La primera visita fue al Hofburg (19€ los dos), palacio de los Habsburgo, con amplia exposición de vajillas, cuberterías,...
También se entra al museo de Sissi, con un recorrido por su vida, obra y milagros,...
Cuando salimos, estuvimos dando una vuelta por una feria que habían instalado allí mismo, en el Volksgarten.

Ese día comimos en el 7 Stern Brau, codillo y cerveza, 25€.

De ahí fuimos a ver la Majolikahaus (y las casas de al lado)

y el Nachmarkt, viendo primero la zona de antigüedades y luego la de comida, si bien entre el calor que hacía y la aglomeración de gente, resultaba un poco agobiante. Pasamos por el edificio de Secesión,

y cogimos el metro hasta el Stadtpark, donde estuvimos un buen rato tirados en el césped, descansando

Volvimos al hotel y nos cambiamos para ir andando hasta el Prater. Era sábado por la noche y estaba muy animado. Nos sorprendió que había algunas atracciones bastante potentes, si bien sólo nos subimos en la noria histórica (16€ con VC los dos). Si bien ya era completamente de noche y no se veía demasiado bien la ciudad, merece la pena. Antes de subir se pasa por un pequeño museo con maquetas que recrean la vida en Viena en diversas etapas, te hacen la típica foto,...

Seguimos paseando por la feria, cenando en el Zum Englischen Reiter, un schnitzel y bratwurst por 22,60€. Nuevo paseo, y a dormir.
Como resumen de Viena, podemos decir que es una ciudad que nos encantó. Pese a ser grande, no se aprecian los agobios de otras grandes urbes, y parece que la gente se toma la vida con relativa tranquilidad. Volviendo a España, leíamos una revista en el avión que hablaba sobre Viena y decía que había sido nombrada 3 años consecutivos como la ciudad con mejor nivel de vida a nivel mundial, y aunque esto es relativo (basaban el estudio en encuestas sobre nivel de satisfacción, número de horas de ocio al día, espacios verdes, vida cultural,...) yo estoy bastante de acuerdo, y es una ciudad en la que no me importaría vivir (con dinero, como en todos los sitios,
En definitiva, edificios maravillosos, muchísima vida cultural, amplios jardines (lo de ir a correr por el Schonbrunn o Belvedere tiene que ser una gozada), posibilidad de excursiones rápidas (el sábado y domingo vimos mucha gente con ropa de montaña en el metro, supongo que para hacer una escapada a la montaña), y un nivel de vida que no es nada caro en comparación a otras grandes ciudades.