¡Otro madrugon mas!. Nos despertamos a las 6:30 y bajamos a desayunar corriendo (no perdonabamos ni un desayuno). Allí nos encontramos con nuestros amigos igual de acelerados que nosotros.
David ya estaba esperandonos con la van. Siguiente excursión: Biosfera de SIAN KAAN.
No tardamos ni 10 min. en llegar a la empresa de alquiler de vehiculos Avis. Allí nos juntamos con otro grupo que tambien venia a la excursion, incluidas las dos chicas de Playacar. Comenzaron a sacar a la calle los coches que conduciriamos, tres jeeps pequeños de diferentes colores y dos jeeps mas grandes.
Eramos 20 personas, e iriamos 4 por coche. Se decidió que fuera mi marido quien condujera. Despues de darnos varias instrucciones por parte de los guías, entre ellas que NO nos separaramos nunca del grupo (he de decir que algunas instrucciones te acojonaban un poco, ya que nos dijeron que el cemento de las carreteras de la zona no son de asfalto como en Europa, por lo que cualquier frenada brusca con el suelo mojado, podía hacer que chocaramos. Nos aconsejó que frenaramos siempre con las marchas para evitar este tipo de accidentes tan comunes allí. De hecho, durante todo nuestro viaje, vimos varios accidentes de este tipo), pusimos rumbo en carretera sin separarnos del grupo, hasta que llegamos a una pequeña glorieta para recoger nuestro equipo de snorkel (gafas, aletas y tubo).
Continuamos con los jeeps por una carretera secundaria, realizando adelantamientos en los que volvían los pelos a ponerse de punta, hasta que llegamos a la Biosfera, donde comenzaba el camino de tierra.
Paramos a un lado del camino, para hacer nuestra primera visita. Julio, nuestro guía, nos explicó lo que ibamos a hacer, quizás metiendonos demasiado miedo en determinadas cosas, para que no intentaramos coger coral y otras cuestiones diferentes... nos cayó mal a todo el grupo en general.

Cuando terminó la explicación fuimos siguiendole por un camino que discurría a traves de la jungla, hasta llegar a un cenote abierto. Nos pidió que no nos echaramos crema protectora para no deteriorar la biosfera, cuestión perfectamente comprensible. Acto seguido, ¡todos a refrescarnos en el agua! (hacía un día soleado y el calor era insoportable). Cuando terminamos el baño, desandamos el camino hasta llegar a los jeeps.
Antes de emprender la marcha, Julio fue coche por coche ordenando de nuevo que nadie se separara del grupo. Tanta insistencia empezaba a mosquearme... cuestión que comprendí dos minutos mas tarde.
Acto seguido, montó en su vehiculo y salió con el jeep zumbando por el camino de arena, dando tumbos por las curvas y haciendo derrapes por el camino. A mi marido se le veía entusiasmado con la conducción, disfrutando como un enano con el rally. El resto nos agarrabamos como podiamos al coche intentando no salir despedidos. La verdad es que ninguno se separó del grupo, ya que los compañeros iban pisandole bastante y, despues de 1 hora de tumbos, derrapes y polvo por todas partes, llegamos a nuestro destino, con algun que otro moraton de lo fuerte que nos agarrabamos al coche.
Llegamos a un pequeño pueblo de pescadores, ubicado cerca de la playa mas paradisiaca que he visto en mi vida... absolutamente de anuncio de viaje caribeño. Allí decidimos qué comeriamos, si pollo o pescado, para que fueran preparando la comida. Caminamos detras de Julio hasta llegar a un pequeño embarcadero, donde montamos, por grupos, en diferentes lanchas motoras. La nuestra se llamaba "Adonay" y fuimos inteligentes en montar en una con un pequeño techado que nos protegia del sol abrasador que hacía.

Antes de que pudieramos acomodarnos con los chalecos salvavidas, el capitan encendió el motor y salimos a toda velocidad a mar abierto. Era una verdadera maravilla el paisaje, una gran lengua de tierra que se adentraba en el mar y sobre la que habia un faro enorme que hacia, de la estampa, un escenario idilico.
Las diferentes lanchas ibamos en paralelo hasta que llamaron a nuestro capitan por el walkie y cambiamos el rumbo para llegar a ver los delfines en libertad. ¡Que maravilla verlos en su habitat natural!. Estuvimos cerca de media hora contemplandolos y despues pusimos rumbo de nuevo a otra zona donde se habían visto tortugas marinas. ¡Eran enormes!, aunque no tenían mucha pinta de querer salir a la superficie. Se mantenían un metro por debajo del agua, huyendo de las multiples camaras fotograficas que les enfocaban. Cuando ya no les quedó mas remedio que salir a respirar, pudimos contemplarlas... animal curioso donde los haya.

Continuamos navegando hacia un pequeño islote llamado "La Isla de los Pajaros", os podreis imaginar el por qué. Todos los arboles repletos de aves marinas... un espectaculo digno de ver.

Despues de un pequeño descanso donde nos tomamos un refrigerio en las barcas, pusimos de nuevo rumbo a mar abierto, hasta llegar a la barrera de coral, donde nos pusimos nuestro equipo de snorquel y estuvimos viendo peces y corales. Como había mucha marea, y la cabeza me daba vueltas, opté por salirme del agua antes de dar un espectaculo menos agradable.
Cuando terminamos, el capitan volvio a llevarnos a otra zona que llaman la "Piscina Natural". No tengo palabras para describir esta playa virgen a la que llegamos. Era el agua mas turquesa y cristalina que habiamos visto en todo el viaje. La definicion perfecta de una playa paradisiaca, donde el agua no te cubría en kilometros y donde el chapuzon nos supo a gloria. Estuvimos bastante tiempo, hasta que se hizo la hora de comer y volvimos a Punta Allen, el pueblo de pescadores.

La comida era horrible, debí de elegir el pescado, porque el pollo estaba incomible. De postre, coco natural, cortado allí mismo.
Despues de descansar un poco en la sobremesa, volvimos a coger los jeeps para regresar, y aunque el ritmo fue mucho mas lento, disfrutamos igual del trayecto. Tuvieron un pequeño percance con uno de los jeeps, que rompieron un faro chocando con un tractor, jejeje. No hubo gran problema.
Hicimos parada para devolver el equipo de snorquel y llegamos a Avis a devolver los vehiculos. Allí nos esperaba David para devolvernos al hotel. Era la ultima excursion que haciamos con él, asi que nos dimos los moviles y direcciones por si alguna vez venia a visitarnos a España (nos dio mucha pena la despedida).
La gente del grupo que tenia reservado el viaje solo por 7 días, iban a pasar la ultima noche con nosotros, asi que, a pesar de que todos teniamos reservas en diferentes restaurantes del complejo, optamos por comer todos juntos en una cena de despedida, donde aprovechamos para intercambiar telefonos y direcciones. Me emocionó mucho despedirme de las dos parejas, porque lo habiamos pasado increiblemente bien.
Despues del ajetreo del día, caimos en la cama agotados.