CHRISTCHURCH, 12-10-2012.
Hemos llegado al final del viaje. Como todo en esta vida, llega un momento en que se acaba. Estamos en la ciudad más importante de la isla sur, cerca del Aeropuerto, donde devolveremos la autocaravana y volaremos a Auckland para pasar a partir de mañana tres días en Fiji. A la vuelta nos queda otro día entero en Auckland para ver la ciudad, pero la impresión es que el viaje se ha acabado ya.
Ayer salimos por la mañana de Geraldine, dirección sur hacia Christchurch. Al irnos acercando, se van atravesando pueblos cada vez mayores, y más industriales, y por la carretera se ve más tráfico, especialmente de camiones. Nos desviamos unos kilómetros antes de Christchurch hacia la península de Banks, por una carretera que nos desvía de la nacional y evita meternos en la ciudad.
La península de Banks, con Akaroa como principal población está situada 80 km al oeste de Christchurch y corresponde a un cráter volcánico que por uno de los laterales se ha abierto al mar, quedando una forma de anillo abierto, con Akaroa en la parte interior del mar. Hay que subir bastante para acceder al interior, con una carretera con curvas que obliga a ir con calma. En la cima, hay un desvío con la carretera nacional que baja directa (relativamente) a las poblaciones del interior o la ruta escénica, que va bordeando todas las cumbres. Vamos por la segunda, ya que no tenemos demasiada prisa, para disfrutar de las vistas, tanto de la bahía interior como de la costa exterior y las bahías que aparecen. Son más kilómetros y en tiempo es mucho más, pero las vistas merecen la pena.
Llegamos a Akaroa, ciudad que fue colonizada por los franceses hace unos siglos, y que conserva nombres de calles y edificios en francés. El hecho de ver varias banderas de Francia y carteles en francés en algunas tiendas ya nos parece demasiado forzado. La localidad es muy pintoresca, con casas de madera muy arregladas y jardines llenos de flores, y un puerto con algunos barcos de pesca y muchos yates y veleros de recreo en el agua con un color azul especialmente bonito un día de sol. Ofrecen cruceros para ver los delfines, incluso nadar con ellos, pero los precios nos parecen excesivos. Incluso, ya el colmo de la sobreexplotación turística, te ofrecen la posibilidad de recorrer la península con el cartero, repartiendo la correspondencia y viendo así todas las pequeñas localidades, previo pago de 50$, ya nos parece exagerado, pese a que habrá chinos que lo hagan. Comemos al lado del puerto y damos un paseo por la zona, viendo un antiguo faro de madera, muy bien cuidado, antes de volver hacia Christchurch.
Según vamos entrando en la ciudad, aparte de obras en la carretera, omnipresentes en todo el país, no hay nada que nos haga pensar en la ciudad fantasma que nos espera. Los alrededores son exactamente igual que los de otras ciudades, con más vida, más tráfico, debido a que es una ciudad grande. Prácticamente hasta que no llegas al centro no ves las consecuencias del terremoto. Hay mucho solares vacíos, casas apuntaladas con andamios y otras directamente caídas, los edificios más modernos que han quedado en pie, sin daños aparentes, cuando te fijas más, están llenos de grietas y con los cristales rotos, incluso se ven los interiores completamente vacíos y a veces derrumbados. Llega un momento en que está completamente vallado, no pudiendo accederse más. Dentro se ven grúas reconstruyendo edificios, obreros trabajando, pero por seguridad no te dejan pasar. Incluso las entradas abiertas están controladas por el ejército. Dando una vuelta por la zona más próxima a Cathedral Square vemos lo que queda de la catedral, entre andamios. La torre está completamente caída y la fachada principal es un agujero que permite ver parte de las naves interiores derrumbadas. Existe polémica con un proyecto de reconstrucción de la plaza, con un edificio moderno conmemorativo del terremoto, frente a bastante gente que quiere que se mantenga y restaure la antigua catedral. Hay muchos carteles a favor y en contra, y algunos libros de recogidas de firmas.
Cuando decidimos que no podemos ver nada más por el centro, nos volvemos a alejar, buscando el camping. Una vez que te alejas unos pocos metros de la zona vallada “Red Zone” para ellos, la vida en la ciudad es completamente normal. Parece increíble cómo los efectos del terremoto han sido tan localizados. Cuando llegamos al camping vemos en recepción que ofrecen tours guiados (nada baratos) a la ciudad, incluyendo una visita a las ruinas del interior de la “Red Zone”. Ahora es cuando te preguntas si está vallada exclusivamente por motivos de seguridad o hay además intereses turísticos de por medio. Una vez más, pensamos que en un país con tanto turismo como Nueva Zelanda hay que saber sacar tajada y beneficio del mismo, pero nos parece que muchas veces se llegan a exceder en venderte absolutamente todo en un pack turístico.
Llegamos al camping, un Top10 muy grande, cerca del aeropuerto, y algo más caro que otros de la cadena (48$) pero asumes que estás en un lugar muy práctico, tanto para entrada como para salida, y pagas por ello. Cenamos y empezamos la odisea de recoger todo.