Por fin era el día! Íbamos a ir a ver la ciudad que había quedado sepultada por la erupción del Vesubio en el 79 d. C y a empaparnos de una buena dosis de historia clásica.
Nos levantamos bastante temprano y bajamos a desayunar. Nos dieron un ticket, ya que el restaurante del hotel estaba cerrado, para desayunar en una cafetería a 20 metros. Había diversos bollos y dulces y nosotros decidimos pedir unos cornetos (croissants) rellenos de crema (que allí son de naranja)
Nos dirigimos en coche por la autopista, sorteando las decenas de scooters y de coches que nos adelantaban desde ambos lados, sin respetar ni cedas, ni distancias de seguridad, en fin, una locura total. Tengo que reconocer que gracias a que mi chico es un gran conductor, todo fue bien y siempre acabamos llegando a todos los lugares, porque os juro que si fuese yo la que condujese, hubiese dejado el coche tirado en un arcén y me hubiese puesto a llorar de los nervios.
El problema es que por culpa de obras en la carretera, parte de la autopista estaba cortada y nuestro GPS no estaba por la labor de aceptarlo y nos remitía constantemente a volver por los sitios donde no nos podíamos meter. Tras dar bastantes vueltas, nos metimos por una zona en las afueras de Nápoles, de la que no hice fotos por los nervios del momento y por estar luchando con el GPS, pero de la que no tengo palabras para describir. Basura tirada por doquier, desde camas, lavadoras, coches abandonados y no es coña, varios kilómetros de autopista y carretera con montañas de basura de varios metros. Nos dimos cuenta de que la gente de allí lo tiene bastante asimilado, ya que muchos paraban en las zonas habilitadas para parar por avería, con su basura correspondiente, para montar el tenderete y sentarse allí a comer en medio del camino. Esto y la costumbre de algunos de ponerse a dar marcha atrás en la autopista fueron de las cosas que más nos impactaron.
Por estas contingencias, llegamos a Pompeya bastante más tarde de lo que habíamos pensado y decidimos aparcar en el camping Zeus, que conocíamos gracias al foro y en el que nos cobraron 3 euros la hora. Eso sí, si comías allí, el parking te salía gratis.
Tras esperar una larga cola, cogimos nuestras entradas, después las audioguías y nos dispusimos a visitar el yacimiento.
La ciudad es impresionante, con sus casas, calzadas, templos, columnas, frescos y mosaicos. Pero como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo unas fotos para que juzguéis por vosotros mismos.



Sobre las 12:30 decidimos parar a comer entre la palestra y el anfiteatro. Habíamos comprado pan y algo de embutido el día anterior, para ahorrarnos aglomeraciones y algún dinerillo, luego nos fuimos a por un gelato, que nos sentó genial debido al calor y al cansancio.
La única pega que puedo poner es que algunas villas y lugares estaban cerrados, como el templo de Isis o el huerto de los fugitivos, al que llegamos tras una larga caminata ( ya que está en una zona algo apartada). Aun así, hay muchos más lugares y calcos que se pueden visitar y que son una maravilla.
A pesar del calor y del esfuerzo físico, nos fue grato comprobar que Pompeya está llena de fuentes de las que sale un agua muy buena y muy refrescante. Nosotros habíamos llevado una especie de cantimplora - termo, que rellenábamos constantemente. Lo mismo en Roma, que está´plagada de fuentes de agua potable fresquísima.
Ya sobre las cinco de la tarde, volvimos a por el coche y nos dirigimos a Herculano, atravesando pueblos como Torre di Grecco o Torre Annunziata. Cuando aparcamos en el parking del yacimiento, un señor nos dijo que teníamos que pagar por adelantado, cosa que nos extraño, ya que es difícil calcular a priori, cuanto tiempo te puede llevar visitar un sitio así, pero decidimos pagar por un par de horas y meternos en Herculano.

Debido a las condiciones de conservación, esta ciudad se conserva algo mejor que Pompeya, aunque nos llevamos un pequeño chasco, ya que la mayoría de las las villas más destacables estaban cerradas por labores de restauración. De aquí me llamó la atención, que estructuras de metal, como las rejas de las ventanas o de madera, como los marcos y hojas de algunas puertas, aún se conservaban.
Nosotros habíamos comprado la entrada conjunta para ver Pompeya, Herculano, Oplontis y Stabia.
Por la duración de nuestro viaje, sólo nos dio tiempo para ver los dos primeros yacimientos. Yo no recomiendo visitarlos en el mismo día, ya que a no ser que uno esté en muy buena forma física, es una matada. No se como lo llevará la gente que visita el mismo día Pompeya y el Vesubio, pero nosotros tras nuestras visitas acabamos destrozados.
Luego nos fuimos al hotel a ducharnos y cambiarnos y volvimos a cenar al mismo restaurante de la noche anterior. La comida de nuevo espectacular, y si alguna vez vais, recomiendo la pizza mascalzioni, que es la que aparece en la foto.

Cuando planeábamos el viaje desde casa, habíamos decidido ir a cenar todos los días a Nápoles, pero después de ver el modo de conducción de la ciudad, las carreteras cortadas y los precios de los parkings, decidimos dejar nuestra visita a la capital de la Campania para el día siguiente.