21 junio de 2025
El último amanecer del viaje también nos encontró despiertos a las 07:00. Nada más mirar el móvil, un mensaje: el vuelo se había retrasado de las 17:50 a las 19:30. Sin planes cerrados para ese día, decidimos desviarnos a los Camarillo Premium Outlets.

Desayunamos con lo que nos quedaba: café del hotel, galletas y pan. Avisamos en recepción de que dejábamos la nevera y los tuppers por si alguien quería usarlos. Y con una ligera pena, nos montamos en el coche.

La visita a los outlets no fue especialmente productiva, pero mató el tiempo. Camino al aeropuerto, nos encontramos con nuestro primer atasco serio: 34 minutos de retención. Aún teníamos que llenar el depósito antes de devolver el coche y ahí se nos fueron los últimos dólares en efectivo.
La devolución del coche fue rápida, y el autobús de AVIS nos llevó a la Terminal B. No había control policial separado como en Madrid, así que hicimos la cola con todos los pasajeros. En la sala VIP, aprovechamos para almorzar en el buffet y Ana incluso se atrevió con una cerveza aunque tuve que pedírsela yo.


Nos tocaba embarcar por la puerta 134, pero al llegar allí notamos que aún no había nadie y nos indicaron que es que la habían cambiado por la 159 que, casualmente estaba en la otra punta de la terminal ¿Qué eran unos pasos más después de tantos miles?

Una hora antes de la salida, nos confirmaron los asientos: otra vez business, aunque separados. Ya en el avión, un matrimonio español se ofreció a cambiarnos un asiento para que al menos fuéramos uno al lado del otro (con pasillo entre medias). Un gesto que no olvidaremos.

El vuelo salió con algo de retraso por una rueda que tuvieron que cambiar, pero llegamos a Madrid antes de lo previsto. Esta vez, el trayecto fue más corto: menos de 10 horas. Nos sirvieron cena a la carta y algo de desayuno antes de aterrizar.
Epílogo
Nuestra luna de miel fue intensa, emocionante y llena de contrastes. Desde los neones de Las Vegas hasta el silencio de los bosques de Muir Woods. Desde las curvas de Lombard Street hasta la rectitud de las autopistas infinitas.
Y aunque los pies terminaron exhaustos, el corazón volvió lleno.