Bueno, sigo posteando el diario que está escribiendo mi compañero. Espero que os guste
Si vuestra idea para las vacaciones es relajaros mucho, es más que probable que Egipto no sea el destino más adecuado. Al ruido y calor de El Cairo, debemos añadir que la hora media para levantarse cada mañana se encuentra entre las 6 y las 7. No es una oblig...ación hacerlo así, pero entonces prepararos para pasar aún más calor y perderos algunas cosas al no disponer de tiempo para visitarlas. No es tampoco un sacrificio, uno se acostumbra rápido y, además, se dispone de casi toda la tarde para descansar.
Este segundo día, pretendía ser un análisis cronológico de la historia de las pirámides y su construcción, pero nuestro guía Ayman nos transmitió la idea de dejar lo mejor para el final y estuvimos de acuerdo. Así pues, alrededor de las 9 (los primeros días siempre hay imprevistos que te retrasan), conducidos por el cauto (para ser egipcio) Imail, pusimos rumbo a la ciudad de Menfis. En esta antigua capital faraónica, ocupada por la actual Mit Rahina, se encuentra un museo con restos arqueológicos, entre los cuales el más conocido es una inmensa estatua de Ramses II. Se puede disfrutar también de un sin fin de estatuas, columnas, sarcófagos y una esfinge bastante bien conservada.
Tras nuestro primer encuentro con el antiguo imperio egipcio y sus colosales construcciones y grabados, partimos hacia el complejo de Dahshur, donde nos deleitamos con nuestras primeras pirámides. En primer lugar paramos frente a la gran pirámide roja, la tercera más grande de Egipto y la primera de paredes lisas contruida con éxito. Subimos por el sendero escalonado hacia su entrada, y penetramos en el interior de una de las construcciones más antiguas sobre la faz de la tierra que se conservan en pie, sólo superada por alguna de sus hermanas. La bajada fue larga y cansada, el interior oscuro y ligeramente claustrofóbico, y el olor a amoniaco aumentaba a medida que te adentrabas en el corazón de la pirámide. Pero allí estábamos, contemplando siglos de historia y compartiendo la misma habitación que sirvió de descanso y botín a personas que vivieron hace 4.600 años. Sólo pensarlo da escalofríos y te maravilla al mismo tiempo.
La ascensión fue incómoda de nuevo, pero había merecido la pena. Rodeamos el motivo de nuestra admiración y nos encontramos de cara con su antecesora, la pirámide truncada o romboidal. El intento fallido de Snefru por lograr una pirámide de paredes lisas le condujo a acabarla de este modo, al observar que la parte baja no aguantaría el peso si continuaba con esa proyección y obligarle a reducir su inclinación. Gracias a su ambición, podíamos ver ahora una curiosa anécdota arquitectónica, pero eso si, resuelta con éxito. Poco a poco fuimos siendo testigos de las mentes tan maravillosas que poblaban el Antiguo Egipto.
Tocaba despedirse, mirar por la ventanilla para seguir aprendiendo sobre la vida rural en los alrededores de El Cairo, y saludar a Saqqara, el complejo que posee la pirámide escalonada, el prototipo de todas las demás, la más antigua como tal. Imhotep, arquitecto, astrónomo, médico y sumo sacerdote (y más conocido, desgraciadamente, por su papel ficticio en "La Momia"), diseñó este modelo revolucionario para el rey Dyeser (Zoser), apilando hasta 6 mastabas de menor tamaño cada vez. Ocupamos el resto de la mañana paseando por las ruinas a su alrededor, el templo de entrada al complejo, muy bien conservado; multitud de templos dedicados a la coronación, ofrendas, etc.; otras pirámides menores como Unas, Sejemjet...; y los primeros "graffitis" de la historia.
Antes de irnos, repetimos la operación de bordear la pirámide, y bajamos de nuevo por la otra cara para las dos últimas visitas. Primero, nos adentramos en nuestra segunda pirámide, la de Teti, aunque esta vez se trataba de una pequeña construcción (en comparación con el resto) y fue un corto descenso. Una vez dentro, quedamos perplejos ante la cantidad de grabados perfectamente conservados que inundaban las paredes, coronadas con un techo de estrellas. Es imposible cansarse de ver estas cosas, y a pesar del calor, continuamos unos pocos metros para entrar en la mastaba de Kagemni, la tumba de un funcionario al servicio de Teti. Visualmente, fue la mejor parte hasta el momento. Las imágenes grabadas en la piedra desfilaban ante nuestros ojos, describiéndonos escenas de la vida cotidiana de aquella gente, y asombrándonos con los primeros restos de policromía conservada en los altorrelieves. Cuando descubres Egipto, te gustaría quedarte sentado o caminar lentamente contemplando cada grabado y su significado. Obviamente, esto es imposible para un turista, y el día de visitas había terminado, queda el consuelo de saber que es solamente el primer día.
De camino al hotel, hicimos un alto para comer en "La Cuisine", un restaurante tipo buffet demasiado turístico para nuestro gusto. Si no habéis contratado un viaje organizado pero tenéis guía, como en nuestro caso, intentad huir a toda costa de sus recomendaciones gastronómicas, al menos en lo que a la elección de restaurantes se refiere. Ellos se llevan una comisión por llevar turistas a los mismos, y además comen gratis. Si podéis evitarlo, informaros bien e intentad convencer siempre a vuestro guía de que os lleve a donde elijáis, o acabaréis la mayoría de días comiendo en este tipo de sitios y perdiéndoos otros mucho mejores y más típicos. La comida fue, por tanto, una decepción, y decepcionados con ella llegamos al hotel para descansar durante la tarde (creedme, es necesario).
Con siesta de por medio y fuerzas renovadas, salimos en dirección al centro de El Cairo para llevar a cabo el plan nocturno (eran cerca de las 19h, pero ya anochecía). Llegando prácticamente una hora antes, conseguimos colocarnos en los últimos asientos de un patio abierto, perteneciente a Wekalet el Ghouri. A las 20h aproximadamente, la música árabe inundo la sala, y unos hombres vestidos de blanco (uno de ellos con especial gracia), comenzaron a demostrar sus habilidades con los instrumentos. En un segundo acto, otro hombre vestido de verde comenzó su danza girando, y girando, y girando... Una media hora después seguía girando, y en cada cambio de fase durante su actuación, todos aplaudíamos atónitos. Según nos contó posteriormente Taha, nuestro contacto en El Cairo, simbolizaba una conversación con Alá, el ascenso para contactar con él, el sufrimiento por los arrepentimientos y la alegría tras conseguirlo. En Egipto en concreto, ha pasado a ser algo más popular, de ahí los colores de las vestimentas. Un tercer acto terminó de abrirnos las bocas y consolidó nuestra admiración por aquella gente (pero, ¿¿¿Cómo es posible que no se mareen???).
De nuevo, antes de encerrarnos en el hotel, nos aprovisionamos para cenar en las habitaciones. Cada uno obtuvo una ración del, supuestamente, mejor Koshari de El Cairo por 7 libras (menos de un euro) y sólo dos pudimos terminárnosla entera. Un tupper enorme de pasta con lentejas, garbanzos, cebolla, etc, con sus salsas por menos de un euro... Otra sorpresa para uno de los mejores días del viaje, al menos de los más completos sin duda. Y no había hecho más que empezar.