Angkor y sus templos.
La palabra “angkor” proviene del sanscrito y significa “ciudad”. Aunque esta zona de la actual Camboya estuvo habitada desde el siglo I por pequeñas comunidades, su época dorada comenzó en el año 802, tras ser derrotadas sus tribus por el rey Jayavarman II, que unificó y extendió el antiguo Reino de Chenia, creando el Imperio Jemer (Khemer), que con el tiempo se extendió desde el Mar de China hasta el Golfo de Bengala. Para reafirmar su condición de rey-dios, Jayavarman II emprendió la construcción de grandes templos y estructuras, tradición que continuaron sus sucesores durante centenares de años, hasta que a mediados del siglo XV, la ciudad entró en un progresivo declive que culminaría en 1432 con el traslado de la capital a Nom Pen.

Durante un breve periodo, a mediados del siglo XVI, Angkor renació, llegando incluso a recuperar la capitalidad en 1576, hasta que en 1594, el reino fue conquistado por Siam, tras lo cual la ciudad y sus templos fueron definitivamente abandonados.

En Angkor, cerca de la ciudad moderna de Siem Reap, hay contabilizados 910 monumentos y templos, que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992. Muchas de las estructuras estuvieron comidas por la selva hasta no hace mucho tiempo, algunas todavía continúan escondidas bajo la vegetación, excepto Angkor Wat, que nunca llegó a abandonarse del todo, con monjes budistas ocupándose de su cuidado.

Los templos y su arquitectura.
Los templos fueron muchos y de muy diverso tamaño. Se construyeron como morada de los dioses con materiales duraderos, lo que ha permitido que perduren a lo largo de los siglos. Normalmente, estaban protegidos por recintos envolventes, sin que en la actualidad resulte sencillo determinar dónde acababa el templo y donde empezaba la ciudad en la que se integraban. Porque el templo no era el lugar donde se reunían los fieles para orar o adorar a los dioses, sino el palacio del dios al que estaba dedicado, provisto de una sala o santuario donde moraba su escultura, a la que solo tenían acceso las élites políticas y religiosas. Era habitual que un templo se dedicase a varios dioses, cada uno con su santuario, figurando la deidad principal en el centro. Los santuarios solían estar bajo una torre (prasat) coronada por una pieza en forma de pirámide, convirtiéndose en una característica propia de los templos del imperio jemer. Los materiales de construcción evolucionaron con el tiempo, siendo los más utilizados el ladrillo, la arenisca y la laterita (un tipo de arcilla rica en hierro); la madera se empleaba en palacios y residencias, pero en los templos solo se utilizaba para los techos y pabellones temporales.

Visitar los templos.
Los templos se encuentran diseminados por un área muy amplia, que abarca más de 400 km2, por lo que resulta imposible recorrerlos todos, ni siquiera empleando varios días. Así que es necesario planificar cuáles se desea ver según los gustos y el tiempo disponible. Normalmente, para una estancia de dos días, lo más habitual es hacer un par de circuitos que se conocen como circuito corto y circuito largo, uno cada jornada.
El circuito corto se llama así porque abarca menos distancia, si bien el número de templos es mayor y comprende buena parte de los más grandes e interesantes: Angkor Wat, Angkor Thom, Thommanom, Chau Say Thevoda, Ta Keo, Ta Prohm, Banteay Kdei, Prasat Kravan y Ta Prohm. En el circuito largo, se visitan menos templos, pero están más dispersos, destacando Sras Srang, Pre Rup, East Mebon, Ta Som, Neak Pean, Preah Khan, a los que puede añadirse Banteay Srei.
Foto de un panel informativo en Angkor con los templos del núcleo central, más o menos el circuito corto.


En el circuito largo, se visitan menos templos, pero están más dispersos, destacando Sras Srang, Pre Rup, East Mebon, Ta Som, Neak Pean, Preah Khan, a los que puede añadirse Banteay Srei.
Sin embargo, sobre los circuitos, yo, que me encantan las piedras y cuantas más, mejor, acabé dándole la razón a Samuel, quien nos comentó que en un solo día no hay que cegarse con la idea de completar un circuito, tachando templos como si fueran los números de un bingo, sino escogerlos bien, disfrutando con cierta tranquilidad de los que más gusten. También hay que considerar el calor, el cansancio y la saturación que puede llegar a producir ver muchos templos seguidos en poco tiempo, algunos de épocas y estilos similares. Y lo mismo ocurre con otro clásico de las redes sociales: el amanecer en Angkor Wat. Como pilles un día nublado (y suele haber nubes a primera hora de la mañana), el madrugón seguramente no merezca la pena. En fin, son decisiones de cada cual, en las que es mejor no intervenir ni aconsejar. Y lo mismo, para el atardecer, aunque en este caso la hora ayuda a decidir

También hay que elegir el modo de visitar los templos: caminando, en bicicleta, en tuk tuk, en coche, con guía, sin guía… Aunque en los planos pueda parecer que están cerca unos de otros, la distancia entre algunos de ellos suele ser muy grande para ir a pie, teniendo en cuenta, además, el calor y el tiempo que se perdería. El tuk tuk es una buena solución para el circuito corto, pero para otros sitos más alejados puede resultar incómodo. Por nuestra parte, reconozco que hacer las distancias más largas en un vehículo con aire acondicionado fue un alivio porque el sol apretaba de lo lindo y el calor a medio día llegó a ser agobiante. Y eso que era diciembre…

Aunque no soy precisamente una entusiasta de las visitas guiadas, en esta ocasión me pareció muy interesante contar con un guía para explicarnos muchos detalles que se nos hubiesen escapado de haber ido solas. Además, Samuel nos llevaba por itinerarios diferentes de los habituales para evitar a los grupos más numerosos, lo que supone una gran ventaja. Desde luego se puede ir por libre sin ningún problema, quizás incluso cunda más, pues posiblemente te entretendrás menos en cada templo. En ese caso, conviene preparar bien la visita, planificar lo que se quiere ver y llevar una pequeña guía impresa o en el móvil para no perderse lo mejor de cada templo.

Para los más interesados, hay libros muy buenos, algunos los venden los chavales a la entrada de los templos. Yo compré un ejemplar nuevo de “Ancient Angkor”, de Michael Freeman y Claude Jacques, una magnífica y completa guía con muchas ilustraciones que he consultado a menudo para escribir este diario. Tuve que regatear -y mira que no me gusta-, pero al final lo conseguí por 10 dólares. Eso sí, está en inglés. Había otra guía en español, un par de dólares más barata pero con muchas menos páginas y, comparándolas, no hay color.

Vestimenta.
En algunos templos, hay que cubrirse los hombros y las rodillas. Así que no conviene llevar camisetas de tirantes o pantalones demasiado cortos. Si acaso, acordarse de poner en la mochila un fular o una blusa de manga larga. Ni que decir tiene que se camina mucho, incluso por senderos de tierra, con escalones irregulares y sitios estrechos, así que se impone calzado muy cómodo, zapatillas de deporte o botas ligeras de trekking. Imprescindibles la crema solar, una gorra o sombrero y una botellita de agua. El sol puede ser implacable. También conviene ponerse repelente de insectos, sobre todo al amanecer o al atardecer.

Entradas y horarios.
Las entradas solamente se pueden adquirir online o en el Centro Oficial, situado en la carretera que va desde Siem Reap a Angkor Wat. Existen tres tipos de pases: de un día (37 $), de tres días (62 $), valido para tres días no necesariamente consecutivos en un periodo de 10 días seguidos, y de siete días (72 $), válido para siete días en un periodo de un mes. Estos abonos permiten acceder a todos los templos de Angkor, pero no incluyen otros sitios arqueológicos como Koh Ker o Preah Vihear. Beng Maelea sí está incluido. Las entradas son personales e intransferibles y llevan una foto del titular. Hay que tenerlas siempre disponibles porque te las pueden solicitar en cualquier momento. Los horarios pueden variar según la temporada. En nuestro caso, el horario de visita iba de 7:30 AM a 5:30 PM, excepto Angkor Wat (5:00 AM a 5:30 PM), Sras Srang (5:00 AM a 5:30 PM) y Bakheng (5:00 AM a 7:00PM).
Nuestro itinerario.
Teníamos dos días con visitas programadas. El primero estaba dedicado exclusivamente a Angkor y coincidía más o menos con el circuito corto, añadiendo Ta Phrom. El segundo comenzaba con una excursión al Lago Tonlé Sap y aldeas flotantes, para seguir después con dos templos sumamente interesantes, algo alejados del recinto principal: Bantaey Samre y Bantaey Srei.


Aunque nos íbamos al día siguiente, el vuelo salía a las 23:50, así que nos quedaba una jornada completa para seguir viendo cosas. Y creo que lo aprovechamos bien. Pero eso ya lo contaré.
