![]() ![]() Japón en Verano 2017: el viaje de las experiencias. ✏️ Blogs de Japon
Diario de un viaje de tres semanas y medias a Japón desde el 27 de Julio al 21 de Agosto de 2017. Incluye, junto a lo más típico en un viaje a este país, algunas etapas que quizá no son demasiado habituales en una primera toma de contacto, pero que sin duda han merecido la pena.Autor: Omaringa Fecha creación: ⭐ Puntos: 5 (11 Votos) Índice del Diario: Japón en Verano 2017: el viaje de las experiencias.
01: Introducción
02: Itinerario y medios de transporte
03: Visitas inesperadas.
04: Hyvää huomenta, Helsinki!
05: Aprovechando el tiempo
06: Aprovechando el tiempo II
07: En busca de la Geisha perdida
08: Kyoto Express
09: Ciervos y Toriis
10: Garzas y bueyes
11: Gran Torii Sentado
12: Vacaciones infernales
13: Tú a Boston y yo a California
14: Un monstruo viene a verme
15: Matsusaka?!?!?! WTF!!
16: ¡Bienvenidos a España!
17: Un pueblo en las montañas
18: La ciudad de las carrozas y los muñecos.
19: Con el chacachá del tren...
20: Fantasmas y samurais
21: Terror japonés en 3D
22: City of lights
23: Relaciones internacionales
24: Los illuminatti.
25: Templos y empanadillas bajo la lluvia.
26: Amigos Invisibles
27: La tormenta perfecta
28: El fina de la aventura.
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Etapas 10 a 12, total 28
Miércoles, 2 de Agosto:
Este día era el último que pasaríamos tomando como base la ciudad de Kyoto, y de nuevo tocaba excursión de día completo. Esta vez el destino estaba un poco más lejos que Nara, pues íbamos a combinar Himeji y Kobe. Himeji: Para llegar a Himeji tomamos nuestro primer Shinkansen del viaje, el tren bala. Era un Shinkansen Hikari, incluido en el JR PASS, y en algo menos de 1 hora llegamos a la estación de Himeji. Esta ciudad es la segunda de la prefectura de Hyogo después de Kobe. Es famosa por su magnífico castillo, considerado el más bonito castillo feudal de Japón y que es Tesoro Nacional Japonés y Patrimonio de la Humanidad. Es uno de los pocos castillos en Japón considerado como tesoro nacional. Llegar al castillo desde la estación no tiene pérdida, pues se ve perfectamente al salir y hay que ir recto por la calle Otamae-dori, en unos 15 o 20 minutos andando. El castillo fue construido a mediados del siglo XIV, reconstruido en 1577 y restaurado en 1609 y 1964. Su traza, característica de las fortificaciones surgidas durante el turbulento periodo Azuchi-Momyama, es un intento de combinar el poderío con la elegancia. El edificio es de madera enlucida. El alto muro de piedra sobre el que descansa el edificio era necesario para proteger a sus habitantes de los ataques con armas de fuego que habían sido introducidas desde Europa. También es llamado el “Castillo de la garza real blanca” por sus muros blanco y porte. ![]() El día seguía siendo muy caluroso para ser tan temprano, pero al menos el cielo estaba despejado y no había amenaza de lluvias. La estampa del castillo blanco recortado contra el cielo azul es magnífica y una de las imágenes imprescindibles para mi gusto en un viaje a Japón. Cuando entras vas viendo los muros de defensa, las puertas y los patios, hasta que llegas al interior. Este punto es algo más flojo ya que está prácticamente vacío. Sólo subes escaleras para ir viendo las vistas desde más alto y poco más. Te puedes fijar en algunos detalles de la construcción que te explican en el folleto que te dan en la entrada. También están incluidas en la vista una serie de construcciones auxiliares que no revisten de demasiado interés. Horario: Abierto diariamente de 9:00 a 17:00 en Julio y Agosto. Entrada: 600Yenes. Al salir del castillo nos dirigimos a los jardines Koko-en, que están justo al lado. Es un conjunto de nueve jardines de estilo japonés, cada uno de ellos con un tema distinto relacionados con la época Edo y con reconstrucciones de viviendas de samurais. Algunos son más espectaculares que otros, pero en conjunto merece la pena la visita. Quizá el más bonito es el primero, que incluye una casa junto a un lago, una casaca y numerosos peces de colores vistosos. ![]() En otro de los jardines entramos en una casa donde se puede tomar un té matcha con una pasta, una especie de mazapán. Te lo sirven en una estancia de estilo tradicional japonés y una señora muy simpática no explicó cómo se hace la ceremonia del té, girando el cuenco, cómo beber, etc. Luego estuvo un rato dándonos conversación y preguntándonos cosas de España. Como experiencia nos gustó mucho, fue muy curiosa, pero el te sabía muy raro, a algunos les recordaba al cesped y a otros a boquerones ![]() Horario: Abierto diariamente de 9:00 a 17:30 en Julio y Agosto Entrada: 300 Yenes. Entre el castillo y los jardines echamos toda la mañana así que nos fuimos de vuelta a la estación y comimos por la zona. Entramos en un restaurante de esos algo escondidos, en un piso alto, no en la planta baja, y algunos de nosotros probamos el famoso okonominaky, una especie de pizza con una base de coliflor y con los ingredientes que quieras por encima. Yo me lo pedí de marisco y no estuvo mal. Además, las mesas del restaurante tenían incrustadas unas planchas en donde te servían la comida, sin plato, para que se mantuviera caliente, y tú mismo le echabas la salsa que querías. ![]() Tras la comida fuimos a coger el tren que nos llevaría a Kobe. Kobe: Kobe es la capital de la Prefectura de Hyogo y una de las diez ciudades más grandes de Japón. El puerto de Kobe fue uno de los primeros en abrirse al comercio extranjero a finales del periodo Edo y es considerada una de las ciudades más cosmopolitas de Japón. En Enero de 1995 un gran terremoto mató a más de 5000 personas y destruyó miles de edificios. Una década después la ciudad está completamente reconstruida y quedan pocos signos de esa catástrofe. ![]() Kobe tiene varias estaciones de tren, nosotros paramos en la de JR Kobe (Hyogo), y tardamos algo más de media hora desde Himeji. Esta estación está al lado de una zona comercial llamada Harborland con multitud de tiendas y centros de ocio. También nos encontramos unas curiosas esculturas por la calle de algo que parecían ser dibujos animados, pero en piedra. Paseando por la zona llegamos al mar, y allí vimos una noria muy fotogénica y al lado una tienda de chuches. Algunos no se pudieron controlar y se compraron unos algodones de azúcar. ![]() Seguimos paseando por la zona del paseo marítimo en lo que se conoce como Parque Mariken y la verdad es que se estaba la mar de agusto, con la brisa marina que nos daba algo de frescor tras unos días de climatología horrible con calor y humedad. Desde el paseo se podía ver la torre de Kobe, a la que no subimos, y el Museo Marítimo de Kobe, ubicado en un edificio coronado por un espectacular marco de acero blanco destinado a evocar la imagen de las velas. Conocimos a un señor mayor muy simpático también que se acercó para hablar con nosotros y contarnos que algunas esculturas estaban protegidas por unas vallas porque estaban preparando la zona para unos fuegos artificiales y no querían que la gente se subiera en ellas. Vimos también el Earthquake Memorial Park, un pequeño monumento que conmemora las muchas víctimas que murieron en el puerto durante el terremoto. Se conserva un tramo del mismo tal como quedó después del terremoto como un recordatorio del enorme sismo y su poder destructivo. Muy impactante. Desde el parque Mariken fuimos caminando a la zona de Nankinmachi, que es una chinatown no muy grande en el centro de Kobe y centro de la comunidad china en la región de Kansai. El área fue poblada por los comerciantes chinos que se establecieron cerca de Puerto de Kobe después de que el puerto se abrió al comercio exterior en 1868. A medida que el chinatown creció se conoció como Nankinmachi. Su colorido rojo típico de los chinos contrasta mucho con el aspecto general de la ciudad de Kobe. A 10 minutos andando del Chinatown llegamos a la estación de Sannomiya, desde la cual se puede coger el tren para volver a Kyoto sin trasbordos. Esta zona es moderna y está llena de tiendas, grandes almacenes, etc, pero sobre todo, restaurantes. Por la zona al norte de la estación se llega a una zona muy animada con muchas luces y carteles de neón, es la Ikuta Road, una calle de ocio. Esta zona alberga muchos de los restaurantes especializados en carne de Kobe más importantes, y ese era precisamente nuestro objetivo. Teníamos apuntados varios restaurantes, pero sobre todo habíamos leído buenas críticas del "Kobe Plaisir". Nos costó un poco encontrarlo pero al final dimos con él... y nuestro gozo en un pozo. Nos dijeron que sólo les quedaba un plato que era como una especie de caldo donde se metían láminas de carne de Kobe crudas para que se cocieran. No nos hacía mucha gracia, ya que si nos íbamos a gastar un pastón en la cena al menos que fuera algo que nos gustara seguro. Algo desanimados salimos de nuevo a la calle principal y justo enfrente vimos otro de los que teníamos apuntado, el A1, y allí que nos fuimos. La primera impresión fue algo decepcionante, era un sitio antiguo, con pinta de bar de pueblo, pero lleno hasta la bandera y con clientes japoneses casi todos, incluyendo una cuadrilla de señoras mayores. Nos dijeron que no había sitio en mesa pero sí en la barra, y allí nos plantamos los 6, con nuestros baberos dispuestos a comer el que dicen que es uno de los mayores manjares cárnicos del mundo. Nos pedimos un menú que incluía una bandeja de carne de Kobe a la plancha, con una sopa, ensalada, arroz, bebida... todo por unos 56 euros por persona... y nos encantó!!! La verdad es que estaba todo muy bueno pero la carne espectacular. El capricho es algo caro pero mereció la pena. Además, al estar en la barra veíamos a los cocineros preparar las cenas y así fue mucho más entretenido. Sin duda recomiendo tanto la experiencia de probar este tipo de carne como el restaurante en sí. ![]() Una vez cenados cogimos el tren en Sannomiya y directos para Kyoto, a hacer las maletas porque al día siguiente nos íbamos a nuestro próximo destino. Etapas 10 a 12, total 28
Jueves, 3 de Agosto:
Tocaba dejar Kyoto, pero la verdad es que sin mucha pena ya que los siguientes puntos de nuestra ruta prometían mucho y teníamos muchas ganas de llegar y disfrutarlos. Los días en Kyoto fueron algo raros por todo lo que había pasado, pero al menos pudimos conocer algo de la ciudad y las excursiones pudimos realizarlas sin problemas. A las 8 de la mañana, puntual como siempre, nuestro Shinkansen salía en dirección a Hiroshima. Un breve trasbordo para coger el siguiente tren que nos llevaría a la parada de Miyajimaguchi, lugar donde hay que bajarse para poder coger el ferry hasta la isla sagrada. Llegar al ferry es sencillo, al salir de la estación queda justo en frente, aunque para llegar hay que ir por pasos subterráneos en una parte. Todos los tramos, tanto tren como el ferry están incluidos en la JR PASS. ![]() El trayecto en ferry es corto, solo dura unos 10 minutos, pero te sirve para apreciar de cerca lo abrupto que es el relieve de la isla. Realmente la isla no es muy grande, 9x4 Km, pero el punto más alto, que es el monte Misen, tiene una elevación considerable de 530m. Sobre las 11 de la mañana estábamos desembarcando en el puerto de Miyajima, ¡por fin estábamos allí! Las expectativas con la isla eran muy altas, habíamos leído muy buenas críticas sobre ella y la verdad es que no defraudó. Debido a lo que leímos por los foros decidimos pasar una noche en Miyajima, y elegimos el hotel Sakuraya porque era el más barato de los que quedaban, y eso que lo hicimos con bastantes meses de antelación. Lo mejor que tiene es la ubicación, pues está al lado del puerto y a pocos minutos del centro neurálgico de la isla, pero no me convenció. Las habitaciones eran un poco pequeñas y el baño también y con las maletas y demás apenas quedaba sitio. Aquí probamos por primera vez los futones, y bueno, prefiero una cama normal ![]() Tras dejar las maletas en el hotel, aunque sin habitación porque era demasiado pronto, salimos a descubrir la isla. La primera parada, evidentemente fue el gran Torii que preside la bahía. De camino encontramos también muchos ciervos, igual que en Nara, pero eran más tranquilos y tímidos. Como era por la mañana pillamos la marea baja y pudimos caminar por la arena hasta llegar a la base del torii. Habíamos visto miles de fotos, de todas las maneras posibles, con agua, sin agua, de día, de noche, con gente, sin gente... pero aún así, nos encantó. Se construyó en 1168 y debido a su situación geográfica sobre el mar, el gran torii ha sufrido varios daños a lo largo de los años, por lo que se ha reconstruido en varias ocasiones. El torii actual es una reconstrucción de 1875 y es el octavo torii del que se tiene constancia. El torii está hecho de madera de alcanforero de 500 o 600 años de antigüedad, muy resistente a la descomposición y a los insectos, además de madera de cedro y de ciprés. Este tipo de puertas servían como frontera entre el mundo de los espíritus y el mundo humano, y se pintaban de este rojo bermellón porque creían que este color mantiene alejados a los malos espíritus y así bloqueaban la entrada a los demonios. ![]() Enfrente del gran torii encontramos el santuario de Itsukushima o Itsukushima Jinja (厳島神社), uno de los santuarios sintoístas más bonitos y mejor preservados de todo Japón. Es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1996, y cuando sube la marea parece que está flotando sobre el agua. Caminando por la zona cercana al santuario se podía ver también la pagoda de cinco pisos de Miyajima. La verdad es que el conjunto de los edificios rojos y el entorno natural tan verde es espectacular, totalmente recomendable. Desde el santuario nos acercamos hasta el templo Daisho-In, a unos 10 minutos a pie. Este templo se encuentra en uno de los caminos que suben hacia el monte Misen. Mucha gente que visita la isla sólo unas horas no se acerca a verlo y la verdad es que a mi particularmente me encantó, es de mis favoritos de los que vimos en Japón. Se trata de uno de los primeros templos budistas pertenecientes a la escuela Shingon. Cuenta con varios edificios y cientos de esculturas. Hay una escalera que lo bordea por detrás flanqueada por una cantidad ingente de pequeñas esculturas que puede hacer las delicias de cualquier aficionado a la fotografía. También un gong que se toca con un tronco, un pasadizo subterráneo, y muchos altares para realizar ofrendas. Todo inmerso en una vegetación exuberante. ![]() Tras visitar el templo volvimos a la zona del santuario para buscar un sitio para comer. Vimos algunos puestos callejeros, establecimientos donde vendían las típicas ostras de Miyajima, etc., pero nosotros optamos por un restaurante que tenía buena pinta y creo que acertamos. Yo me pedí un donburi con ostras fritas que me supo a gloria. El local tenía mesas estilo occidental y otras de estilo japonés, de las que son bajas y tienes que comer sentado en el suelo. Como estaba lleno no pudimos elegir y nos tocó una de estilo japonés. Después dimos una vuelta por la calle principal, Omontesando, llena de más restaurantes y tiendas de recuerdos. En una de las tiendas se puede ver un enorme cucharón de madera. Volvimos al hotel para hacer el checkin y dejar las maletas en las habitaciones y el grupo se separó de nuevo. Juanlu e Isa se quedaron un poco en el hotel y los otros 4 nos fuimos hacia el parque Momjidani. Aquí cojimos el teleférico que te lleva a la cima del monte Misen, que cuesta 1000 yenes el trayecto de ida y 1800 el de ida y vuelta. Realmente son dos tramos de teleférico y hay que cambiar en una estación intermedia. Nosotros compramos sólo el de ida ya que teníamos intención de bajar dando una caminata por el monte. Hay tres rutas de senderismo que conducen desde la ciudad a la cima del Misen o al revés: – Ruta Momijidani, es la más corta pero la más empinada. Nos lleva casi todo el recorrido por bosques. Duración entre hora y media a dos horas desde la ciudad a la cumbre. – Ruta Daisho-in, es la que ofrece mejores vistas y es menos dura que las otras dos. Duración similar a la anterior. – Ruta Omoto, es algo más larga, algo más de dos horas caminando. ![]() Desde arriba se contemplan unas excelentes vistas de la zona que rodea a la isla y también se pueden visitar algunos templos. Elegimos la ruta del Daisho-in porque leímos que era la menos dura, pero ¡madre mía! Casi todo el camino de bajada eran escaleras irregulares que hicieron que algunos acabáramos con las rodillas y los gemelos doloridos. Encima encontramos carteles avisando de que podía haber serpientes venenosas, aunque por suerte no vimos ninguna. ![]() Cuando llegamos de nuevo a la zona del santuario y el gran Torii estaba atardeciendo y nos sentamos a ver la puesta de sol. Fue un momento muy bonito, la verdad, y además había mucha menos gente que por la mañana, es cierto que muchos de los visitantes se van temprano y la isla se queda casi desierta por la noche. Fue una gozada ver cómo el cielo se iba tiñiendo de amarillos y naranjas mientras el sol se ponía, mereció mucho la pena pasar allí un buen rato. ![]() Encontrar un sitio para cenar nos costó algo más que para la comida, ya que casi todo estaba cerrado. Al final encontramos una especie de restaurante italiano donde pedimos unas pizzas y listos. Nos hizo gracia que en la mesa de al lado una pareja de japoneses habían pedido un plato de jamón y se lo comían mojándolo en un bol con salsa de soja ![]() Esa noche nos fuimos temprano a dormir ya que estábamos muertos. Además del madrugón la bajada del monte nos había dejado tocados y preferíamos descansar temprano porque el día siguiente también prometía, era uno de los que yo más ganas tenía de que llegaran. Etapas 10 a 12, total 28
Viernes, 4 de Agosto:
Este día nos dimos el gran madrugón del viaje, al menos Mar y yo que nos levantamos sobre las 4 o las 5 de la mañana, el resto se quedó durmiendo en el hotel. La idea era ver el amanecer en el Torii, y lo vimos, pero es menos espectacular que el atardecer, entre otras cosas porque el sol sale por detrás de la isla y sólo se ve como poco a poco se va iluminando. Eso sí, estábamos prácticamente solos. Tras ver el amanecer volvimos al hotel a recoger al resto y las maletas y nos fuimos para el ferry. Desayunamos en Miyajimaguchi antes de entrar al tren que nos llevaría de nuevo a Hiroshima, en un 7 Eleven que hay nada más salir del barco. En Hiroshima hicimos un trasbordo para coger de nuevo el Shinkasen. Como íbamos con tiempo aprovechamos para comprar las típicas galletas de Miyajima con forma de hoja, ya que en la isla no lo habíamos hecho. Una hora más tarde teníamos que hacer otro trasbordo en la ciudad de Kokura, ya en la isla de Kyushu para coger allí otro tren hacia Beppu, aunque este último tramo ya no estaba incluido en el JR PASS. Menos mal que en las estaciones está todo muy bien indicado, así los trasbordos se hacen rápidamente y de manera muy sencilla. Cuando llegamos a Beppu estaba lloviendo, bastante además. Esto nos desanimó un poco, ya que hacía unos días que habíamos leído que se acercaba un tifón a las cosas de la isla más sureña de Japón y esto debían ser los primeros retazos de la tormenta. Beppu fue un capricho. Buscando información sobre Japón descubrimos que esta ciudad y sus alrededores está considerada la segunda zona con más actividad geotermal del mundo, sólo por detrás de Yellowstone. Vimos algunas fotos espectaculares de sus geiseres y metimos a Beppu en nuestro itinerario. Aunque no es el destino más frecuente de los turistas que visitan Japón, es una de las ciudades balneario más importantes de todo el país debido a sus aguas termales naturales u onsen y a sus infiernos o jigokus, que atraen a más de 12 millones de turistas cada año. La ciudad está enclavada en una bahía rodeada de bosques de bambú y montañas de las que procede el agua de extraños colores: rojo sangre (oxidación submarina), verduzco, color caramelo. Fue durante los años inmediatamente anteriores a la II Guerra Mundial cuando Beppu se hizo mundialmente conocida y personajes como Charles Chapin o Paul Claudel acudieron a Beppu para tomar baños. Éste último escribió:" Volveré a Beppu para tomar los baños que me han devuelto la vida, por la calidez de sus aguas y de sus gentes". En nuestro planning inicial teníamos previsto lo que quedaba de este día y el día siguiente entero para la ciudad, y el domingo 6 para ver el interior de la isla de Kyushu en coche de alquiler, sobre todo el volcán Aso y la garganta de Takachiho, que también nos enamoró viendo las fotos. Fuimos a la oficina de información turística de la estación y nos dijeron que la conducción estaba muy desaconsejada a causa de la lluvia y los vientos, en especial a partir de la tarde del sábado. Así que con todo el dolor de nuestro corazón decidimos cambiar los planes y en la oficina de alquiler de coches cancelamos la reserva. Tras estas gestiones cada uno se fue a su hotel. Digo cada uno porque estábamos alojados en dos establecimientos distintos. Juanlu e Isa en un hotel, y el resto en un albergue muy cerca de la estación, el Rojiura Guesthouse. Es un sitio moderno, con una gran zona común que sirve de cocina muy bien equipada, comedor, zona de estar, centro de ordenadores... Los baños también son geniales, quizá lo peor las camas, que son como futones en literas. ![]() Cuando llegamos era temprano para hacer el checkin, así que dejamos las maletas en unas consignas. La mía no cabía y la tuve que dejar en la gran sala común. En otro país me hubiera dado más reparo, pero en Japón no, es un país muy seguro y nadie la tocó en el tiempo que estuvimos fuera. Nuestro objetivo para hoy era hacer la ruta de los infiernos de Beppu o jigokus. Un infierno es un pozo volcánico con agua a altas temperaturas (entre 50 y 99,5 ºC) y barro y, en algunos casos, un fuerte olor a azufre. En total hay diez infiernos, pero nosotros hicimos la Beppu Jigoku Meguri, la ruta que lleva por los 7 infiernos más conocidos. Para visitarlos compras un talonario en el primero que entres y cada vez que visitas uno te arrancan la parte correspondiente a ese infierno. Y, como no podía ser de otra forma, hay una hoja donde puedes sellar cada uno de ellos para hacer la colección. El precio de todos ellos es de 2000 yenes, aunque también se pueden ver por separado. ![]() Abren de 8:00 a 17:00, por lo que debíamos darnos prisa para que nos diera tiempo a ver los 7. Para llegar se puede subir con las líneas de autobús 5, 2, 9, 41 o 43 desde la propia estación de Beppu, bajándose en la parada Umi-jigoku-mae (literalmente, delante del Umi-jigoku). Desde aquí se puede ir caminado a 5 de los infiernos, pues están muy cerca unos de otros, pero los otros dos están más alejados y hay que coger otro autobús diferente. Por suerte, cuando empezamos la ruta apenas llovía y se podía andar sin paraguas. El orden en que recorrerimos los infiernos fue éste: 1.- Umi-jigoku o umizigoku, el infierno marino. Es uno de los más bonitos de todo el recorrido. Tiene un estanque de agua de color azul cobalto que recuerda al mar. Encima del estanque hay una cesta con huevos que se cuecen con los vapores que emanan del agua, están considerados un manjar. Está muy decorado con toriis rojos y cuenta con un pequeño onsen para pies, que por supuesto probamos para descansar un rato. Este infierno me gustó mucho, pero sobre todo unos estanques más pequeños de color marrón rojizo que contrataban con el verde de la vegetación. 2.- Oniishibozu jigoku, el infierno de la cabeza afeitada del monje. Se caracteriza por piscinas de barro hirviendo en las que se forman burbujas en su superficie. Se supone que estas burbujas se parecen a la cabeza afeitada de un monje, de ahí su nombre. A priori no era uno que me llamara mucho la atención, pero en vivo y en directo me gustó mucho también. ![]() 3.- Kamado jigoku, el infierno de la caldera o del horno. Es posiblemente uno de los más peculiares, pero también de los más masificados. Dentro te puedes encontrar una estatua de un demonio cocinando y otros decorados por el estilo. Pese a lo estrambótico de la decoración a mí me gustó, sobre todo el estanque principal que también tiene un color azu turquesa. Tiene una tienda de recuerdos y también es posible comprar y probar allí mismo los huevos cocidos. ¡Victor, Mar y Jorge se atrevieron con ellos! ![]() ![]() ![]() 4.- Oniyama jigoku, el infierno del demonio de la montaña. Aquí se pueden encontrar muchos cocodrilos, quizá no en las mejores condiciones, ya que al parecer la temperatura de las aguas de sus estanques son perfectas para que críen. De todos los de esta zona es quizá el más feo ya que sus aguas tienen un color verdoso. 5.- Shiraike jigoku, el infierno del estanque blanco. Este infierno es también bastante bonito, y tiene hasta un toque elegante por la caseta que hay justo al lado, de madera. El agua del estanque tiene un color blanco lechoso. Visitando este infierno se puso a llover un poco, pero por suerte cuenta con un miniacuario donde pudimos entrar y esperar a que escampara un poco. ![]() Para continuar la ruta y ver los dos infiernos que faltaban era necesario coger un bus. Fuimos hasta la estación de autobuses de Kannawa, muy cerca de donde se encuentra el quinto infierno. Teníamos que tomar la línea 16 de autobús hasta la parada del Chinoike jigoku. Una vez localizada la estación (es una miniexplanada entre una zona de viviendas, bastante pequeña), preguntamos por los horarios en la oficina de información y nos fuimos a comer, ya que era bastante tarde. Por allí cerca se encuentra el JIGOKU MUSHI KOBO (STEAM COOKING), un sitio público donde puedes llevar comida y cocinarla tú mismo utilizando el vapor termal. Cuesta 510 yenes por 30 minutos, y cada 10 minutos adicionales otros 150 yenes. Se incluyen utensilios para cocinar y platos y condimentos y también se puede comprar allí mismo la comida. Sin embargo nosotros no lo probamos porque íbamos justos de tiempo y entramos en un pequeño restaurante, algo descuidado, pero no había mucho más donde elegir. La señora que atendía el local nos dio el menú y estaba todo en japonés, al menos había fotos. Según ella todo era "chicken", pero en algunos platos que probamos también había "fish". El menú incluía algunos vegetales como entrantes, una sopa, un plato principal y un helado de hielo picado con sirope por encima. Tras la lujosa comida cogimos el bus y tras un recorrido algo apresurado y brusco por parte del conductor llegamos al siguiente punto de la ruta. 6.- Chinoike jigoku, el infierno del estanque de sangre. es posiblemente el más bonito de todos por su situación natural, todo rodeado de vegetación verde y palmeras que contrasta con el rojo del agua, debido a la mezcla de óxidos de hierro, magnesio y aluminio. Tiene una tienda de recuerdos también, muy grande y bien provista de todo tipo de género. Creo que de todos los que visitamos es mi favorito, sin duda, si sólo queréis ver un infierno optaría por éste o por el marino. 7.- Tatsumaki jigoku, el infierno del géiser. se trata de un géiser que lanza un chorro de agua caliente a unos 20 m. de altura. Cada chorro de agua dura entre 6 y 10 minutos, y tiene una frecuencia de 30 o 40 minutos. Es uno de los géiseres más predecibles del planeta y por eso está tan explotado turísticamente, como le pasa al Old Faithful de Yellowstone. Tiene hasta unas gradas para que la gente se siente y lo vea cómodamente. Cuando llegamos faltaba todavía un rato para el siguiente "show" así que aprovechamos para tomar un café allí mismo. Debimos ver el último pase del día porque cuando acabó eran ya las 5:30 o así. ![]() Al terminar la ruta de los infiernos cogimos el primer bus que pasó que ponía Beppu Station y volvimos al centro de la ciudad. Fuimos a ducharnos y cambiarnos al hotel, para descansar un poco, y quedamos para cenar en la propia estación. Esa noche queríamos salir a dar una vuelta por Beppu. En algún sitio había leído que la Torre de Beppu (la torre de comunicaciones) tiene un mirador con vistas magníficas, y debajo un bar donde se podían tomar algunas copas a buen precio, y eso hicimos. Primero entramos la mirador, y fue un timo. Ya era de noche y no se veía nada, así que echamos un vistazo y nos bajamos al bar, no sabíamos aún lo que nos esperaba. Cuando se abrieron la puerta del ascensor encontramos un bar con karaoke con un ambiente algo decadente. La clientela era exclusivamente tercera edad algo pasada de alcohol cantando lo que debe ser el equivalente a las coplas españolas, canciones tradicionales de allí. Entonces nos fijamos en que había un chico joven que nos estaba mirando y que cuando nos escuchó hablar se nos acercó. ¡Era español! Estuvimos hablando con él, muy majo, y resulta que estaba trabajando allí en Beppu desde hacía un año y había llevado a unos amigos japoneses al karaoke. Nosotros nos sorprendimos mucho de encontrar a un español allí, pero creo que él más aún de ver a 6 jejeje. Y es que en esta zona de Japón vimos muy pocos occidentales, se nota que no es un lugar habitual en las rutas, así que fue una casualidad que los únicos 7 occidentales del karaoke fuéramos españoles. Nos dijo que si nos animábamos a cantar e Isa, que se le da muy bien, aceptó el reto y cantó "Eternal flame", levantando una gran ovación y aplauso por parte de los japoneses. ![]() Tras la marcha nocturna y las cervecillas que nos tomamos allí nos fuimos a dormir, que había sido un día largo y al día siguiente algunos se iban de viaje otra vez. Etapas 10 a 12, total 28
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