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Diario: De nuevo en Senegal: De nuevo Cassamance y Pais Bassari. Nunca nos cansaremos  -  Localizaci√≥n:  Senegal  Senegal
Descripci√≥n: Despu√©s de nuestra √ļltima experiencia en Senegal, volvemos pero ya mucho m√°s comprometidos. En esta ocasi√≥n tenemos boda en Cassamance y proyectos de cooperaci√≥n por visitar, pero al mismo tiempo hemos aprovechado para hacer turismo y turismo del bueno del que no se queda en la superficie sino que tiene un ratito para compartir con la gente del lugar
Autor: Pardino   Fecha creaci√≥n: 
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Etapa: Cassamance: Bafic√°n, Hitu Kabrousse y boda en Carabane  -  Localizaci√≥n:  Senegal Senegal
Fecha creaci√≥n: 01/12/2010 12:35  
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Primera Jornada: Días 8 y 9 de Octubre 2010

Nos dimos cita en el Aeropuerto un grupo de ocho amigos para embarcar en el vuelo, que partía a las 17,35 con destino a Dakar, haciendo una escala técnica en Las Palma de Gran Canaria. En el aeropuerto íbamos, nada menos, que a juntarnos con otras 57 personas invitados a una boda de la que luego tendremos ocasión de hablar.

Una vez aterrizamos en Dakar, era de noche 22,30 hora local, la salida de la terminal del Aeropuerto fue un poco caótica, afuera esperaban decenas de personas, autodenominados portamaletas, que literalmente se lanzaban por el equipaje con el fin de ganar alguna propina después de transportarlo donde fuese preciso. Afortunadamente nos esperaban Demba y sus colaboradores, que nos ayudaron en éste y otros menesteres.

Nos condujeron a un minib√ļs, donde, una vez acomodados en su interior, nos ofert√≥ el cambio de moneda, de ‚ā¨ a cfa moneda senegalesa (1 euro/650 cfa.), a trav√©s de un agente, circunstancia que aprovechamos y agradecimos por los inconvenientes que ello nos evitar√≠a, la camioneta se convirti√≥ por un rato en una aut√©ntica oficina de cambio. Una vez acabada la operaci√≥n nos dirigimos al Hotel La Madrague, un lugar agradable junto al mar d√≥nde pasamos la noche. Los senegaleses son muy amantes del deporte, se les puede ver haciendo ejercicio por la playa, aunque sea de noche.


La capital del Senegal, que tiene fama de ciudad cuasi europea, no lo parece a primera vista, hay mucho desorden en las calles, aparte del da√Īo que han causado las recientes lluvias en las calzadas, estas aparecen llenas de tierra y barro, am√©n de la suciedad propia de las ciudades africanas y su desorden urban√≠stico, se suma a ello las obras de remozado de los accesos al Aeropuerto. En algunas calles ha desaparecido el asfalto, si alguna vez lo hubo, atravesarlas o circular por ellas es una aventura hay que sortear toda clase de baches y charcos de agua rojiza, fruto de la mezcla con la tierra arcillosa.

Amanecimos el 9 de Octubre, fue un d√≠a lleno de detalles de c√≥mo es √Āfrica. Despu√©s de desayunar volvimos al aeropuerto con todo el equipaje para viajar hacia el Sur, en un vuelo interior de la compa√Ī√≠a Senegalair, concretamente a la ciudad de Ziguinchor, capital de la regi√≥n de Casamance, nombre que toma del r√≠o que la cruza. Te√≥ricamente el vuelo estaba previsto para las 10 de la ma√Īana, por lo que a las 9 est√°bamos all√≠ como un clavo. No hay informaci√≥n del vuelo por ninguna parte, nadie sab√≠a nada de dicho vuelo, mas bien nos dijeron que el vuelo era a las 8 de la ma√Īana y que, por supuesto, hab√≠a salido a su hora. En espera de informaci√≥n adicional alguien nos cuenta que el vuelo de las 8 no sali√≥ por falta de pasaje, y que se realizar√≠a a las doce de la ma√Īana, como as√≠ fue.

En fin un sin vivir hasta que se aclar√≥ la situaci√≥n. Por fin aparece el empleado de la compa√Ī√≠a y comienza la facturaci√≥n, diecinueve era el n√ļmero de personas del pasaje, diecinueve que tard√≥ en facturar 45 minutos. Ante todo prisa ninguna, para colmo al llegar a la puerta de embarque observamos con curiosidad que en la plataforma de embarque hay una formaci√≥n militar que ha de rendir honores al Presidente de la Rep√ļblica, que sale de viaje, ni que decir tiene que hasta que el avi√≥n presidencial no despeg√≥, los vuelos pendientes de salir no lo hicieron, as√≠ que los retrasos se acumularon uno tras otro.


Por fin salimos. Prácticamente todo el vuelo se realizó sobre el mar. El piloto muy amablemente nos dejó la puerta de la cabina abierta por lo que pudimos cotillear todo lo que nos dio la gana sobre los instrumentos y datos del vuelo. La parte final del trayecto fue espectacular por lo paisajístico, desde la ventanilla, y por encima de la cabeza del piloto, fuimos contemplando las marismas de Casamance por espacio de casi 20 minutos, algo extraordinario.

En el peque√Īo aeropuerto de Ziguinchor nos esperaba Christoff uno de los chicos que colaboran con Demba, nativo espigado, muy simp√°tico y algo t√≠mido, se hac√≠a entender en un castellano bastante claro, usaba un gorro de lana con los colores de la bandera senegalesa, rojo, amarillo y verde

Una vez en el minib√ļs nos condujo a un t√≠pico mercado, lugar d√≥nde el nivel cultural de un pueblo tiene su m√°s clara expresi√≥n, las sensaciones para un europeo son desagradables, al menos en mi caso, los fuertes olores del pescado seco y otros productos alimenticios, te empujan a que quieras salir de all√≠ lo m√°s deprisa posible.


Prosiguiendo con la excursi√≥n recalamos en el hotel Kadiandioumenge, a orillas del rio, aqu√≠ conocimos a Mar√≠a, investigadora cient√≠fica sobre enfermedades tropicales, persona muy agradable, espa√Īola pos supuesto. En este hotel comimos muy bien. Nos sirvieron un pescado a la brasa llamado capit√°n en un lugar, al borde del r√≠o, francamente muy agradable.


Deb√≠amos de esperar al grupo del resto de invitados a la boda que no hab√≠an tenido cabida en el avi√≥n y ven√≠an por tierra en autob√ļs desde Dakar, atravesando Gambia. Seg√ļn nos explicaron hubo problemas en la frontera de Gambia y tuvieron que realizar un considerable rodeo.

Antes de partir hacia Carabane, hice una visita a un ‚Äúastillero‚ÄĚ de kayucos situado cerca del hotel, acompa√Īado por Christoff que me facilit√≥ bastante las cosas, los nativos no se dejan fotografiar f√°cilmente y si son musulmanes los problemas son mayores, por lo que la presencia y la ayuda de un nativo son fundamentales si realmente te quieres acercar a conocer las cosas desde dentro.


Como los de la boda no venían, retomamos el camino hacia Carabane. Hacia las 17,30 paramos en la aldea llamada Baficán. En la carretera nos esperaban todos sus habitantes, llevaban horas allí. Sabíamos que estaban esperando a un grupo de más de 60 personas y éramos sólo 8 lo que nos daba una pena tremenda.


Las mujeres iban vestidas con sus mejores prendas, falda azul con distintivos en blanco y camisa blanca, algunos hombres vest√≠an el t√≠pico traje de tela de estampados senegal√©s, los ni√Īos estaban primorosamente vestidos. Las mujeres usaban unos tacos de madera de forma aplanada, hechas de rama de palma, con los produc√≠an un sonido, parecido a las casta√Īuelas, r√≠tmico al tiempo que cantaban. Con esta m√ļsica nos introdujeron en la aldea donde ya se soltaron a bailar al son y ritmo de los c√°nticos. Nos invitaban a bailar con ellas y hasta el m√°s reacio tuvo que rendirse a su alegr√≠a contagiosa y marcarse un movimiento, desde luego para nada sexy.


M√°s tarde nos acompa√Īaron a ver los edificios de la escuela construidos con la ayuda de turistas espa√Īoles y de los ahorrillos del grupo de gu√≠as de Demba. De vuelta a la aldea y bajo la sombra de una enorme Ceiba (√°rbol sagrado para los animistas) hab√≠an dispuesto los pupitres de la escuela para que nos sent√°semos a escuchar los discursos de agradecimiento de las autoridades de dicha poblaci√≥n y la respuesta de Jos√© M¬™, uno de nuestros amigos, como presidente de la asociaci√≥n Yakaar √Āfrica que, aunque no ha participado directamente en la financiaci√≥n de esta escuela, s√≠ que su ejemplo ha servido para inspirar otros proyectos de Yakaar.

Acabados los discursos pusieron delante de nosotros una mesa en la que hab√≠a cacahuetes, cocos, limones y pl√°tanos para todos, nosotros y los que no hab√≠an podido llegar, en se√Īal de agradecimiento, por lo que nos sentimos halagados y agradecidos, nos entregaron lo que mas aprecian. Nosotros que, como dec√≠a, √©ramos s√≥lo 8, entregamos todo el material escolar que tra√≠amos a los responsables del pueblo, pero nos parec√≠a tan poco en relaci√≥n a su generosidad‚Ķ

Si hay algo que nos sorprendi√≥ del recibimiento fue el orden y respeto de los peque√Īos, ning√ļn ni√Īo se movi√≥ durante los discursos, ninguno nos pidi√≥ absolutamente nada, se acercaban, te daban la mano, te sonre√≠an, se dejaban fotografiar pero sin el m√°s m√≠nimo gesto de pedir algo a cambio. Un verdadero ejemplo para otros pa√≠ses e, incluso, otros lugares de Senegal


Despu√©s de bailar con todos ellos, y ya anocheciendo, retomamos el camino hacia nuestro destino. Era ya noche cerrada cuando llegamos a Elikine, aldea donde embarcamos hacia Carabane, nos esperaba una lancha de rio con motor fuera borda. Para montar hab√≠a que meterse un buen cacho en el agua, los chicos de Senegal no tienen ning√ļn reparo en coger a la gente en brazos y subirla en la barca sin que se moje un dedo. Bueno ni reparo, ni problema alguno de fuerza, nos cogen como si fu√©ramos una pluma. De todos modos, los ‚Äúhombres‚ÄĚ nos negamos, en general, a que nos cogieran en brazos, no nos parec√≠a digno ni para ellos, ni para nosotros, aunque no s√© si no deber√≠amos revisar nuestro concepto de lo que es digno y lo que no. En todo caso, es una lecci√≥n de humildad la que esta gente te proporciona a cada paso.

El viaje fue muy especial, hac√≠a mucho tiempo que no contempl√°bamos la V√≠a L√°ctea en todo su esplendor, de repente apareci√≥, all√≠ estaba con un luminosidad espectacular, la luz de miles de millones de estrellas era acompa√Īada por una fina l√≠nea de luz en forma de D, que anunciaba el creciente lunar. Casi que daba igual el pavor que sent√≠amos por no ver ni el agua por donde naveg√°bamos, ni las orillas de aquel r√≠o, contemplamos embobados durante todo el viaje el m√°gico espect√°culo del cielo.


Llegando casi al final, se apreciaron luces de fuerte intensidad que al pronto parec√≠a un barco grande, result√≥ ser un pantal√°n realizando una obra portuaria. La bajada del bote tuvo de nuevo sus riesgos, no hay muelle, no hay playa, el agua estaba movidita, total un n√ļmero, en alg√ļn momento pens√© que alguna maleta terminaba en el mar, pero de nuevo los generosos chicos de Senegal no dudaron en mojarse por nosotros.

El Hotel de la Isla de Carabane, ese es nuestro alojamiento, es un convento antiguo que ha sido habilitado como hotel, no hay agua caliente, ni falta que hace, el calor constante de d√≠a, unos 38¬ļ, mantiene el agua en las ca√Īer√≠as bastante aceptable.

Pensamos esperar a los de la boda para cenar, pero nos advirtieron de que llegar√≠an muy tarde y la mayor√≠a nos fuimos a la habitaci√≥n. Sobre las 2 de la ma√Īana nos sorprendi√≥ un ruido de m√ļsica y baile. Todo el pueblo ven√≠a a recibir a los de la boda, probablemente alertados por Demba. Todav√≠a tardaron una hora m√°s, pero no por eso desmayaron en sus bailes y c√°nticos.

Cuando llegaron nos contaron su aventura. Hab√≠an llegado a las 3 de la ma√Īana del d√≠a anterior a Kaolack para atravesar Gambia muy pronto por la ma√Īana, pero seg√ļn sal√≠an les advirtieron que la carretera transgambiana estaba cortada por la ca√≠da de un cami√≥n. Eso les hizo desviar su ruta para atravesar Gambia por la capital, Banjul. Al llegar la cola para pasar era tan enorme que decidieron volver de nuevo hacia la transgambiana pero esta vez atravesando por tierras de Gambia, para tratar de llegar a un punto al sur de donde hab√≠a ca√≠do el cami√≥n. Por fin lo consiguieron, entre tanto, m√°s de 18 horas de viaje, dando tumbos por carreteras de Senegal y Gambia. ‚ÄúHa sido el peor d√≠a de mi vida‚ÄĚ confesaba un destrozado Demba, cargando sobre sus hombros la responsabilidad de la paliza vivida por sus viajeros


Segunda Jornada: Día 10 de Octubre de 2010

Después de una noche algo intranquila, uno no está habituado a dormir con mosquitera, nos dispusimos a desayunar, el comedor está en una terraza encima de la playa, las mesas dispuestas para más de sesenta personas. Poco a poco empezaron a aparecer familiares, amigos y allegados de los novios. Como digo, todos marcados en el rostro con cierto aire cansino, pero la expresión alegre, el acontecimiento se lo merecía, pero no nos adelantemos.

En la agenda de √©ste d√≠a figura una visita a la isla de Hitou, situada en la margen opuesta del estuario del Rio Casamance y donde la asociaci√≥n Yakaar √Āfrica, a la que tambi√©n pertenecen los novios, ha hecho una escuela infantil. Antes de embarcar algunos de los invitados se fueron a visitar al sastre, por cierto se llama Paco, para confeccionarse un traje t√≠pico y lucirlo en la boda, otros se fueron a presenciar la matanza de una res, cuesti√≥n de gusto m√°s bien dudoso, el sacrificio de un b√≥vido en esta tierra est√° normalmente ligado a un acontecimiento importante, como lo es la boda, forma parte de la cultura africana, es como la dote de la novia, o algo as√≠, de hecho la carne ser√° empleada en el banquete de la celebraci√≥n.


Ten√≠a espacial inter√©s en navegar en un kayuko por mi especial afici√≥n marinera, y por aquella curiosidad que genera el hecho de que tantos y tantos africanos naveguen durante d√≠as hasta nuestras costas en estas embarcaciones. El viaje de ida fue muy c√≥modo, el kayuko estaba nuevo, en la borda llevaba escrito ‚ÄúCasamance Ambulance‚ÄĚ la navegaci√≥n fue muy suave, da la impresi√≥n de ser un barco muy marinero, la eslora deb√≠a ser de unos 8 metros y entramos unas cuarenta personas perfectamente acomodadas. En otro kayuko m√°s peque√Īo embarcaron el resto unas 25 personas, en √©ste hice el viaje de vuelta.

Atravesar el estuario dur√≥ unos 35 minutos hasta llegar a los manglares de Hitu, por los r√≠os que forman dichos manglares fuimos discurriendo por canales cada vez m√°s estrechos, hasta un punto en el que hab√≠a que desembarcar en el agua en la entrada de un canal todav√≠a mas estrecho donde el kayuko ya no avanzaba, pod√≠a quedar varado, este canal tiene una estrecha plataforma de tierra y conchas a lo largo que en la pleamar est√° sumergida, como era el caso, y es por donde se camina hacia tierra firme, como an√©cdota contar√© que una de las abuelas fue transportada en brazos por Christoff desde la barca hasta tierra, unos 150 metros, de nuevo demostr√≥ Christoff tener una fuerza y resistencia fuera de lo com√ļn. Con la bajamar la plataforma quedar√≠a visible como pudimos comprobar a la vuelta. Ya en seco, nos esperaban las autoridades de la isla que fueron estrechando uno a uno la mano de los visitantes, d√°ndonos as√≠ la bienvenida, mientras la sombra de una gran Ceiba de ra√≠ces espectaculares nos proteg√≠a de un sol implacable.


En el centro del poblado se pronunciaron los discursos de agradecimiento por la construcci√≥n de la escuela, lo que supone que los ni√Īos no tienen que desplazarse fuera de la isla, y la consabida respuesta del presidente de la asociaci√≥n que regal√≥ un cartel para la fachada de dicha escuela, gesto que tambi√©n agradeci√≥ el l√≠der del poblado.


Despu√©s de visitar las instalaciones bajo un calor pertinaz, volvimos a las naves para regresar, embarcamos, esta vez, en la embarcaci√≥n m√°s peque√Īa, que por cierto hac√≠a agua por las juntas de forma permanente, un chaval ejerc√≠a de grumete achicador con un bote de pl√°stico con eficiencia, la verdad es que no dej√≥ de sacar agua en todo el viaje.


Navegando a√ļn por el canal de salida al rio pudimos observar a una bandada de garzas c√≥modamente apostadas encima de los mangles, as√≠ como pel√≠canos que fueron fusilados con las repetidoras de nuestras c√°maras, mientras nos miraban con displicencia.


Después nos adentramos en el estuario en donde el agua estaba movidita, el viento entraba desde el mar y el agua entraba con cierta facilidad sin peligro hasta que una ola quiso embarcar en el kayuko, haciendo entrar bastante agua en el bote, con el consiguiente susto del personal, resultado unos cuantos viajantes mojados más de lo previsto. El hecho no pasó de ahí, llegamos al hotel sin más novedad.

El día estaba marcado por la boda. Los que más cansados estaban desaparecieron después de la comida, que por cierto nos fue amenizada por un grupo de percusionistas entre los que se apuntó Demba a darle al tambor. Las horas centrales del día, por la calorina, son una buena excusa para hacer una reparadora siesta, yo mismo hice una estupenda.

Cerca de la hora prevista empezamos a arremolinarnos en la entrada del hotel todos los invitados, que nos fuimos dirigiendo hacia el lugar destinado para la ceremonia en la playa. El escenario era sencillamente incomparable por una puesta de Sol espectacular. Mientras contempl√°bamos √©ste fen√≥meno natural con cierta actitud po√©tica comenzamos a o√≠r el sonido de tambores que se iban acercando paulatinamente. Los novios, caminaban por la playa acompa√Īados de todas las gentes de la Aldea, se dirig√≠an hacia nosotros rodeados de m√ļsica y el baile de todos los nativos. Las mujeres, ataviadas con vestidos de llamativos colores, bailaban alrededor de los novios cual si fuesen reyes. As√≠ debieron sentirse, porque la escena as√≠ lo parec√≠a.


Ofici√≥ de maestro de ceremonias Jos√© M¬™ que creo estaba mas nervioso que los contrayentes, era la primera vez que oficiaba una ceremonia de este porte. Comenz√≥ con las √ļltimas luces del d√≠a que enrojec√≠an las pocas nubes que el cielo mostraba de aquel atardecer. Amigos y familiares leyeron historias de los novios, se declamaron poemas sobre el amor y la existencia, la vida y la eternidad.

Fue un bonito acto que se expresó en tres idiomas, castellano, catalán y wolof, Demba también pronunció unas palabras en el idioma Senegalés para hacer participar activamente a la población. Los amantes prometieron hacerse felices el uno al otro para siempre, intercambiaron anillos y fueron declarados esposos cuando ya la noche hacia acto de presencia en el evento. A continuación se desató una locura de tambores y bailes generada por los nativos, que rodeando a la feliz pareja los hicieron danzar durante un buen rato.


La ceremonia fue algo fuera de lo com√ļn, ellos lo eligieron as√≠. Solo admitieron como regalo la presencia de amigos y familiares que invertir√≠an su presupuesto en acudir a una tierra lejana, en el lugar del t√≠pico regalo de la lista de boda. Un viaje a Senegal para un acto como √©ste, es un esfuerzo solo al alcance del amor y el aprecio personal que se pueda tener por estos chicos.


He de confesar que las cualidades humanas de los novios me parecen excepcionales, dedican tiempo y recursos propios para que llevar a Senegal todo lo que en su mano esté, es una forma de intentar mejorar la vida de esas gentes. Senegal debe ser una tierra muy querida para ellos, como lo han demostrado al venirse a casar aquí. Senegal y, sobre todo, Carabane debe quererles muchísimo al regalarles una boda como ésta.

Y despu√©s la cena, montaron un buffet africano con distintos manjares en el que hab√≠a de todo: carne, pescado, verduras, cus-cus, arroz, etc., acud√≠amos con frecuencia para probar de todo. A la hora de la tarta aparecieron de nuevo m√°s m√ļsica y baile protagonizada por las gentes de la isla, aquello parec√≠a un carnaval por el colorido y la alegr√≠a, un fin de fiesta extraordinario.


Tercera jornada: Día 11 de Octubre 2010

Hoy, tenemos desplazamiento, el grupo de invitados a la boda se divide en tres, unos vuelven a Espa√Īa, de hecho salen por la ma√Īana, otros se van a hacer turismo por el interior del pa√≠s, y nosotros, que nos iremos por la tarde, nos vamos a descansar a la playa. Despu√©s de desayunar un numeroso grupo hicimos una visita tur√≠stica a toda la isla de Carabane. Sorprende en primer lugar la gran iglesia cristiana abandonada que se sit√ļa en mitad del pueblo.


Visitamos, tambi√©n la maternidad y el centro de salud de la isla, d√≥nde, Cecilia la matrona, nos explic√≥ todos los detalles de funcionamiento al tiempo que nos ense√Īaba las instalaciones. Casualmente nos sorprendi√≥ el trabajo de planificaci√≥n familiar que llevan a cabo, y la repercusi√≥n, tanto en el descenso del √≠ndice de natalidad, como en la prevenci√≥n de las enfermedades de transmisi√≥n sexual. Algo que nos llam√≥ poderosamente la atenci√≥n es la supervivencia neo natal, incluso en beb√©s prematuros como a t√©rmino pero bajos de peso, un ejemplo es la ni√Īa de la foto que pes√≥ al nacer 1,200 Kg, ahora tiene unos 3 a√Īos aproximadamente, todo un √©xito de la mejora sanitaria de unas condiciones de vida realmente duras, como son en la isla de Carabane.


Paseamos por la aldea observando que las chozas y casas rudimentarias están colocadas a la sombra de los árboles predominantes en esta región, los Baobab y Ceiba son árboles de grandes proporciones que producen una zona de sombra importante, muchas de las aldeas están en zonas arboladas con estos gigantes de la botánica. Pudimos observar que cocinan en el exterior de las casas. Un aspecto llamativo de estas comunidades es el alto grado de participación social, aunque cada cual tiene su ganado todos cuidan de todo.


Al otro lado de la isla existe un cementerio histórico de los franceses de la época colonial. Allí está la tumba del Capitán Protêt, célebre militar que pidió ser enterrado de pié para así seguir haciendo frente al enemigo. Un arrozal está situado aquí mismo y junto a él hay una huerta, que es de nueva creación.
Al salir hacia la playa, que en la pleamar casi no existe pero en la bajamar es francamente amplia, sorprendió a la concurrencia un gran kayuko, varado junto a unas palmeras, completamente ataviado como un yate moderno, unos 15 m. de eslora.


Un paseo por la playa y nos fuimos a comer al restaurante Helena, en la misma playa, nos desplazó del hotel un ministro del gobierno Senegalés, que había cerrado el comedor para él y su séquito, estaba visitando las obras de construcción de un muelle allí mismo, en Carabane.


Por la tarde comenzó el embarque, el equipaje fue lo primero en ser llevado al kayuko, sobre la cabeza cargaban los chicos las maletas, hasta la embarcación, andando por la playa con el agua hasta las rodillas. Nos tocó el cayuco que el día anterior casi zozobra, llevándonos hasta allí en un bote auxiliar. Como no podía llevar personas y equipaje al mismo tiempo, hubo de recurrir a una lancha, que pertenecía al restaurante donde habíamos comido. Navegamos durante una hora hasta un cruce de carretera donde nos esperaban los buses.

Durante el trayecto contemplamos distintas aves aut√≥ctonas, garzas, pel√≠canos, garcetas, etc. Pasamos al lado de una peque√Īa isla donde todas estas aves se apelotonaban con una densidad enorme. En las ra√≠ces de los mangles se agarra un tipo de ostra que se desarrolla as√≠ enganchada, fue algo que nunca hab√≠amos visto.


El desembarco fue apoteósico, del bote saltamos sobre un suelo lodoso y negruzco que se metía por entre los dedos de los pies de los que estaban descalzos, menos mal que la hierba verde y espesa nos sirvió de arma de limpieza.

Montamos en los autobuses, viajando por una carretera en perfecto estado que discurr√≠a por la marisma en direcci√≥n a Kabrouse, tuvimos ocasi√≥n de contemplarla en todo su esplendor, treinta minutos m√°s tarde llegamos a nuestro destino. Nos esperaba una puesta de sol magn√≠fica, el astro rey dejaba su luz de un color rojizo sobre el agua que a√ļn no hab√≠a desplazado la bajamar de la arena, era un espejo rojo viol√°ceo verdaderamente bello.


El Hotel situado en una zona de un verdor especial es un resort de caba√Īas t√≠picamente decoradas, con piscina junto al comedor. √Čste se encuentra situado encima de la playa, a la que se puede bajar por una escalinata de madera muy c√≥moda, es una terraza muy c√≥moda donde puedes desayunar, comer o cenar de la manera m√°s agradable. La temperatura acompa√Īa, es suave, y la brisa marina la hace especialmente refrescante.


Cuarta jornada: Día 12 de Octubre de 2010

Hoy es d√≠a de asueto, ya nos han comunicado que tendremos que comer fuera del hotel, el mismo ministro del d√≠a anterior, en Carabane, nos vuelve a desplazar. Parece una costumbre de estos gobernantes africanos, act√ļan como se√Īores a los que hay que dejar sitio, pese a quien pese. Si bien en Carabane el hotel no ten√≠a espacio material donde sentar a tanta gente, en √©ste resort hay instalaciones francamente amplias para prever estas situaciones. De cara al exterior, es decir al turismo, no queda muy elegante desplazar a los clientes del hotel, por muy ministro que sea.

Bueno a lo nuestro, despu√©s del desayuno, nos acerc√≥ Ambrosio a Cap Skirring, centro urbano mas pr√≥ximo para visitar el mercado de artesan√≠a, que es de lo mas pulcro de por estas tierras. Result√≥ ser algo casi familiar por lo peque√Īo y los comerciantes se desviv√≠an por venderte alguna bagatela, recuerdo o adorno. El aspecto que presentan las calles de las ciudades de √Āfrica despu√©s de la √©poca de las lluvias es un aut√©ntico desastre, las calles est√°n llenas de tierra arcillosa arrastrada por las torrenciales lluvias, a√Īadido a la escasa pulcritud de la poblaci√≥n, hay basura por todas partes, dan una impresi√≥n de desorden verdaderamente ca√≥tico.


Enfrente del mercado de artesan√≠a est√° la entrada del Club Mediterran√©e, nos cuentan que dicha entrada est√° apenas a 100 metros del aeropuerto y que los turistas franceses, en su mayor√≠a, pasan directamente del aeropuerto al hotel y viceversa, all√≠ pasan sus vacaciones sin ni siquiera acercarse al centro de artesan√≠a que est√° a menos de 50 metros. ¬ŅSeremos los franceses y nosotros de distinto planeta?

De vuelta al hotel nos vamos a la playa, a probar el agua del Oc√©ano Atl√°ntico en zona tropical. La temperatura del mar es alta, 25 a 28¬ļ, lo que da una sensaci√≥n de caldo, las caracter√≠sticas del suelo son similares a las playas de C√°diz o Huelva, arena mezclada con arcilla y una inclinaci√≥n baj√≠sima lo que hace que en la bajamar la anchura de la misma sea grande, y la profundidad escasa, hay que adentrarse bastante para poder nadar, pero..., siempre hay un pero, la resaca del oleaje es francamente fuerte y tiene un peligro francamente serio.


Dando un paseo encontramos un delfín muerto varado en la playa siendo pasto de los buitres, que aquí abundan como las palomas en Madrid, y que también se estaban comiendo un pez globo en las mismas circunstancias. Inusual a nuestra costumbre es la cantidad ingente de conchas de moluscos, similares a berberechos que hay en esta región, así como las ostras de los manglares que son particularmente abundantes, todas las playas están llenas de dichas conchas.


Como ya se ha expresado, tuvimos que comer en un chiringuito o restaurante en la playa, donde no podían faltar los vendedores ambulantes, concretamente uno de ellos cargaba toda la mercancía en una bicicleta lo que la hacía parecer un auténtico carro de feria. Tardaron en servirnos la comida una eternidad, pero mereció la pena, los entrantes fueron muchos y abundantes, precediendo a una langosta hecha en la brasa de aceptable cocinado y sabor.


De ahí a la siesta, después piscina y más tarde paseo playero. El atardecer y la puesta de sol resultan de nuevo espectaculares, cuando parecía agotarse la luz del lado del mar, se iluminaban las nubes de enfrente y a continuación, de nuevo, de vuelta a los colores maravillosos en el mar. Estuvimos un rato embobados viendo un fenómeno de la naturaleza que es diario, pero que pocas veces contemplamos con una actitud tan poética.



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Ver Etapa: Cassamance: Bafic√°n, Hitu Kabrousse y boda en Carabane



Etapa: Pa√≠s Bassari: Kedougou, Bandafassi, Dindefelo, que maravilla!  -  Localizaci√≥n:  Senegal Senegal
Fecha creaci√≥n: 01/12/2010 12:46  
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Quinta Jornada: 13 de Octubre de 2010

D√≠a dedicado completamente a viajar a trav√©s del pa√≠s. En el aparcamiento y jardines del hotel nos encontramos con varios caracoles de un tama√Īo apreciable, entre 15 y 20 cm de longitud y unos 200 gr. de peso, que salieron al reclamo de la lluvia de la noche.


Recorrimos desde Kabrouse hasta Mako, unos 600 Km por distintas regiones del sur de Senegal, recorrido que efectuamos en unas once horas, por unas carreteras a veces buenas, otras malas y algunas infames. El viaje se presentaba francamente tedioso, no obstante algunos sucesos acontecidos durante la marcha fueron amenizando el día. Ambrosio es ahora nuestro guía, pues Christoff se queda en Cassamance y Demba se va con el otro grupo de invitados a la boda hacia el delta del Sine-Saloum

Atravesando la ciudad de Ziguinchor, el conductor se salt√≥ un stop, lo que conllev√≥ la correspondiente multa, ya que fue cazado por un guardia que se encontraba unos cien metros delante nuestra, esto supuso el tener que ir a la comisar√≠a mas pr√≥xima a pagar dicha sanci√≥n y despu√©s volver al lugar del delito para recuperar el carnet de conducir que hab√≠a retenido el gendarme. 6000 cfa (unos 9 ‚ā¨) fue la multa, una cantidad importante en la econom√≠a de cualquier ciudadano Senegal√©s. Nos dio una inmensa pena por el aspecto compungido de Babacar, nuestro chofer. Babacar tiene carita de ni√Īo bueno, cualquiera dir√≠a que tiene 29 a√Īos, est√° felizmente casado y es padre de dos ni√Īos.


Siguiendo la ruta salimos de Ziguinchor por el puente que pasa por encima del rio Casamance y sobre una carretera tortuosa llena de baches producidos por las lluvias, que discurre por en medio de una marisma de manglares, proseguimos en direcci√≥n a Kolda, donde repusimos combustible y compramos bocadillos y agua para comer. A unos kil√≥metros paramos a la sombra de unos √°rboles para almorzar de picnic. Sobre una rama de un arbusto se pos√≥ un pajarillo, algo mas peque√Īo que un gorri√≥n, de un color rojo intenso, que era una delicia verle y o√≠rle, su trino no intenso pero gr√°cil era agradable de escuchar, a lo largo de los d√≠as siguientes vimos muchos m√°s.


Durante casi todo el trayecto pasamos incontables controles de polic√≠a y del ej√©rcito, no tuvimos problema en ninguno excepto que un polic√≠a local estuvo algo meticuloso con la documentaci√≥n. Es en estos momentos cuando se agradece m√°s si cabe estar en la buena compa√Ī√≠a de Ambrosio y Babacar

Pasando por un pueblo Mandinga el gu√≠a nos hizo se√Īales de la aparici√≥n de lo que llam√≥ ‚ÄúMascara Mandinga‚ÄĚ. Se trata de un rito de iniciaci√≥n de los j√≥venes con motivo de la circuncisi√≥n (¬Ņalguien re acuerda de la serie ‚ÄúRa√≠ces‚ÄĚ y de ‚ÄúKunta Kinte‚ÄĚ?), desfilaban en doble hilera precedidos de un brujo o chaman, vestido con un traje de girones de piel que le cubr√≠a completamente, a m√≠ me record√≥ al Yeti. Una veintena de j√≥venes le segu√≠a armados con unas varas y apenas vestidos con unos pantalones cortos, bajo un Sol abrasador danzaban en c√≠rculo sobre el asfalto de la carretera al ritmo que marcaba el chaman, la gente hu√≠a de d√≥nde estaban porque al terminar el baile la emprend√≠an a palos con todo el que estuviera al alcance de sus varas, desgraciadamente no nos permitieron grabar o hacer fotos, por las posibles desagradables consecuencias si nos descubr√≠an. Llegado un momento Ambrosio decidi√≥ que hab√≠a que seguir y no esperar m√°s, los j√≥venes la emprender√≠an a palos con todos, los turistas no estar√≠amos seguros de permanecer all√≠, no aprecian mucho a los extra√Īos y adem√°s es una tribu muy belicosa, por lo que se impon√≠a una retirada estrat√©gica.


El siguiente punto fue atravesar el rio Gambia, pegaditos a la frontera del país del mismo nombre, pasamos los preceptivos controles policiales y aduaneros y justo en el puente sobre el rio nos cruzamos con un convoy militar. Cerca de Tambacounda cambiamos de carretera en dirección al Sur hacia el Parque Nacional de Niokolo-Koba, lo atravesamos a lo largo de unos 90 Km.

El Niokolo-Koba es un parque difícil para ver animales ya que las hierbas están muy altas, no tiene nada que ver con las grandes extensiones casi peladas de Kenia o Tanzania, Además en esta época de lluvias es casi impracticable. Se dice que hay algunos leones pero resulta casi imposible verlos si tenemos en cuenta que el parque tiene casi 10.000 km2 de superficie (más grande que la provincia de Madrid). Pues mira por donde se nos apareció un león en medio de la Gran Vía (las probabilidades deben ser parecidas).


El león que estaba en un lateral de la carretea nos miró con desdén, se subió a la misma delante de nosotros y se marcó un paseíto parsimonioso de unas decenas de metros. Luego, como para despedirse nos abrió la boca justo delante de la furgoneta mostrándonos un espléndido primer plano de sus afilados colmillos. La emoción nos embargó a todos: eso si que era tener suerte. Ya no pudimos hablar de otra cosa en el camino. Yo todavía me pregunto si el león no sería hinchable y teledirigido y lo habría puesto allí Ambrosio para hacernos más agradable el camino.

También vimos aposentadas en mitad de la carretera tres numerosas familias de Babuinos, a las que en comparación con el rey de la selva dimos poca importancia

Llegamos a Mako ya anocheciendo, salimos de la carretera en direcci√≥n a un Campamento Solidario, regentado por una ONG espa√Īola, por un tortuoso y enfangado camino, lleno de charcos. Por entre la maleza no se distingu√≠a nada apreciable salvo los techos de las chozas, algunas de ellas eran las del campamento. Est√° situado en la orilla del rio Gambia en un lugar arbolado junto a un poblado local. Los alojamientos son chozas ind√≠genas acomodadas con camas de ca√Īas, colch√≥n y mosquitera y bajo la rom√°ntica pero inc√≥moda luz de una vela.


El cuarto de ba√Īo, sin techo, est√° en la parte trasera de la choza: a un lado la ducha, consistente en un bid√≥n de unos 200 l. sobre nuestras cabezas, tuber√≠a y alcachofa, como en las pel√≠culas, al otro lado la taza del WC, moderna eso s√≠, y, en medio, el lavabo que est√° hecho con la cascara de media calabaza, sin desag√ľe. El espejo ajado por la climatolog√≠a. No fue nuestro peor alojamiento, ya les hubiera gustado a Jose M¬™ y Ricardo tener ba√Īo propio cuando se alejaron del grupo para visitar los proyectos de cooperaci√≥n.


Una grupito de los que estaban en la boda se reuni√≥ aqu√≠ de nuevo con nosotros acompa√Īados de su gu√≠a Doba, otro gran profesional que, a veces como en esta ocasi√≥n, trabaja con Demba. Las chicas del grupo quer√≠an dormir en la camioneta al no inspirarles ninguna confianza las chozas, bastante llenas de otro tipo de habitantes no precisamente humanos. No me extra√Īa, las condiciones del viaje empezaban a complicarse y a veces no es f√°cil renunciar a las comodidades europeas.

Al acabar la cena los nativos nos prepararon una fiesta a base de bailes populares aut√≥ctonos al calor y luz de una hoguera, porque la luz el√©ctrica en √©ste lugar no existe, los percusionistas calentaban los tambores en la candela, no s√© si para darles mayor flexibilidad o mejor sonoridad, la cosa es que al acabar cada pieza, los pon√≠an sobre el fuego. Bailaban todas las mujeres, solo dos chicos se animaron, no sabemos si por fogosidad natural o por los efluvios de la bebida, la cosa es que las mujeres desde una cr√≠a que no deb√≠a tener 5 a√Īos hasta las mas mayores, incluidas embarazadas y pu√©rperas con el reto√Īo a cuestas, daban patadas al suelo y abr√≠an los brazos como si fueran a volar. Una aventura total.


Sexta Jornada: 14 de Octubre de 2010

Despu√©s de desayunar emprendimos camino a Kedougou ciudad donde nos hospedar√≠amos nosotros en el Hotel Le Relais los dos siguientes d√≠as. Jose M¬™ y Ricardo se ir√≠an a ver los proyectos de la ONG Yakaar √Āfrica en unas condiciones un poco m√°s duras.

Después de dejar el equipaje en el hotel, volvimos a embarcar en el bus y nos dirigimos a Bandafassi, por una carretera de tierra, infame por el efecto de las pasadas lluvias, y al cabo de unos cuarenta minutos llegamos a la aldea. Hicimos una parada para dejar a Jose Mª ayudando a la misión sanitaria que relacionada con su ONG estaba allí pasando consulta y los demás seguimos camino hacia la aldea de Ibel, donde dejaríamos los coches para seguir a pié hacia la aldea de Iwol, situada en un alto.


Fue aparecer, aparcar, y de la nada salieron unos cuantos ni√Īos y adolescentes, que luego nos acompa√Īar√≠an todo el camino. Era evidente que te acompa√Īaban pensando en que algo obtendr√≠an a cambio, pero, de nuevo, ni un gesto en ese sentido. En cambio se afanaban en llevarte todo el peso durante la subida y te trataban de animar con un casi continuo: √áa va, Monsieur? √áa va, petit enfant.


La subida a Iwol fue dura, paramos unas tres veces para coger aire, entre la pendiente, el calor y el alto grado de humedad, la fatiga aparec√≠a f√°cilmente, sobre todo para los m√°s mayores, que lo notamos y mucho. El aire y las fuerzas casi no acompa√Īaban. Bien es cierto que el paisaje, seg√ļn sub√≠amos, iba siendo mas llamativo, el d√≠a era claro y se ve√≠a la llanura verde y roja a gran distancia.

En un Baobab a medio camino había un enjambre de abejas que formaban un panal pegado a la corteza del árbol, nos animaron a aligerar el paso por peligro que se espantaran y podían atacar. Tardamos mas de una hora en hacer la subida de apenas dos kilómetros, al final nos precipitamos debajo de un mango el cual hacia una sombra tupida, soplaba una ligera brisa que nos supo a gloria.


All√≠ mismo esta la aldea de Iwol, poblada por la tribu de los Beddik, los techos c√≥nicos de las chozas ofrecen una visi√≥n homog√©nea de todo el poblado, atravesando por entre ellas fuimos a dar a un templete de ca√Īas donde nos sentamos para que el maestro nos contase la historia del pueblo Beddik. Originarios de Mali llegaron a estas tierras en el S.XII huyendo de la opresi√≥n religiosa musulmana que se estaba imponiendo en √Āfrica central. Los Beddik quer√≠an seguir con su religi√≥n animista y huyeron hacia el Sur estableci√©ndose finalmente en esta zona, despu√©s de muchas vicisitudes, lo curioso es que con el tiempo se hicieron cristianos. En la zona m√°s alta hay una gran choza abierta que es una iglesia con su altar y la cruz en todo lo alto.


Acabado el relato dimos una vuelta por la aldea, los restos de una ceiba, que debi√≥ ser enorme por el tama√Īo del tronco y ra√≠z que qued√≥ despu√©s de que un rayo la partiera por la mitad, est√° considerada sagrada, y por tanto intocable porque tiene una leyenda sobre malos esp√≠ritus. Otro √°rbol que hay en √©sta aldea es un Baobab cuyo tronco tiene un per√≠metro de unos 23 m. es decir 7 m de di√°metro, un altura de 30 m, da una sombra portentosa u su porte resulta imponente. Se dice del baobab que es el √°rbol en el que se alojan, seg√ļn los animistas, los esp√≠ritus de las personas fallecidas del lugar, engrandeci√©ndolo.


El maestro nos condujo fuera del poblado por una senda en dirección opuesta al camino de entrada, por entre la maleza llegamos detrás de unas rocas a las que había que subir, el paisaje contemplado desde lo alto fue espectacular, todo el valle de País Bassari se perdía mirando al horizonte, mirando hacia el Sur, se podían apreciar los montes que son frontera con Guinea. Precioso.


Ya de vuelta pasamos por una choza que lucía dos cruces rojas en la puerta, me dijeron que era el Centro de Salud. También pasamos junto a la gran choza que es la iglesia, situada en la parte alta del terreno que domina todo el poblado, el lo alto del cono, que es la techumbre, tiene una cruz que es visible desde toda la aldea y el entorno.


Iniciamos el descenso por aquel camino tortuoso, que no lo pareci√≥ a la subida, pero al hacer el camino al contrario, nos impresion√≥ por la inclinaci√≥n, y que el firme de piedras y tierra seca lo hac√≠an especialmente peligroso, alguno cay√≥ sentado de posaderas por un resbal√≥n, a m√≠ personalmente se me hizo muy larga y pesada esta bajada. Seg√ļn descend√≠amos nos cruzamos con dos hombres que portaban sobre sus cabezas sendos bidones de agua de 50 litros cada uno, aquello me dej√≥ estupefacto, esa subida tan dura la realizaban con una soltura pasmosa, sudando claro, pero con una sonrisa nos saludaban a todos a nuestro paso. Tambi√©n nos cruzamos con una joven que volv√≠a del consultorio con su hijo envuelto en un pa√Īo cargado sobre la espalda, con ella nos cruzamos en la subida, ella volv√≠a de las consultas de Bandafassi donde hab√≠amos dejado a Jose M¬™. Llegados a los coches, nos esperaban todos los ni√Īos de los poblados cercanos, saben que los turistas traen chucher√≠as y regalos de todo tipo como globos, lapiceros, cuadernos, bol√≠grafos, y otras bagatelas, pero estos no se lo hab√≠an currado como los que nos acompa√Īaron en la subida‚Ķ

De regreso a Bandafassi paramos a comer en el campamento, allí encontramos a todo el equipo médico que atiende a aquellas gentes en el consultorio de forma totalmente altruista. A los postres y ya tomando café, se desató un aguacero que nos tuvo retenidos por espacio de media hora.


Fuimos al consultorio, en compa√Ī√≠a de M√©dicos y Enfermeras, all√≠ nos esperaban nativos adultos, ni√Īos, madres, ancianos en un n√ļmero importante de personas. La situaci√≥n sanitaria de estas gentes es francamente lamentable, malaria, anemias, desnutriciones, etc. El consultorio solo tiene muebles, no hay ni instrumental, ni medicinas, habitualmente est√° atendido solo por un enfermero aut√≥ctono, su trabajo est√° centrado sobre todo en la prevenci√≥n de enfermedades m√°s que en otra cosa. Las personas gravemente enfermas no acuden al hospital por carecer de recursos econ√≥micos para pagar las medicinas, vuelven a sus chozas y morir dignamente, las v√≠ctimas de esta situaci√≥n son los m√°s d√©biles, ni√Īos, ancianos y embarazadas. Estuvimos un rato ayudando en lo que pudimos, pero hay tanto que hacer‚Ķque te quedas con el alma un poco encogida.


En paralelo, el resto del grupo fue a ver la huerta y la granja que est√° financiando la ONG Yakaar √Āfrica en el pueblo, la idea es que la anemia y la desnutrici√≥n no se puede s√≥lo combatir con medicinas y que lo que hay que combatir es la falta estructural de prote√≠nas que caracteriza al alimentaci√≥n de la zona. Los n√≥madas ganaderos que se convirtieron en sedentarios carecen de la experiencia agropecuaria necesaria por lo que el problema alimentario es muy serio. El proyecto tiene especiales dificultades porque la gente de la zona no tiene experiencia en este tipo de proyectos pero con perseverancia todo se puede conseguir.


Séptima Jornada: 15 de Octubre de 2010

Hoy es el d√≠a de Dindefelo. Por la ma√Īana temprano nos sentaron en unos veh√≠culos todoterreno, a cual m√°s destartalado. Viajamos en direcci√≥n a Bandafassi, para tomar un desv√≠o cerca de Ibel, que nos conducir√≠a por un tortuoso camino, al que fuimos tildando de piscina, rio, pedregal, etc. cualquier calificativo excepto el de carretera o pista. Durante hora y media fuimos dando tumbos, pasando charcos, vadeando arroyos hasta llegar a las monta√Īas que hacen frontera con Guinea.


En sus alrededores existen varios poblados, entre ellos Dindefelo, que toma el nombre del rio que surca el valle, donde hay un campamento y un dispensario o Centro de Salud, el equipo m√©dico que estaba en Bandafassi se desplazaba tambi√©n aqu√≠ para pasar varios d√≠as atendiendo a √©sta poblaci√≥n. Los de la ONG Yakaar √Āfrica quieren hacer asimismo una huerta y una granja en este sitio, ya que los problemas son los mismos que en Bandafassi, quiz√°s agudizados por un mayor aislamiento.


Salimos del campamento por una senda entre la vegetación, atravesamos por un bosque cerca del monte, donde la vereda se hace algo más sinuosa, pero fácil de caminar, vadeamos a pie el rio que baja desde la cascada en algunos puntos. Ya el camino es muy bonito, pero llegar a la cascada de Dindefelo es algo especial. El rio se precipita desde una altura de 80 metros en un rincón natural de la roca creando una cortina de agua muy fina y cae formando una poza de unos treinta metros de diámetro, verla de abajo arriba es un espectáculo, el rincón es verdaderamente encantador. Algunos del grupo pensaban que el lugar tenía algo de mágico o de sagrado, la verdad es que se respiraba un cierto aire de calma muy especial.


Una vez metidos en el agua la sensaci√≥n era casi mejor, colocarse debajo de la ca√≠da del agua tiene su problem√°tica, aunque parezca una ducha, el agua cae con tal fuerza que hace da√Īo en la piel, apenas se puede soportar unos instantes. La temperatura del agua es muy agradable, uno permanecer√≠a all√≠ todo el tiempo del mundo. La salida es tambi√©n una experiencia extra√Īa, est√°s mojado pero no sientes ning√ļn frio, el lugar es tan recogido que te sobra la toalla. En conjunto: un placer, por el entorno, el agua y la compa√Ī√≠a, apenas √©ramos una veintena de personas en el grupo. Cost√≥ trabajo salir de all√≠, se estaba tan bien, pero inexorablemente hab√≠a que marchar, recogimos nuestros apeos y emprendimos regreso al campamento.


Ya cerca del poblado me llamó la atención un grupo de langostas, que abrazadas a las plantas, pasaban completamente desapercibidas a la vista, el color de vegetal y animal era el mismo, incluso en las fotos algunas son difíciles de distinguir.

Comimos en el campamento de Dindefelo, formado por graciosas pero no muy confortables caba√Īitas acompa√Īados del equipo m√©dico, Jose M¬™ y Ricardo, que se quedaban all√≠ con sus proyectos y algunos turistas m√°s. Aqu√≠ le hicimos una primera inmovilizaci√≥n en un dedo de la mano derecha a uno de los chicos del grupo de invitados a la boda que se nos hab√≠a unido en Mako, en la cascada resbal√≥ cayendo sobre una piedra y se lux√≥ el dedo me√Īique.


Despu√©s de comer nos volvimos a montar en los destartalados veh√≠culos para regresar al hotel. En el trayecto del camino innombrable nos cruzamos con un autob√ļs, por llamarle algo, cargado de gente que cruzaba hacia Guinea Conakry. Es incre√≠ble la proeza de hacer √©sta ruta y hacer que el veh√≠culo no se desmonte al paso de cada agujero del piso.


Ya en el hotel y despu√©s de una ducha, unos nos sentamos a leer, otros a consultar internet, si internet, las tecnolog√≠as de la comunicaci√≥n funcionan muy bien en √©ste pa√≠s, el m√≥vil no tiene zonas oscuras, en la selva tiene se√Īal, los hoteles disponen de wifi, por las calles ves gente usando ordenadores port√°tiles. No habr√° alimentaci√≥n adecuada, pero unos pocos hacen su negocio en cualquier parte.


Octava Jornada: 16 de Octubre de 2010

Hoy tenemos d√≠a libre hasta la hora de comer, por lo que decidimos visitar el mercado de artesan√≠a de Kedougou acompa√Īados de Babacar. Al llegar y ya aparcados, surgi√≥ un chico de unos veinticinco a√Īos que nos sirvi√≥ de gu√≠a, chapurreaba algo de castellano, aunque era mejor entenderse en franc√©s. Paseamos por las distintas tiendas y se hicieron algunas compras.

En un momento determinado se me acerc√≥ un muchacho de unos 30 a√Īos, y en un muy buen castellano entablo conversaci√≥n con nosotros. Era pintor y ten√≠a un puesto all√≠ cerca, que compart√≠a con un amigo. Le pregunt√© donde hab√≠a estudiado el espa√Īol, y me cont√≥ que en Espa√Īa, fue uno de tantos que cruz√≥ el mar en kayuko, llegando a las islas Canarias, y que fue repatriado. Lo que no me dijo es el tiempo que permaneci√≥ en nuestro pa√≠s, desde luego fue el suficiente para aprender nuestro idioma de forma muy s√≥lida. Tambi√©n me dijo que nunca volver√≠a hacer ese viaje, queriendo yo profundizar en el tema, le fui tirando de la lengua, solo me dijo que fue muy cansado, una semana en el mar debi√≥ de dar para mucho y saqu√© la impresi√≥n que llegaron menos de los que partieron, en fin, un drama.


Mientras com√≠amos en el hotel, desde el que se aprecia una bonita vista del rio cercano, aparecieron Jose M¬™ y Ricardo acompa√Īados de Ambrosio que hab√≠an permanecido hasta hoy en Bandafassi y Dindefelo. Tra√≠an una cara mezcla de cansancio y satisfacci√≥n. Cansancio por la dureza de las condiciones vividas, sin luz, sin agua corriente, acribillados por los mosquitos, pero satisfechos por haber intentado ayudar aunque fuera s√≥lo un poco a este pueblo maravilloso. Nos contaron la dificultad del proyecto, las duras condiciones clim√°ticas, la falta absoluta de medios, pero tambi√©n la determinaci√≥n, sobre todo de las mujeres, para luchar y acabar con una situaci√≥n que las tiene ancladas a la miseria desde hace siglos.

Despu√©s de una buena ducha y la consiguiente comida, montamos en el minib√ļs para viajar a Tambacounda, por la misma carretera que vinimos, donde har√≠amos noche de nuevo en un hotel de la cadena de Le Relais.

Al pasar por Mako, y sobre el puente del rio Gambia, hicimos una parada para pasar a pi√© al otro lado del rio y hacernos unas fotos, r√°pidamente los ni√Īos nos rodearon en busca de bagatelas y regalos. Hab√≠a mucho movimiento de gente a causa del mercado que hab√≠a en la rivera.


Volvimos a pasar por el Parque Nacional de Niokolo-Koba esperando encontrar a nuestro amigo el león, pero solo nos cruzamos con las tres consabidas manadas de babuinos de dos días antes.

Llegamos a Tambacounda ya de noche. Cenando observamos que Babacar estaba especialmente interesado por el partido de futbol que echaban en la tele, la final de copa de Senegal, donde jugaba su equipo: Mbour. La final fue especialmente emotiva ya que se decidi√≥ despu√©s de muchos penaltis, nosotros vibr√°bamos apoyando a nuestro querido chofer. Finalmente, y despu√©s de que la cosa estuvo pr√°cticamente perdida, Mbour gan√≥, estallando el comedor con nuestro grito de j√ļbilo, dif√≠cil de entender para cualquiera que no comprenda hasta que punto te puedes llegar a identificar con este pueblo.
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Ver Etapa: País Bassari: Kedougou, Bandafassi, Dindefelo, que maravilla!



Etapa: Final del Viaje: Tamba, Kaolack, Dakar y Gor√©e, aqu√≠ se acaba todo, que pena!  -  Localizaci√≥n:  Senegal Senegal
Fecha creaci√≥n: 01/12/2010 12:49  
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Novena Jornada: 17 de Octubre de 2010

Nueva viaje por carretera desde Tambacounda. Antes de salir visitamos la estación de ferrocarril, centro de comunicaciones entre Dakar y Mali.


Hacia las 13 h. llegamos a Kaolack importante ciudad de Senegal, en la cual est√° el segundo gran mercado de √Āfrica, al que hicimos una visita r√°pida. Nos detuvimos en la farmacia tradicional repleta de vegetales secos, porciones de animales tambi√©n secos, y otros elementos para la salud, compraba tambi√©n un m√©dico tradicional sus elementos para la consulta. Comimos, en un restaurante regentado por un liban√©s: el brasero: pizza y mucha cerveza.


Continuamos en direcci√≥n a Mbour, a presenciar la llegada de los pescadores. Los barcos acuden a desembarcar la pesca en la playa, siendo espectacular el n√ļmero de kayukos, todos ricamente pintados en colores vivos, unos grandes y otros peque√Īos. Seg√ļn van llegando a la playa se acercan mujeres y porteadores para descargar la pesca. En alguna embarcaci√≥n tienen la cocina encendida, consistente en un fog√≥n de le√Īa, en el que cocinan o asan pescado. La lonja es un completo caos, desorden y suciedad, el pescado tirado en el suelo, o en la arena, la gente parece ir y venir sin un sentido l√≥gico, en el exterior unos hombres van rompiendo unos caracoles, algo m√°s grandes que las ca√Īaillas, y las mujeres van retirando el animal de la c√°scara ya rota. Hemos llegado en la temporada del pulpo, y aunque se ven toda clase de peces, incluidos los Marlin, las cajas de cefal√≥podos salen de las embarcaciones por decenas.


Cuando llegamos comenzaba a llover, con viento racheado con lo que te mojas m√°s de lo esperado, a eso le a√Īades el desorden, la suciedad y el olor a pescado, no precisamente fresco, hace que la visita no se haga del todo agradable. Sin embargo es necesario reconocer que el conjunto resulta ser un espect√°culo folkl√≥rico de gran originalidad.


Ya desde all√≠ nos dirigimos al hotel, Le Royam de Sally situado en una zona reservada y apartada de √©ste bullicio. Por casualidad, en el camino nos cruzamos con el autocar que tra√≠a a ‚Äúnuestro‚ÄĚ equipo de futbol de Mbour, que el d√≠a anterior hab√≠a ganado la copa. Toda la poblaci√≥n le estaba dando la bienvenida, ni que decir tiene que nos comportamos como unos hinchas m√°s jaleando el √©xito de nuestro nuevo equipo.



Décima Jornada: 18 de Octubre de 2010

Ultimo día de recorrido por Senegal. Nos dirigimos hacia Dakar, relativamente cerca Mbour, corto en distancia, pero largo en duración. Por el camino nos desviamos para ver el lago rosa, claro que en esta época y debido a las fuertes lluvias no tiene nada de rosa y es más bien del color verdusco normal en un lago. Eso sí pudimos observar cómo se acumulan los montones de sal que se extraen del lago y aprender cual es la técnica que utilizan para extraer la sal y sobre todo, la protección que deben llevar para que dicha sal no les queme la piel a las personas que se ocupan de extraerla.

Llegamos al puerto de Dakar para embarcar a las 12.30 y navegar hasta la isla de Goree, apenas situada a una milla n√°utica del puerto. Una vez en la isla Ambrosio nos hizo un corto recorrido por la isla al tiempo que nos contaba cosas de la misma. Est√° declarada patrimonio de la humanidad, aunque las restauraciones se ve que van muy lentas. Pasamos junto al reducto donde se apilan unos cuantos ca√Īones, otros est√°n convenientemente situados sobre el fort√≠n, que parecen ser de la 1¬™ guerra mundial unos, otros de la segunda. En lo alto de la isla hay una antigua fortaleza donde se sit√ļa una bater√≠a antia√©rea de la 2¬™ gran guerra y que debi√≥ servir para hundir un buque de guerra ingl√©s, que permanece a la entrada de la isla, permaneciendo balizado por el riesgo de colisi√≥n de los barcos que se acercan a la misma.


Esta isla es importante porque en ella est√° situada la casa de esclavos en la que se les alojaba, o m√°s bien se les apilaba, antes de ser embarcados con destino Am√©rica y Europa. En los siglos XVI, XVII y XVIII fue Dakar un importante puerto esclavista, el hecho de reunirlos en la isla era para evitar las fugas, y tambi√©n facilitar la carga en los buques, que se realizaba por una pasarela de madera, que hoy ya no existe, desde la casa eran sacados por una puerta, cuyo nombre era ‚Äúla puerta sin retorno‚ÄĚ, situada de cara al mar.


En este lugar se almacenaban las personas, como animales, eran clasificados por edad y sexos, los hombres, las mujeres, los ni√Īos y las ni√Īas. Hab√≠a celdas especiales para los rebeldes, y m√°s especiales cuanto m√°s recalcitrantes eran. En un cuarto de diecis√©is metros cuadrados llegaban a meter a treinta personas, solo sal√≠an de all√≠ una vez al d√≠a para hacer sus necesidades y caminar un poco. Por lo que nos explicaron los hombres deb√≠an tener una talla y un peso m√≠nimo, si no pesaban lo suficiente se les cebaba, hasta conseguir el peso √≥ptimo. Las j√≥venes eran empleadas frecuentemente para diversi√≥n de los esclavistas y cualquier personaje civil o militar que lo quisiese, las embarazaban y as√≠ su precio aumentaba.


En el museo que se ha creado en la planta superior del edificio se da cuenta con todo lujo de detalles de las atrocidades cometidas sobre una población indefensa, víctimas de la ignominia humana.
Cerca del embarcadero nos sentamos a comer un rico arroz con marisco, algo similar a la paella, llamado Chebuy√©n En medio de la comida me percato que una embarcaci√≥n, que me es familiar, aparece por nuestra derecha, sin dar tiempo a los dem√°s grito ‚ÄúViva la Guardia Civil‚ÄĚ, todos me miran at√≥nitos pensando en que me he vuelto chalado, les se√Īalo con la mano en direcci√≥n al mar, era una patrullera de la benem√©rita que cumple labores de vigilancia costera en Senegal por el tema de la emigraci√≥n en pateras.


Hacia las 16.30 embarcamos de vuelta. Ya en tierra subimos al minib√ļs que nos dio una vuelta por el centro de Dakar, dirigi√©ndonos, mas tarde, hacia el hotel La Madrague en las cercan√≠as del aeropuerto. All√≠ comimos unos bocadillos y charlamos durante un largo rato con Demba y Ambrosio para hacer una especie de sumario de todo lo que hemos vivido en este viaje.


Es curioso pero pocas veces he tenido la impresi√≥n de hacer tantas cosas en tan poco tiempo. Hemos vivido desde una boda, hasta la realidad de los proyectos de cooperaci√≥n. Hemos visto aut√©nticas maravillas de la naturaleza, junto a la podredumbre y la miseria, Hemos re√≠do, hemos cantado, hemos bailado y, tambi√©n, se nos ha hecho en ocasiones un nudo en la garganta. En resumen hemos vivido, ¬ŅQui√©n puede ofrece m√°s? Senegal, Demba, Ambrosio, Christoff, Doba, Babacar etc. y, sobre todo, la sonrisa de los ni√Īos de Senegal van tener siempre un sitio en nuestro coraz√≥n‚Ķ...

A la hora prevista partimos en dirección al Aeropuerto, pasamos los trámites previstos sin problemas, el avión salió a la hora prevista llegando a Barajas sobre las 4.30 de la madrugada, hora muy adecuada para no tener que esperar el equipaje.
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Ver Etapa: Final del Viaje: Tamba, Kaolack, Dakar y Gorée, aquí se acaba todo, que pena!



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  √öltimos comentarios al diario  De nuevo en Senegal: De nuevo Cassamance y Pais Bassari. Nunca nos cansaremos
Total comentarios 9  Visualizar todos los comentarios

Nani7  nani7  03/12/2010 16:38
con fotos a√ļn me gusta m√°s,lo he vuelto a leer!!!

Default https Avatar  NUSKY  04/12/2010 19:37
Estupendo diario!!!!
Te dejo las estrellitas.

Koala66  koala66  08/12/2010 00:53   
que viaje tan especial! Yo estuve en Senegal en el 93, y tambien fue muy especial, me has recordado muchas cosas!

Default https Avatar  moralinda  30/12/2010 00:13
Pardino, lo tuyo por Senegal sí que es amor y filosofía de vida. Enhorabuena por tu diario y por tus viajes. Van 5 ***** porque no tengo más.

Pepemanolo  pepemanolo  18/01/2012 21:51
Me parece muy bien este diario, y me tengo por viajero-comprometido como miembro de una ONG que el a√Īo pasado hizo una campa√Īa en Gambia y este a√Īo la har√° en Casamance.

En ning√ļn momento tengo la impresi√≥n de distancia ni de parque de atracciones; es m√°s, creo que cualquier diario debe mezclar, como t√ļ, vivencia y datos. Para s√≥lo datos ya est√°n las enciclopedias, y para s√≥lo vivencias las novelas.

Animo, y te emplazo a seguir escribiendo diarios de este estilo, que nos aportan información y nos activan sensaciones.

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Pais Tema: Viajar a Senegal
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spainsun
Spainsun
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Sep 01, 2000
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Fecha: Lun Feb 03, 2020 04:47 am    T√≠tulo: Re: Viajar a Senegal

meha Escribió:
Agradecería también si alguien puede opinar qué parque es más interesante: Niokolo Koba o Bandia

Depende de la √©poca del a√Īo. Si la hierva esta alta, en Niokolo Koba no ves un pimiento. Bandia es mas seguro para ver animales, pero no tiene el encanto de Niokolo Koba.
spainsun
Spainsun
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Sep 01, 2000
Mensajes: 80655

Fecha: Lun Feb 03, 2020 04:52 am    T√≠tulo: Re: Viajar a Senegal

meha Escribió:
Por hacerme una idea, ¬Ņcu√°nto tiempo se puede tardar de Kaolack a Mako en veh√≠culo privado? Gracias

6 o 7 horas. Es una carretera muy recta y aburrida. Discurre junto a las vías del antiguo tren de Bamako.
meha
Meha
Dr. Livingstone
Dr. Livingstone
Ene 06, 2010
Mensajes: 5837

Fecha: Mie Feb 05, 2020 11:34 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Senegal

Gracias Spainsun. Por lo que he investigado, parece ser que han arreglado la carretera a Mako. Iremos viendo.
De Bandia me ha quedado claro que es un espacio muy reducido, aunque su facilidad de acceso puede resultar interesante para hacer un peque√Īo safari. En Niokolo Koba casi nadie recomienda profundizar
draculajose
Draculajose
Travel Addict
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Mar 04, 2017
Mensajes: 42

Fecha: Jue Mar 19, 2020 01:00 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Senegal

Hace dos a√Īos estaban en obras desde Dar Salam hasta Mako. Pero la cosa va lenta, no s√© si estar√° acabada. En todo caso, de Tamba a Dar Salam la carretera es excelente y de Mako a Kedougou tiene baches pero son esquivables, se circula bien. Si no recuerdo mal, hace dos a√Īos me llevo unas 4 horas hacer Kedougou - Tamba.

En cuanto al Niokolo Koba, a mi me gusto. Si no llevas expectativas, es agradable y tranquilo. Una tarde llega para hacerse una idea y pasar la noche en el Campament du Lion es una gozada.
meha
Meha
Dr. Livingstone
Dr. Livingstone
Ene 06, 2010
Mensajes: 5837

Fecha: Jue Mar 19, 2020 11:09 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Senegal

Muchas gracias. Precisamente ma√Īana ten√≠a previsto pasar por esa carretera, pero ha tenido que quedar aplazado hasta mejor ocasi√≥n.
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