No creo que las cataratas Victoria necesiten una presentación. Entran en esa categoría de lugares míticos que todos queremos visitar al menos una vez.
Su nombre tradicional, Mosi-Oa-Tunya, significa literalmente “el humo que truena”. El nombre de Victoria se lo puso David Livingstone en 1855, en honor a la reina ídem. Tienen 108 metros de alto, y algo menos de 2 kilómetros de largo, y aunque no son las más altas del mundo, el espectáculo de ver cómo el inmenso río Zambezi desaparece de repente en el abismo, es impresionante. Aunque las visitamos en plena temporada seca, la fuerza del agua al caer en el fondo de la estrecha sima, es tal que el agua vaporizada sube hasta nosotros, literalmente como una lluvia “cayendo hacia arriba”. Llevad algún paño para secar la cámara, porque se os va a mojar fijo.
Nuestra excursión a las Victoria Falls sale a las ocho y media de la mañana de la puerta del hotel. En un principio, cuando planeamos el viaje, nuestra idea era hacer toda la visita a Victoria Falls por nuestra cuenta. Cruzar la frontera de Zambia (porque la de Zimbabwe nos daba más miedo), dormir un par de días en la zona de las cataratas, y verlas desde las dos orillas, un día desde Zambia y otro desde Zimbabwe. Eso nos daría tiempo para hacer actividades adicionales como, por ejemplo, un crucero por el Zambezi, o una visita a la piscina del diablo (aunque no sé si en Agosto ya está abierta).
Yo no las tenía todas conmigo, porque en todas partes donde había consultado esta idea, me habían dicho que era un poco lío, y que sólo para una visita a las cataratas era mucho más cómodo hacer una excursión desde Kasane y dejarse de líos. Sin embargo, mi chico me convenció, y reservamos alojamiento. Al consultar en la agencia de alquiler del coche el tema del permiso para cruzar la frontera, nos dijeron que el seguro no nos cubría cualquier incidente en Zambia. Claro que no tenía porqué pasarnos nada, pero no es un buen indicio. Mi chico me preguntó como había solucionado otra gente este tema, y yo le repetí por enésima vez que no mucha gente había hecho esto por su cuenta. Ahí se empezó a convencer él también de que tal vez no era la mejor idea….. y al final decidimos anular todo el tema de Zambia, y hacer una excursión de un día desde Kasane. En consecuencia, tenemos que abandonar la idea de ver las cataratas desde Zambia, porque todas las excursiones desde Kasane van por Zimbabwe.
No tengo ni una sola queja de este día. Una vez pasada la experiencia, creo que fue la mejor decisión que pudimos tomar.
Realmente, no contratamos una excursión, sino un transfer. El chófer nos coge en el hotel, nos cruza la frontera, y una vez en Zimbabwe, nos lleva a donde queramos.
Únicamente vamos dos parejas, nosotros y otros dos españoles, así que todo es súper cómodo, porque no tenemos que ponemos de acuerdo entre un montón de gente.
El cruce de la frontera es toda una experiencia. Nos ponemos en una cola, pagamos los treinta dólares por persona del visado, y cuando estamos en ello nuestro chófer se acerca a saludar al policía de la frontera y decirle que somos cuatro españoles. El tío parece que está a sus anchas, que se conoce a todo el mundo y anda de aquí para allí saludando a todos. Hay un montón de gente por todas partes, la mayoría turistas como nosotros en busca del visado para un día, pero también un montón de camiones y gente local, apiñada en un cuartucho minúsculo. La diferencia con la frontera de Botswana, cuyo recuerdo tenemos fresco de ayer, es abismal. La de Botswana parecía una frontera seria, mientras que esto…..Aquí es donde empiezo a pensar que “¡menos mal!”, no hemos elegido hacer esto por nuestra cuenta.
Una vez en camino, nuestro chófer nos hace el plan del día. Mi chico y yo queremos hacer el vuelo en helicóptero, así que lo primero que hace es llevarnos al helipuerto. Como tienen mucha gente esperando, nos conciertan cita para las cuatro y cuarto de esa misma tarde.
Después, a las cataratas, por fin. El chófer nos deja dos horas por nuestra cuenta, tiempo más que suficiente para visitar el parque.
El río Zambeze se precipita desde la orilla de Zambia, justo enfrente del parque nacional en Zimbabwe. Hay un camino que va recorriendo todo el borde del precipicio, con miradores desde los que contemplar la otra orilla, y la maravilla que tienes delante. A pesar de que en esta época del año las cataratas llevan, teóricamente, poca agua, el ruido es ensordecedor, y desde muchos miradores nos calamos enteros mientras sacamos foto tras foto.



Las vistas con cada vez más impresionantes a medida que nos vamos acercando al final del camino. Antes de que nos demos cuenta, han pasado las dos horas y tenemos que marcharnos.



El chófer nos ha dicho que después del parque, nos llevaría a comer. Nosotros nos hemos traído unos sándwiches y unas manzanas desde el hotel. Como no nos fiamos mucho del sitio al que nos quiera llevar, decidimos comernos el sándwich mientras disfrutamos de nuestras últimas vistas sobre las cataratas, a pesar de que a estas alturas ya estamos un poco hasta el gorro de pan de molde.
En cuanto vemos el sitio al que nos quiere llevar el chófer a comer, comprendemos que hemos cometido un error….porque nos lleva al Victoria Falls Hotel. Que rabia haber comido ya!!!!! Seguramente, la comida no sería ninguna maravilla, como nada de lo que hemos comido hasta ahora, pero el sitio es increíble, los jardines, los camareros con sus uniformes…. Nos tomamos un café tranquilamente, y luego damos un paseo por los jardines mientras nuestros compañeros de viaje comen, disfrutando de las vistas sobre el puente que hace de frontera entre Zambia y Zimbabwe.
La siguiente parada del viaje es el mercado de artesanía que hay en el pueblo de Victoria Falls. Por puro compromiso, nos damos una vuelta por allí, a pesar de que a mí la artesanía no me atrae nada, y la insistencia de los vendedores en que les hagas caso me agobia bastante.
Por suerte, la otra pareja tampoco parece muy amante de la artesanía, y terminan la vuelta por el mercado rápidamente. Por eso, nos sobra mucho tiempo hasta que lleguen las cuatro y media y hagamos nuestro vuelo en helicóptero. El chófer nos propone acercarnos al puente de hierro, y como no tenemos nada mejor que hacer le decimos que de acuerdo.
Esta es una de las experiencias más surrealistas del viaje. El puente hace de frontera entre Zimbabwe y Zambia, y hay un puesto fronterizo justo a la entrada. Una fila larguísima de camiones espera cruzar, y vemos montones de gente y de mercancías hacinadas en la oficina del puesto fronterizo. Nuestro chófer se acerca a uno de los policías de aduanas y le dice que somos turistas, y que sólo queremos pasar hasta el puente para sacar unas fotos. Nos dan un papel con un sello y nos dice que a la vuelta, sólo tenemos que decirle al policía en el otro lado que no venimos de Zambia, sino del puente.
Empezamos a caminar por el asfalto, hay cantidad de camiones y de gente pasando la frontera, y somos los únicos turistas. Hace mucho calor, y aunque el puente no parecía muy largo desde el puesto fronterizo, lo cierto es que hay que caminar bastante para llegar a la zona de hierro. Nos paramos justo en el medio, bajo el cartel que dice “You are now entering Zambia”. En el otro lado, hay gente haciendo puenting, y un tío empieza a gritarnos, intentando convencernos de que probemos suerte. Creo que no.

No es que haya mucho que mirar desde aquí, así que nos damos la vuelta, y nos vamos hacia el último plato fuerte del día: el helicóptero!!!





El vuelo en helicóptero es realmente caro (140 dólares por persona), pero las vistas son espectaculares y merece muchísimo la pena.
Por una vez, la decisión que tomamos de no hacer la visita a Victoria Falls por nuestra cuenta resulta ser acertada. Las vistas desde Zimbabwe, viendo como cae el agua, tienen pinta de ser mejores que las vistas desde Zambia, y un día es más que suficiente para disfrutar de todo esto. Claro que dejamos muchas cosas por hacer, pero nos vamos con la sensación de que el día ha sido redondo.