Hoy nos toca ver Tallín y lo vamos a hacer por nuestra cuenta pues el puerto está muy cerca de la ciudad. El barco atraca, es el momento de desembarcar. El desembarco es ágil y rápido, ningún problema. Bueno ya estamos en tierra firme, ahora un pequeño paseo y ya estamos ante la muralla de la ciudad y su preciosa puerta de entrada.
Nos encontramos en una ciudad medieval amurallada conservada tal cual, el único edificio ajeno a ello es la catedral ortodoxa, el resto se conserva intacto.
Siguiendo por la calle que pasa por debajo de la puerta se llega directo a la plaza del Ayuntamiento, una plaza preciosa, llena de edificios antiguos y de cafeterías con terrazas que invitan a sentarte tranquilamente y ver la vida pasar. Vencemos la tentación y nos vamos a ver la ciudad que es pequeña y recogida y se ve en poco tiempo.
Nos dirigimos hacia el castillo y todo el camino está lleno de casas hanseáticas (casas pertenecientes a mercaderes de lana principalmente) con sus características grúas en la fachada. Estas casas tenían una doble función de casa y almacén que se encontraba en la parte alta; como el portal y las escaleras eran muy estrechas no cabían las mercaderías, así que había que subirlas mediante estas grúas.
Por fin llegamos al castillo donde, pegado a los restos antiguos han levantado otros edificios.
Este es el primer castillo que he visto con un Paseo de Ronda cubierto. Todo el paseo está protegido por una estructura de madera que protege del frío y la lluvia.
Y desde aquí accedemos a la catedral ortodoxa, un edificio muy bonito pero fuera de lugar en este entorno medieval, fue construido por los rusos y muchos ciudadanos lo ven como un pegote y hay, incluso, quien piensa que debería ser derruida por su doble aspecto de símbolo de la ocupación y de ser un edificio ajeno al conjunto medieval, pero parece que son minoría.
Y de nuevo volvemos a la plaza y esta vez sí, esta vez nos sentamos en una de estas apetitosas terracitas a tomarnos unas cervezas con calma, contemplando el edificio del Ayuntamiento que lo tenemos justo enfrente.
Una vez descansados reiniciamos nuestro paseo. Los tallinenses (¿se dirá así?
Como la duración de la escala es muy cortita nos volvemos hacia el barco despacito para ver las calles junto a la muralla. En el camino vimos un curioso museo dedicado a los instrumentos de tortura. ¡qué morboso!, el edificio es antiguo y a lo mejor es interesante verlo, pero me da mucho “yuyu” y no entro.
Y aquí estamos, en estas preciosas calles que rodean la muralla y en las que han convertido los huecos entre los muros en puestos de venta de artesanía.
Aquí son típicos los bordados hechos a mano y te los ofrecen en todas las tiendas, los puestos callejeros y en el mercadillo que se ha organizado en el puerto aprovechando la llegada del barco. Me agencio algunos de ellos y también unos patucos de punto para regalar a la familia.
Y ya toca subir a bordo y despedirnos con tristeza de esta ciudad tan bonita.
Esta vez si que me encuentro la cesta de frutas en la habitación.
Las tiendas han organizado una demostración sobre como se fabrican las muñecas rusas y otra sobre qué es el ámbar y las clases que existen y cómo distinguirlas, así como un mercadillo repleto de estos artículos a los que hoy hacen descuento.
Y el resto del día transcurre igual que los anteriores, así que no voy a aburriros con más detalles.






