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Oamaru (Ciudad Pingüino) y Los Catlins 🧭 Diarios de Viajes de Nueva Zelanda
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Diario: Viaje a Nueva Zelanda, La Tierra Media - Edición Xº aniversario  -  Localización:  Nueva Zelanda  Nueva Zelanda
Descripción: Un viaje a lo largo y ancho de Nueva Zelanda. Directo a las entrañas de la Tierra Media. El hogar de los Kiwis, los All Blacks, los maorís... Nueva Zelanda... Aotearoa... La Tierra Media...
Autor: Casillo   Fecha creación: 
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Etapa:  Oamaru (Ciudad Pingüino) y Los Catlins  -  Localización:  Nueva Zelanda Nueva Zelanda
Casillo  Autor:    Fecha creación:   
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05/08/09

Con el imborrable recuerdo de los sangrientos conejos que me visitaron por la noche en mis lúgubres sueños, nos disponemos a continuar viendo animales (por decisión consensuada, me autoexcluyo, aunque como cantaban los Extremoduro, “Estoy hecho un animal”).

Estamos en Oamaru “The Penguin City”, así que no es difícil adivinar que animales estamos buscando.

Exacto!!! Habéis dado en el clavo, hoy buscaremos pingüinos.

Hay varias opciones para ver estos simpáticos animalitos. Existe una amplia colonia de pingüinos azules en la zona, y por un módico precio te llevan por unas trincheras para verlos sin interferir demasiado con ellos. Y otra opción más arriesgada y económica, es, ir a la zona de los acantilados, desde donde se puede ver una playa donde anidan los famosos pingüinos de ojos amarillos. Nos decantamos por esta opción, ya que tenemos suficiente con las excursiones guiadas que hemos realizado hasta el momento.

El problema de ver a estos animales, es que se pegan todo el día cazando en el mar, y regresan a la costa al atardecer. Así que los dos únicos momentos que tienes para poder verlos es al amanecer o al anochecer. Vamos, cuando hay poca luz, así que las fotos se van a ver resentidas.

Nos ponemos en marcha con la oscuridad. Nos encaminamos hacia la zona alta de la ciudad que desemboca en los acantilados.

Nos perdemos.

Callejeamos un poco.

Nos volvemos a perder.

Es lo que tiene ir medio dormido, sin desayunar y esperando ver algún conejito cruzarse en el camino.

Nos encontramos.

Bien.

Conseguimos encontrar el camino que nos lleva hasta el observatorio que se sitúa en la cima del acantilado. Tras un pequeño paseíto llegamos hasta una caseta desde donde se divisa toda la pequeña playa. Está a punto de amanecer, así que todavía tenemos tiempo.




El estómago comienza a gruñir, para no perdernos… el momento de la salida, nos hemos saltado el desayuno y las tripas nos lo recuerdan.

Regresamos un poco por la senda hasta una zona de barandillas. Desde aquí hay una vista, menos expansiva, pero más cercana.




Y de pronto, un ligero rayo de sol despunta en el horizonte. Sin lugar a dudas, uno de los más bonitos amaneceres que hemos disfrutado en nuestro viaje.




Cuando por fin, conseguimos dejar de extasiarnos por el paisaje que se despliega delante de nuestros ojos, aparece un pequeño punto negro sobre la arena de la playa.

Otro…

Y otro más…

Son cuatro en total.

Desde la lejanía no se aprecian bien… intentamos tomar algunas fotos… pero imposible.

Con sus torpes andares se van acercando hacia el agua. Y cuando llegan a ella… visto y no visto. Se zambullen y salen disparados como torpedos. Increíble la destreza de estos animales cuando nadan.

Se oyen de vez en cuando algunos gritos de las crías que se quedan en tierra, como despidiendo a los padres.

Unos más lejos y otros más cerca…

Mucho más cerca.

Estamos intentado ver si alguno más sale a la playa, cuando un leve crujido desvía mi atención hacia la izquierda.

Allí, quieto, silencioso, observándonos, vemos un pequeño pingüino. A un metro de nosotros lo podemos apreciar con total claridad.

Todos sabemos que hay que intentar no molestar a estos animales ya que son muy sensibles a los cambios. Hay que intentar dejarlos en su hábitat y no interferir con su vida cotidiana. En más de una ocasión, algún “ANIMAL” pero de los de dos piernas, y para más señas “turista”, se ha aventurado en la playa, interrumpiendo la llegada de los pingüinos al atardecer. Por lo que, estos, al apreciar peligro, no salen del agua, muriendo congelados.

Así que sensibilizados como estamos con el medio ambiente, su flora y su fauna, intentamos seguir a rajatabla todas las medidas que mediante paneles, explican la forma correcta de ver este sencillo, pero no por ello, menos vistoso espectáculo.

Retomamos el hilo de la cuestión donde lo habíamos dejado. El pingüino allí, erguido, observándonos. Por un instante me pareció que era él quien nos observaba curioso, por ver “animales” tan raros por allí.

En seguida, dejamos de interesarle y regresó a su rutina diaria. Pasito a pasito. Saltito a saltito, se fue alejando entre la maleza.



Nuestro amigo el Pingüino


Habían sido apenas 10 segundos, pero fueron increíbles.



Grupo de pingüinos a punto de entrar en el agua

Vimos más pingüinos que se zambullían en el mar. Y tras un rato, cuando ya parecía que todos habían partido, regresamos también nosotros a nuestra rutina diaria.

Tras este breve encuentro, nuestro estómago nos volvió a recordar que él todavía seguía allí y vacío. Así que allí mismo desayunamos.

De vuelta a Oamaru, nos detuvimos en una cabina para hacer la llamada de rigor a casa. Aquí acababa de comenzar un nuevo día. Nos cruzamos con bastantes chicos uniformados que se dirigían a la escuela. Y retrocedimos un poco en el tiempo, ya que en España todavía era ayer.

Nuestro camino nos lleva hacia unas formaciones rocosas bastante conocidas, las Moeraki Boulders. Son unas rocas redondas, algunas completamente esféricas y pulidas, que se encuentran diseminadas por la playa de Moeraki.




A nuestra visita, la marea estaba subiendo, así que no se veían todas las que hay.



Rocas redondas en Moeraki




Estas parecen huevos de algún gigantesco animal


Y claro, aquí como los “guiris” somos nosotros. Yo lo primero que hago es quitarme las zapatillas y dejar que el agua masajée suavemente mis pies. No hace excesivo frío, pero tengo que decir que era el único que estaba así. Ojo, también he de decir, que al verme a mí con el agua hasta los tobillos, rodeando algunas de las piedras que están metidas en el agua, más de uno, perdió la vergüenza y me imitó.




Grupo de rocas





Continuamos nuestra marcha hacia Dunedin, donde llegamos con las últimas luces del día. Localizamos el Top 10 Holiday Park (36$NZ).
Frente al camping para el autobús urbano que conecta con la ciudad. Así que lo tomamos y damos una pequeña vuelta por allí.

Poco podemos decir de esta ciudad. Damos una vuelta por la plaza octogonal que es una de sus señas de identidad, la catedral y las calles más concurridas. Y vuelta para el camping.




06/08/09

Nos ponemos en marcha a las 8:30 camino de los Catlins. En la zona sureste de la Isla Sur, se encuentra este parque natural. Es una zona costera, bastante seca y azotada por los vientos del sur. Lo que confieren unas formas muy definidas tanto a costa como a flora.




Tomamos la SH1, pero a la altura de Balclutha nos desviamos hacia la costa. Las anchas carreteras por las que hemos circulado estos días, dan paso a otra mucho más estrecha y peor asfaltada… incluso en algunos tramos sin asfaltar.

Llegamos a Kaka Point, un pequeño pueblo costero… bueno, siendo franco, cabría decir que más bien me dio la sensación que eran 4 casas de veraneo. Allí hicimos un pequeño paseo por el bosque, nada del otro mundo, pero nos sirve para desentumecer un poco las piernas.

Continuamos por un camino sin asfaltar hacia el punto más interesante de esta zona, el Nugget Point. Es un faro situado en la cima de un acantilado. Para mas reseñas, el que haya tenido la ocasión de ver el número 27 de Lonely Planet magazine, es el faro que viene en portada.

Tras pasar por unos tramos un tanto estrechos, llegas a un aparcamiento. Dejamos la camper y seguimos por una senda muy bien marcada y adecuada para todo el mundo. Vas todo el camino por el acantilado, con unas vistas impresionantes del Pacífico. Hoy el día además nos acompaña con un espléndido sol. Hace algo de fresco, pero perfectamente soportable.

Finalmente, tras vueltas y revueltas, subidas y bajadas, llegamos al faro… sin palabras.






Faro de Nugget Point

De vuelta por el camino, nos encontramos con una grata sorpresa. Una familia de focas (o leones marinos, no sé distinguirlos), estaban plácidamente tomando el sol en la cuneta del camino. Papá foca, mamá foca y bebé foca.

Nos detenemos para verlas más de cerca. Pero en el momento en que me acerco más de lo que papá foca considera necesario, se gira hacia mí bramando… por lo que opto por una retirada a tiempo es una victoria.

En cuanto me alejo un poco, pierde todo el interés en mí y se concentra en jugar con bebé foca.



Tomando el sol

Con el buen sabor de boca de haber estado en un sitio precioso y de ver tan de cerca a estos animales, continuamos nuestro camino, “en busca de la trilogía de las cascadas”.

A lo largo de los Catlins, hay unos caminos que te van llevando por los sitios más emblemáticos de la zona. El Heritage trail o algo así. Aparte de este, la Southern Scenic Route, conecta bordeando la costa Dunedin con Te Anau. Es un camino más largo… pero en mi opinión, merece la pena.

Bueno, estábamos disfrutando con la familia de focas.

Tras contemplar un rato como jugaban entre ellas, nos pusimos en camino. Y claro, animados por el momento, no podía faltar aquella entrañable canción:

“Una linda foca blanca, chu chu ah, chu chu ah
Que se llama Marisol chu chu ah, chu chu ah
Y que vino desde el POLOOOOOOOOOO
A los Catlins en avión, pom pom pom pom.”

La primera parada de la trilogía, responde al nombre de Purakaunui Falls. El nombrecito se las trae. Regresamos a la SH92, que es la carretera que sirve de conexión entre todos los puntos de los Catlins. Tomamos un desviro hacia nuestra izquierda. Como casi siempre aquí, todo está muy bien indicado.





El asfalto se convierte en grava, y tras algunos kilómetros de subidas y bajadas, llegamos a un pequeño aparcamiento para coches.

Lo de siempre. Su baño. Su cartel con las indicaciones de los que te vas a encontrar en el lugar. Todo muy neozelandés.

Un breve paseo por un oscuro bosque nos lleva hasta un mirador desde donde se contempla el salto. Dividida en tres escalones, las aguas van saltando de piedra en piedra.





La lluvia, que otrora nos puede molestar, ahora se agradece. Y es que, estas cascadas lucen en todo su esplendor tras una de las frecuentes lluvias que riegan continuamente esta región.
La paz que irradia el discurrir del agua, nos hace demorarnos un poco en su compañía. Su susurro, nos acuna.

Otra vez más. Sentimos que ese lugar nos pertenece.

Un instante.

Un segundo.

Lo suficiente.

Nuestro.


Ponemos rumbo a la segunda etapa del viaje, las Matai Falls.





En este caso, el paseo que se sigue hasta llegar al salto, comienza en la misma carretera.
Tras 30 minutos llegamos hasta el salto.

Parecido.

Pero distinto a la vez.



Matai Falls






De nuevo en la SH92, continuamos nuestro recorrido hacia el sur. Subidas, bajadas, curvas y más curvas, que dan paso a impresionantes imágenes de la costa recortándose contra el Pacífico.


Tomamos un desvío a nuestra derecha y el asfalto se termina. Pero al final del camino, encontramos el comienzo de la última entrega de la trilogía de las cascadas, McLean Falls.

Esta vez el paseo es un poco más largo y sinuoso. Cruzamos sobre el rio y llegamos a un salto.



Pero lo bueno, todavía está por llegar.

Ascendemos por unos tramos un poco complicados, debido a lo resbaladizo del terreno. Y tras un risco, aparece de pronto la cascada.

Un tono rojo en el agua, le confiere un cierto aire sangriento. La lluvia de estos días atrás hace que el agua caiga con fuerza sobre el lecho del rio.



McLean Falls


Tras la trilogía, nuestro siguiente destino es Curio Bay.




En este lugar, se encuentra un bosque fosilizado, que al retroceder la marea queda a la vista. Distinguimos algunos troncos de árboles.




Y para redondear la visita, aquí también tenemos la suerte de ver pingüinos.

Casi ha anochecido cuando poco a poco comienzan a oírse los graznidos típicos de estos animalitos. Al igual que en Oamaru, aquí la visita es libre. Y al igual que allí, hay unos carteles que dan una serie de indicaciones sobre el comportamiento ante esto animales.

En el más absoluto silencio, nos reunimos unas 8 personas en la zona. Los pingüinos más tempraneros han aparecido ya, pero no se mueven de la orilla.
Lógico, una pareja está interponiéndose en su camino. Demasiado cerca de su recorrido.

El pingüino parece indeciso. Y todos los presentes (excepto la pareja) nos miramos los unos a los otros en la distancia. Todos pensamos lo mismo “Que cojones hacen esos dos ahí sin apartarse”

No se puede gritar para no espantar a los animales.

Los otros “animales” están hablando entre ellos, riendo, echando fotos, sin reparar en que se están entrometiendo en la vida natural de estos pingüinos.

En un momento dado, miran hacia donde me encuentro.

Les hago señas, para que se retiren de ahí, ya que el pingüino quiere ir hacia la ladera del monte.

Al final parecen entender, mis gestos y se retiran un poco.

Dicho y hecho.

En cuanto el pingüino considera que su camino está libre, comienza a dar pequeños pasos. Es curioso volver a contemplar, la endiablada agilidad que tienen en el agua, y lo torpes que parecen desenvolverse fuera de ella.

Al final, consigue llegar a su objetivo. Y su llegada es bien recibida por un coro de graznidos más agudos. Deduzco que pueden ser las crías.

Tras este pequeño incidente, la pareja de “animales” decide irse.

Y nos quedamos allí el resto, disfrutando del retorno de más pingüinos.




Cuando la noche es casi cerrada, y ya no se ve mucho, optamos por retirarnos también nosotros.




Cerca está el camping de Curio Bay. En esta época del año, no hay personal que lo controle. Pero como casi todo aquí, la confianza en la buena gente sigue latente. Hay luz en las tomas. Hay una cocina. Por supuesto hay unos baños. No son gran cosa, pero el lugar, sobre una bonita playa, bien merece la pena. En la oficina, bajo el cartel de “closed” señalan la “honesty box” y los precios. 25$NZ.

Nos instalamos y damos un paseo por la playa a la luz de la luna. Muy romántico. Nos faltó cenar a la luz de las velas para redondear la jornada… todo no se puede.





07/08/09



Amanecer en Curio Bay, a pies del camping


Nos levantamos todavía de noche. Recogemos rápidamente y nos dirigimos de vuelta a la cala de Curio Bay. Volvemos a contemplar la salida de los pingüinos.

De nuevo en ruta, nos desviamos por unos caminos de tierra. Nos dirigimos hacia los dos últimos hitos que veremos en los Catlins.

El primero que visitamos es Slope Point. El punto más al sur de la Isla Sur, no de Nueva Zelanda, ya que más al Sur está la Stewart Island.






Este punto se encuentra en una propiedad privada. Por lo que solo se puede acceder a hasta él cuando no hay ovejas.

Es muy temprano, hay luz, pero el sol todavía no ha salido por el horizonte. Aunque el cielo anuncia buen día, este es bastante fresco y con algunas rachas de aire que vienen bastante frías.
Nos encontramos una campervan aparcada allí. Bueno, mas que una campervan, se podría llamar un camperbus. Ya que se trata de un pequeño autobús, adaptado como Autocaravana.

Pasamos por las cancelas y nos acercamos hasta el Slope Point.

La verdad que nos deja un poco fríos. Ni es el lugar más bonito que hemos visitado, ni nos invita a volver a visitarlo. El único interés que tiene es ser el punto más al sur de la isla… pero nada más. Una señal con las inscripciones de la distancia al ecuador y al polo sur atestiguan el lugar.




Regresamos un poco decepcionados, y de pronto algo reclama nuestra atención. Oímos unos leves gritos en la lejanía. Miramos alrededor y comprobamos que provienen de una persona que agita los brazos en la distancia mientras grita “HEEEEEEELLOOOOOOOOO”.

Divertidos, le devolvemos el saludo.



El amigo Roland


Y reemprendemos el regreso a la campervan.

Cuando estamos ya en marcha, vemos que nuestro “amigo”, se acerca por mitad del campo.

Un tipo peculiar. Botas de agua, importante ya que había bastante barro. Pijama y bata. Un sombrero y una sonrisa de oreja a oreja.

Creo que hemos encontrado al dueño del camperbus.

Barba desaliñada y ojillos pequeños y brillantes, no sabría adivinar su edad, pero andaría más cerca de los 70 que de los 60.

Se acerca a la valla y quitándose el sombrero se inclina con un “bon jour madame et Monsieur”.

Vaya, con los franceses hemos topado. Y antes de que le pueda contestar, comienza a hablar a toda pastilla y sin parar.

Levanto la mano, como para pedir la palabra. ‘Hola, no hablo inglés muy bien, podría hablar más despacio por favor?’

Y tras esto, se presenta, Roland de un lejano pueblecito de la Galia, ‘como Axterix’, apostilla con una sonrisa. ‘Bueno, pues somos casi vecinos’, le digo, ‘nosotros venimos de España’.
Resulta que el pobre hombre, había madrugado para ver amanecer sobre el acantilado. Y no había tenido mejor idea que intentar saltar la verja. Craso error. Estas vallas están electrificadas. Tras la sacudida de rigor, y con el brazo todavía adormecido, se dirigió hacia el acantilado, desde donde nos había saludado.
No pierde la sonrisa de la boca y hace amplios movimientos con sus brazos. Y todavía lleva en la mano un trapo que usa para rodearse la mano y que no vuelva a darle otra sacudida cuando salta sobre la valla. ‘Bueno’, le digo, ‘Nosotros hemos abierto la puerta de ahí y hemos ido bordeando la cerca hasta la siguiente puerta que estaba abierta’. Veo que Roland amplía su sonrisa mientras mira donde le señalo que está la puerta. ‘Si señor, muy listos ustedes, jajajaja’.

Con esto nos despedimos de Roland. La verdad que es un tipo… digamos curioso de conocer. Excéntrico, raro… todos los calificativos le vienen bien. Pero único en su especie. Sin perder la sonrisa en ningún momento. Irradia una sensación de amabilidad, paz, nobleza… todo ello regado con una buena dosis de locura. En definitiva, todo un personaje.
Disfruta de tu viaje, y hasta siempre, Roland, ‘Bon voyage!’, le digo, ‘Adiós amigos’ nos contesta en español.

Aunque suene raro, este encuentro supuso lo mejor del día.

Continuamos nuestro camino tras este encuentro. Todavía no regresamos a la carretera. Y seguimos por caminos sin asfaltar, pero muy bien señalizados. Es curioso comprobar cómo, tras llevar un montón de kilómetros por esta soledad, de repente, en un lado del camino, aparece un cartel anunciando un alojamiento. Por lo general hacen referencia a backpackers, pero hay también Bed & Breakfast.






Llegamos al último hito que marcan las guías para ver en la zona de los Catlins. Se trata de Waipapa Point. En su punta se eleva un pequeño faro, muy parecido al que vimos el día anterior en Nugget Point.

A nuestra llegada, hay unos obreros arreglando una cabaña al lado del faro. Imagino que será un centro de visitantes o algo similar. Caminamos hasta el faro… pero nos ocurre igual que en el Slope Point. No nos acaba de cuajar. El paisaje que contemplamos no nos transmite mucho. Está bien, pero… no sé, quizás después de ver tantas maravillas por el país, nos hemos comenzado a acostumbrar y ahora ya no nos sorprenden tanto los lugares que visitamos. Nos damos la vuelta y regresamos hacia la camper. Y lo que más nos llama la atención es la forma que tienen aquí los árboles y arbustos. Muy tumbados, como si estuvieran acostumbrados a soportar auténticos vendavales.





Nos dirigimos hacia Fortrose, que es el punto de salida de The Catlins NP. De ahí, retomamos la SH92 dirección Invercargill.




La verdad que el sabor que nos deja esta zona es un poco agridulce. El primer día fue espléndido, las vistas del Nugget Point una auténtica pasada, la trilogía de las cascadas a cada cual mejor, y como colofón final, los pingüinos de Curio Bay. En cambio, este segundo día ha sido decepcionante. Slope Point, un mero punto que pasa sin pena ni gloria y Waipapa Point, más de lo mismo. Vamos, que lo único que se salva de hoy es, nuestro encuentro con Roland. Con mucha diferencia, lo mejor del día.

Llegamos a Invercargill. Esta ciudad sureña, no tiene nada de especial. Pero como llevamos muchos días sin descargar las fotos de la cámara, nos pasamos por un ciber. Mientras estamos allí, planeamos nuestros siguientes pasos. Una alternativa suena con ir a Bluff, el último pueblo de la Isla Sur y punto de embarque para la Stewart Island. Parece ser una alternativa interesante. Pero como estamos un poco desalentados con nuestro recorrido de hoy por la costa, desechamos esta opción y tomamos rumbo noroeste, hacia Fiordland, hacia Te Anau, donde haremos base de operaciones.

Tras un almuerzo en una cafetería nos ponemos en camino. Hay dos alternativas, la opción rápida es pillar la SH6 rumbo norte hasta Lumsden y allí girar hacia el oeste por la SH94. Y la opción lenta es continuar por la Southern Scenic Route, que parte de Invercargill por la SH99 y bordea la costa hasta toparse con la zona de los fiordos, donde gira hacia el norte.
No tenemos muchas dudas de cual escoger. La Scenic Route.

Bordeamos toda la zona suroeste de la Isla Sur con un telón de fondo impresionante, el inmenso océano que por el oeste se comienza a ver interrumpido por las montañas nevadas que encierran los fiordos.



Fiordland, allá vamos


El océano deja paso a unas carreteras que poco a poco van ascendiendo y acercándonos a nuestro siguiente destino, Te Anau.

La primera visita en el lugar es a las oficinas del Doc. Cerradas.

Comenzamos bien.

Segunda visita obligada al i-site. Consultamos alternativas de los cruceros. La Milford Road sigue cerrada. Aunque prevén su apertura en pocos días. Así que dejamos ese fiordo para más adelante y consultamos las opciones del Doubtful. Dos opciones están operativas en estos momentos. Crucero en barco grande o crucero con barco pequeño. Una alternativa que suena muy interesante es la hacer noche en un velero. Pero no está operativa en invierno. Mala suerte. Optamos por el barco pequeño. Está todo lleno para el día siguiente. Bien. Bueno y que tal en el barco grande. Lleno. Requetebién.

Decidimos consultarlo con la almohada ya que hoy estamos de que no.

Te Anau Top10 (36$NZ). Lo reservamos para 3 noches. La verdad que bastante caro para lo que ofrece. Está justo enfrente del lago, eso es indiscutible. Pero para mi gusto caro.

Esa tarde – noche, la dedicamos a preparar comidas y planear las alternativas. Con la Milford Road cerrada, se reducen bastante las opciones. De hecho, es la causa de que se copen todas las plazas para el Doubtful.

Habrá que esperar para ver que nos depara el siguiente día, ya que hoy poco más podemos avanzar. Lo que tenemos claro es que mañana toca pateada.

BIEEEEEENNNNNNNNN


*** NOTAS X ANIVERSARIO ***

Etapa que engloba varios días y lugares distintos.
En la primera parte, la visita a los pingüinos estuvo bien. Pero el tener a uno de ellos a apenas un metro, fue todo un puntazo.
En la parte final del día, nuestra visita a Dunedin, veo que en el diario pasó sin pena ni gloria... se nota lo que me gustan las ciudades Riendo Riendo Riendo . En este caso debo decir, que el recuerdo que tengo de esta es bastante bueno... quizás debido al poco tiempo que estuvimos allí. Lo que más se quedan son las personas. Recuerdo que fuimos al i-site, y estaba cerrado. Estábamos allí mirando un mapa de la ciudad que había en la puerta cuando vinieron unos jóvenes a preguntar si andábamos perdidos. Estuvimos unos minutos de conversación con ellos y nos pusieron al corriente de que ver en los 15 minutos que teníamos antes de que saliese el bus urbano de vuelta al camping. Como siempre digo, no se si tuvimos suerte o realmente la gente en NZ es así. Pero una vez más, gratamente sorprendido. Aquí van un par de fotos de lo poco que vimos.







La segunda parte de esta etapa se corresponde con Los Catlins. Es uno de los grandes olvidados de Nueva Zelanda. No voy a entrar a valorar en este lugar si hay que incluirlo o no, esto llegará a su debido tiempo.

Pero si que me gustaría matizar lo que ya queda bastante claro en el diario. Nos recorrimos la zona en día y medio. Se podría haber realizado más despacio, pero es lo que nos planificamos nosotros. Y parece que es algo antagónico.

El primer día fue alucinante. Si por la mañana la visita a Nugget Point estuvo bien, para continuar con la trilogía de las cascadas, a cada cual mejor. Por la tarde, cerrar en Curio Bay, en un recóndito lugar, donde solo hacíamos noche nosotros. Muy especial.

Sin embargo al siguiente día, toda la magia del día anterior desapareció. En fin. No se si éramos nosotros que no estábamos por la labor o no conectamos con los lugares... no se. No cuajaron.

Pero bueno, solo añadir que una vez que llegas allí, la visita a estos dos últimos lugares, no te quitan apenas un rato por la mañana... y he leído por ahí, que ha habido gente a la que les ha gustado... ahí lo dejo caer Ojos que se mueven Ojos que se mueven Ojos que se mueven

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  Últimos comentarios al diario:  Viaje a Nueva Zelanda, La Tierra Media - Edición Xº aniversario
Total comentarios 59  Visualizar todos los comentarios

Default https Avatar  filistru  16/02/2016 09:38   
Hola.
En unos días salimos hacia Nueva Zelanda y tu diario, junto con otros diarios y toda la información del foro, nos ha ayudado mucho a planificar nuestro viaje. Enhorabuena por tu diario y gracias por compartirlo!!!

Casillo  casillo  20/02/2016 11:03   
filistru, hace mucho que escribí mi diario y me alegro que todavía siga ayudando a gente para preparar sus viajes. Ya no tengo tiempo de pasarme por el foro, así que el diario es mi legado para que otros puedan conocer un poco más de ese lugar al que van a ir de viaje. Si viajas ahora, vas en verano, así que podrás comparar con lo que viví yo, ya que mi viaje fue en invierno. Habrá muchas cosas que se parecerán, otras en cambio serán completamente distintas. Solo un consejo, Enjoy New Zealand.

Luis381822  luis381822  10/05/2016 13:43
Hola Casillo, te quería felicitar por el pedazo de diario que te has currado, nos has ayudado un montón para nuestro viaje del próximo agosto a Nueva Zelanda, hay que ver que bien redactado está e incluso me he echado unas buenas risas con el famoso "wauchu wauchu", alguna de éstas tendremos nosotros también.... je je je.
Quería preguntarte que como fuiste en las mismas fechas que nosotros si tuvisteis problemas de disponibilidad en alguna zona de camping en concreto o podemos reservar al momento de llegar, veo gente que también reservava en un I site el día anterior....
Gracias
Un saludo

Casillo  casillo  14/05/2016 23:18   
Hola Luis. No vas a tener ningún problema con los campings. Al ser invierno hay muchos menos turistas. El único lugar en el que había mucha gente en el camping, y aún así no tuvimos problemas problemas, fue en Queenston ya que era fin de semana y estaba lleno de esquiadores. En cuanto a actividades el problema os lo va a presentar el tiempo que os haga. Por ejemplo nosotros no pudimos volar en helicóptero en los glaciares, o tuvimos que modificar nuestra ruta ya que Milford road estuvo 11 días cortada. Suerte. Y sobre todo, Enjoy New Zealand.

Luis381822  luis381822  23/05/2016 08:52
El comentario ha sido movido al foro. Pulse aquí para ver el mensaje: https://www.losviajeros.com/foros.php?p=5217126#5217126

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Nathanian83
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Moderador Asia
Moderador Asia
May 21, 2015
Mensajes: 11586

Fecha: Mie Nov 18, 2020 12:37 pm    Título: Re: Viajar a Nueva Zelanda



Yo estoy de acuerdo contigo Anais.

Tienen que definir claramente lo qué quieren. Una cosa es buscar un turismo más sostenible, países como Islandia también se preocupan por estos temas y otro es buscar un turismo de élite. Creo que la sostenibilidad no está reñida con no enfocarse tan solo en turistas que visiten los glaciares en helicóptero, cenen en restaurantes top o se queden en alojamientos premium.
aracelilop
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Super Expert
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Feb 05, 2010
Mensajes: 702

Fecha: Mie Nov 18, 2020 12:40 pm    Título: Re: Viajar a Nueva Zelanda

Pues tienes razón.
dagolu
Dagolu
Dr. Livingstone
Dr. Livingstone
Sep 11, 2009
Mensajes: 9745

Fecha: Mie Nov 18, 2020 05:08 pm    Título: Re: Viajar a Nueva Zelanda

Hola, no he leido la noticia entera, pero por lo que comentais es la idea de quitar el turismos low-cost.

En mi opinon lo que hay que erradicar es le turismo guarro, irrrespetuoso con el medio ambiente, etc.

Y de esos hay que van en low-cost y otros que van en yate. la unica diferencia es que con dinero todo se ve con diferentes ojos.

Saludos
alejandria
Alejandria
Moderador de Zona
Moderador de Zona
Ene 01, 2009
Mensajes: 6698

Fecha: Mie Nov 18, 2020 09:41 pm    Título: Re: Viajar a Nueva Zelanda

Pues yo si le veo algo de razón. Y quizá se siga pudiendo alojar en propiedades pequeñas o familiares, que subían el precio pero no tanto, y alquilando un coche. Habrá que ver como evoluciona ese tema.
Nathanian83
Nathanian83
Moderador Asia
Moderador Asia
May 21, 2015
Mensajes: 11586

Fecha: Mar Nov 24, 2020 05:46 pm    Título: Re: Viajar a Nueva Zelanda

Hola,

Os dejo un par de hilos nuevos para cuando podamos volver a viajar que esperemos sea más pronto que tarde:

Carreteras escénicas en Nueva Zelanda


Península Banks, Akaroa - Isla Sur, Nueva Zelanda


Saludos!
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