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De nuevo en Senegal: De nuevo Cassamance y Pais Bassari. Nunca nos cansaremos -Diarios de Viajes de Senegal- Pardino
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Diario: De nuevo en Senegal: De nuevo Cassamance y Pais Bassari. Nunca nos cansaremos  -  Localización:  Senegal  Senegal
Descripción: Después de nuestra última experiencia en Senegal, volvemos pero ya mucho más comprometidos. En esta ocasión tenemos boda en Cassamance y proyectos de cooperación por visitar, pero al mismo tiempo hemos aprovechado para hacer turismo y turismo del bueno del que no se queda en la superficie sino que tiene un ratito para compartir con la gente del lugar
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Etapa: Cassamance: Baficán, Hitu Kabrousse y boda en Carabane  -  Localización:  Senegal Senegal
Fecha creación: 01/12/2010 12:35  
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Primera Jornada: Días 8 y 9 de Octubre 2010

Nos dimos cita en el Aeropuerto un grupo de ocho amigos para embarcar en el vuelo, que partía a las 17,35 con destino a Dakar, haciendo una escala técnica en Las Palma de Gran Canaria. En el aeropuerto íbamos, nada menos, que a juntarnos con otras 57 personas invitados a una boda de la que luego tendremos ocasión de hablar.

Una vez aterrizamos en Dakar, era de noche 22,30 hora local, la salida de la terminal del Aeropuerto fue un poco caótica, afuera esperaban decenas de personas, autodenominados portamaletas, que literalmente se lanzaban por el equipaje con el fin de ganar alguna propina después de transportarlo donde fuese preciso. Afortunadamente nos esperaban Demba y sus colaboradores, que nos ayudaron en éste y otros menesteres.

Nos condujeron a un minibús, donde, una vez acomodados en su interior, nos ofertó el cambio de moneda, de € a cfa moneda senegalesa (1 euro/650 cfa.), a través de un agente, circunstancia que aprovechamos y agradecimos por los inconvenientes que ello nos evitaría, la camioneta se convirtió por un rato en una auténtica oficina de cambio. Una vez acabada la operación nos dirigimos al Hotel La Madrague, un lugar agradable junto al mar dónde pasamos la noche. Los senegaleses son muy amantes del deporte, se les puede ver haciendo ejercicio por la playa, aunque sea de noche.


La capital del Senegal, que tiene fama de ciudad cuasi europea, no lo parece a primera vista, hay mucho desorden en las calles, aparte del daño que han causado las recientes lluvias en las calzadas, estas aparecen llenas de tierra y barro, amén de la suciedad propia de las ciudades africanas y su desorden urbanístico, se suma a ello las obras de remozado de los accesos al Aeropuerto. En algunas calles ha desaparecido el asfalto, si alguna vez lo hubo, atravesarlas o circular por ellas es una aventura hay que sortear toda clase de baches y charcos de agua rojiza, fruto de la mezcla con la tierra arcillosa.

Amanecimos el 9 de Octubre, fue un día lleno de detalles de cómo es África. Después de desayunar volvimos al aeropuerto con todo el equipaje para viajar hacia el Sur, en un vuelo interior de la compañía Senegalair, concretamente a la ciudad de Ziguinchor, capital de la región de Casamance, nombre que toma del río que la cruza. Teóricamente el vuelo estaba previsto para las 10 de la mañana, por lo que a las 9 estábamos allí como un clavo. No hay información del vuelo por ninguna parte, nadie sabía nada de dicho vuelo, mas bien nos dijeron que el vuelo era a las 8 de la mañana y que, por supuesto, había salido a su hora. En espera de información adicional alguien nos cuenta que el vuelo de las 8 no salió por falta de pasaje, y que se realizaría a las doce de la mañana, como así fue.

En fin un sin vivir hasta que se aclaró la situación. Por fin aparece el empleado de la compañía y comienza la facturación, diecinueve era el número de personas del pasaje, diecinueve que tardó en facturar 45 minutos. Ante todo prisa ninguna, para colmo al llegar a la puerta de embarque observamos con curiosidad que en la plataforma de embarque hay una formación militar que ha de rendir honores al Presidente de la República, que sale de viaje, ni que decir tiene que hasta que el avión presidencial no despegó, los vuelos pendientes de salir no lo hicieron, así que los retrasos se acumularon uno tras otro.


Por fin salimos. Prácticamente todo el vuelo se realizó sobre el mar. El piloto muy amablemente nos dejó la puerta de la cabina abierta por lo que pudimos cotillear todo lo que nos dio la gana sobre los instrumentos y datos del vuelo. La parte final del trayecto fue espectacular por lo paisajístico, desde la ventanilla, y por encima de la cabeza del piloto, fuimos contemplando las marismas de Casamance por espacio de casi 20 minutos, algo extraordinario.

En el pequeño aeropuerto de Ziguinchor nos esperaba Christoff uno de los chicos que colaboran con Demba, nativo espigado, muy simpático y algo tímido, se hacía entender en un castellano bastante claro, usaba un gorro de lana con los colores de la bandera senegalesa, rojo, amarillo y verde

Una vez en el minibús nos condujo a un típico mercado, lugar dónde el nivel cultural de un pueblo tiene su más clara expresión, las sensaciones para un europeo son desagradables, al menos en mi caso, los fuertes olores del pescado seco y otros productos alimenticios, te empujan a que quieras salir de allí lo más deprisa posible.


Prosiguiendo con la excursión recalamos en el hotel Kadiandioumenge, a orillas del rio, aquí conocimos a María, investigadora científica sobre enfermedades tropicales, persona muy agradable, española pos supuesto. En este hotel comimos muy bien. Nos sirvieron un pescado a la brasa llamado capitán en un lugar, al borde del río, francamente muy agradable.


Debíamos de esperar al grupo del resto de invitados a la boda que no habían tenido cabida en el avión y venían por tierra en autobús desde Dakar, atravesando Gambia. Según nos explicaron hubo problemas en la frontera de Gambia y tuvieron que realizar un considerable rodeo.

Antes de partir hacia Carabane, hice una visita a un “astillero” de kayucos situado cerca del hotel, acompañado por Christoff que me facilitó bastante las cosas, los nativos no se dejan fotografiar fácilmente y si son musulmanes los problemas son mayores, por lo que la presencia y la ayuda de un nativo son fundamentales si realmente te quieres acercar a conocer las cosas desde dentro.


Como los de la boda no venían, retomamos el camino hacia Carabane. Hacia las 17,30 paramos en la aldea llamada Baficán. En la carretera nos esperaban todos sus habitantes, llevaban horas allí. Sabíamos que estaban esperando a un grupo de más de 60 personas y éramos sólo 8 lo que nos daba una pena tremenda.


Las mujeres iban vestidas con sus mejores prendas, falda azul con distintivos en blanco y camisa blanca, algunos hombres vestían el típico traje de tela de estampados senegalés, los niños estaban primorosamente vestidos. Las mujeres usaban unos tacos de madera de forma aplanada, hechas de rama de palma, con los producían un sonido, parecido a las castañuelas, rítmico al tiempo que cantaban. Con esta música nos introdujeron en la aldea donde ya se soltaron a bailar al son y ritmo de los cánticos. Nos invitaban a bailar con ellas y hasta el más reacio tuvo que rendirse a su alegría contagiosa y marcarse un movimiento, desde luego para nada sexy.


Más tarde nos acompañaron a ver los edificios de la escuela construidos con la ayuda de turistas españoles y de los ahorrillos del grupo de guías de Demba. De vuelta a la aldea y bajo la sombra de una enorme Ceiba (árbol sagrado para los animistas) habían dispuesto los pupitres de la escuela para que nos sentásemos a escuchar los discursos de agradecimiento de las autoridades de dicha población y la respuesta de José Mª, uno de nuestros amigos, como presidente de la asociación Yakaar África que, aunque no ha participado directamente en la financiación de esta escuela, sí que su ejemplo ha servido para inspirar otros proyectos de Yakaar.

Acabados los discursos pusieron delante de nosotros una mesa en la que había cacahuetes, cocos, limones y plátanos para todos, nosotros y los que no habían podido llegar, en señal de agradecimiento, por lo que nos sentimos halagados y agradecidos, nos entregaron lo que mas aprecian. Nosotros que, como decía, éramos sólo 8, entregamos todo el material escolar que traíamos a los responsables del pueblo, pero nos parecía tan poco en relación a su generosidad…

Si hay algo que nos sorprendió del recibimiento fue el orden y respeto de los pequeños, ningún niño se movió durante los discursos, ninguno nos pidió absolutamente nada, se acercaban, te daban la mano, te sonreían, se dejaban fotografiar pero sin el más mínimo gesto de pedir algo a cambio. Un verdadero ejemplo para otros países e, incluso, otros lugares de Senegal


Después de bailar con todos ellos, y ya anocheciendo, retomamos el camino hacia nuestro destino. Era ya noche cerrada cuando llegamos a Elikine, aldea donde embarcamos hacia Carabane, nos esperaba una lancha de rio con motor fuera borda. Para montar había que meterse un buen cacho en el agua, los chicos de Senegal no tienen ningún reparo en coger a la gente en brazos y subirla en la barca sin que se moje un dedo. Bueno ni reparo, ni problema alguno de fuerza, nos cogen como si fuéramos una pluma. De todos modos, los “hombres” nos negamos, en general, a que nos cogieran en brazos, no nos parecía digno ni para ellos, ni para nosotros, aunque no sé si no deberíamos revisar nuestro concepto de lo que es digno y lo que no. En todo caso, es una lección de humildad la que esta gente te proporciona a cada paso.

El viaje fue muy especial, hacía mucho tiempo que no contemplábamos la Vía Láctea en todo su esplendor, de repente apareció, allí estaba con un luminosidad espectacular, la luz de miles de millones de estrellas era acompañada por una fina línea de luz en forma de D, que anunciaba el creciente lunar. Casi que daba igual el pavor que sentíamos por no ver ni el agua por donde navegábamos, ni las orillas de aquel río, contemplamos embobados durante todo el viaje el mágico espectáculo del cielo.


Llegando casi al final, se apreciaron luces de fuerte intensidad que al pronto parecía un barco grande, resultó ser un pantalán realizando una obra portuaria. La bajada del bote tuvo de nuevo sus riesgos, no hay muelle, no hay playa, el agua estaba movidita, total un número, en algún momento pensé que alguna maleta terminaba en el mar, pero de nuevo los generosos chicos de Senegal no dudaron en mojarse por nosotros.

El Hotel de la Isla de Carabane, ese es nuestro alojamiento, es un convento antiguo que ha sido habilitado como hotel, no hay agua caliente, ni falta que hace, el calor constante de día, unos 38º, mantiene el agua en las cañerías bastante aceptable.

Pensamos esperar a los de la boda para cenar, pero nos advirtieron de que llegarían muy tarde y la mayoría nos fuimos a la habitación. Sobre las 2 de la mañana nos sorprendió un ruido de música y baile. Todo el pueblo venía a recibir a los de la boda, probablemente alertados por Demba. Todavía tardaron una hora más, pero no por eso desmayaron en sus bailes y cánticos.

Cuando llegaron nos contaron su aventura. Habían llegado a las 3 de la mañana del día anterior a Kaolack para atravesar Gambia muy pronto por la mañana, pero según salían les advirtieron que la carretera transgambiana estaba cortada por la caída de un camión. Eso les hizo desviar su ruta para atravesar Gambia por la capital, Banjul. Al llegar la cola para pasar era tan enorme que decidieron volver de nuevo hacia la transgambiana pero esta vez atravesando por tierras de Gambia, para tratar de llegar a un punto al sur de donde había caído el camión. Por fin lo consiguieron, entre tanto, más de 18 horas de viaje, dando tumbos por carreteras de Senegal y Gambia. “Ha sido el peor día de mi vida” confesaba un destrozado Demba, cargando sobre sus hombros la responsabilidad de la paliza vivida por sus viajeros


Segunda Jornada: Día 10 de Octubre de 2010

Después de una noche algo intranquila, uno no está habituado a dormir con mosquitera, nos dispusimos a desayunar, el comedor está en una terraza encima de la playa, las mesas dispuestas para más de sesenta personas. Poco a poco empezaron a aparecer familiares, amigos y allegados de los novios. Como digo, todos marcados en el rostro con cierto aire cansino, pero la expresión alegre, el acontecimiento se lo merecía, pero no nos adelantemos.

En la agenda de éste día figura una visita a la isla de Hitou, situada en la margen opuesta del estuario del Rio Casamance y donde la asociación Yakaar África, a la que también pertenecen los novios, ha hecho una escuela infantil. Antes de embarcar algunos de los invitados se fueron a visitar al sastre, por cierto se llama Paco, para confeccionarse un traje típico y lucirlo en la boda, otros se fueron a presenciar la matanza de una res, cuestión de gusto más bien dudoso, el sacrificio de un bóvido en esta tierra está normalmente ligado a un acontecimiento importante, como lo es la boda, forma parte de la cultura africana, es como la dote de la novia, o algo así, de hecho la carne será empleada en el banquete de la celebración.


Tenía espacial interés en navegar en un kayuko por mi especial afición marinera, y por aquella curiosidad que genera el hecho de que tantos y tantos africanos naveguen durante días hasta nuestras costas en estas embarcaciones. El viaje de ida fue muy cómodo, el kayuko estaba nuevo, en la borda llevaba escrito “Casamance Ambulance” la navegación fue muy suave, da la impresión de ser un barco muy marinero, la eslora debía ser de unos 8 metros y entramos unas cuarenta personas perfectamente acomodadas. En otro kayuko más pequeño embarcaron el resto unas 25 personas, en éste hice el viaje de vuelta.

Atravesar el estuario duró unos 35 minutos hasta llegar a los manglares de Hitu, por los ríos que forman dichos manglares fuimos discurriendo por canales cada vez más estrechos, hasta un punto en el que había que desembarcar en el agua en la entrada de un canal todavía mas estrecho donde el kayuko ya no avanzaba, podía quedar varado, este canal tiene una estrecha plataforma de tierra y conchas a lo largo que en la pleamar está sumergida, como era el caso, y es por donde se camina hacia tierra firme, como anécdota contaré que una de las abuelas fue transportada en brazos por Christoff desde la barca hasta tierra, unos 150 metros, de nuevo demostró Christoff tener una fuerza y resistencia fuera de lo común. Con la bajamar la plataforma quedaría visible como pudimos comprobar a la vuelta. Ya en seco, nos esperaban las autoridades de la isla que fueron estrechando uno a uno la mano de los visitantes, dándonos así la bienvenida, mientras la sombra de una gran Ceiba de raíces espectaculares nos protegía de un sol implacable.


En el centro del poblado se pronunciaron los discursos de agradecimiento por la construcción de la escuela, lo que supone que los niños no tienen que desplazarse fuera de la isla, y la consabida respuesta del presidente de la asociación que regaló un cartel para la fachada de dicha escuela, gesto que también agradeció el líder del poblado.


Después de visitar las instalaciones bajo un calor pertinaz, volvimos a las naves para regresar, embarcamos, esta vez, en la embarcación más pequeña, que por cierto hacía agua por las juntas de forma permanente, un chaval ejercía de grumete achicador con un bote de plástico con eficiencia, la verdad es que no dejó de sacar agua en todo el viaje.


Navegando aún por el canal de salida al rio pudimos observar a una bandada de garzas cómodamente apostadas encima de los mangles, así como pelícanos que fueron fusilados con las repetidoras de nuestras cámaras, mientras nos miraban con displicencia.


Después nos adentramos en el estuario en donde el agua estaba movidita, el viento entraba desde el mar y el agua entraba con cierta facilidad sin peligro hasta que una ola quiso embarcar en el kayuko, haciendo entrar bastante agua en el bote, con el consiguiente susto del personal, resultado unos cuantos viajantes mojados más de lo previsto. El hecho no pasó de ahí, llegamos al hotel sin más novedad.

El día estaba marcado por la boda. Los que más cansados estaban desaparecieron después de la comida, que por cierto nos fue amenizada por un grupo de percusionistas entre los que se apuntó Demba a darle al tambor. Las horas centrales del día, por la calorina, son una buena excusa para hacer una reparadora siesta, yo mismo hice una estupenda.

Cerca de la hora prevista empezamos a arremolinarnos en la entrada del hotel todos los invitados, que nos fuimos dirigiendo hacia el lugar destinado para la ceremonia en la playa. El escenario era sencillamente incomparable por una puesta de Sol espectacular. Mientras contemplábamos éste fenómeno natural con cierta actitud poética comenzamos a oír el sonido de tambores que se iban acercando paulatinamente. Los novios, caminaban por la playa acompañados de todas las gentes de la Aldea, se dirigían hacia nosotros rodeados de música y el baile de todos los nativos. Las mujeres, ataviadas con vestidos de llamativos colores, bailaban alrededor de los novios cual si fuesen reyes. Así debieron sentirse, porque la escena así lo parecía.


Ofició de maestro de ceremonias José Mª que creo estaba mas nervioso que los contrayentes, era la primera vez que oficiaba una ceremonia de este porte. Comenzó con las últimas luces del día que enrojecían las pocas nubes que el cielo mostraba de aquel atardecer. Amigos y familiares leyeron historias de los novios, se declamaron poemas sobre el amor y la existencia, la vida y la eternidad.

Fue un bonito acto que se expresó en tres idiomas, castellano, catalán y wolof, Demba también pronunció unas palabras en el idioma Senegalés para hacer participar activamente a la población. Los amantes prometieron hacerse felices el uno al otro para siempre, intercambiaron anillos y fueron declarados esposos cuando ya la noche hacia acto de presencia en el evento. A continuación se desató una locura de tambores y bailes generada por los nativos, que rodeando a la feliz pareja los hicieron danzar durante un buen rato.


La ceremonia fue algo fuera de lo común, ellos lo eligieron así. Solo admitieron como regalo la presencia de amigos y familiares que invertirían su presupuesto en acudir a una tierra lejana, en el lugar del típico regalo de la lista de boda. Un viaje a Senegal para un acto como éste, es un esfuerzo solo al alcance del amor y el aprecio personal que se pueda tener por estos chicos.


He de confesar que las cualidades humanas de los novios me parecen excepcionales, dedican tiempo y recursos propios para que llevar a Senegal todo lo que en su mano esté, es una forma de intentar mejorar la vida de esas gentes. Senegal debe ser una tierra muy querida para ellos, como lo han demostrado al venirse a casar aquí. Senegal y, sobre todo, Carabane debe quererles muchísimo al regalarles una boda como ésta.

Y después la cena, montaron un buffet africano con distintos manjares en el que había de todo: carne, pescado, verduras, cus-cus, arroz, etc., acudíamos con frecuencia para probar de todo. A la hora de la tarta aparecieron de nuevo más música y baile protagonizada por las gentes de la isla, aquello parecía un carnaval por el colorido y la alegría, un fin de fiesta extraordinario.


Tercera jornada: Día 11 de Octubre 2010

Hoy, tenemos desplazamiento, el grupo de invitados a la boda se divide en tres, unos vuelven a España, de hecho salen por la mañana, otros se van a hacer turismo por el interior del país, y nosotros, que nos iremos por la tarde, nos vamos a descansar a la playa. Después de desayunar un numeroso grupo hicimos una visita turística a toda la isla de Carabane. Sorprende en primer lugar la gran iglesia cristiana abandonada que se sitúa en mitad del pueblo.


Visitamos, también la maternidad y el centro de salud de la isla, dónde, Cecilia la matrona, nos explicó todos los detalles de funcionamiento al tiempo que nos enseñaba las instalaciones. Casualmente nos sorprendió el trabajo de planificación familiar que llevan a cabo, y la repercusión, tanto en el descenso del índice de natalidad, como en la prevención de las enfermedades de transmisión sexual. Algo que nos llamó poderosamente la atención es la supervivencia neo natal, incluso en bebés prematuros como a término pero bajos de peso, un ejemplo es la niña de la foto que pesó al nacer 1,200 Kg, ahora tiene unos 3 años aproximadamente, todo un éxito de la mejora sanitaria de unas condiciones de vida realmente duras, como son en la isla de Carabane.


Paseamos por la aldea observando que las chozas y casas rudimentarias están colocadas a la sombra de los árboles predominantes en esta región, los Baobab y Ceiba son árboles de grandes proporciones que producen una zona de sombra importante, muchas de las aldeas están en zonas arboladas con estos gigantes de la botánica. Pudimos observar que cocinan en el exterior de las casas. Un aspecto llamativo de estas comunidades es el alto grado de participación social, aunque cada cual tiene su ganado todos cuidan de todo.


Al otro lado de la isla existe un cementerio histórico de los franceses de la época colonial. Allí está la tumba del Capitán Protêt, célebre militar que pidió ser enterrado de pié para así seguir haciendo frente al enemigo. Un arrozal está situado aquí mismo y junto a él hay una huerta, que es de nueva creación.
Al salir hacia la playa, que en la pleamar casi no existe pero en la bajamar es francamente amplia, sorprendió a la concurrencia un gran kayuko, varado junto a unas palmeras, completamente ataviado como un yate moderno, unos 15 m. de eslora.


Un paseo por la playa y nos fuimos a comer al restaurante Helena, en la misma playa, nos desplazó del hotel un ministro del gobierno Senegalés, que había cerrado el comedor para él y su séquito, estaba visitando las obras de construcción de un muelle allí mismo, en Carabane.


Por la tarde comenzó el embarque, el equipaje fue lo primero en ser llevado al kayuko, sobre la cabeza cargaban los chicos las maletas, hasta la embarcación, andando por la playa con el agua hasta las rodillas. Nos tocó el cayuco que el día anterior casi zozobra, llevándonos hasta allí en un bote auxiliar. Como no podía llevar personas y equipaje al mismo tiempo, hubo de recurrir a una lancha, que pertenecía al restaurante donde habíamos comido. Navegamos durante una hora hasta un cruce de carretera donde nos esperaban los buses.

Durante el trayecto contemplamos distintas aves autóctonas, garzas, pelícanos, garcetas, etc. Pasamos al lado de una pequeña isla donde todas estas aves se apelotonaban con una densidad enorme. En las raíces de los mangles se agarra un tipo de ostra que se desarrolla así enganchada, fue algo que nunca habíamos visto.


El desembarco fue apoteósico, del bote saltamos sobre un suelo lodoso y negruzco que se metía por entre los dedos de los pies de los que estaban descalzos, menos mal que la hierba verde y espesa nos sirvió de arma de limpieza.

Montamos en los autobuses, viajando por una carretera en perfecto estado que discurría por la marisma en dirección a Kabrouse, tuvimos ocasión de contemplarla en todo su esplendor, treinta minutos más tarde llegamos a nuestro destino. Nos esperaba una puesta de sol magnífica, el astro rey dejaba su luz de un color rojizo sobre el agua que aún no había desplazado la bajamar de la arena, era un espejo rojo violáceo verdaderamente bello.


El Hotel situado en una zona de un verdor especial es un resort de cabañas típicamente decoradas, con piscina junto al comedor. Éste se encuentra situado encima de la playa, a la que se puede bajar por una escalinata de madera muy cómoda, es una terraza muy cómoda donde puedes desayunar, comer o cenar de la manera más agradable. La temperatura acompaña, es suave, y la brisa marina la hace especialmente refrescante.


Cuarta jornada: Día 12 de Octubre de 2010

Hoy es día de asueto, ya nos han comunicado que tendremos que comer fuera del hotel, el mismo ministro del día anterior, en Carabane, nos vuelve a desplazar. Parece una costumbre de estos gobernantes africanos, actúan como señores a los que hay que dejar sitio, pese a quien pese. Si bien en Carabane el hotel no tenía espacio material donde sentar a tanta gente, en éste resort hay instalaciones francamente amplias para prever estas situaciones. De cara al exterior, es decir al turismo, no queda muy elegante desplazar a los clientes del hotel, por muy ministro que sea.

Bueno a lo nuestro, después del desayuno, nos acercó Ambrosio a Cap Skirring, centro urbano mas próximo para visitar el mercado de artesanía, que es de lo mas pulcro de por estas tierras. Resultó ser algo casi familiar por lo pequeño y los comerciantes se desvivían por venderte alguna bagatela, recuerdo o adorno. El aspecto que presentan las calles de las ciudades de África después de la época de las lluvias es un auténtico desastre, las calles están llenas de tierra arcillosa arrastrada por las torrenciales lluvias, añadido a la escasa pulcritud de la población, hay basura por todas partes, dan una impresión de desorden verdaderamente caótico.


Enfrente del mercado de artesanía está la entrada del Club Mediterranée, nos cuentan que dicha entrada está apenas a 100 metros del aeropuerto y que los turistas franceses, en su mayoría, pasan directamente del aeropuerto al hotel y viceversa, allí pasan sus vacaciones sin ni siquiera acercarse al centro de artesanía que está a menos de 50 metros. ¿Seremos los franceses y nosotros de distinto planeta?

De vuelta al hotel nos vamos a la playa, a probar el agua del Océano Atlántico en zona tropical. La temperatura del mar es alta, 25 a 28º, lo que da una sensación de caldo, las características del suelo son similares a las playas de Cádiz o Huelva, arena mezclada con arcilla y una inclinación bajísima lo que hace que en la bajamar la anchura de la misma sea grande, y la profundidad escasa, hay que adentrarse bastante para poder nadar, pero..., siempre hay un pero, la resaca del oleaje es francamente fuerte y tiene un peligro francamente serio.


Dando un paseo encontramos un delfín muerto varado en la playa siendo pasto de los buitres, que aquí abundan como las palomas en Madrid, y que también se estaban comiendo un pez globo en las mismas circunstancias. Inusual a nuestra costumbre es la cantidad ingente de conchas de moluscos, similares a berberechos que hay en esta región, así como las ostras de los manglares que son particularmente abundantes, todas las playas están llenas de dichas conchas.


Como ya se ha expresado, tuvimos que comer en un chiringuito o restaurante en la playa, donde no podían faltar los vendedores ambulantes, concretamente uno de ellos cargaba toda la mercancía en una bicicleta lo que la hacía parecer un auténtico carro de feria. Tardaron en servirnos la comida una eternidad, pero mereció la pena, los entrantes fueron muchos y abundantes, precediendo a una langosta hecha en la brasa de aceptable cocinado y sabor.


De ahí a la siesta, después piscina y más tarde paseo playero. El atardecer y la puesta de sol resultan de nuevo espectaculares, cuando parecía agotarse la luz del lado del mar, se iluminaban las nubes de enfrente y a continuación, de nuevo, de vuelta a los colores maravillosos en el mar. Estuvimos un rato embobados viendo un fenómeno de la naturaleza que es diario, pero que pocas veces contemplamos con una actitud tan poética.



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Ver Etapa: Cassamance: Baficán, Hitu Kabrousse y boda en Carabane



Etapa: País Bassari: Kedougou, Bandafassi, Dindefelo, que maravilla!  -  Localización:  Senegal Senegal
Fecha creación: 01/12/2010 12:46  
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Quinta Jornada: 13 de Octubre de 2010

Día dedicado completamente a viajar a través del país. En el aparcamiento y jardines del hotel nos encontramos con varios caracoles de un tamaño apreciable, entre 15 y 20 cm de longitud y unos 200 gr. de peso, que salieron al reclamo de la lluvia de la noche.


Recorrimos desde Kabrouse hasta Mako, unos 600 Km por distintas regiones del sur de Senegal, recorrido que efectuamos en unas once horas, por unas carreteras a veces buenas, otras malas y algunas infames. El viaje se presentaba francamente tedioso, no obstante algunos sucesos acontecidos durante la marcha fueron amenizando el día. Ambrosio es ahora nuestro guía, pues Christoff se queda en Cassamance y Demba se va con el otro grupo de invitados a la boda hacia el delta del Sine-Saloum

Atravesando la ciudad de Ziguinchor, el conductor se saltó un stop, lo que conllevó la correspondiente multa, ya que fue cazado por un guardia que se encontraba unos cien metros delante nuestra, esto supuso el tener que ir a la comisaría mas próxima a pagar dicha sanción y después volver al lugar del delito para recuperar el carnet de conducir que había retenido el gendarme. 6000 cfa (unos 9 €) fue la multa, una cantidad importante en la economía de cualquier ciudadano Senegalés. Nos dio una inmensa pena por el aspecto compungido de Babacar, nuestro chofer. Babacar tiene carita de niño bueno, cualquiera diría que tiene 29 años, está felizmente casado y es padre de dos niños.


Siguiendo la ruta salimos de Ziguinchor por el puente que pasa por encima del rio Casamance y sobre una carretera tortuosa llena de baches producidos por las lluvias, que discurre por en medio de una marisma de manglares, proseguimos en dirección a Kolda, donde repusimos combustible y compramos bocadillos y agua para comer. A unos kilómetros paramos a la sombra de unos árboles para almorzar de picnic. Sobre una rama de un arbusto se posó un pajarillo, algo mas pequeño que un gorrión, de un color rojo intenso, que era una delicia verle y oírle, su trino no intenso pero grácil era agradable de escuchar, a lo largo de los días siguientes vimos muchos más.


Durante casi todo el trayecto pasamos incontables controles de policía y del ejército, no tuvimos problema en ninguno excepto que un policía local estuvo algo meticuloso con la documentación. Es en estos momentos cuando se agradece más si cabe estar en la buena compañía de Ambrosio y Babacar

Pasando por un pueblo Mandinga el guía nos hizo señales de la aparición de lo que llamó “Mascara Mandinga”. Se trata de un rito de iniciación de los jóvenes con motivo de la circuncisión (¿alguien re acuerda de la serie “Raíces” y de “Kunta Kinte”?), desfilaban en doble hilera precedidos de un brujo o chaman, vestido con un traje de girones de piel que le cubría completamente, a mí me recordó al Yeti. Una veintena de jóvenes le seguía armados con unas varas y apenas vestidos con unos pantalones cortos, bajo un Sol abrasador danzaban en círculo sobre el asfalto de la carretera al ritmo que marcaba el chaman, la gente huía de dónde estaban porque al terminar el baile la emprendían a palos con todo el que estuviera al alcance de sus varas, desgraciadamente no nos permitieron grabar o hacer fotos, por las posibles desagradables consecuencias si nos descubrían. Llegado un momento Ambrosio decidió que había que seguir y no esperar más, los jóvenes la emprenderían a palos con todos, los turistas no estaríamos seguros de permanecer allí, no aprecian mucho a los extraños y además es una tribu muy belicosa, por lo que se imponía una retirada estratégica.


El siguiente punto fue atravesar el rio Gambia, pegaditos a la frontera del país del mismo nombre, pasamos los preceptivos controles policiales y aduaneros y justo en el puente sobre el rio nos cruzamos con un convoy militar. Cerca de Tambacounda cambiamos de carretera en dirección al Sur hacia el Parque Nacional de Niokolo-Koba, lo atravesamos a lo largo de unos 90 Km.

El Niokolo-Koba es un parque difícil para ver animales ya que las hierbas están muy altas, no tiene nada que ver con las grandes extensiones casi peladas de Kenia o Tanzania, Además en esta época de lluvias es casi impracticable. Se dice que hay algunos leones pero resulta casi imposible verlos si tenemos en cuenta que el parque tiene casi 10.000 km2 de superficie (más grande que la provincia de Madrid). Pues mira por donde se nos apareció un león en medio de la Gran Vía (las probabilidades deben ser parecidas).


El león que estaba en un lateral de la carretea nos miró con desdén, se subió a la misma delante de nosotros y se marcó un paseíto parsimonioso de unas decenas de metros. Luego, como para despedirse nos abrió la boca justo delante de la furgoneta mostrándonos un espléndido primer plano de sus afilados colmillos. La emoción nos embargó a todos: eso si que era tener suerte. Ya no pudimos hablar de otra cosa en el camino. Yo todavía me pregunto si el león no sería hinchable y teledirigido y lo habría puesto allí Ambrosio para hacernos más agradable el camino.

También vimos aposentadas en mitad de la carretera tres numerosas familias de Babuinos, a las que en comparación con el rey de la selva dimos poca importancia

Llegamos a Mako ya anocheciendo, salimos de la carretera en dirección a un Campamento Solidario, regentado por una ONG española, por un tortuoso y enfangado camino, lleno de charcos. Por entre la maleza no se distinguía nada apreciable salvo los techos de las chozas, algunas de ellas eran las del campamento. Está situado en la orilla del rio Gambia en un lugar arbolado junto a un poblado local. Los alojamientos son chozas indígenas acomodadas con camas de cañas, colchón y mosquitera y bajo la romántica pero incómoda luz de una vela.


El cuarto de baño, sin techo, está en la parte trasera de la choza: a un lado la ducha, consistente en un bidón de unos 200 l. sobre nuestras cabezas, tubería y alcachofa, como en las películas, al otro lado la taza del WC, moderna eso sí, y, en medio, el lavabo que está hecho con la cascara de media calabaza, sin desagüe. El espejo ajado por la climatología. No fue nuestro peor alojamiento, ya les hubiera gustado a Jose Mª y Ricardo tener baño propio cuando se alejaron del grupo para visitar los proyectos de cooperación.


Una grupito de los que estaban en la boda se reunió aquí de nuevo con nosotros acompañados de su guía Doba, otro gran profesional que, a veces como en esta ocasión, trabaja con Demba. Las chicas del grupo querían dormir en la camioneta al no inspirarles ninguna confianza las chozas, bastante llenas de otro tipo de habitantes no precisamente humanos. No me extraña, las condiciones del viaje empezaban a complicarse y a veces no es fácil renunciar a las comodidades europeas.

Al acabar la cena los nativos nos prepararon una fiesta a base de bailes populares autóctonos al calor y luz de una hoguera, porque la luz eléctrica en éste lugar no existe, los percusionistas calentaban los tambores en la candela, no sé si para darles mayor flexibilidad o mejor sonoridad, la cosa es que al acabar cada pieza, los ponían sobre el fuego. Bailaban todas las mujeres, solo dos chicos se animaron, no sabemos si por fogosidad natural o por los efluvios de la bebida, la cosa es que las mujeres desde una cría que no debía tener 5 años hasta las mas mayores, incluidas embarazadas y puérperas con el retoño a cuestas, daban patadas al suelo y abrían los brazos como si fueran a volar. Una aventura total.


Sexta Jornada: 14 de Octubre de 2010

Después de desayunar emprendimos camino a Kedougou ciudad donde nos hospedaríamos nosotros en el Hotel Le Relais los dos siguientes días. Jose Mª y Ricardo se irían a ver los proyectos de la ONG Yakaar África en unas condiciones un poco más duras.

Después de dejar el equipaje en el hotel, volvimos a embarcar en el bus y nos dirigimos a Bandafassi, por una carretera de tierra, infame por el efecto de las pasadas lluvias, y al cabo de unos cuarenta minutos llegamos a la aldea. Hicimos una parada para dejar a Jose Mª ayudando a la misión sanitaria que relacionada con su ONG estaba allí pasando consulta y los demás seguimos camino hacia la aldea de Ibel, donde dejaríamos los coches para seguir a pié hacia la aldea de Iwol, situada en un alto.


Fue aparecer, aparcar, y de la nada salieron unos cuantos niños y adolescentes, que luego nos acompañarían todo el camino. Era evidente que te acompañaban pensando en que algo obtendrían a cambio, pero, de nuevo, ni un gesto en ese sentido. En cambio se afanaban en llevarte todo el peso durante la subida y te trataban de animar con un casi continuo: Ça va, Monsieur? Ça va, petit enfant.


La subida a Iwol fue dura, paramos unas tres veces para coger aire, entre la pendiente, el calor y el alto grado de humedad, la fatiga aparecía fácilmente, sobre todo para los más mayores, que lo notamos y mucho. El aire y las fuerzas casi no acompañaban. Bien es cierto que el paisaje, según subíamos, iba siendo mas llamativo, el día era claro y se veía la llanura verde y roja a gran distancia.

En un Baobab a medio camino había un enjambre de abejas que formaban un panal pegado a la corteza del árbol, nos animaron a aligerar el paso por peligro que se espantaran y podían atacar. Tardamos mas de una hora en hacer la subida de apenas dos kilómetros, al final nos precipitamos debajo de un mango el cual hacia una sombra tupida, soplaba una ligera brisa que nos supo a gloria.


Allí mismo esta la aldea de Iwol, poblada por la tribu de los Beddik, los techos cónicos de las chozas ofrecen una visión homogénea de todo el poblado, atravesando por entre ellas fuimos a dar a un templete de cañas donde nos sentamos para que el maestro nos contase la historia del pueblo Beddik. Originarios de Mali llegaron a estas tierras en el S.XII huyendo de la opresión religiosa musulmana que se estaba imponiendo en África central. Los Beddik querían seguir con su religión animista y huyeron hacia el Sur estableciéndose finalmente en esta zona, después de muchas vicisitudes, lo curioso es que con el tiempo se hicieron cristianos. En la zona más alta hay una gran choza abierta que es una iglesia con su altar y la cruz en todo lo alto.


Acabado el relato dimos una vuelta por la aldea, los restos de una ceiba, que debió ser enorme por el tamaño del tronco y raíz que quedó después de que un rayo la partiera por la mitad, está considerada sagrada, y por tanto intocable porque tiene una leyenda sobre malos espíritus. Otro árbol que hay en ésta aldea es un Baobab cuyo tronco tiene un perímetro de unos 23 m. es decir 7 m de diámetro, un altura de 30 m, da una sombra portentosa u su porte resulta imponente. Se dice del baobab que es el árbol en el que se alojan, según los animistas, los espíritus de las personas fallecidas del lugar, engrandeciéndolo.


El maestro nos condujo fuera del poblado por una senda en dirección opuesta al camino de entrada, por entre la maleza llegamos detrás de unas rocas a las que había que subir, el paisaje contemplado desde lo alto fue espectacular, todo el valle de País Bassari se perdía mirando al horizonte, mirando hacia el Sur, se podían apreciar los montes que son frontera con Guinea. Precioso.


Ya de vuelta pasamos por una choza que lucía dos cruces rojas en la puerta, me dijeron que era el Centro de Salud. También pasamos junto a la gran choza que es la iglesia, situada en la parte alta del terreno que domina todo el poblado, el lo alto del cono, que es la techumbre, tiene una cruz que es visible desde toda la aldea y el entorno.


Iniciamos el descenso por aquel camino tortuoso, que no lo pareció a la subida, pero al hacer el camino al contrario, nos impresionó por la inclinación, y que el firme de piedras y tierra seca lo hacían especialmente peligroso, alguno cayó sentado de posaderas por un resbalón, a mí personalmente se me hizo muy larga y pesada esta bajada. Según descendíamos nos cruzamos con dos hombres que portaban sobre sus cabezas sendos bidones de agua de 50 litros cada uno, aquello me dejó estupefacto, esa subida tan dura la realizaban con una soltura pasmosa, sudando claro, pero con una sonrisa nos saludaban a todos a nuestro paso. También nos cruzamos con una joven que volvía del consultorio con su hijo envuelto en un paño cargado sobre la espalda, con ella nos cruzamos en la subida, ella volvía de las consultas de Bandafassi donde habíamos dejado a Jose Mª. Llegados a los coches, nos esperaban todos los niños de los poblados cercanos, saben que los turistas traen chucherías y regalos de todo tipo como globos, lapiceros, cuadernos, bolígrafos, y otras bagatelas, pero estos no se lo habían currado como los que nos acompañaron en la subida…

De regreso a Bandafassi paramos a comer en el campamento, allí encontramos a todo el equipo médico que atiende a aquellas gentes en el consultorio de forma totalmente altruista. A los postres y ya tomando café, se desató un aguacero que nos tuvo retenidos por espacio de media hora.


Fuimos al consultorio, en compañía de Médicos y Enfermeras, allí nos esperaban nativos adultos, niños, madres, ancianos en un número importante de personas. La situación sanitaria de estas gentes es francamente lamentable, malaria, anemias, desnutriciones, etc. El consultorio solo tiene muebles, no hay ni instrumental, ni medicinas, habitualmente está atendido solo por un enfermero autóctono, su trabajo está centrado sobre todo en la prevención de enfermedades más que en otra cosa. Las personas gravemente enfermas no acuden al hospital por carecer de recursos económicos para pagar las medicinas, vuelven a sus chozas y morir dignamente, las víctimas de esta situación son los más débiles, niños, ancianos y embarazadas. Estuvimos un rato ayudando en lo que pudimos, pero hay tanto que hacer…que te quedas con el alma un poco encogida.


En paralelo, el resto del grupo fue a ver la huerta y la granja que está financiando la ONG Yakaar África en el pueblo, la idea es que la anemia y la desnutrición no se puede sólo combatir con medicinas y que lo que hay que combatir es la falta estructural de proteínas que caracteriza al alimentación de la zona. Los nómadas ganaderos que se convirtieron en sedentarios carecen de la experiencia agropecuaria necesaria por lo que el problema alimentario es muy serio. El proyecto tiene especiales dificultades porque la gente de la zona no tiene experiencia en este tipo de proyectos pero con perseverancia todo se puede conseguir.


Séptima Jornada: 15 de Octubre de 2010

Hoy es el día de Dindefelo. Por la mañana temprano nos sentaron en unos vehículos todoterreno, a cual más destartalado. Viajamos en dirección a Bandafassi, para tomar un desvío cerca de Ibel, que nos conduciría por un tortuoso camino, al que fuimos tildando de piscina, rio, pedregal, etc. cualquier calificativo excepto el de carretera o pista. Durante hora y media fuimos dando tumbos, pasando charcos, vadeando arroyos hasta llegar a las montañas que hacen frontera con Guinea.


En sus alrededores existen varios poblados, entre ellos Dindefelo, que toma el nombre del rio que surca el valle, donde hay un campamento y un dispensario o Centro de Salud, el equipo médico que estaba en Bandafassi se desplazaba también aquí para pasar varios días atendiendo a ésta población. Los de la ONG Yakaar África quieren hacer asimismo una huerta y una granja en este sitio, ya que los problemas son los mismos que en Bandafassi, quizás agudizados por un mayor aislamiento.


Salimos del campamento por una senda entre la vegetación, atravesamos por un bosque cerca del monte, donde la vereda se hace algo más sinuosa, pero fácil de caminar, vadeamos a pie el rio que baja desde la cascada en algunos puntos. Ya el camino es muy bonito, pero llegar a la cascada de Dindefelo es algo especial. El rio se precipita desde una altura de 80 metros en un rincón natural de la roca creando una cortina de agua muy fina y cae formando una poza de unos treinta metros de diámetro, verla de abajo arriba es un espectáculo, el rincón es verdaderamente encantador. Algunos del grupo pensaban que el lugar tenía algo de mágico o de sagrado, la verdad es que se respiraba un cierto aire de calma muy especial.


Una vez metidos en el agua la sensación era casi mejor, colocarse debajo de la caída del agua tiene su problemática, aunque parezca una ducha, el agua cae con tal fuerza que hace daño en la piel, apenas se puede soportar unos instantes. La temperatura del agua es muy agradable, uno permanecería allí todo el tiempo del mundo. La salida es también una experiencia extraña, estás mojado pero no sientes ningún frio, el lugar es tan recogido que te sobra la toalla. En conjunto: un placer, por el entorno, el agua y la compañía, apenas éramos una veintena de personas en el grupo. Costó trabajo salir de allí, se estaba tan bien, pero inexorablemente había que marchar, recogimos nuestros apeos y emprendimos regreso al campamento.


Ya cerca del poblado me llamó la atención un grupo de langostas, que abrazadas a las plantas, pasaban completamente desapercibidas a la vista, el color de vegetal y animal era el mismo, incluso en las fotos algunas son difíciles de distinguir.

Comimos en el campamento de Dindefelo, formado por graciosas pero no muy confortables cabañitas acompañados del equipo médico, Jose Mª y Ricardo, que se quedaban allí con sus proyectos y algunos turistas más. Aquí le hicimos una primera inmovilización en un dedo de la mano derecha a uno de los chicos del grupo de invitados a la boda que se nos había unido en Mako, en la cascada resbaló cayendo sobre una piedra y se luxó el dedo meñique.


Después de comer nos volvimos a montar en los destartalados vehículos para regresar al hotel. En el trayecto del camino innombrable nos cruzamos con un autobús, por llamarle algo, cargado de gente que cruzaba hacia Guinea Conakry. Es increíble la proeza de hacer ésta ruta y hacer que el vehículo no se desmonte al paso de cada agujero del piso.


Ya en el hotel y después de una ducha, unos nos sentamos a leer, otros a consultar internet, si internet, las tecnologías de la comunicación funcionan muy bien en éste país, el móvil no tiene zonas oscuras, en la selva tiene señal, los hoteles disponen de wifi, por las calles ves gente usando ordenadores portátiles. No habrá alimentación adecuada, pero unos pocos hacen su negocio en cualquier parte.


Octava Jornada: 16 de Octubre de 2010

Hoy tenemos día libre hasta la hora de comer, por lo que decidimos visitar el mercado de artesanía de Kedougou acompañados de Babacar. Al llegar y ya aparcados, surgió un chico de unos veinticinco años que nos sirvió de guía, chapurreaba algo de castellano, aunque era mejor entenderse en francés. Paseamos por las distintas tiendas y se hicieron algunas compras.

En un momento determinado se me acercó un muchacho de unos 30 años, y en un muy buen castellano entablo conversación con nosotros. Era pintor y tenía un puesto allí cerca, que compartía con un amigo. Le pregunté donde había estudiado el español, y me contó que en España, fue uno de tantos que cruzó el mar en kayuko, llegando a las islas Canarias, y que fue repatriado. Lo que no me dijo es el tiempo que permaneció en nuestro país, desde luego fue el suficiente para aprender nuestro idioma de forma muy sólida. También me dijo que nunca volvería hacer ese viaje, queriendo yo profundizar en el tema, le fui tirando de la lengua, solo me dijo que fue muy cansado, una semana en el mar debió de dar para mucho y saqué la impresión que llegaron menos de los que partieron, en fin, un drama.


Mientras comíamos en el hotel, desde el que se aprecia una bonita vista del rio cercano, aparecieron Jose Mª y Ricardo acompañados de Ambrosio que habían permanecido hasta hoy en Bandafassi y Dindefelo. Traían una cara mezcla de cansancio y satisfacción. Cansancio por la dureza de las condiciones vividas, sin luz, sin agua corriente, acribillados por los mosquitos, pero satisfechos por haber intentado ayudar aunque fuera sólo un poco a este pueblo maravilloso. Nos contaron la dificultad del proyecto, las duras condiciones climáticas, la falta absoluta de medios, pero también la determinación, sobre todo de las mujeres, para luchar y acabar con una situación que las tiene ancladas a la miseria desde hace siglos.

Después de una buena ducha y la consiguiente comida, montamos en el minibús para viajar a Tambacounda, por la misma carretera que vinimos, donde haríamos noche de nuevo en un hotel de la cadena de Le Relais.

Al pasar por Mako, y sobre el puente del rio Gambia, hicimos una parada para pasar a pié al otro lado del rio y hacernos unas fotos, rápidamente los niños nos rodearon en busca de bagatelas y regalos. Había mucho movimiento de gente a causa del mercado que había en la rivera.


Volvimos a pasar por el Parque Nacional de Niokolo-Koba esperando encontrar a nuestro amigo el león, pero solo nos cruzamos con las tres consabidas manadas de babuinos de dos días antes.

Llegamos a Tambacounda ya de noche. Cenando observamos que Babacar estaba especialmente interesado por el partido de futbol que echaban en la tele, la final de copa de Senegal, donde jugaba su equipo: Mbour. La final fue especialmente emotiva ya que se decidió después de muchos penaltis, nosotros vibrábamos apoyando a nuestro querido chofer. Finalmente, y después de que la cosa estuvo prácticamente perdida, Mbour ganó, estallando el comedor con nuestro grito de júbilo, difícil de entender para cualquiera que no comprenda hasta que punto te puedes llegar a identificar con este pueblo.
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Ver Etapa: País Bassari: Kedougou, Bandafassi, Dindefelo, que maravilla!



Etapa: Final del Viaje: Tamba, Kaolack, Dakar y Gorée, aquí se acaba todo, que pena!  -  Localización:  Senegal Senegal
Fecha creación: 01/12/2010 12:49  
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Novena Jornada: 17 de Octubre de 2010

Nueva viaje por carretera desde Tambacounda. Antes de salir visitamos la estación de ferrocarril, centro de comunicaciones entre Dakar y Mali.


Hacia las 13 h. llegamos a Kaolack importante ciudad de Senegal, en la cual está el segundo gran mercado de África, al que hicimos una visita rápida. Nos detuvimos en la farmacia tradicional repleta de vegetales secos, porciones de animales también secos, y otros elementos para la salud, compraba también un médico tradicional sus elementos para la consulta. Comimos, en un restaurante regentado por un libanés: el brasero: pizza y mucha cerveza.


Continuamos en dirección a Mbour, a presenciar la llegada de los pescadores. Los barcos acuden a desembarcar la pesca en la playa, siendo espectacular el número de kayukos, todos ricamente pintados en colores vivos, unos grandes y otros pequeños. Según van llegando a la playa se acercan mujeres y porteadores para descargar la pesca. En alguna embarcación tienen la cocina encendida, consistente en un fogón de leña, en el que cocinan o asan pescado. La lonja es un completo caos, desorden y suciedad, el pescado tirado en el suelo, o en la arena, la gente parece ir y venir sin un sentido lógico, en el exterior unos hombres van rompiendo unos caracoles, algo más grandes que las cañaillas, y las mujeres van retirando el animal de la cáscara ya rota. Hemos llegado en la temporada del pulpo, y aunque se ven toda clase de peces, incluidos los Marlin, las cajas de cefalópodos salen de las embarcaciones por decenas.


Cuando llegamos comenzaba a llover, con viento racheado con lo que te mojas más de lo esperado, a eso le añades el desorden, la suciedad y el olor a pescado, no precisamente fresco, hace que la visita no se haga del todo agradable. Sin embargo es necesario reconocer que el conjunto resulta ser un espectáculo folklórico de gran originalidad.


Ya desde allí nos dirigimos al hotel, Le Royam de Sally situado en una zona reservada y apartada de éste bullicio. Por casualidad, en el camino nos cruzamos con el autocar que traía a “nuestro” equipo de futbol de Mbour, que el día anterior había ganado la copa. Toda la población le estaba dando la bienvenida, ni que decir tiene que nos comportamos como unos hinchas más jaleando el éxito de nuestro nuevo equipo.



Décima Jornada: 18 de Octubre de 2010

Ultimo día de recorrido por Senegal. Nos dirigimos hacia Dakar, relativamente cerca Mbour, corto en distancia, pero largo en duración. Por el camino nos desviamos para ver el lago rosa, claro que en esta época y debido a las fuertes lluvias no tiene nada de rosa y es más bien del color verdusco normal en un lago. Eso sí pudimos observar cómo se acumulan los montones de sal que se extraen del lago y aprender cual es la técnica que utilizan para extraer la sal y sobre todo, la protección que deben llevar para que dicha sal no les queme la piel a las personas que se ocupan de extraerla.

Llegamos al puerto de Dakar para embarcar a las 12.30 y navegar hasta la isla de Goree, apenas situada a una milla náutica del puerto. Una vez en la isla Ambrosio nos hizo un corto recorrido por la isla al tiempo que nos contaba cosas de la misma. Está declarada patrimonio de la humanidad, aunque las restauraciones se ve que van muy lentas. Pasamos junto al reducto donde se apilan unos cuantos cañones, otros están convenientemente situados sobre el fortín, que parecen ser de la 1ª guerra mundial unos, otros de la segunda. En lo alto de la isla hay una antigua fortaleza donde se sitúa una batería antiaérea de la 2ª gran guerra y que debió servir para hundir un buque de guerra inglés, que permanece a la entrada de la isla, permaneciendo balizado por el riesgo de colisión de los barcos que se acercan a la misma.


Esta isla es importante porque en ella está situada la casa de esclavos en la que se les alojaba, o más bien se les apilaba, antes de ser embarcados con destino América y Europa. En los siglos XVI, XVII y XVIII fue Dakar un importante puerto esclavista, el hecho de reunirlos en la isla era para evitar las fugas, y también facilitar la carga en los buques, que se realizaba por una pasarela de madera, que hoy ya no existe, desde la casa eran sacados por una puerta, cuyo nombre era “la puerta sin retorno”, situada de cara al mar.


En este lugar se almacenaban las personas, como animales, eran clasificados por edad y sexos, los hombres, las mujeres, los niños y las niñas. Había celdas especiales para los rebeldes, y más especiales cuanto más recalcitrantes eran. En un cuarto de dieciséis metros cuadrados llegaban a meter a treinta personas, solo salían de allí una vez al día para hacer sus necesidades y caminar un poco. Por lo que nos explicaron los hombres debían tener una talla y un peso mínimo, si no pesaban lo suficiente se les cebaba, hasta conseguir el peso óptimo. Las jóvenes eran empleadas frecuentemente para diversión de los esclavistas y cualquier personaje civil o militar que lo quisiese, las embarazaban y así su precio aumentaba.


En el museo que se ha creado en la planta superior del edificio se da cuenta con todo lujo de detalles de las atrocidades cometidas sobre una población indefensa, víctimas de la ignominia humana.
Cerca del embarcadero nos sentamos a comer un rico arroz con marisco, algo similar a la paella, llamado Chebuyén En medio de la comida me percato que una embarcación, que me es familiar, aparece por nuestra derecha, sin dar tiempo a los demás grito “Viva la Guardia Civil”, todos me miran atónitos pensando en que me he vuelto chalado, les señalo con la mano en dirección al mar, era una patrullera de la benemérita que cumple labores de vigilancia costera en Senegal por el tema de la emigración en pateras.


Hacia las 16.30 embarcamos de vuelta. Ya en tierra subimos al minibús que nos dio una vuelta por el centro de Dakar, dirigiéndonos, mas tarde, hacia el hotel La Madrague en las cercanías del aeropuerto. Allí comimos unos bocadillos y charlamos durante un largo rato con Demba y Ambrosio para hacer una especie de sumario de todo lo que hemos vivido en este viaje.


Es curioso pero pocas veces he tenido la impresión de hacer tantas cosas en tan poco tiempo. Hemos vivido desde una boda, hasta la realidad de los proyectos de cooperación. Hemos visto auténticas maravillas de la naturaleza, junto a la podredumbre y la miseria, Hemos reído, hemos cantado, hemos bailado y, también, se nos ha hecho en ocasiones un nudo en la garganta. En resumen hemos vivido, ¿Quién puede ofrece más? Senegal, Demba, Ambrosio, Christoff, Doba, Babacar etc. y, sobre todo, la sonrisa de los niños de Senegal van tener siempre un sitio en nuestro corazón…...

A la hora prevista partimos en dirección al Aeropuerto, pasamos los trámites previstos sin problemas, el avión salió a la hora prevista llegando a Barajas sobre las 4.30 de la madrugada, hora muy adecuada para no tener que esperar el equipaje.
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  Últimos comentarios al diario  De nuevo en Senegal: De nuevo Cassamance y Pais Bassari. Nunca nos cansaremos
Total comentarios 9  Visualizar todos los comentarios

Nani7  nani7  03/12/2010 16:38
con fotos aún me gusta más,lo he vuelto a leer!!!

Default https Avatar  NUSKY  04/12/2010 19:37
Estupendo diario!!!!
Te dejo las estrellitas.

Koala66  koala66  08/12/2010 00:53   
que viaje tan especial! Yo estuve en Senegal en el 93, y tambien fue muy especial, me has recordado muchas cosas!

Default https Avatar  moralinda  30/12/2010 00:13
Pardino, lo tuyo por Senegal sí que es amor y filosofía de vida. Enhorabuena por tu diario y por tus viajes. Van 5 ***** porque no tengo más.

Default https Avatar  pepemanolo  18/01/2012 21:51
Me parece muy bien este diario, y me tengo por viajero-comprometido como miembro de una ONG que el año pasado hizo una campaña en Gambia y este año la hará en Casamance.

En ningún momento tengo la impresión de distancia ni de parque de atracciones; es más, creo que cualquier diario debe mezclar, como tú, vivencia y datos. Para sólo datos ya están las enciclopedias, y para sólo vivencias las novelas.

Animo, y te emplazo a seguir escribiendo diarios de este estilo, que nos aportan información y nos activan sensaciones.

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iso667
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Ene 08, 2009
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Fecha: Dom Abr 08, 2018 03:38 pm    Título: Re: Viajar a Senegal

Hola, otra pregunta! ya estoy acabando de armar el viaje. Al final en Dakar nos vamos a alojar cerca de la playa que está en frente de Ngor, para así poder ir un día a ver la isla, otro día a la pont de almadies caminando, y luego ya los días que vayamos a Gorée u otras zonas cogeremos taxi. Estoy dudando en la zona de Saly. No se si coger algo en Saly/Mbour o mejor coger en Somone cerca de la laguna. Veo que en la zona de Somone está la laguna, la isla de los pelícanos, incluso que hay un parque natural y una senda que imagino se podrá recorrer andando?? Quizás si me alojo en la zona de...  Leer más ...
spainsun
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Sep 01, 2000
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Fecha: Dom Abr 08, 2018 04:11 pm    Título: Re: Viajar a Senegal

Para mi le dedicas mucho tiempo a Dakar. Yo cambiaria la planificación.. y si tienes que elegir, entre Toubab y San Luis, mucho más atractivo San Luis y además tienes actividades que hacer. Toubab para mi no vale la pena para quedarte.
spainsun
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Sep 01, 2000
Mensajes: 72048

Fecha: Dom Abr 08, 2018 04:11 pm    Título: Re: Viajar a Senegal

Sin lugar a dudas, mejor Saly que Mbour.
iso667
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Ene 08, 2009
Mensajes: 141

Fecha: Dom Abr 15, 2018 06:29 pm    Título: Re: Viajar a Senegal

Hola spainsun, gracias por tus respuestas. Como ya dije, lo de Dakar es "obligatorio", tenemos que ver a una familia de allí y hacer algunas cosas en la ciudad así que ya nos vamos a quedar esos días. A St. Louis no vamos a subir por distancia, queremos que sea un viaje lo más relax posible sin mucho transporte motorizado, lo dejamos para otra ocasión que seguro que volveremos Sonriente El tema de Toubab es para hacer la última noche porque está a pocos kms del aeropuerto y así a la mañana siguiente podemos desplazarnos más fácilmente y evitamos tener que recorrer grandes distancias o salir...  Leer más ...
spainsun
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Sep 01, 2000
Mensajes: 72048

Fecha: Mar May 08, 2018 11:24 am    Título: Aeropuerto Aeropuerto Internacional Blaise Diagne, Dakar

Hola
¿Despegas del nuevo aeropuerto de Dakar?

Lo inauguraron en diciembre de 2017. Ya nos contarás que tal.
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