Nuestro último día aquí y terminamos con lluvia y cielos plomizos. Nos quedaba por ir a Robben Island pero no va a ser posible. Gerry ha llamado y le han dicho que no salen los barcos a causa del mal tiempo y el mal estado de la mar. Tuvimos que escoger y preferimos subir a la Mesa.
Decidimos ir al Waterfront ya que en las guías, en los foros y el propio Gerry dicen que hay que visitarlo si o si.
Nos paramos primero en Mouille Point a ver el faro. No se puede ni caminar de lo que llueve y el viento que hace. Así y todo conseguimos dar un pequeño paseo junto a la playa donde, por supuesto no hay nadie y donde las olas baten una barbaridad.
Nos vamos ya al Waterfront. Allí no hace tanto viento pero sigue lloviendo. Nos acercamos para probar suerte con lo de Robben Island. Nada, imposible. En todos los viajes queda algo pendiente por hacer. Nos paseamos por la zona, viendo la Clock Tower y el Tower Swing Bridge, el elefante gigante que hay junto al edificio de donde salen los barcos hacia Robben Island, las focas que dormitan en los muelles…
Lo que mas me ha gustado ha sido Nobel Square, con las estatuas de Nelson Mandela y Desmond Tutú (y Albert Luthuli y de Klerk) y con la Time Ball Tower al fondo.
Nos quedamos un rato viendo como trabajan sobre un barco que han sacado del agua. Seguro que estaba hundido porque aún tiene amarrados los flotadores. También me choca que entre una zona tan “turística” haya una draga. Bueno, a cada uno le gusta lo suyo y yo disfruto con esas pequeñas cosas.
Pero casi todo son restaurantes y tiendas. Comemos en el Quay 4, que por cierto es la peor comida que hemos hecho durante todas las vacaciones. Estas zonas tan “turísticas” siempre nos decepcionan. Entramos en las tiendas de artesanía (waterfront craft market) y compramos varias cosillas. Luego entramos en el Victoria Wharf Shopping Center, el enorme centro comercial que hay. Supongo que será un paraíso para los consumistas y los que buscan marcha, pero para nosotros es un lugar donde guarecerse de la lluvia.
A pesar del mal tiempo hemos intentado aprovechar el día, pero ya estamos agotados y aquí no hay mas nada que nos interese hacer, así que ya nos vamos.
Nuestra última cena en el Peddlars, donde, ya no solo nos tratan como a parroquianos, sinó que se atreven un poco y nos dicen unas palabras en español.
Por cierto, el día que más pagamos fueron 320 rands los dos, con buena cena y buenas, muy buenas, pintas de cerveza. Muy recomendable el lugar, si estás por la zona de Constantia, claro.
Mañana es el día de partida. Se han acabado las vacaciones.
Nos espera por delante un largo viaje de 36 horas. Ha merecido la pena, sin duda ninguna.