Nada más despertarnos vemos la masacre que los mosquitos hicieron con nosotros el día anterior. Inútiles todos los parches que nos pegamos, el repelente con el que nos rociamos, las velas de citronella que nos rodeaban …unas 20 picaduras cada uno y no muy pequeñas!
El contacto con las duchas es bueno, son grandísimas por lo que no hay que esperar cola y todo el tiempo hay gente de mantenimiento, con lo que la limpieza es impecable.
Después de desayunar, cogemos el coche para ir hasta Lindau. Está a sólo 9km de Bregenz, pero ya es Alemania, aún se puede ver el antiguo puesto fronterizo entre ambos paises. Hay obras de mantenimiento en la carretera y tardamos un poco más de la cuenta.
Dejamos el coche en un párking a la entrada y nos vamos a visitar la isla sobre el Lago Constanza que es donde se encuentra la parte antigua de la ciudad y que está unida a tierra firme por un puente. Destaca el puerto en cuya entrada hay un faro y una estatua del León de Baviera.
Es muy bonita la fachada del ayuntamiento del S.XV, y sobre todo la Haus zum Cavazzenc cuya fachada barroca está cubierta con pinturas de hermes, atlantes, esfinges y guirnaldas de frutas. Actualmente alberga el Stadtmuseum un museo de historia local. Rodeamos toda la isla por un paseo que hay al borde del lago, el día está radiante y las vistas sobre el Bodensee son preciosas.
Después recorremos la Maximilianstrasse, la calle principal, flanqueada por edificios restaurados de los siglos XVI y XVII que atraviesan el casco antiguo de oeste a este.
Allí nos tomamos unos helados, curioseamos un poco alguna que otra tienda y regresamos al cámping para comer y después de nuevo a la playa a tostarnos y remojarnos un poco del inesperado calor.
Por la tarde de nuevo volvemos a Bregenz para dar un paseo y hacer la compra, pues esta noche queremos cenar una barbacoa. Vamos a un super en el centro del pueblo, un SPAR, y para nuestra sorpresa vemos que los precios están muy equiparados con los de España o incluso algunos productos tienen un precio inferior.
Preparamos la barbacoa, nos sale rica-rica, aunque unos truenos y relámpagos que oímos a lo lejos nos hacen apurarnos más de lo deseado, parece que se avecina una tormenta. Al final ésta pasa de largo y terminamos la jornada jugando al dominó y a las cartas a la vez que disfrutamos de la buena temperatura nocturna.
El contacto con las duchas es bueno, son grandísimas por lo que no hay que esperar cola y todo el tiempo hay gente de mantenimiento, con lo que la limpieza es impecable.
Después de desayunar, cogemos el coche para ir hasta Lindau. Está a sólo 9km de Bregenz, pero ya es Alemania, aún se puede ver el antiguo puesto fronterizo entre ambos paises. Hay obras de mantenimiento en la carretera y tardamos un poco más de la cuenta.
Dejamos el coche en un párking a la entrada y nos vamos a visitar la isla sobre el Lago Constanza que es donde se encuentra la parte antigua de la ciudad y que está unida a tierra firme por un puente. Destaca el puerto en cuya entrada hay un faro y una estatua del León de Baviera.
Es muy bonita la fachada del ayuntamiento del S.XV, y sobre todo la Haus zum Cavazzenc cuya fachada barroca está cubierta con pinturas de hermes, atlantes, esfinges y guirnaldas de frutas. Actualmente alberga el Stadtmuseum un museo de historia local. Rodeamos toda la isla por un paseo que hay al borde del lago, el día está radiante y las vistas sobre el Bodensee son preciosas.
Después recorremos la Maximilianstrasse, la calle principal, flanqueada por edificios restaurados de los siglos XVI y XVII que atraviesan el casco antiguo de oeste a este.
Allí nos tomamos unos helados, curioseamos un poco alguna que otra tienda y regresamos al cámping para comer y después de nuevo a la playa a tostarnos y remojarnos un poco del inesperado calor.
Por la tarde de nuevo volvemos a Bregenz para dar un paseo y hacer la compra, pues esta noche queremos cenar una barbacoa. Vamos a un super en el centro del pueblo, un SPAR, y para nuestra sorpresa vemos que los precios están muy equiparados con los de España o incluso algunos productos tienen un precio inferior.
Preparamos la barbacoa, nos sale rica-rica, aunque unos truenos y relámpagos que oímos a lo lejos nos hacen apurarnos más de lo deseado, parece que se avecina una tormenta. Al final ésta pasa de largo y terminamos la jornada jugando al dominó y a las cartas a la vez que disfrutamos de la buena temperatura nocturna.

