Llegó uno de los días más esperados de todo el viaje. A las 8,00h de la mañana quedamos con Pau, nuestro contacto en Chiang Mai. Pau es un chico catalán que ahora vive allí y organiza todo tipo de actividades por la zona. Su blog es estupendo para conocer la ciudad a fondo y descubrir todas las posibilidades que ofrece: tuguiaenchiangmai.com
Desde Madrid contactamos con él para preguntarle por un trekking muy específico que queríamos hacer. Teníamos ganas de vivir la experiencia de la selva a tope, conociendo lugares lo más auténticos posible, evitando por ejemplo la tribu de las mujeres jirafas y las atracciones turísticas, aunque incluyendo también un paseo con elefantes. Queríamos darnos una buena paliza por la selva, pasar allí una noche y a ser posible, coincidir con gente que no fuera española, y él nos encontró exactamente lo que queríamos. Esta era una de las actividades que más ganas teníamos de hacer y por eso lo llevábamos todo planeado desde Madrid.
Al rato apareció Noom, un chico tailandés que sería nuestro guía durante el trekking. Nos reunió con el resto del grupo, 3 chicas belgas, una chica alemana y una pareja eslovena, todos más o menos de nuestra edad, y nos pusimos en marcha hacia la montaña en una especie de furgoneta. Tardamos una hora aproximadamente en llegar al campamento base, el campo de elefantes, a orillas del río Mae Trang.
Almorzamos y nos dimos un paseo increíble en elefante, fuera del campamento, por mitad de la selva que estaba embarradísima! El monzón ya nos estaba avisando de que no nos dejaría. Fue una experiencia muy divertida, y creo que obligatoria si viajas a Tailandia!
Después de una hora con los elefantes, comenzamos nuestra marcha. La verdad es que pensábamos que sería un paseo más o menos light, largo pero no muy complicado… nada más lejos de la realidad! El objetivo era llegar a la cima de la montaña, donde pasaríamos la noche. La lluvia no nos lo puso fácil, e incluso una compañera del grupo se desmayó y la tuvieron que llevar de vuelta a Chiang Mai. Fue una subida durita, sin caminos y encima con el monzón cayendo como si no hubiera mañana, pero no lo hubiéramos cambiado por nada. Las vistas según subíamos eran impresionantes, naturaleza en estado puro. Nuestro guía iba a la velocidad de la luz, y los demás le seguíamos como podíamos ☺
Tras unas horitas de pateo, empapados y llenos de barro hasta las cejas, por fin llegamos a la cima. Íbamos a pasar la noche en una cabañita, todos juntos, en un poblado Lahu de unos 50 habitantes.
Nos dimos una “ducha” (nada como un cubito de agua fría) y jugamos con los niños del poblado. Lo que nos gustó es que no era el típico poblado orientado al turismo, donde te venden de todo y van “disfrazados” (quiero decir con sus trajes típicos, que en realidad ellos no llevan en su vida cotidiana). Era gente sencilla, haciendo su vida diaria que de vez en cuando acogen grupos de excursionistas.
Cocinamos la cena con nuestro guía y pasamos una noche divertidísima disfrutando del entorno y jugando con los niños del poblado. Para mí, fue uno de esos momentos que se me van a quedar grabados para siempre en la memoria. Una experiencia inolvidable y más que recomendadísima.
