debido a la llegada de riquezas de tierras americanas, ya que muchos de los conquistadores eran extremeños.

También es interesante mencionar que las torres de la mayor parte de los palacios fueron desmochadas por orden de los Reyes Católicos como castigo a los nobles que se opusieron a su causa durante sus luchas contra los partidarios de Juana la Beltraneja. En el siglo XVII la ciudad vivió una profunda crisis, algo mitigada en el siglo XVIII, pero que no supuso ningún cambio significativo en su trazado hasta principios del siglo XX. Actualmente, Cáceres cuenta con cerca de 100.000 habitantes, pero mantiene perfectamente definido su casco histórico, a salvo de excesos tráfico, tiendas de recuerdos o terrazas de bares y restaurantes, lo cual parece un completo acierto porque contribuye a mantener la ciudad medieval tal cual fue y permite al visitante realmente hacerse la ilusión de estar en otra época.
Con el aliciente añadido de ser la capital española de la gastronomía en 2015, después de muchos años de una visita muy rápida, volvíamos con muchas ganas a Cáceres, sin recordar apenas nada más que su Plaza Mayor, y eso gracias a una foto de entonces que todavía conservo. En aquella época, aún se podía aparcar allí libremente, lo que, por fortuna, ya no sucede.

Teníamos alojamiento para una noche en el Hotel Iberia Plaza Mayor, de una estrella, pero que cuenta con una excelente ubicación y unos comentarios bastante positivos, en general, en internet. Además, nos llamó la atención el establecimiento, una antigua casa-palacio del siglo XIX, cuyos salones y escaleras están decorados con muebles de la época. El edificio fue reconstruido en 2007 y convertido en un hotel de 38 habitaciones. Está en la calle Pintores, que hace esquina con la Plaza Mayor, y algunas de sus habitaciones se asoman a ella; no la nuestra, que contaba con dos balcones a sendos callejones laterales nada bonitos, la verdad. Tiene aparcamiento concertado con el parking de la plaza Arzobispo Galarza, a unos 100 metros del hotel: cobran 10 euros por 24 horas de parking. El precio de la habitación era sumamente tentador, 55 euros por noche con desayuno incluido (muy correcto, por cierto). Nos pareció una relación calidad/precio muy buena pues con una estrella tiene casi de todo (lujos, no, naturalmente): está limpio, las habitaciones y el cuarto baño son amplias, las camas cómodas y cuenta, incluso, con aparato de aire acondicionado. Tiene “peros”, claro: se escuchan las tuberías, los desagües y las conversaciones de las habitaciones contiguas, lo cual no nada que no pase en otros muchos hoteles de mayor categoría. Tampoco tiene ascensor y no es posible llegar hasta el hotel en coche. Lo menciono porque a nosotros no nos importa demasiado, pero puede ser un problema para personas con dificultades de movilidad, o a quienes no les guste caminar o lleven mucho equipaje. En términos generales, nosotros quedamos satisfechos.


Ni que decir tiene que para visitar el casco histórico hay que olvidarse completamente del coche, ya que está prohibida la circulación de vehículos no autorizados en todo el recinto amurallado, lo cual es un todo un acierto. Se puede intentar buscar aparcamiento en la calle, pero no estábamos para perder minutos preciosos buscando un hueco por el centro, algo sumamente difícil y más en domingo. Así que fuimos directamente al parking de la Plaza Arzobispo Galarza, que como he mencionado tiene un acuerdo con el hotel. Se entrega el ticket en la recepción del hotel, donde te rellenan un vale que se da en la ventanilla del aparcamiento cuando te llevas el coche. El precio son 10 euros por cada 24 horas y se abona en el hotel, junto con la habitación. Por cierto que desde la terraza de este aparcamiento, en la parte superior, se contempla una vista estupenda de Cáceres, tanto de día como de noche. Vale la pena acercarse, aunque no se estacione allí.


El centro histórico no es demasiado grande y se puede recorrer cómodamente en una jornada salvo que se quiera entrar en los museos, incluso necesitarán menos tiempo quienes solo pretendan conocer lo esencial o dar un simple paseo, lo cual por si solo ya resulta gratificantes ya que casi todo en la ciudad medieval es notable. Realmente resulta difícil toparse con alguna casa o construcción que no tenga algo destacado, un balcón, un blasón, una reja, un matacán, una puerta en arco de medio punto con dovela, una ventana geminada… Hay que verlo. Y antes de empezar, un pequeño glosario con los términos más utilizados al comentar la arquitectura típica de las casas y palacios cacereños. Aunque será innecesario para muchos, creo que no estorba ponerlo aquí.

-Matacán: construcción en lo alto de un muro, de una torre o de una puerta fortificada para defender una plaza o atacar al enemigo.
-Ventana geminada (ajimez): ventana duplicada o repetida, ventana de dos aberturas dividida verticalmente en dos partes iguales mediante una pequeña columna.
-Dovela: piedra tallada en forma de cuña que sirve para formar bóvedas y arcos sobre las puertas de las casas.
-Alfiz: moldura que enmarca un arco a modo de dintel con dos soportes verticales.

En mi opinión (quizás interesada porque me encantan las estampas nocturnas de pueblos y ciudades), merece mucho la pena pasar una noche en Cáceres, ya que la ciudad medieval adquiere un aspecto realmente mágico con su tenue iluminación y sin apenas gente. También hay que recordar que los lunes cierran muchos lugares destacados, como el Palacio de las Veletas y la Torre Bujaco, así que mejor consultar previamente los horarios.

Cualquier visita a Cáceres comienza casi ineludiblemente en la Plaza Mayor, como una magnífica antesala de la ciudad medieval que veremos después. La primera tarea consiste en agenciarse un plano con los lugares importantes para visitar y su descripción pues aunque los sitios destacados tienen un panel explicativo en el exterior, hay tanto que ver que de lo contrario la visita podría convertirse en un pequeño caos; aunque, eso sí, no deja de ser un caos encantador en el que al final todos terminamos cayendo. Siguiendo el plano que nos entregaron en la Oficina de Turismo (por cierto que los hay mejores en internet), hicimos el recorrido aconsejado varias veces y a distintas horas, pero aquí lo voy a unificar para no perder demasiado el hilo, con lo cual habrá fotos de horas diferentes. Por supuesto, empezamos en la Plaza Mayor.


Plaza Mayor.
Esta gran plaza rectangular, porticada con soportales del siglo XVI, antiguo mercado y lugar de celebración de ferias y torneos extramuros, es hoy el centro social y de reunión de Cáceres. Sus casas y las de las calles adyacentes albergan varios hoteles, bares y restaurantes, con terrazas siempre concurridas por lugareños y forasteros, desde donde se contempla una atractiva vista del casco antiguo, como una especie de skyline medieval, en el que se pueden distinguir muchas de sus principales construcciones. Resulta entretenido sentarse tranquilamente a tomar una cervecita con unas tapas mientras se juega a adivinar cuál es cuál.


A la derecha de la plaza, según miramos a la ciudad antigua, se encuentra el edificio del Ayuntamiento, terminado en 1869, sobre proyecto del arquitecto Ignacio María de Michelena.



Muy cerca de la Cámara Municipal, pero un poco más al fondo, pegados a la muralla, podemos ver la Torre de la Hierba, albarrana del siglo XII. De frente, nos encontramos con la Torre Bujaco, la Ermita de la Paz y el Arco de la Estrella, que pueden verse en la foto de abajo.


Torre de Bujaco.
Torre albarrana de la muralla almohade, construida en el siglo XII. Es de planta cuadrada, tiene 25 metros de altura, cuenta con matacanes y está coronada almenas. Su nombre se debe al Califa Abú-Ya-qub, que conquistó la ciudad en 1173. Se cuenta que aquí fueron degollados todos sus defensores, incluyendo a 40 caballeros de la Orden de Fratres, mitad monjes y mitad soldados, que posteriormente derivaría en la Orden de Santiago. En el siglo XVI se añadió un balcón renacentista, llamado “balcón de los fueros”. Actualmente, alberga un Centro de Interpretación y desde lo alto se contempla buena parte de la ciudad monumental.


Ermita de la Paz.
Está adosada a la Torre de Bujaco. Tiene su origen en una capilla renacentista del siglo XVI, pero fue reconstruida en el siglo XVIII. Tiene una figura de la Virgen de la Paz, que fue esculpida por Pedro Correa en 1736.

Arco de la Estrella.
Es el acceso principal al casco histórico amurallado, al que se llega desde la Plaza Mayor por unas escaleras o por una pequeña calle lateral. Por la parte interior, sobre el dintel, hay una imagen de la Virgen de la Estrella. Obra barroca de Lara Churriguera, se construyó en el siglo XVIII sobre otra puerta anterior del siglo XV, La Puerta Nueva, para facilitar el paso de carruajes. Hay una anécdota muy curiosa al respecto, ya que el obispo de Coria excomulgó a Bernardino Carbajal y Toledo, que impulsó su construcción, alegando que le molestarían los ruidos de los carruajes al pasar junto a la Casa Arzobispal. Desde la terraza vacía de un bar, se pueden hacer bonitas fotos del atardecer sobre la Plaza Mayor.


Junto al Arco, a la derecha, hay unos planos municipales de información, con rutas para visitar el casco antiguo e indicaciones de las calles que tienen fuerte pendiente y peldaños. Hay recorridos recomendados para personas discapacitadas.


Torre de los Púlpitos.
Junto al Arco de la Estrella. Data del siglo XV, su estilo es gótico y su corte militar, edificada con sillares de piedra. Tiene 16 metros de altura y es la única torre añadida a la muralla después de la conquista de Cáceres por el reino de León. Está unida al Palacio del Mayoraldo, a fin de que sus moradores pudiesen ver los espectáculos que se celebraban en la Plaza Mayor (extramuros).
Plaza de Santa María.


Desde el Arco de la Estrella, seguimos de frente, por una callejuela estrecha, que nos conduce a la Plaza de Santa María, en cuyas inmediaciones se encuentran varios de los edificios más destacados de la ciudad medieval.

Iglesia Concatedral de Santa María.

La Concatedral de Santa María junto con la Concatedral de Coria son los principales templos de la diócesis de Coria-Cáceres. Al llegar a la plaza desde el Arco de la Estrella nos encontramos de frente con esta iglesia, de fachada sumamente austera, construida entre los siglos XV y XVI, sobre los restos de una antigua fábrica del siglo XIII. De estilo románico en transición al gótico, con las dos portadas góticas, y renacentista el coro y su única torre.


En la esquina de la torre hay una estatua de bronce de San Pedro de Alcántara, obra del escultor extremeño Pérez Comendador. Visitar el interior, incluyendo sacristía y torre, cuesta 1 euro. Antes de que se extinguiera la luz natural, subí al campanario, desde donde se obtienen unas bonitas vistas de la ciudad, con estupendas perspectivas de sus edificios y los campos adyacentes, bañados por la luz dorada del atardecer.





En el interior están enterradas varias familias aristócratas extremeñas. Consta de tres naves con arcos apuntados y bóvedas de crucería. Destaca el retablo plateresco de madera de cedro, realizado en 1551 por los flamencos Roque de Balduque y Guillén Ferrant. Pasando la Sacristía, en el primer piso, hay una talla de Santa Lucía. También me llamó la atención la Capilla con el Cristo Negro y un púlpito gótico en hierro forjado del siglo XV.


Palacio Episcopal.
Entrando en la plaza, justo a la izquierda, frente a la fachada de la Catedral, se encuentra el Palacio Episcopal que cuenta con elementos arquitectónicos de varias épocas, desde el siglo XIII al XVII: la fachada lateral es gótica, del siglo XV, y la fachada principal es renacentistas, se terminó en 1587 y conserva en su parte superior el escudo de Galarza, por el obispo que lo mandó edificar.

Palacio de los Ovando.
Situado a la izquierda de la Catedral. Data de 1519, pero fue reformado en el siglo XVIII. Su estilo es renacentista, aunque con algunos elementos góticos, por ejemplo, en la torre de la parte derecha. Tiene una portada con arco de medio punto, sobre el que hay un enorme escudo de armas esculpido. Tiene unas bonitas rejas de forja, algunas con blasones.

Vista del Palacio Episcopal (izquierda) y del Palacio de los Ovando desde la torre de la Concatedral. Al fondo, el palacio de los Toledo-Moctezuma.

Casa y Torre de los Carvajal.
Por un momento, abandonamos la Plaza de Santa María y salimos hacia la izquierda, por la calle Tiendas. En la esquina con la calle Amargura nos encontramos con este palacio gótico del siglo XV, que en la actualidad es la sede del Patronato de Turismo de la Diputación de Cáceres. Se puede acceder libremente al patio interior. Me pareció uno de los edificios con más encanto de Cáceres, con su torre redonda del siglo XII, la puerta enmarcada por un arco con dovelas sobre el que se ve el escudo de armas de los Carvajal, y un sugerente balcón de esquina. Bajando un poco más por la Calle Amargura, se puede vislumbrar el jardín interior casi a hurtadillas, a través de una reja.


Volviendo a la calle Tiendas, avanzamos unos metros y torcimos a la izquierda, hacia el Adarve Obispo Álvarez de Castro, donde pudimos ver dos edificios importantes:

Torreón de los Cáceres, también conocido como Torre de los Espaderos.
Aquí se encontraba la Puerta de Coria o Puerta del Socorro, demolida en el siglo pasado. Se construyó entre los siglos XIV y XV y destaca su matacán de esquina, imposible de ver en la foto por las ramas del gran árbol que lo tapa, de cuyo fallo me di cuenta después. Sin embargo, sí se aprecia perfectamente el desmoche sufrido por casi todas las torres de la ciudad por orden de los Reyes Católicos.


Palacio de los Toledo-Moctezuma.
Siguiendo por Adarve Obispo Álvarez de Castro, nos encontramos con este llamativo edificio renacentista (siglos XVI y XVII) de tres plantas, las dos primeras de mampostería y la última de ladrillo, a modo de galería corrida, rematada por pináculos embolados. Tiene adosada una torre del mismo estilo. Debe su nombre al matrimonio de Juan Cano de Saavedra (que estuvo en América con Hernán Cortés) con lsabel, hija del rey Moctezuma II. Actualmente es la sede del Archivo Histórico Provincial de Cáceres.


Volvimos a la Plaza de Santa María y bordeamos el edificio de la Concatedral hacia la izquierda hasta situarnos frente a su fachada sur. Es imposible no entretenerse a hacer fotos en todas direcciones porque el conjunto medieval es imponente, pese a que en algún caso molesten algunas vallas de obras y contenedores de basura. Si nos situamos junto a la estatua de San Pedro de Alcántara, incrustada en la esquina de la Concatedral, se puede sacar una buena foto y, de paso, con solo girar un poco la cabeza se contemplan varios edificios importantes, que forman uno de los conjuntos más bonitos de la ciudad.


El Palacio de Mayoralgo (o Mayorazgo).
Actualmente es la sede de la Caja de Extremadura. Tiene un patio muy interesante, con restos de arcos mudéjares y capiteles visigóticos. Aquí también se han descubierto recientemente restos de la época romana como las termas y el foro. La construcción de este palacio renacentista se llevó a cabo en varias fases, entre los siglos XV y XVI. Su fachada está reformada tras quedar destruida por una bomba en 1937, durante la Guerra Civil. Resulta muy bonito el juego de ventanas geminadas, con un gran escudo situado entre ambas.


Desde esta plaza también podemos contemplar:
La Casa de los Moraga, del siglo XV, ya entrando en la calle Aldana, mirando al Palacio de Mayoralgo a la izquierda, donde está el Centro Provincial de Artesanía Extremeña.

La Casa Golfín-Toledo o de los Duques de Valencia, en la que destacan la portada del siglo XVI y las dovelas que forman el arco de la puerta y los blasones esculpidos en las fachadas.

Plaza de los Golfines.
Está a continuación de la Plaza de Santa María, casi unida a ésta. Aquí podemos ver:

Diputación Provincial.
Edificio construido en el solar que ocupó el Convento de Santa María de Jesús, que desapareció tras la Desamortización de Mendizábal. Del antiguo seminario se aprovecharon la portada y los blasones de los Galarza.


Palacio de los Golfines de Abajo.
Sin duda, uno de los palacios más bonitos de la ciudad. Su fachada, con elementos góticos del siglo XVI, está coronada por crestería plateresca y sus dos torres son diferentes. Consta de elementos de varias épocas, siendo la parte más antigua la torre de la derecha, que presenta matacanes y ventanales de arcos rebajados. Este palacio pertenecía a la familia Golfines de Abajo, que ocuparon cargos importantes durante el reinado de los Reyes Católicos, quienes se hospedaban aquí durante sus visitas a Cáceres, razón por la cual aparece su escudo sobre la columna de la doble ventana y la alusión “Fer de Fer” (Fernando Golfín de Fernando el Católico).


Edificio de Demarcacion de Carreteras.
Esta es una construcción curiosa, ya que parece medieval pero no lo es. Como no venía mención en ningún folleto, buscando información me he enterado de que se construyó en 1962 cuando se derribaron algunas casas antiguas, incorporándose elementos arquitectónicos del siglo XVI, como los escudos de Galarza de la parte superior.


Plaza de San Jorge.
Se llega a ella por una estrecha y corta callejuela, pero antes de alcanzarla nuestra mirada ya se queda fija en las altas y blancas torres gemelas de la Iglesia de San Francisco Javier, que junto al convento anexo de la Compañía de Jesús, se encuentra instalada en un alto al que se llega subiendo una escalinata, lo que le otorga un aspecto imponente. En el convento está ubicada la Consejería de Turismo de la Junta de Extremadura. He leído que bajo el claustro hay un aljibe abierto al público, pero no lo pude visitar.


Es una construcción barroca, del siglo XVIII, que se concluyó sólo 12 años antes de que la Orden de los Jesuitas fuese expulsada de España en 1767. Actualmente está desacralizada y dedicada a exposiciones. Entrar creo que me costó un euro o un euro cincuenta, no me acuerdo bien, que incluye la exposición y la subida a ambas torres, desde donde se tienen unas vistas estupendas de Cáceres y en particular de la fachada lateral del Palacio de los Golfines de Abajo.





De nuevo en la Plaza de San Jorge, según miramos hacia la iglesia, a la derecha, encontramos la Casa de los Becerra, del siglo XV, cuya fachada muestra el típico estilo gótico cacereño: puerta principal con arco de medio punto y dovelas, alfiz, escudos y 3 gárgolas.

Casa de los Becerra y Callejón de Don Álvaro.

Subiendo por la Cuesta de la Compañía, una calle empinada con anchos escalones que sale a la derecha de la iglesia, nos encontramos a la izquierda con el Callejón de Don Álvaro, que nos conduce a la antigua judería. Hay un cartel que lo indica. Podemos seguir de frente o tomar el callejón para continuar por esta zona. Hicimos esto último para ver la Casa Durán de la Rocha del siglo XVII, el Arco del Cristo (única puerta original romana que se conserva de las cuatro que existieron en principio), la torre del Cristo y la de la Puerta del Concejo del siglo XII, la Ermita de San Antonio, la Casa de los Caballos y la Torre Adosa, la de los Pozos y la Alabarrana, las tres almohades del siglo XII. Tomando el Callejón del Gallo, hacia la derecha, subimos unas escaleras que nos ofrecen una vista muy atractiva de la parte posterior del Palacio de las Veletas y siguiendo sus contornos llegamos a la Plaza de las Veletas.


Palacio de las Veletas.
Uno de los palacios más llamativos de la ciudad. Se construyó a finales del siglo XV por mandato de Diego Gómez de Torres sobre el solar del que fuera alcázar almohade y ha sufrido posteriores modificaciones. Este precioso y ornado edificio alberga el Museo Arqueológico Provincial o Museo de Cáceres, y entre sus joyas más preciadas se encuentra el aljibe árabe del siglo XI. La visita es muy interesante y, además, gratuita, pero hay que recordar que cierra los lunes.


Casi unida a esta plaza está la de San Mateo, tanto es así que se ve la una desde la otra. Los edificios más interesantes que podemos contemplar desde aquí son los siguientes:

Iglesia de San Mateo.
Se cree que este templo gótico tardío fue construido entre los siglos XVIII y XIX sobre las ruinas la mezquita del antiguo Alcázar de Cáceres, donde ya existía una iglesia en el siglo XIV. Combina varios estilos pues tiene una portada plateresca, una capilla renacentista y un retablo rococó. La torre es más moderna y bastante sencilla, aunque el reloj le otorga cierto encanto, igual que la espadaña de ángulo de la parte derecha de la fachada.


Casa de las Cigüeñas o de los Cáceres-Ovando.
Esta construcción fue realizada por el capitán Diego Fernández de Cáceres y Ovando, en 1478. Enseguida llama la atención la torre de planta cuadrada, llamada de las Cigüeñas, coronada con almenas. Debido al apoyo que su propietario prestó a la reina Isabel frente a Juana “la Beltraneja”, esta torre se salvó de la orden que dieron los Reyes Católicos en 1476 de desmochar todas las torres de la ciudad como escarmiento a los nobles que se habían mostrado contrarios a su causa y evitar así futuros levantamientos. Actualmente, es la sede del Gobierno Militar.


Convento de San Pablo.

Construido en el siglo XV, con elementos góticos predominantes. Está ocupado por las monjas de la orden de clausura de Santa Clara, que venden dulces típicos hechos por ellas mismas siguiendo recetas tradicionales.


Torre y Mansión de los Sande.

Detrás de la Torre de la Iglesia de San Mateo, ya situado en la estrecha calle Monja, se vislumbra este edificio del siglo XV, en el que destaca su torre gótica, cuyo tejado descansa directamente sobre los muros ya que también fue desmochada. Tiene mucho encanto, cubierta de hiedra, con sus ventanas góticas geminadas y su matacán defensivo de esquina. Posee un hermoso patio, ocupado por un restaurante, al igual que los bajos del edificio.


También en la Plaza de San Mateo se puede ver la Casa de Lorenzo de Ulloa del siglo XV. Destaca el balcón con arco de medio punto enmarcado sobre la puerta y el blasón de los Ulloa en los esquinazos. Continuamos por la Calle Ancha para encontrarnos con varias casas interesantes, como la de Diego de Ulloa el Rico, Antiguo Solar de los Ulloa y la de Paredes-Saavedra. También vimos en esta calle el Palacio del Comendador de Alcuéscar (o de los Marqueses de Torreorgaz), que mezcla varios estilos, como el gótico en la torre, ventanas y puertas, hasta la fachada principal que muestra las reformas realizadas entre los siglos XVII y XVIII, con un dintel decorado y un blasón de sus antiguos propietarios. Este palacio se unió a otras edificaciones contiguas para poder convertirse en el Parador Nacional de Turismo de Cáceres.[/align]

Parador de Turismo y Casa Lorenzo de Ulloa.

Llegamos hasta el final de la calle donde está la casa de los Sánchez-Paredes, en la cual resulta curiosa la inscripción en latín que figura debajo de su escudo y que se puede traducir por “no tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”, en relación con la aspiración del hombre de alcanzar el paraíso. Desde aquí, se ve la iglesia y el convento de Santa Clara, ya fuera del espacio intramuros. Muy cerca, por la calle que sale a la derecha, se ve la Ermita de la Soledad.
Volvimos sobre nuestros pasos, hasta la casa de los Sánchez-Paredes, en la Puerta de Mérida. Enseguida nos encontramos con el Hospital de los Caballeros Peregrinos, fundado en 1486 por Diego García de Ulloa para servir de refugio a sacerdotes, estudiantes y peregrinos que se dirigían a Santiago a honrar la tumba del Apóstol. A continuación está la Enfermería de San Antonio y la Casa de Ovando Mogollón.

Iglesia de Santa Clara y Casa de los Sánchez-Paredes.

Hospital de los Caballeros Peregrinos.

Dejamos la calle Condes a la derecha y seguimos de frente. A la izquierda nos encontramos con el Palacio de los Golfines de Arriba, mansión gótica del siglo XV, cuya torre del homenaje fue construida en el siglo XVI con un permiso especial del rey Fernando el Católico.


Seguimos por la estrecha cuesta de Aldana y nos encontramos con la Casa Mudéjar, del siglo XIV, uno de los escasos ejemplos del estilo mudéjar en Cáceres, con su característica construcción de ladrillo rojo y la decoración en zig-zag.


En la esquina con la calle Orellana, a la derecha, nos encontramos la Casa de Aldana, con fachada gótica del siglo XV, en la que se conservan los restos de un ajimez de granito truncado en una de las reformas de la mansión. Sobre una ventana de rejas diagonales está grabado el escudo familiar (cinco flores de lis en aspa) en mármol blanco.

Casa del Águila y Casa de Aldana.

Caminando unos metros por la calle Orellana enseguida llegamos al Callejón de la Monja, donde nos encontramos, a la derecha con la Casa del Águila, con ventana gótica del siglo XV y un escudo de los Sande con el águila. Sin embargo, en este punto lo que más llama la atención es la Casa del Sol o de los Solis, que está justo enfrente. Es un edificio del siglo XVI, con fachada muy decorada: puerta con arco de medio punto, matacán redondo, yelmo y escudo familiar, formado por un sol con los rayos mordidos por ocho cabezas de serpiente, todo enmarcado por un alfiz.

Casa del Sol y Casa del Aguila.

Bajamos por el callejón de la Monja hasta la Cuesta de Aldana, donde nos encontrarnos con la Casa del Mono o Casa de los Pizarro-Espadero, de finales del siglo XV, con tres gárgolas y el escudo familiar flanqueado por leones. Hay una leyenda muy curiosa (y macabra) respecto a esta casa que pertenecía a un rico matrimonio burgués sin hijos. El marido era un comerciante que permanecía mucho tiempo de viaje, así que le regaló un mono a su mujer para que le sirviese de compañía. El mono llegó a ser tan querido y mimado como un niño, hasta el punto de tener un dormitorio propio. En una de las ausencias del marido, la mujer alojó a un apuesto caballero, y al regreso del marido, le comunicó que estaba embarazada. El mono se puso tan celoso que cuando nació el niño lo mató, tirándolo por la ventana.


En este punto, giramos a la izquierda, por la calle Caldereros hasta el Adarve de la Estrella, donde nos encontramos con los últimos edificios de nuestro paseo:

La Casa de los Ribera, con fachada muy austera, de sillería granítica, donde podemos ver únicamente el escudo familiar y que actualmente es el rectorado de la Universidad de Cáceres yla Casa de la Generala. Aunque fue construida en el siglo XV y reformada varias veces, su nombre deriva de la que fue su propietaria en el siglo XVIII, Josefa de Ovando, la mujer del general Antonio Vicente de Arce. Hoy en día alberga la Facultad de Derecho de la Universidad.

Casa de la Generala y Torre del Horno.

Desde aquí, podemos volver a la plaza Mayor, bajando una escalinata, desde la que se tiene una estupenda vista y que nos conduce al Foro de los Balbos (o Atrio del Corregidor), un espacio abierto, adosado a la muralla, donde se puede ver una réplica de una escultura romana del siglo I del dios Ceres (la original está en el Museo de Cáceres, en la Casa de las Veletas) y, también, un antiguo abrevadero plateresco del siglo XVI, trasladado aquí desde su primitiva ubicación en el camino que conducía al Monasterio de San Francisco, con escudos de los Reyes Católicos y de Cáceres.

Foro de los Balbos.

Además de todos estos edificios, hay que fijarse en las numerosas torres defensivas, que podemos descubrir caminando por los llamados “adarves” o calles pegadas a la muralla. Suelen ser albarranas, del siglo XII, como la Torre de la Hierba o la Torre del Horno.

Alrededores del Arco de Santa Ana.

Judería Nueva

Es tanto el patrimonio monumental del casco histórico de Cáceres, que parece que no existe nada en la zona extramuros, lo cual no es cierto, pero el tiempo pasó rápidamente y no tuvimos demasiada oportunidad de visitar con calma el resto de la ciudad, sino más bien un tanto apresuradamente. Vimos una zona de copas que al ser domingo por la noche estaba casi desierta, el Gran Teatro (de 1927), la Iglesia de San Juan y las calles adyacentes a la Plaza Mayor, además de la Plaza de Toros desde el coche. También están cerca de la Plaza Mayor el Palacio de Godoy y el Palacio Galarza. Cenamos en la misma Plaza Mayor, de tapas. Llevábamos algunos sitios algunos sitios apuntados, pero preferimos no ir más lejos. Pedimos una oferta degustación relacionada con la capitalidad gastronómica y por 20 euros nos pusieron seis tapas a elegir y una botella de un vinito blanco semidulce de la zona que quitaba el hipo (o lo ponía, no sé muy bien, Ojos que se mueven ). Todo muy rico.
Y para terminar la jornada, la imprescindible visita de noche. Cuando las calles están casi vacías, se disfruta más del ambiente medieval con el efecto mágico que la iluminación confiere a sus casas y palacios. Me gustó tanto este recorrido nocturno (de lo mejor en ciudades medievales iluminadas que he visto) que he dedicado a dedicarle una etapa propia para no saturar ésta con demasiadas fotos Mr. Green Es la siguiente a esta, la número 36. Aquí está el enlace por si queréis echarle un vistazo: www.losviajeros.com/Bl... hp?e=50264

Por la mañana, continuamos recorriendo Cáceres, esta vez en “versión matutina”. Lo malo fue que al ser lunes estaban cerrados algunos lugares que nos hubiese gustado visitar. Así que tendremos que volver, lo cual será todo un placer. Nos gustó muchísimo Cáceres y en nuestra opinión merece con toda justicia los títulos que se le han concedido, uno de los cuales la calificó como el tercer conjunto monumental medieval más importante de Europa después de Praga y Tallín. Además, tiene muy buena gastronomía y unos precios estupendos, tanto en comida como en alojamiento. No se puede pedir más.
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Ver Etapa: 2 días en CÁCERES (CIUDAD) y su centro histórico Patrimonio de la Humanidad.



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  Últimos comentarios al diario  RECORRIENDO EXTREMADURA. MIS RUTAS POR CÁCERES Y BADAJOZ.
Total comentarios 11  Visualizar todos los comentarios

Artemisa23  artemisa23  11/09/2019 16:32   
Hola. He estado de viaje y desconectada unos días, por eso no he contestado a los comentarios. Como siempre, muchas gracias a Salodari y marimerpa. Me hace mucha ilusión que leáis mis diarios.

Salodari: no hay problema, ya te llegará el momento de conocer Extremadura, aunque engancha. Yo tardé bastante en animarme y ahora no paro, claro que me pilla muy bien desde Madrid. Sé que te gustará mucho, eso sí, te recomiendo ir en primavera u otoño: los paisajes se disfrutan mucho más.

Marimerpa: sabía que me ibas a decir lo de Badajoz, jajaja. Conozco algo, pero poquito, la verdad. Pero ya estoy preparando alguna rutita, a ver si puede ser para este otoño. Ya te pediré algún consejillo.

Marimerpa  marimerpa  12/09/2019 09:43   
Yo te recomiendo que vengas en primavera, cuando le dehesa está espectacular (yo siempre digo que pocas primaveras más bonitas hay que la de la dehesa). En otoño, sobre todo si no llueve, puede estar el campo un poco feote.

Artemisa23  artemisa23  12/09/2019 21:11   
Te agradezco que me lo digas, porque estaba pensando en el otoño. Lo dejo para la primavera. Por cierto que se me han borrado las fotos de las primeras etapas del diario (creo que las que tenía en imageshack). A ver si tengo tiempo y las vuelvo a subir. ¡Vaya latazo con las fotos! Nos están fastidiando un montón.

Iacomus  Iacomus  14/09/2019 17:47   
Comentario sobre la etapa: PUENTES DE SEGURA Y ALCÁNTARA, ALCÁNTARA, CORIA Y GALISTEO. CÁCERES.
Interesantes, tanto Coria como Alcántara. Será cuestión de incluirlas en el itinerario si volvemos a la provincia de Cáceres. En Galisteo ya estuvimos y nos sorprendió gratamente. Gracias por compartir.

Artemisa23  artemisa23  14/09/2019 19:37   
Muchas gracias por tu comentario, Iacomus. En mi opinión, sí que merece la pena dar una vueltecita por Coria y Alcántara. Y se come muy bien. Saludos.

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1977menorca
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Super Expert
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Dic 20, 2010
Mensajes: 509

Fecha: Sab Ago 24, 2019 02:41 pm    Título: Re: Viaje a Extremadura: zonas e itinerarios

Pues eso es lo que voy a hacer.

Muchas gracias por vuestros consejos.
atita
Atita
Super Expert
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Feb 04, 2010
Mensajes: 432

Fecha: Sab Ago 24, 2019 02:59 pm    Título: Re: Viaje a Extremadura: zonas e itinerarios

Extremadura es enorme y con una gran variedad de paisajes, historia,costumbres,ciudades y pueblos pequeños que te sorprende.
Además de la ruta por Los ciudades más grandes, yo recomiendo la ruta de los valles y no solo los de Cáceres, la ruta de los pantanos, la ruta de las aves, la ruta de los castillos....
Viaja y disfruta.
Aguchan
Aguchan
Indiana Jones
Indiana Jones
Mar 30, 2010
Mensajes: 3794

Fecha: Dom Ago 25, 2019 10:58 am    Título: Re: Viaje a Extremadura: zonas e itinerarios

Pues poco más que añadir a lo que dice Atita... Yo ahora mismo estoy en una casa rural de Jaraíz de la Vera y lo que ves por aquí es increible. La zona norte de Cáceres, para naturaleza, es una gran desconocida (bueno, realmente cada vez menos).

Y si, Cáceres, Trujillo, Mérida... bien merece una visita, pero toda esta zona, bufffff.
artemisa23
Artemisa23
Indiana Jones
Indiana Jones
Jul 04, 2012
Mensajes: 1361

Fecha: Dom Ago 25, 2019 12:07 pm    Título: Re: Viaje a Extremadura: zonas e itinerarios

Una maravilla. Cuanto más vamos, más ganas tengo de volver. Además, ha mejorado muchísimo en cuanto a alojamientos, restauración, conservación de patrimonio y naturaleza, etc. Sobre todo conozco Cáceres, por eso estoy preparando alguna ruta por la provincia de Badajoz para el próximo otoño. Ya os pediré ayuda para cerrar el itinerario.
atita
Atita
Super Expert
Super Expert
Feb 04, 2010
Mensajes: 432

Fecha: Dom Ago 25, 2019 12:30 pm    Título: Re: Viaje a Extremadura: zonas e itinerarios

Siempre se mencionan los avales de Jerte y De la Vera , pero hay muchas más comarcas como la Serena ,La Siberia y sus pueblos con historia.
Se conocen las grandes poblaciones pero son geniales los pueblo pequeños como Cuacos , Yuste, Garganta de la Olla.... y más grandes como Zafra, Olivenza,jerez....
Si tienes un hueco visítalos,eso si, en verano nooo!.
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