Dejamos sobre mediodía Cozumel para ir a Playa del Carmen, donde habíamos alquilado un coche desde España por Internet. Comimos enfrente de la oficina de alquiler de coches, en un sitio de la quinta avenida llamado “Los Tulipanes”. Desde ahí fuimos a Tulum. Intentamos buscar un sitio para dormir en la zona de la playa y preguntamos en varias cabañas. Se nos había hecho de noche y no queríamos perder mucho tiempo, la idea de amanecer y ver la playa nos gustaba pero al preguntar precios acabamos regresando al pueblo y durmiendo en el Hotel Maya (300 pesos) en la misma acera que la estación de bus. Para tomar algo antes de ir a dormir, fuimos a un sitio que hay prácticamente enfrente del hotel donde hacen licuados (batidos), helados y sobretodo unas ensaladas de fruta (con yogur y muesli) riquísimas! Además las chicas seleccionaban la fruta y te hacían el batido al momento así que barato y muy natural.
A la mañana siguiente fuimos a primera hora a visitar las ruinas de Tulum, muy bonitas y con acceso a una cala espectacular. Allí tuvimos nuestro primer encuentro con las iguanas, siempre inmóviles y al sol.
Como acabamos pronto, decidimos ir a la reserva de la biosfera de Sian Kan. A la entrada del recinto hay un cenote que habría que pasar por alto. Nos gustó especialmente porque era descubierto, además de por estar limpísimo.
Sian Kan se recorre a través de una “carretera” (si vais entenderéis las comillas) de 40km que desemboca en Punta Allen. Nos fuimos parando cada vez que veíamos una entrada a la playa e incluso cogimos algunos cocos. Al llegar a Punta Allen buscamos algún sitio donde poder comer langosta ya que es uno de los sitios donde se pesca. Comimos en uno de los sitios que recomendaban en la guía pero todos son similares y con los mismos precios. Así que nos prepararon un plato con langosta, pulpo, gambas, filete de pescado. Alucinante.
Después de un bañito, salimos rumbo a Valladolid.
A la mañana siguiente fuimos a primera hora a visitar las ruinas de Tulum, muy bonitas y con acceso a una cala espectacular. Allí tuvimos nuestro primer encuentro con las iguanas, siempre inmóviles y al sol.
Como acabamos pronto, decidimos ir a la reserva de la biosfera de Sian Kan. A la entrada del recinto hay un cenote que habría que pasar por alto. Nos gustó especialmente porque era descubierto, además de por estar limpísimo.
Sian Kan se recorre a través de una “carretera” (si vais entenderéis las comillas) de 40km que desemboca en Punta Allen. Nos fuimos parando cada vez que veíamos una entrada a la playa e incluso cogimos algunos cocos. Al llegar a Punta Allen buscamos algún sitio donde poder comer langosta ya que es uno de los sitios donde se pesca. Comimos en uno de los sitios que recomendaban en la guía pero todos son similares y con los mismos precios. Así que nos prepararon un plato con langosta, pulpo, gambas, filete de pescado. Alucinante.
Después de un bañito, salimos rumbo a Valladolid.











