Con todo lo que he escrito a lo largo y ancho de estos dos diarios, queda poco por contar, pues he procurado dar mis impresiones sobre los sitios en cada una de las etapas. Pero, bueno, ahí van unas poquitas conclusiones.
La primera está clara: he vuelto muy satisfecha del viaje. Aunque no sé por qué comencé un poco fría, Vietnam me ha conquistado por sus paisajes, su comida, sus templos, sus pagodas, sus ciudades y, sobre todo, por sus gentes, tan amables, siempre con una sonrisa. Con esto no quiero decir que no haya que andarse con cuidado sobre ciertas cuestiones, como en cualquier sitio, pero la seguridad que sientes al caminar por cualquier calle de cualquier ciudad es impagable. Puedes meterte por cualquier sitio, a cualquier hora, sin sentir intranquilidad. Excepto por el tema de las motos, claro está. Ya tuve un ensayo el año pasado en Tailandia, pero aquí me pareció más complicado; y peor en Ho Chi Minh que en Hanoi, quizás porque en Saigón las calles son más anchas y van a más velocidad.
Me han gustado todos los sitios donde he estado, pues cada uno tenía su cosilla especial. No obstante, si tuviera que quitar algo obligatoriamente, sería la parte de Ho Chi Minh. Porque Hoi An, Hué y Hanoi me parecen imprescindibles.

Es evidente que me han faltado días: el viaje se me ha quedado muy corto, aunque con eso ya contaba. Vietnam se merece dos semanas completas al menos, pero ese era el tiempo que teníamos disponible en total y no queríamos renunciar de ningún modo a Angkor. Me hubiera gustado ver más lugares del norte, ir a Sapa y, por supuesto, pasar unos días en Nihn Bihn. Me lo planteo como una asignatura pendiente y no descarto volver con un itinerario más personalizado, quizás combinado con Indonesia. Ya veremos si me resulta posible hacerlo.

Los vuelos son caros, pero la comida y los alojamientos tienen muy buen precio. Hay mucho para elegir de acuerdo con los gustos y posibilidades de cada cual, pues un estupendo hotel céntrico de cuatro estrellas por menos de 50 euros está muy pero que muy bien. Y en un restaurante comes estupendamente pagando entre 5 y 9 euros por persona. En los puestos callejeros debe ser mucho más barato, pero no probamos. Aunque supongo que es más auténtico, considerando nuestra edad y circunstancias no nos merece la pena correr riesgos con la salud. Vimos lavar platos en barreños en la calle, en el suelo, con agua bastante sospechosa y alguna que otra rata corriendo por las inmediaciones. Cierto que no todos los sitios son iguales, que no tiene por qué pasar nada y que puedes coger una intoxicación o una diarrea incluso en el mejor restaurante, pero… Bueno, es una decisión de cada cual.

Sobre la amabilidad de los camboyanos vale lo dicho sobre los vietnamitas pero multiplicado por dos. En general, son encantadores. Se nota que sufrieron mucho con el régimen genocida de los jemeres rojos y ahora desean vivir con tranquilidad. En Camboya, la comida me ha gustado pero un pelín menos. Creo que la cocina en Vietnam es más variada. Pero es igual, pasear por los templos de Angkor lo cura todo y justifica el viaje al completo, al menos para mí. Sin embargo, ya he comentado que tampoco hay que cegarse queriendo verlo absolutamente todo. En tres días, es imposible. Hay que disfrutarlo. Claro que también depende de lo que gusten las piedras. Igual hay personas que con echar un vistazo a cada templo tienen bastante y les cunde mucho más que a mí, que me encanta fijarme en demasiados detalles, quizás. Cada uno tiene su forma de hacer visitas y todas son respetables.

En cualquier caso, para el tercer día preferimos ver algo distinto y recorrer algunos kilómetros a cierta distancia de Siem Reap, por eso fuimos a Koh Ker, cuando podíamos habernos quedado a visitar templos que nos faltaban en Angkor. Otra decisión personal y que seguramente no compense a la mayoría. El Lago Tonlé Sap sí lo recomiendo, sobre todo porque viene bien para no saturarse de templos que, aunque son maravillosos, puede llegar a pasar. Y no digamos Beng Mealea... Ese caos absoluto es alucinante.

Sobre si tres días fue tiempo suficiente, pues depende. En la época que fuimos, pudimos disfrutar de la jornada entera para ver cosas sin que nos llamara correr al hotel para descansar o bañarnos en la piscina, pues el calor, aunque intenso, no resultaba agobiante. Así que los tres días nos cundieron mucho, si bien podríamos haber estado otro más tranquilamente en Angkor sin aburrirnos ni mucho menos. Otra cosa es plantearse visitar otras zonas del país. Si que es cierto que aquí no me ha quedado la sensación que me dejó Vietnam de querer volver sí o sí para ver muchos lugares a los que no pude ir y echo en falta. Lástima que estos países estén tan lejos porque lo tienen todo para pasar unas vacaciones fantásticas.

Por ahora, no se me ocurre qué más contar sin repetirme. Si me acuerdo de algo nuevo, lo iré añadiendo.
¡Hasta la próxima, Vietnam! ¡Hasta siempre, Camboya!
¡Hasta la próxima, Vietnam! ¡Hasta siempre, Camboya!