En Kusini Cottage pueden organizarte safaris a Swavo, excursiones para hacer snorkel o cursos de buceo. Nosotros elegimos la excursión al Parque Nacional de Wasini, un parque marítimo famoso por sus corales.
Vinieron a buscarnos muy de mañana
En esta carretera, como en las otras por las que he pasado se ven muchos niños con uniforme camino del colegio. Me llamó mucho la atención que van solos, a veces niños de 7 años, puede que acompañados de alguno más mayor, pero no he visto adulos con ellos
Nuestra primera parada fue en Shimoni, desde donde se cogen los barcos que te llevan hasta la isla de Wasini y donde hicimos una primera parada para ver la cueva donde reunían antiguamente a los esclavos, antes de ser embarcados. Es una gruta natural muy profunda y que tiene pozos de agua por lo que era un buen lugar ya que no podían huir y tampoco había que ocuparse mucho de ellos pues disponían de agua. Se conserva la escalera tallada en la piedra y señales de los sitios donde se aseguraban los grilletes
Después de cambiar aguas ,embarcamos en una goleta a vela, nosotros dos, varios holandeses que eran todos de una misma familia, el timonel y nuestros profesores y guías de snorkel.
La travesía hasta nuestra primera parada fue muy agradable, se veían las lujosas casas de los ricos que tienen allí sus viviendas de verano, las numerosas islitas que rodean Wasini, el mar rompiendo contra estas islas, otras goletas, etc.
Una vez llegados a nuestro destino, desembarcamos en una playa preciosa, de arena blanca, limpia, profunda. El desembarco se hizo con barcas de remo pues no hay puerto ni profundidad suficiente para que pueda acercarse la goleta.
En este lugar aprovechamos para comer, tomar café y sestear mientras se hacía la digestión. La comida consistió en un menú a base de pescado recién capturado y hecho a la plancha, muy bueno, la verdad.
Una vez hecha la digestión nos adentramos de nuevo en el mar para realizar el fin último de nuestra excursión: el esnorkel
Después del baño nos volvimos para el puerto. La travesía fue divertidísima porque estos mozos eran unos juerguistas totales, montaron una especie de fiestorro en el barco, cantando, tocando los tambores, las cajas de cerveza, los flotadores, etc, eran capaces de hacer música con cualquier cosa y también de cantar. Nos lo pasamos estupendamente.
Durante el camino de vuelta me fijé en que había una enorme plantación que estaba como abandonada, como si estuviese cultivada sólo a jirones. Me contaron que las plantaciones que había por el camino pertenecían a los keniatas blancos que suelen ser también los ricos del lugar. Esa plantación en particular perteneció a uno de ellos que murió sin herederos y el gobierno lo repartió en pequeñas fincas y las repartió entre la gente más pobre de la zona. Por eso estaba así de abandonada, los beneficiarios no las cultivan, la fruta crece por allí como las malas hierbas y pueden pescar en el mar, no necesitan más, así que no ven la necesidad de trabajar la tierra. Parece que se estaban planteando volver a recuperar la finca antes de que se eche a perder
Por último llegamos a Kusini cansados, agotados, entusiasmados, contentos y allí nos esperaba nuestro cocinero con una espléndida cena que nos tomamos en el porche al arrullo de las olas. Un día completo.






