Jueves 17/10
Por la mañana, antes de ponernos en ruta, dimos un paseo corto por la zona. El paisaje era fantástico. El lago con un fondo de montañas con algo de nieve y un bosque donde sólo se escuchaba el canto de los pájaros.
Lago Rotoiti
Salimos hacia Kaikoura. El buen tiempo seguía acompañándonos. No paramos en Blenheim sino para repostar combustible. Queríamos llegar temprano para hacer por la tarde la Kaikoura Peninsula Walkway. Antes de llegar hicimos una parada en una colonia de lobos marinos que hay en la costa, junto a la carretera. Había decenas.
Cuando llegamos a Kaikoura nos fuimos directos a la empresa Dolphin Encounter para reservar, para el día siguiente, la excursión para ver delfines. Nos fuimos a hacer el check in al camping Top 10 de Kaikoura y nos marchamos a realizar la caminata por la península. Tardamos unas tres horas y media en hacerla, incluyendo la parada en un chiringuito que hay antes de llegar a una colonia de focas donde almorzamos la famosa langosta de Kaikoura. El sitio tiene tres o cuatro mesas con sombrillas. La carta no es muy amplia pero suficiente para lo que íbamos buscando. Tenían chanquetes, langosta, mejillones, salmón, marisco. Nosotros pedimos langosta a la plancha. Fue curioso ver que las langostas las tiene dentro de una nevera típica de playa, envueltas en papel transparente y etiquetadas cada una con su precio, dependiendo del tamaño, oscilando entre 40$ la más pequeña hasta 55$ más o menos. Elegimos una grande para los dos, que te la sirven con ensalada de guarnición y arroz hervido. No sé si era a causa del hambre que llevábamos, ya que eran las tres de la tarde, o lo rica que estaba la langosta, pero no sobró nada. Dejamos los platos vacíos. Ya con las fuerzas repuestas, continuamos la caminata y llegamos a la colonia de focas. Allí estaban todas durmiendo la siesta, echadas junto al aparcamiento de coches. Las tenías al alcance de la mano, pero los carteles te advertían que mantuvieras una distancia mínima de seguridad de diez metros para no molestarlas. Allí estuvimos haciendo fotos y más fotos. Después seguimos el camino que subía a los acantilados. Espectaculares las vistas desde ahí. La costa de Kaikoura se veía preciosa protegida por una cadena montañosa con todos sus picos nevados. Desde lo alto, se oteaban decenas de puntos oscuros haciendo contraste con el color claro de las playas. Eran focas y más focas tumbadas en la orilla. El sendero discurre por campos verdes que desemboca en la South Bay, un conjunto de casas y un puerto pesquero. Por el camino te vas encontrando paneles informativos sobre la historia de Kaikoura y cómo llegó a ser uno de los puertos balleneros más importantes. Incluso al pasar por una de sus casas, vimos adornos en el salón con huesos de ballena. Tras atravesar South Bay, el sendero se adentra por un bosque que atraviesa el istmo, y va a dar al comienzo de la caminata. Después de disfrutar del pateo, volvimos al camping a disfrutar de unas cervezas viendo como se hacía de noche mientras admirábamos las montañas nevadas.
Lago Rotoiti
Salimos hacia Kaikoura. El buen tiempo seguía acompañándonos. No paramos en Blenheim sino para repostar combustible. Queríamos llegar temprano para hacer por la tarde la Kaikoura Peninsula Walkway. Antes de llegar hicimos una parada en una colonia de lobos marinos que hay en la costa, junto a la carretera. Había decenas.
Cuando llegamos a Kaikoura nos fuimos directos a la empresa Dolphin Encounter para reservar, para el día siguiente, la excursión para ver delfines. Nos fuimos a hacer el check in al camping Top 10 de Kaikoura y nos marchamos a realizar la caminata por la península. Tardamos unas tres horas y media en hacerla, incluyendo la parada en un chiringuito que hay antes de llegar a una colonia de focas donde almorzamos la famosa langosta de Kaikoura. El sitio tiene tres o cuatro mesas con sombrillas. La carta no es muy amplia pero suficiente para lo que íbamos buscando. Tenían chanquetes, langosta, mejillones, salmón, marisco. Nosotros pedimos langosta a la plancha. Fue curioso ver que las langostas las tiene dentro de una nevera típica de playa, envueltas en papel transparente y etiquetadas cada una con su precio, dependiendo del tamaño, oscilando entre 40$ la más pequeña hasta 55$ más o menos. Elegimos una grande para los dos, que te la sirven con ensalada de guarnición y arroz hervido. No sé si era a causa del hambre que llevábamos, ya que eran las tres de la tarde, o lo rica que estaba la langosta, pero no sobró nada. Dejamos los platos vacíos. Ya con las fuerzas repuestas, continuamos la caminata y llegamos a la colonia de focas. Allí estaban todas durmiendo la siesta, echadas junto al aparcamiento de coches. Las tenías al alcance de la mano, pero los carteles te advertían que mantuvieras una distancia mínima de seguridad de diez metros para no molestarlas. Allí estuvimos haciendo fotos y más fotos. Después seguimos el camino que subía a los acantilados. Espectaculares las vistas desde ahí. La costa de Kaikoura se veía preciosa protegida por una cadena montañosa con todos sus picos nevados. Desde lo alto, se oteaban decenas de puntos oscuros haciendo contraste con el color claro de las playas. Eran focas y más focas tumbadas en la orilla. El sendero discurre por campos verdes que desemboca en la South Bay, un conjunto de casas y un puerto pesquero. Por el camino te vas encontrando paneles informativos sobre la historia de Kaikoura y cómo llegó a ser uno de los puertos balleneros más importantes. Incluso al pasar por una de sus casas, vimos adornos en el salón con huesos de ballena. Tras atravesar South Bay, el sendero se adentra por un bosque que atraviesa el istmo, y va a dar al comienzo de la caminata. Después de disfrutar del pateo, volvimos al camping a disfrutar de unas cervezas viendo como se hacía de noche mientras admirábamos las montañas nevadas.
Vistas desde Kaikoura
Atardecer en la South Bay


