Llegamos al fin del viaje y al fin del diario. Esta etapa va a ser un poco distinta a las demás porque aparte de enseñaros los sitios que visitamos en estos dos días quiero hablar un poco de los 3 meses que he pasado allí yo sola.
Kumamoto es la capital de la prefectura de Kumamoto y fue fundada por Kato Kiyomasa a finales del siglo XVI. Tiene poco más de 700.000 habitantes y es un destino turístico muy típico para los japoneses, principalmente por su impresionante castillo, que según con quién hables, te dirá que está considerado uno de los 3 castillos más importantes en Japón junto con Himeji y Matsumoto. Lo que es cierto e indudable es que, aunque esté reconstruido porque el original se quemó en un asedio en 1877 durante la rebelión Satsuma, el castillo es grandioso y muy fotogénico, algo que les encanta a los japoneses. También es cierto que Kumamoto queda un poco apartada de las rutas típicas de turismo occidental, a no ser que se dediquen unos días a Kyushu, y por lo tanto se ven más bien pocos turistas no japoneses.
Kumamoto es una ciudad tirando a grande, pero lo más interesante está bien ubicado en el centro. Además del castillo, tiene un jardín tradicional japonés llamado Suizenji koen que bien merece una visita, algún santuario interesante, y un par de “nature parks” geniales para pasar un rato de tranquilidad rodeados de bambú, musgo y linternas de piedra. Y muchísimos restaurantes y tiendas en un par de “arcades” o calles comerciales cubiertas junto al castillo.
Pues bien, en nuestro penúltimo día de viaje el plan era visitar el castillo y el jardín, así que después de desayunar en Starbucks (¥1400) nos fuimos hacia el castillo, que por cierto, estaba muy cerquita del hotel. La entrada al castillo son ¥500 por persona. Como el recinto es bastante grande, te puedes tirar toda la mañana recorriéndolo. Además, hay una residencia samurai (Hosokawa residence) dentro del propio parque del castillo, aunque nosotros no la visitamos.
Como veis, la torre principal en realidad son dos torres, y se puede subir a las dos. En el interior, a medida que vas subiendo, hay una pequeña exposición de la historia del castillo y de Kito Kiyomasa. Esta es la vista de una de las torres desde la otra:
Dentro del recinto hay varios “figurantes” que recrean la época señorial, siempre amables y dispuestos a regalarte un buen recuerdo posando contigo:
En otro de los edificios hay una reconstrucción de cómo era el castillo por dentro: la cocina, los aposentos, la sala de audiencias… Es realmente interesante.
Además de las dos torres principales, hay todavía un par de torretas, y una de ellas en particular es de lo poco que sobrevivió al asalto de 1877 y es por tanto original. Cuando sales de la parte principal accedes a un gran parque en la parte posterior, al otro lado del foso, desde donde se ve muy bien esta torreta:
Como veis, el castillo da para mucho! Al salir hay también una estatua del señor Kiyomasa, que curiosamente en Corea no está nada bien considerado porque fue bastante sangriento con ellos, y los coreanos se suelen sorprender de que haya estatuas dedicadas a alguien así, pero la verdad es que en Japón es toda una celebridad.
Después del atracón de historia decidimos comprar algo para comer en uno de los centros comerciales que hay junto al castillo (uno de ellos, Tsuruya, tiene un sótano entero con comidas deliciosas para llevar, bastante caro pero es que es un sitio muy pijo!) y largarnos al Suizenji koen a hacer un picnic aprovechando el buen tiempo. Fuimos para allá en tranvía (habíamos comprado un pase de todo el día por ¥500). La entrada al jardín son ¥400, y aunque ya habíamos visto varios jardines durante el viaje, este nos gustó mucho. Tiene la curiosidad de que representa las 53 estaciones de la ruta Tokkaido, así que hay hasta un monte Fuji en miniatura:

Dentro del propio parque hay un templo budista:
Cuando terminamos nuestra visita, volvimos a coger el tranvía hacia el centro. El resto de la tarde la dedicamos a ir a ver mi humilde habitación en la residencia para endosar a mi marido un montón de ropa de invierno que se podía ir trayendo para España, y luego fuimos a cenar con mis compañeros nipones a un restaurante de sushi de estos de cinta, donde tú coges lo que te va apeteciendo y luego pagas según los platos que tengas, al sorprendente precio de ¥100 el plato! Y un sushi espectacular, nada que ver con lo que nos llega aquí… Por ¥2000 cenamos de vicio.

Y ahora, permitidme que os enseñe el increíble onsen del Dormy Inn, por si a alguien le queda alguna duda sobre estos hoteles (qué descubrimiento!!!). Como veis, tenía tanto interior como exterior, sauna, y uno de agua fría también.
Eran, sencillamente, espectaculares.
Al día siguiente, nuestro último día, el plan era visitar el monte Aso, uno de los volcanes más activos del mundo, que está muy cerquita de Kumamoto. El día amaneció bastante gris, y sabíamos que probablemente no veríamos nada, pero aún así nos arriesgamos y decidimos pegarnos el paseo por si acaso. Efectivamente, no vimos nada, la nube estaba metida completamente sobre el cono, y no pudimos hacer nada. Una pena, porque el viaje no fue barato (¥8630 en bus), pero había que intentarlo… Así que el resto del día lo dedicamos a las últimas compras y a degustar la gastronomía local.
Y así terminó nuestro viaje… Al día siguiente mi marido cogió un bus hacia Fukuoka para coger su vuelo de vuelta a España y yo me fui a trabajar, que todavía me quedaba mes y pico en Japón. Ahora me gustaría enseñaros algún sitio menos “turístico” de Kumamoto que vi durante mi estancia. El primero, el Tatsuda Nature Park, que como os he dicho antes es un pequeño remanso de paz entre bambúes. Está muy cerca de la Universidad y un buen día decidí irme a explorarlo cámara en mano. Sorprendentemente, estaba yo sola, así que la paz y la tranquilidad se multiplicaron por 10. El sitio era una pasada:
Kumamoto tiene un santuario shinto principal, llamado Fujisaki-hachimangu Shrine, donde se celebra todos los años un matsuri en el que antiguamente (creo que ya no se hace, pero no estoy muy segura…) se emborrachaba un caballo para después comérselo (la carne de caballo es una de las espcialidades de Kumamoto). Pese a que suena muy grotesco, creo que la tradición actual es más light y el templo es bastante agradable:
Otro de los sitios que hay que visitar es el edificio del ayuntamiento, no porque sea especialmente bonito, que no lo es, sino porque se puede subir gratis al piso 14 y hay una vista muy bonita tanto de la ciudad como del castillo. Bueno, la de la ciudad no es bonita, pero la del castillo sí, porque está justo enfrente:
Y para terminar este diario, os dejo un par de fotos (de las miles que hice!) del sakura en Kumamoto. Espero que os haya gustado tanto como a nosotros nuestro viaje. Sayonara!