Segunda parte de nuestro viaje de dos semanas en diciembre del año pasado a Vietnam y Camboya. Este diario se refiere a Camboya, concretamente a Angkor, y es la continuación del que dediqué a Vietnam. Autor:Artemisa23Fecha creación:⭐ Puntos: 5 (11 Votos)
En este diario relato la segunda parte del viaje de dos semanas que hice con tres amigas por Vietnam y Camboya durante el pasado mes de diciembre. Arriba os dejo el enlace de la primera parte, dedicada a Vietnam, en cuya etapa inicial comenté los preparativos comunes a todo el viaje, así que no me parece necesario repetirlo ahora, si acaso, dejo el enlace de la primera etapa por si alguien desea consultarlo: Preparativos e itinerario.
Sin embargo, sí que voy a mencionar algunos detalles relativos exclusivamente a Camboya entremezclados con algunas fotos (todas de Camboya) para abrir boca o a modo de resumen para quienes se aburran y dejen de leer .
Documentación para viajar a Camboya.
Además del pasaporte con fecha de caducidad de al menos seis meses posterior a la fecha de la entrada en el país, los españoles necesitamos un visado y la e-arrival (tarjeta de inmigración electrónica). El visado se puede obtener online o al llegar al aeropuerto de entrada en el país. La tarjeta e-arrival debe solicitarse dentro de los siete días anteriores a la fecha de llegada.
En nuestro caso, dos de nosotras llevábamos el visado descargado en el teléfono, pues lo habíamos solicitado con antelación a través de la página web oficial www.evisa.gov.kh (ojo, que hay otras que son un timo, ya que te cobran comisiones que no tocan). El trámite es bastante sencillo e intuitivo, con una pestaña de instrucciones en español, aunque la traducción no funciona en todos los apartados. Hay que adjuntar el pasaporte (escaneado) y una foto reciente, aunque en mi caso tomaron la misma del pasaporte sin requerirme más. Los datos personales que figuran en el pasaporte aparecen transcritos directamente en sus casillas correspondientes; solo hay confirmarlos. Otros apartados es preciso rellenarlos necesariamente, como el correo electrónico donde quieres recibir el visado. También permiten dejar pendientes datos de los que no se disponga en el momento de solicitar el visado para cumplimentarlos más adelante. Tampoco es obligatorio acompañar los billetes de avión, ni justificante de los hoteles u alojamientos, si bien puede hacerse de manera opcional. El visado tiene un precio de 30 dólares (el importe es el mismo que si se pide al llegar al aeropuerto) y al final del proceso te dirigen a una plataforma segura para el pago con tarjeta de crédito, similar a cualquier otra compra por internet. Para terminar, te facilitan un resguardo que te llega al correo electrónico. En mi caso, lo pedí una noche y un par de días después, a primera hora de la mañana, ya lo tenía disponible. Además de descargarlo en el móvil y hacer un pantallazo, recomiendan que lleves contigo dos ejemplares impresos. Este tipo de visado turístico es válido durante un mes y solo sirve para una entrada en el país.
La tarjeta e-arrival, también se obtiene online. Es gratuita. En este caso, la agencia se prestó muy amablemente a pedírnosla a las cuatro, no fuera que surgiese algún problema, pues para la fecha en que podíamos empezar a pedirla ya estaríamos en Vietnam. Unos días antes de nuestra llegada a Camboya recibimos en el correo electrónico la e-arrival, que en realidad es un QR.
Como dato adicional, comentar que también recibimos otro correo con un documento que deberíamos presentar en caso de salir del país por una frontera terrestre y no por un aeropuerto.
Dinero y tarjetas.
La moneda local se llama riel (KHR) y su equivalencia actual es de 4.678 rieles por un euro. Una barbaridad, pero no tan exagerada como la de Vietnam. De todas formas, apenas utilizamos rieles, pues los dólares circulan por todas partes tanto en Siem Reap como en Angkor. Mis amigas llevaban dólares. Yo iba con euros y unos pocos dólares que me sobraron de un viaje anterior, con la idea de cambiar allí según lo que viese. Las compis valencianas cambiaron dólares a rieles. Y no es que perdieran, pero tampoco ganaron nada. Ellos, naturalmente, prefieren dólares. Así que todos los precios (incluso en los puestos y mercadillos) están en dólares. Por supuesto, puedes pagar en rieles, pero entonces en muchos sitios sacan la calculadora y te hacen unas cuentas que no siempre entiendes. Si pagas en dólares y te tienen que dar cambio, el pico hasta completar la unidad te lo devuelven en rieles. En fin, un tanto peculiar todo. También aceptan euros, pero no interesa de ningún modo salvo que no haya otro remedio, pues equiparan un dólar a un euro. Naturalmente, esto no ocurre en las casas de cambio. En fin, cada uno que haga sus cálculos, aunque sí resulta muy conveniente llevar siempre encima dinero en efectivo, sobre todo dólares y en billetes pequeños, que son un seguro.
Las tarjetas las suelen aceptar en restaurantes y supermercados mientras que los vendedores de los puestos de la calle y los mercadillos solamente quieren efectivo. Se puede regatear, pero son duros de pelar, y no bajan demasiado, aunque a veces ceden al cabo de un rato, sobre todo si te llevas más de una unidad. En cualquier caso, hay que dominar ese arte, como una de mis amigas, a quien se le da de vicio. Personalmente, ni me gusta ni sirvo para ello.
Les encantan las propinan, incluso las esperan, pero tampoco suelen exigirlas descaradamente como en otros lugares. Es algo relativo y que depende de cada cual. Hay que fijarse porque en algunos restaurantes está incluido el servicio.
Mosquitos.
En Siem Reap vimos más mosquitos que en Vietnam, sobre todo al anochecer. Así que tuvimos que ponernos una buena dosis de repelente. He vuelto de este viaje sin una picadura.
Temperatura.
Aunque no faltaron algunas nubes, los cielos permanecieron azules la mayor parte del tiempo. Hacía calor, sobre todo a medio día, cuando apretaba el sol. Más de treinta grados y bastante humedad. Por la noche, se estaba muy bien. En cuanto a lluvia, ni una gota. En otra época del año, el calor puede resultar agobiante, hasta el punto de hacer imposible la visita de los templos a mediodía, por lo cual es muy recomendable alojarse en un establecimiento que disponga de piscina y, por supuesto, de aire acondicionado.
Adaptadores, enchufes y cargadores de pilas.
No hacen falta. Suelen tener enchufes con varios tipos de clavijas.
Hora.
Seis horas más que en España, lo mismo que en Vietnam. Durante la segunda semana de diciembre, amanecía a las seis de la mañana y anochecía sobre las seis de la tarde. Unas doce horas de luz, por tanto.
Comida y bebida.
Ningún problema: en Siem Reap hay absolutamente de todo, para todos los gustos y bolsillos. Fuera del casco antiguo hay sitios para comer más al estilo local, mientras que Pub Street se parece a cualquier zona de marcha occidental. Hay movida hasta pasada la media noche.
Seguridad personal y conflicto militar entre Camboya y Tailandia.
El origen del conflicto es una disputa histórica y recurrente por el templo de Phreah Vihear, situado en la frontera de ambos países, en territorio camboyano que reclaman los tailandeses. En 1962, la Corte Internacional de Justicia declaró que su posesión corresponde a Camboya. Tailandia no lo acepto, lo que provocó enfrentamientos armados que se iniciaron en 2008, cuando la Unesco declaró el templo Patrimonio de la Humanidad, repitiéndose las escaramuzas armadas en 2011 y nuevamente en el verano de 2025.
Durante el otoño, las desavenencias parecían en vías de solución, pero el asunto volvió a complicarse poco antes de nuestro viaje, lo que inevitablemente nos creó algo de incertidumbre, si bien en ningún momento nos planteamos cancelar, pues el lugar de los enfrentamientos está muy lejos de Siem Reap, incluso creo que el propio tempo está cerrado y el acceso a la zona cortado para los extranjeros. Una vez allí, no notamos tensión alguna, ni nadie comentaba nada al respecto y nuestro guía le restó importancia desde el punto de vista turístico. Así que sin problemas en ese sentido, al menos durante nuestra estancia; lo mismo que en cuanto a seguridad personal.
Itinerario completo del viaje.
Para no perder el hilo del diario anterior, decir que era un viaje organizado de dos semanas, al que fui con tres amigas. En Vietnam, el grupo estaba formado por siete personas: nosotras cuatro, un chico de Madrid y una madre y una hija de Valencia. El único componente masculino no hizo la etapa camboyana, así que en Angkor estuvimos únicamente las seis “chicas”. El itinerario del viaje completo fue el siguiente:
- Ho Chi Minh
- Tour por el Delta del Mekong
- Túneles Cu Chi.
- Hoi An
- Puente de las Manos
- Montaña de Mármol
- Hué
- Hanoi
- Crucero por la Bahía de Halong
- Camboya: tres días completos, los dos primeros con la ruta programada (Angkor, Lago Tonle Sap y Siem Reap) y el tercero, contratado por nuestra cuenta, incluía una excursión a Beng Mealea y Koh Ker.
Unos pocos datos sobre Camboya.
Camboya es un país ubicado al sur de la Península de Indochina, en el Sudeste Asiático. Tiene fronteras con Laos al norte, Tailandia al noroeste, Vietnam al este y el Golfo de Tailandia al suroeste. Con una superficie aproximada de 181.000 km2, su población actual supera los diecisiete millones de habitantes. Su capital y ciudad más grande y poblada es Nom Pen, con más de 2.200.000 residentes. Su religión oficial es el budismo y su forma de gobierno, la monarquía constitucional parlamentaria.
Y, ahora sí, recupero el relato en el mismo lugar donde lo dejé al final de la última etapa del diario de Vietnam, es decir, en el aeropuerto de Hanoi, rumbo a Siem Reap.
Desde Hanoi a Siem Reap volamos con Vietnam Airlines. Nos dieron un bocadillo, unas frutas, una galleta y una bebida. No hubo retrasos y creo recordar que en una hora y media aterrizamos en el moderno aeropuerto de Siem Reap-Angkor (SAI), situado a unos 45 kilómetros de la ciudad y que ha sustituido al anterior, ubicado a poca distancia de los templos.
Ya en la terminal, unos funcionarios preguntaban si tenías visado o no. A los que sí, les señalaban un camino y a quienes no, otro. A las cuatro que lo llevábamos nos condujeron frente a las cabinas de inmigración, donde hicimos una pequeña cola. Un agente me pidió el pasaporte y la tarjeta de embarque del vuelo que traíamos. Nada más, ni siquiera me requirió mostrar el visado, que llevaba tanto en el teléfono como impreso por duplicado, según las instrucciones. Supongo que lo tendría en el ordenador. Tras tomarme las huellas (creo que solo de los pulgares) y hacerme una foto, me devolvió el pasaporte con unas pegatinas en las que figuraba un código QR. El trámite completo duró apenas tres minutos. Poco después, las dos amigas que iban sin visado aparecieron con todo solucionado. Según nos contaron, les fueron diciendo vengan por aquí y por allí, hagan esto y aquello, les cobraron los 30 dólares y ya. Todo muy sencillo y sin problemas, incluso sin dominar el inglés (ni camboyano, claro).
Aeropuerto de Siem Reap-Angkor.
Tras recoger las maletas facturadas, salimos al exterior, donde nos estaba esperando el guía local, provisto del típico cartelito con nuestros nombres. En esta ocasión, el transporte era un mini-bus muy decorado, sus cortinillas con flecos, gemas y perlas, de lo más exótico. Curioso de verdad. Luego resultó bastante cómodo. Además, nos sobraba sitio.
El decorado minibús, todo para nosotras seis.
Entre unas cosas y otras se había hecho de noche. Desde el aeropuerto a Siem Reap se tarda entre cuarenta y cincuenta minutos por carretera, durante los cuales nuestro guía Som Ol, aparte de decirnos que le llamásemos Samuel para facilitar las cosas, nos informó de un montón de datos prácticos y otros detalles relacionados con el programa. También nos preguntó si queríamos tarjetas de datos. Las valencianas no necesitaban porque llevaban e-sim. Nosotras cuatro, al contrario que en Vietnam, al estar allí solo tres días y tener wifi en el hotel, decidimos apañarnos con una sola tarjeta, instalada en mi teléfono. Samuel paró en una tienda, me bajé con él y compré una tarjeta de 15 GB (una barbaridad para mis necesidades en tan poco tiempo) por 5 dólares. Funcionó perfectamente durante todo el tiempo que pasamos allí.
El hotel fue uno de los imprevistos del viaje, pues nos lo cambiaron a última hora. Y no es que fuese malo, sino que de uno que estaba en el centro de Siem Reap pasamos a otro a unos cinco kilómetros, en la carretera que va a Angkor, donde hay varios resorts, incluso un pequeño parque de atracciones con noria incluida.
Carretera de los resorts, pero este no fue nuestro hotel.
Nos alojamos en el Hotel Empress Angkor Resort & Spa, de cuatro estrellas y arquitectura de apariencia suntuosa, bastante recargada y que simula un templo gigante. Disponía de jardines y piscina, que no utilizamos. Naturalmente, aquí tampoco faltaban los adornos navideños. Las habitaciones amplias y confortables, con camas enormes y el cuarto de baño provisto de cabina de ducha y bañera exenta con patas plateadas.
Resumiendo, el hotel, sí, muy mono, incluso pijo, pues no le faltaba de nada, ni siquiera peces de colores, pero su ubicación nos obligó a desplazarnos al centro en tuk-tuk cada noche para cenar y dar una vuelta. Menos mal que apenas parábamos allí y tanto taxis como tuk tuks son baratos y los hay a patadas, con lo cual el trastorno al final no lo fue tanto.
Una vez que nos dieron las tarjetas-llave de las habitaciones, nos despedimos de Samuel hasta el día siguiente, no sin antes pedirle que nos recomendase un restaurante majo para inaugurar Camboya y darnos un pequeño homenaje, pues no habíamos comido gran cosa por culpa de la hora del vuelo. Al cabo de un rato, quedamos las seis en el lobby, donde una amable recepcionista avisó por teléfono a dos tuk tuks para que nos acercasen a Siem Reap. Mientras tanto, me entretuve haciendo fotos en el bien ambientado exterior.
Aunque solo chapurreaban inglés, los conductores eran muy atentos y simpáticos. Cobraban 3 dólares por carrera. Quizás hubiésemos podido dejarlo en menos, pero pagando entre todas, la verdad, no merecía la pena regatear. Queríamos ir a Pub Street. Al llegar, se ofrecieron a recogernos a la hora que les indicásemos. Aceptamos. No es que hiciera falta, pues si algo sobra en esa zona de Siem Reap son bares, restaurantes y… tuk tuks, cuyos conductores te llaman a gritos desde todas partes; pero así nos ahorrábamos la tarea de tener que decidir si este o aquel.
Pub Street.
Enseguida tuvimos nuestro primer contacto con Pub Street, la calle de los “guiris” de Siem Reap, cuyo apodo no es necesario explicar, pues, en este caso sí que una imagen vale más que mil palabras.
Además de la propia avenida, que tiene más de un kilómetro de longitud, la zona de ocio se extiende a otras dos o tres calles aledañas, donde sobre todo los extranjeros disfrutan de la vida nocturna, con innumerables bares, restaurantes de todo tipo de comida local e internacional, tiendas, heladerías, discotecas, actuaciones en directo, masajes… También hay mercados y una multitud de puestos callejeros que venden hasta lo que no alcanzas a imaginar.
Hay quien compara este lugar con la célebre Khao San, la calle de los mochileros de Bangkok. Bueno, sí, puede tener cierta similitud, aunque esta me pareció menos… ¿cómo decirlo?, menos exótica, más occidental. No sé si en esa sensación influyeron de nuevo las luces y adornos navideños. En esto, aunque habíamos cambiado de país continuábamos igual que en Vietnam.
Con algunos locales abiertos hasta la madrugada, la zona es un maremágnum de gente que va y viene, en su mayor parte jóvenes. Al parecer, su origen se remonta a la apertura al turismo del país después de la caída del régimen de los jemeres rojos. Pese al aparente desenfreno, nos pareció un lugar seguro, con bastante vigilancia policial.
Aunque no guste el jaleo y el bullicio, solo por vivir el ambiente, merece la pena darse una vuelta por aquí al menos una noche. Es una forma de cambiar de chip después de las largas jornadas de templos en Angkor.
Como ya comenté, para darnos un pequeño homenaje y por recomendación del guía, fuimos a cenar a Chamrey Tree, un local que ofrece comida camboyana tradicional con toques modernos. Aunque cerca, no está en el meollo de marcha de Pub Street, así que para llegar tuvimos caminar por algunas calles algo más solitarias, en una de las cuales encontramos una bonita pagoda. Una lástima que no estuviese iluminada.
El restaurante, situado junto al río, está muy bien decorado y el servicio es amable y eficiente. Pedimos consejo al camarero, pues queríamos varios platos para compartir entre las seis, algo que le costó un poco descifrar, pero al final nos preparó un estupendo menú degustación compuesto por lo siguiente, además del típico arroz aromatizado: rollitos de primavera frescos, rellenos de cerdo picado, pollo, camarones de río, piña, pepino, fideos de arroz, lechuga, cebollino, hierbas khmer y salsa de cacahuate; amok de pescado al vapor con crema de coco, hoja de plátano y hoja verde gno; gambas y calamares crujientes; ternera Lok Lak, de libre pastoreo con ajo, salsa de lima y pimienta, acompañado de hoja verde marchita y arroz blanco. Total nada: me ha costado trabajo hasta copiarlo. Además, cuatro cervezas y un agua grande.
Estaba todo muy rico, incluso lo que picaba, y lo pasamos estupendamente bien. El restaurante es un poco “pijo” y el precio está por encima de la media en Siem Reap, pero aun así nos costó 70,92 dólares para las seis; vamos, unos 12 dólares cada una con la propia incluida. En fin, ni un menú del día normalito en España.
Después de cenar, dimos unas cuantas vueltas en torno al río, donde está un animado mercado nocturno. Al cabo de un rato, volvimos a Pub Street donde habíamos quedado con nuestros conductores, que ya nos esperaban para devolvernos al hotel.
La palabra “angkor” proviene del sanscrito y significa “ciudad”. Aunque esta zona de la actual Camboya estuvo habitada desde el siglo I por pequeñas comunidades, su época dorada comenzó en el año 802, tras ser derrotadas sus tribus por el rey Jayavarman II, que unificó y extendió el antiguo Reino de Chenia, creando el Imperio Jemer (Khemer), que con el tiempo se extendió desde el Mar de China hasta el Golfo de Bengala. Para reafirmar su condición de rey-dios, Jayavarman II emprendió la construcción de grandes templos y estructuras, tradición que continuaron sus sucesores durante centenares de años, hasta que a mediados del siglo XV, la ciudad entró en un progresivo declive que culminaría en 1432 con el traslado de la capital a Nom Pen.
Durante un breve periodo, a mediados del siglo XVI, Angkor renació, llegando incluso a recuperar la capitalidad en 1576, hasta que en 1594, el reino fue conquistado por Siam, tras lo cual la ciudad y sus templos fueron definitivamente abandonados.
En Angkor, cerca de la ciudad moderna de Siem Reap, hay contabilizados 910 monumentos y templos, que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992. Muchas de las estructuras estuvieron comidas por la selva hasta no hace mucho tiempo, algunas todavía continúan escondidas bajo la vegetación, excepto Angkor Wat, que nunca llegó a abandonarse del todo, con monjes budistas ocupándose de su cuidado.
Los templos y su arquitectura.
Los templos fueron muchos y de muy diverso tamaño. Se construyeron como morada de los dioses con materiales duraderos, lo que ha permitido que perduren a lo largo de los siglos. Normalmente, estaban protegidos por recintos envolventes, sin que en la actualidad resulte sencillo determinar dónde acababa el templo y donde empezaba la ciudad en la que se integraban. Porque el templo no era el lugar donde se reunían los fieles para orar o adorar a los dioses, sino el palacio del dios al que estaba dedicado, provisto de una sala o santuario donde moraba su escultura, a la que solo tenían acceso las élites políticas y religiosas. Era habitual que un templo se dedicase a varios dioses, cada uno con su santuario, figurando la deidad principal en el centro. Los santuarios solían estar bajo una torre (prasat) coronada por una pieza en forma de pirámide, convirtiéndose en una característica propia de los templos del imperio jemer. Los materiales de construcción evolucionaron con el tiempo, siendo los más utilizados el ladrillo, la arenisca y la laterita (un tipo de arcilla rica en hierro); la madera se empleaba en palacios y residencias, pero en los templos solo se utilizaba para los techos y pabellones temporales.
Visitar los templos.
Los templos se encuentran diseminados por un área muy amplia, que abarca más de 400 km2, por lo que resulta imposible recorrerlos todos, ni siquiera empleando varios días. Así que es necesario planificar cuáles se desea ver según los gustos y el tiempo disponible. Normalmente, para una estancia de dos días, lo más habitual es hacer un par de circuitos que se conocen como circuito corto y circuito largo, uno cada jornada.
El circuito corto se llama así porque abarca menos distancia, si bien el número de templos es mayor y comprende buena parte de los más grandes e interesantes: Angkor Wat, Angkor Thom, Thommanom, Chau Say Thevoda, Ta Keo, Ta Prohm, Banteay Kdei, Prasat Kravan y Ta Prohm. En el circuito largo, se visitan menos templos, pero están más dispersos, destacando Sras Srang, Pre Rup, East Mebon, Ta Som, Neak Pean, Preah Khan, a los que puede añadirse Banteay Srei.
Foto de un panel informativo en Angkor con los templos del núcleo central, más o menos el circuito corto.
En el circuito largo, se visitan menos templos, pero están más dispersos, destacando Sras Srang, Pre Rup, East Mebon, Ta Som, Neak Pean, Preah Khan, a los que puede añadirse Banteay Srei.
Sin embargo, sobre los circuitos, yo, que me encantan las piedras y cuantas más, mejor, acabé dándole la razón a Samuel, quien nos comentó que en un solo día no hay que cegarse con la idea de completar un circuito, tachando templos como si fueran los números de un bingo, sino escogerlos bien, disfrutando con cierta tranquilidad de los que más gusten. También hay que considerar el calor, el cansancio y la saturación que puede llegar a producir ver muchos templos seguidos en poco tiempo, algunos de épocas y estilos similares. Y lo mismo ocurre con otro clásico de las redes sociales: el amanecer en Angkor Wat. Como pilles un día nublado (y suele haber nubes a primera hora de la mañana), el madrugón seguramente no merezca la pena. En fin, son decisiones de cada cual, en las que es mejor no intervenir ni aconsejar. Y lo mismo, para el atardecer, aunque en este caso la hora ayuda a decidir
También hay que elegir el modo de visitar los templos: caminando, en bicicleta, en tuk tuk, en coche, con guía, sin guía… Aunque en los planos pueda parecer que están cerca unos de otros, la distancia entre algunos de ellos suele ser muy grande para ir a pie, teniendo en cuenta, además, el calor y el tiempo que se perdería. El tuk tuk es una buena solución para el circuito corto, pero para otros sitos más alejados puede resultar incómodo. Por nuestra parte, reconozco que hacer las distancias más largas en un vehículo con aire acondicionado fue un alivio porque el sol apretaba de lo lindo y el calor a medio día llegó a ser agobiante. Y eso que era diciembre…
Aunque no soy precisamente una entusiasta de las visitas guiadas, en esta ocasión me pareció muy interesante contar con un guía para explicarnos muchos detalles que se nos hubiesen escapado de haber ido solas. Además, Samuel nos llevaba por itinerarios diferentes de los habituales para evitar a los grupos más numerosos, lo que supone una gran ventaja. Desde luego se puede ir por libre sin ningún problema, quizás incluso cunda más, pues posiblemente te entretendrás menos en cada templo. En ese caso, conviene preparar bien la visita, planificar lo que se quiere ver y llevar una pequeña guía impresa o en el móvil para no perderse lo mejor de cada templo.
Para los más interesados, hay libros muy buenos, algunos los venden los chavales a la entrada de los templos. Yo compré un ejemplar nuevo de “Ancient Angkor”, de Michael Freeman y Claude Jacques, una magnífica y completa guía con muchas ilustraciones que he consultado a menudo para escribir este diario. Tuve que regatear -y mira que no me gusta-, pero al final lo conseguí por 10 dólares. Eso sí, está en inglés. Había otra guía en español, un par de dólares más barata pero con muchas menos páginas y, comparándolas, no hay color.
Vestimenta.
En algunos templos, hay que cubrirse los hombros y las rodillas. Así que no conviene llevar camisetas de tirantes o pantalones demasiado cortos. Si acaso, acordarse de poner en la mochila un fular o una blusa de manga larga. Ni que decir tiene que se camina mucho, incluso por senderos de tierra, con escalones irregulares y sitios estrechos, así que se impone calzado muy cómodo, zapatillas de deporte o botas ligeras de trekking. Imprescindibles la crema solar, una gorra o sombrero y una botellita de agua. El sol puede ser implacable. También conviene ponerse repelente de insectos, sobre todo al amanecer o al atardecer.
Entradas y horarios.
Las entradas solamente se pueden adquirir online o en el Centro Oficial, situado en la carretera que va desde Siem Reap a Angkor Wat. Existen tres tipos de pases: de un día (37 $), de tres días (62 $), valido para tres días no necesariamente consecutivos en un periodo de 10 días seguidos, y de siete días (72 $), válido para siete días en un periodo de un mes. Estos abonos permiten acceder a todos los templos de Angkor, pero no incluyen otros sitios arqueológicos como Koh Ker o Preah Vihear. Beng Maelea sí está incluido. Las entradas son personales e intransferibles y llevan una foto del titular. Hay que tenerlas siempre disponibles porque te las pueden solicitar en cualquier momento. Los horarios pueden variar según la temporada. En nuestro caso, el horario de visita iba de 7:30 AM a 5:30 PM, excepto Angkor Wat (5:00 AM a 5:30 PM), Sras Srang (5:00 AM a 5:30 PM) y Bakheng (5:00 AM a 7:00PM).
Nuestro itinerario.
Teníamos dos días con visitas programadas. El primero estaba dedicado exclusivamente a Angkor y coincidía más o menos con el circuito corto, añadiendo Ta Phrom. El segundo comenzaba con una excursión al Lago Tonlé Sap y aldeas flotantes, para seguir después con dos templos sumamente interesantes, algo alejados del recinto principal: Bantaey Samre y Bantaey Srei.
Aunque nos íbamos al día siguiente, el vuelo salía a las 23:50, así que nos quedaba una jornada completa para seguir viendo cosas. Y creo que lo aprovechamos bien. Pero eso ya lo contaré.
Espectacular. Angkor no falla.
Pero yo me quedo sobre todo con los bajorrelieves.... Impresionantes....
Estupendos diarios. Y muy bien ilustrados. Muchas gracias por compartir. 5*
@gadiemp Muchas gracias por tu comentario y tus estrellas. Todo Angkor es espectacular, pero los bajorrelieves de Bayon y de Angkor Wat es para pasarse un día entero y no te cansas. Todavía en casa, viendo las fotos en el ordenador, sigo encontrando personajes que me dejan a cuadros.
Un diario muy completo, con muy buena información.
Justo hice un viaje parecido a finales de diciembre, pero por libre y en solitario. Descarté el norte de Vietnam porque ya había estado, y entré a Camboya por el río Mekong con parada en Phnom Penh. Iba a hacer un pequeño diario pero no me da la vida
La verdad es que tanto Vietnam como Camboya son dos destinos maravillosos, se disfrutan mucho.
@Magrat1976 Muchas gracias por tu comentario y tus estrellitas. Estoy de acuerdo en que por libre se viven los viajes de otra manera, pero cuando por circunstancias no puede ser, pues toca disfrutar de lo que hay; y que siga "habiéndolo" (jajaja).
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Yo personalmente no lo haria nocturno, hay bastantes accidentes ya que no hay iluminación ninguna. Y si, hay que pasar por Phonm Penh (nosotros hicimos noche alli)
Entonces nada, no tengo tanto tiempo para hacerlo de día
Porque quieres ir a Sihanoukville ? cual es tu ruta?
Yo personalmente no lo haria nocturno, hay bastantes accidentes ya que no hay iluminación ninguna. Y si, hay que pasar por Phonm Penh (nosotros hicimos noche alli)
Entonces nada, no tengo tanto tiempo para hacerlo de día
Porque quieres ir a Sihanoukville ? cual es tu ruta?
Para llegar a las islas
A bucear ? no meren la pena ,arena fina , donde yo estube ,poco coral ,poca vida y aguas poco claras , mucho esfuerzo para dos días