Por fin llegó el peor momento de todo el viaje: el regreso
Llega el triste momento de las despedidas. Hicimos las maletas, dimos tres vueltas por la habitación para asegurarnos que no nos dejábamos nada
Teníamos incluido el traslado a Mombasa y contratamos allí mismo una visita a Mombasa que haríamos con el mismo taxi que vino a buscarnos.
Mombasa es una ciudad populosa, colorida, ruidosa, con un tráfico espantoso. Mi recuerdo de Mombasa son sus mujeres, su presencia constante, abrumadora, sus coloridos ropajes, su elegancia, su porte al andar. Realmente eran bellas, profundamente hermosas, tanto las jóvenes como las mayores, ese porte y esa elegancia no lo pierden con los años y las hace únicas
Mombasa es una isla y para acceder a ella hay que hacerlo por los pocos puentes o por el transbordador. Nosotros subimos en el transbordador. Una experiencia más. Filas y filas de coches de a 3 en fondo, todos parados, viendo desde la ventanilla la isla, el puerto, etc.
Una vez ya en la isla dimos una vuelta en automóvil para ver lo más importante y después paramos en el fuerte San José, vestigio de la dominación portuguesa. Como todo en Mombasa está muy mal cuidado, se nota el paso del tiempo en los edificios y la falta de mantenimiento. Dentro del fuerte no hay mucho que ver, así que hicimos una visita por el exterior.
Después visitamos la antigua estación de tren lunático, el que hace el servicio Nairobi-Mombasa atravesando Swavo, la línea más antigua de ferrocarril de esta zona, durante su construcción ocurrió el famoso caso de los leones asesinos. Pues aquí la tenemos, con todo su sabor
Luego fuimos a la parte antigua de Mombasa, un cogollito pequeño y recogido, lleno de casas coloniales con sus balcones, galerías, ventanas y puertas en madera, todo en muy mal estado de conservación, lo que es una pena, porque a este paso no durará mucho y, entonces, Mombasa perderá su encanto
Hicimos el recorrido a pié, acompañados en todo momento por nuestro taxista y guía, callejeando, admirando los edificios y el ambiente. Visitamos la mezquita más antigua, pero no tenía nada interesante que ver, un edificio blanco con un minarete no demasiado alto y ya está.
Durante nuestro recorrido me llamaron la atención las puertas de las casas, todas ellas de madera, labradas, profundamente labradas, de una enorme belleza, a cual más bonita.
Entramos en algunas de las tiendas que proliferan por doquier, en cada casa una tienda de recuerdos. Adquirí varias telas de las que usan las mujeres para vestirse, todo color y las uso como protectores de sofás, quedan bonísimas y mucho más baratas que las que compras aquí en el Corte Inglés.
Despues nos dirigimos al aeropuerto para coger la avioneta hasta Nairobi. Allí nos estaban esperando y nos dirigimos al Fairview Hotel donde pasaríamos nuestra última noche en Nairobi.
Este hotel nos gustó mucho, tiene un estilo decadente, muy inglés, parece que te hubieras trasladado a otra época y, al mismo tiempo, está lleno de vida, de gente en los salones, en los restaurantes, en los jardines, etc. Tiene unos preciosos jardines que merece la pena disfrutar, el incoveniente es que hay, por tanto, mosquitos
Despues de cenar nos reunimos ¡por fin! con José Serrano
Afortunadamente, en este mes de enero, he vuelto a contactar con él. Ahora gestiona otro camp en la misma zona, tambien como concesión masai y sus socios son, ahora, masais. Se llama Enkewa el nuevo camp y este año en Julio me voy para allá. Ya os contaré.






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